20. DE SECRETOS Y VERDADES

1210 Words
POV. DE CARL. La nota era muy clara. Y mi respuesta en realidad no lo era para nada. "Sol de media noche, sin días y sin noches, llega tan pronto como las montañas se nublen y no tardes tanto porque los pastores acuden" Era un simple y al mismo tiempo complejo acertijo que solo las personas que lo conocen sabrían lo que significa y lo conozco desde que tengo memoria. Bueno al menos desde que conozco al dueño de las palabras. Miro al cielo desde mi despacho y doy algunos pasos alrededor de la amplia mesa, mis pensamientos van de Allieth cuando llego a la Allieth que esta esperando en mi habitación hoy, es como si fuera una persona completamente diferente y claro que lo note desde el primer momento en que entro junto a Henry, pero es que su sola presencia lleno de calma mi alma y espíritu. Ella... Siempre lo represento todo, aunque no era mi primera opción, porque debo admitir que siempre la espere, la espere tanto que espere que no fuera solo un sueño imaginario de un niño infantil, pero... No, ella nunca llego y en su lugar estaba mi hermosa Allieth, tan perfecta en su sencillez y madurez, como en esa perfecta dulzura y bondad que tenía para con todos. Desde que llego al castillo, no hizo más que demostrar de lo que estaba hecha, compasión y firmeza. Hizo cambios desde el momento en que se anunció nuestro compromiso y se le dio el lugar que le correspondía en la corte. Desde los exuberantes e innecesarios banquetes, hasta las vestimentas destinadas para ellas. Cierro los ojos recordando como se opuso rotundamente a mi madre cuando esta le explico que debía ordenar al menos 12 vestidos para las celebraciones de las 12 noches de veranos, que son una celebración especialmente sagrada en nuestro reino y que en el de ella no se celebraban. Pero Allieth con toda su fuerza, se opuso a tal derroche y le dijo que podía usar vestidos de los que traía en sus maletas, algunos estaban completamente nuevos. Claro que para la corte fue demasiado, era muy austera, tanto que asustaba, solo se preparaba comida para los cortesanos que se sentaban a la mesa, solo se servía vino para los fines de semana y cada viernes se donaba al pueblo y a los campesinos lo que no se había gastado durante la semana. Sí, así era Allieth, tantos cambios, tantas ideas frescas y renovadas, tanta vida en sus ojos, tanta que decir aunque nunca tuvo que usar ni una sola palabra, pero ahora ella... Ella simplemente podía hasta gritar y parecía una persona completamente distinta. —¿Su Majestad? —Richard entro y me entrego la capa que siempre suelo usar. Café, vieja, desgastada, rota. Dejo mis botas de Rey a un lado y tomo las botas que suelo usar para estás ocasiones. Ensucio mi rostro y montó el caballo destinado para salir del castillo sin levantar sospechas. Mi caballo va tan rápido como puedo hacerlo ir, y así mismo van mis pensamientos, no puedo sacarme a Allieth de la cabeza, he pedido un reporte diario de su estado y por lo que informan, solo esta molesta y algo desesperada por que quiere salir de allí. Las montañas azules quedan justo detrás del castillo, en dirección al nororiente, debes pasar un río, luego un valle en el que parece que el sol sale a media noche, enseguida debes atravesar por un bisque en el que no importa si es de día o de noche, la luz siempre se ve gris y justo cuando voy saliendo del bosque veo las montañas que empiezan a nublarse, así que empujo más y más mi caballo, porque una vez esto pase tendremos menos de 15 minutos para hablar, porque los pastores llegaran allí con sus rebaños. De eso se trata aquel acertijo. Solo nuestro. Es como una hermandad. Es como un secreto que nos salvo cuando los momentos de crianza se pusieron muy difíciles y parecía que no éramos suficientes. Su corcel n***o, vestido de verde como sus ojos profundos, está allí. Miro en todas direcciones y se lo que me espera. Me pongo alerta y empuño con fuerza mi espada. De pronto siento algo que roza mi lado izquierdo, un pesado saco de arena y mientras el caballo sigue corriendo a toda velocidad, con agilidad me bajo del caballo por la derecha y doy vuelta al robusto árbol que lleva centenares de años allí y levanto mi patada, golpeando el trasero de ese idiota que cae de frente al pasto. —Cabrón. —Tu lanzaste primero ese saco de arena. —Pero no te pegue —gime mientras se levanta. —Bueno, yo sí, así que no vuelvas a ser impertinente. —Carl —sus ojos verdes me miraron por debajo de su pesado sombrero n***o—. Tenemos que hablar. —Esto... —Se va a salir de control. —No. —Sí. —Mira, yo... —Y tenerla encerrada en tu habitación no va a solucionar nada. —¿Hay algo que no sepas? —Sí, un pequeño detalle que me taladra en el trasero y aún no encuentro ni una sola pista, tu reina es muy astuta —dice riendo y mirando al cielo. —No tienes que usar ese pañuelo para cubrir tu rostro —le digo mientras le palmeo el hombro. —¿Y si te siguieron? —levanta una ceja y veo que esta riendo. —Idiota. Lo veo bajar su pañuelo n***o y tomar una gran bocanada de aire, mientras que el frío entra y sale en forma de vapor, sonríe y cierra los ojos, grita un poco y lo entiendo. Luego me mira y afirma con su cabeza. —Max —lo llamo al fin por su nombre—, no se que sucede con Allieth, es como si se le hubiera olvidado todos nuestros planes y... —Te lo dije —suspira y se quita el sombrero dejando ver su perfecto dorado cabello—. Te dije que debíamos decirle la verdad, que ella merecía saber la verdad, esa mujer hubiese sido de gran ayuda para nosotros y ahora tendríamos más terreno cubierto, el temple que tenía, Allieth no conoce el miedo, no como tu y tal vez... —Le voy a refrescar la memoria —le digo con firmeza y poniéndome cabeza a cabeza a su lado. —El problema es que no le puedes refrescar la cabeza a alguien que no dice ser quien es —sus palabras me atraviesan como un frío cuchillo de hierro. Guardo silencio y lo veo irse caminando hasta su caballo, no dice más, no tiene que decir nada más. —!Carl! —grita desde la distancia—. Debes volver, sacarle la verdad y sea cual sea, debes obligarla a que nos ayude, no podemos perder ni un solo centímetro de terreno ganado. Afirmo con la cabeza y estiro mi mano para despedirme. Max tiene razón, se a lo que se refiere, se lo que significan sus palabras, conozco a Allieth como a la palma de mi mano y aunque lo intente, aunque intente hacerme el de la vista, ya no puedo más. Allieth debe decirme la verdad.
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