POV. DE ALLIETH.
Dos días.
Habían pasado dos días, con sus horas y minutos, las noches se hicieron largas y solo entraban dos de mis damas para darme comida, traerme ropa y ayudarme con el baño.
Por lo demás, nadie venía a verme, ni siquiera Carl. Al menos creí que me daría más pelea, que intentaría provocarme un poco más, que me restregaría en la cara las consecuencias de mis actos o que vendría por mi cabeza para entregársela a la corte, al menos a las brujas Bovary.
Pero no. fue completamente indiferente y aunque mi preocupación era grande, por qué además no tenía idea del estado de salud de Henry, ni de las reales consecuencias de mis actos, había algo que no salía de mi cabeza.
Él.
Él, con sus ojos verdes.
Él, con su voz gruesa y ronca.
Él, con su masculinidad y firmeza.
Él, cabalgando conmigo a cuestas y cargandome como si de un costal se tratara, aunque fue humillante.
Él.
Todos mis pensamientos durante estos días, iban y venían sobre el. Y sí, debería estar más que preocupada, pero no me sentía así.
Él conocía mi nombre, sabía de mi y quién soy.
¿Pero por qué?
¿Acaso Henry le contó nuestros planes?
¿Acaso Henry siguió negociando con el?
¿Acaso es también nuestro aliado? Pero sonaba mas como si el y Carl tuvieran algo en común.
Habían tantas preguntas que necesitaban respuestas urgentes y sin embargo, mis pensamientos solo viajaban a sus ojos. Su mirada llena de chispa y vida, sus palabras, el tono de su voz, la dureza de su pecho, su respiración en mis oídos, y su voz en un susurro y sus manos.
Sí, no podía dejar de pensar en sus manos, sus manos sobre las mías, sus manos que rodearon las mías, sus manos que se sintieron ásperas cuando las enredo con las mías y me arrastró por sus campamentos, sus manos...
Cerré mis ojos y empecé a recordar cada una de sus palabras, cerré los ojos y me deje llevar al instante mismo en el que me robó de las manos de Carl, la firmeza con la que me tomo y empecé a sentir como mi pecho se agitaba, apreté un poco mas los ojos cuando mi rostro cayó por su dura y amplia espalda y de manera un poco atrevida cuando estábamos en el caballo que me atreví a inhalar su aroma, tan masculino y elegante como rebelde.
¡Dios!
Era un aroma delicioso, juro que podría quedarme a vivir allí, porque se sentía tan reconfortante en medio de tanta locura y confusión.
Pero cuando abrí los ojos de nuevo, estaba sola en esta fría, oscura y gigante habitación.
Y como sabía que no podía hacer nada más, me decante por caminar sigilosamente por el amplio lugar.
Lo primero que hice fue abrir el enorme armario, que era más bien como una habitación auxiliar y mis ojos se abrieron ampliamente, porque no sabía crédito a lo que mis ojos estaban viendo. Ropa, había mucha ropa y toda era de mi hermana Allieth.
Las prendas, zapatos, accesorios y demás, estaban perfecta,ente organizados, tal como en el castillo de papá y tal como a ella le gustaba, por color. Trague el nudo grueso que estaba atorado en mi garganta y mis ojos se cristalizaron.
Un pensamiento cruzó mi mente.
¿Y si en realidad todo fue una trampa para que mi hermana escuchará verdades a medias?
¿Y si todo fue una trampa para que Allieth se pusiera la soga al cuello ella misma?
¿O de que otra forma ella encontró una ruta rápida para salir de aquí sin ser detectada por una de las mejores armadas de los 7 reinos?
Las preguntas se formularon en mi cabeza, mientras que de la manera más delicada tocaba cada prenda e inhalaba un poco, porque algunas todavía conservaban esa esencia tan dulce y feroz de la que estaba hecha mi amada hermana.
La extrañaba enormemente, una lágrima rebelde se escapó de mis ojos y suspire, no podía permitirme debilidades en este momento.
—¿Que harías en mi lugar, Allieth? —pregunte en un susurro a las prendas que eran de ella.
Me abrace y ví que dentro del mismo armario había una pequeña cómoda, no tan alta. yal vez solo llegaba hasta mi cintura, era toda negra con bordes dorados y en los dos únicos cajones que tenía, habían dos manos entrelazadas y talladas a mano, sobre una de las manos reposaba una elegante "A" en perfecta caligrafía y sobre la otra mano una "C".
No tenía que ser muy inteligente para entender que se trataba de sus iniciales. Y mis manos picaban por la necesidad de saber de uq ese trataba aquello, quería saber que c9ntenia y solo pedía a cualquier alma caritativa que me escuchará para que no tuviera ninguna especie de llave. Primero lleve mis manos primero por la parte superior y las yemas de mis dedos parecían cosquillear profundamente, entonces ví que habían unas pequeñas argollas allí dispuestas y clavadas, una más arriba que la otra, la curiosidad me estaba comiendo viva.
Baje ,si manos por los cajones y toma el precioso poco redondo, tire con suavidad y mi corazón latía en mis oídos, cuando esté cedil y se abrio, me dejó ver el recubrimiento en terciopelo n***o que estaba allí. Entonces mis ojos se agrandaron, habían... Bueno estaban... Eran cosas... Yo...
Mi pecho subía y bajaba un poco irracional, sentía que una perla fría de sudor recorría mi espalda y que mis labios se habían quedado secos.
Intenté estirar mis dedos, para rozar aquellos... Objetos de madera, pero la vergüenza y saber que mi hermana había usado aquello me detuvo abruptamente.
Eran... Unos... Parecían...
¡Dios! Me odiaba por ser tan santurrona, pero lo primero que llegó a mi pensamiento fueron los ojos de ese hombre y cuando me dí cuenta ya me estaba mordiendo los labios.
No quería saber por qué mi hermana tenía un cajón con 3... Falos, todos muy parecidos entre si, uno de madera perfectamente pulida, otro en frio metal y el último, tal vez el mas pesado, en mármol.
Apreté mis labios y mis piernas, recordando parte de sus diarios y como Carl jugaba con ella y la penetraba con algo más que su duro miembr0.
Mi frente estaba sudando para ese momento y sin pensar, mis manos continuaron explorando, el cajón de abajo, que tenía... cadenas y cuero. Varias cadenas y todas atadas a diferentes formas de cuero.
Una parecía un collar, la otra claramente era para las muñecas o para los tobillos y había una que parecía de cuerpo entero.
La curiosidad me gano y termine con la que era una especie de collar o gargantilla entre mis manos. La explore lo suficiente como para darme cuenta de que había algo a lo que se podía unir y mi mente que estaba trabajando más rapido que nunca me llevo a la parte superior de la cómoda.
Sí, allí se podía unir aquella gargantilla. Es decir que... el rostro de mi hermana quedaba pegado a esa superficie de madera mientras que Carl podía usar su cuerpo a sus anchas y...
¡Dios!
Para ese momento ya estaba sudando.
Mis piernas apretadas.
Mi respiración irregular.
Y mis pensamientos habían viajado demasiado lejos de este castillo.
Me arrastre lo mejor que pude hasta el baño, no sin antes dejar todo dispuesto como estaba.
Desabroché mi corsé tan rápido como pude 6 mis pechos saltaron por encima del escote de mi vestido negr0, quite mis dos faldones y me sumergí en el agua fría de la bañera, estaba en m8 bata de interior y aquel pequeño acto pareció calmarme por breves instantes. Pero enseguida cada recuerdo llegó a mi mente.
Mis labios eran mordidos, mientras mis manos ya estaban girando sobre mis pechos, las puntas de mis dedos pellizcaban mis pezones y una rebelde bajo por entre mis muslos, simplemente cerré mis ojos y lo imaginé a el. con sus ojos misteriosos, sus manos ásperas y su voz ronca.
Lo sentí sobre mi chupando y succionando de mis pechos, pellizcando y lamiendo, sentí que su calor recorría mi cuerpo que estaba en llamas, me deje llevar tanto que abría levemente mis labios, al tiempo que imaginaba que los suyos me devoraban.
Parecía que al fin mi cuerpo estaba teniendo lo que me había pedido a gritos durante años, pero que nada nunca había logrado inspirarme y este criminal de buenos modales me estaba haciendo estallar, con solo recordar su mirada y su imponente voz.
Mis piernas se apretaron mientras mis dedos jugaban con mi precioso e inexplorado botón, sabía que estaba sola, pero juro que podía sentirlo a el.
Éramos el donador de fortunas y yo con mis manos inquietas.