POV. DE ALLIETH.
—"¿Qué fue lo qué paso?" —le pregunte cuando ella me miro.
Sus ojos se abrieron como ventanas, pero había pánico real en su mirada, casi como si hubiera visto un espanto.
—E-estas viva —susurro y me fije en sus labios, ya no eran los labios rosados y rozagantes llenos de vida y arrogancia, al contrario estaban rotos, con rastros de sangre y mugre.
Me quede en silencio, pues realmente no sabía que más decir, mi mente estaba en blanco, mientras que intentaba procesar todo lo que estaba pasando frente a mis ojos.
—¿Eres r-real? —esa pregunta fue aún más cruel, la sensación en mi pecho era parecida al dolor y un vacío de incertidumbre me invadió.
—"¿Acaso te sientes mal por no lograr tu cometido?" —Intente que mis manos se movieran de una manera tan altanera como fuera posible, pero de alguna manera sabía que mis ojos delataban mi confusión.
—Solo encontraron restos del carruaje.
—"Y entonces Carl te puso aquí para no levantar sospechas" —me moví por el estrecho pasillo para examinar y entender mejor donde estaba.
—Y-yo... Estaba durmiendo en mis aposentos —sus ojos se quebraron y llevo sus manos al cuello, allí con la luz de la velas y las antorchas de las paredes vi una enorme cicatriz, retrocedí por la impresión—. Esto lo hizo él, después de todo el amor que le di, me dejo esta marca imposible de borrar.
—"¡Se supone que debo sentir lastima?"
—El cree que fue mi culpa, que fui yo la que te hizo desaparecer —los ojos de Victoria que una vez tuvieron tanta vida y arrogancia, eran ahora como dos oscuras esferas sin nada que ofrecer—. Tiro de mi cuello y me estrello contra una pared, puso su daga y me... él me...
Pero la joven pelirroja, se quebró y se abrazo a las piernas para luego romper en un llanto desconsolador, al tiempo que el sonido de unos pasos se abría espacio en el lugar, levante mi rostro y lo vi, allí en medio de la fuerte luz de las antorchas estaba Carl, que había regresado.
—Ordené que la trajeran aquí un mes después de que encontramos los pocos restos de tu carruaje.
Su mirada parecía más bien perdida, no sabía exactamente que estaba mirando.
—Mi Rey —gimoteó Victoria cuando escucho la voz de Carl—. Vea usted con sus propios ojos que nunca le mentí, no le hice nada a su majestad la reina Allieth, usted se negó a mi amor y en su lugar me ordeno casarme con el viejo mercader del puerto como castigo por entrar al despacho real —cada palabra me hizo sentir mareada, confusa, llena de incertidumbre y compasión—. Si termine de enloquecer, si estoy alucinando, por favor concédame la dulce muerte que una mujer como yo puede merecer, pero...
—La noche que desapareciste, te buscamos por todo el castillo y los alrededores, al principio creí que estabas perdida, pero con el pasar de las horas y... el miedo... Yo... fui hasta la habitación de Victoria, la tome por el cuello y le hice esa cicatriz, ella juraba y lloraba y gemía que no te había hecho nada, que no sabía nada de ti, que...
—"¿Qué le hiciste?" —pregunte sin poder quitar los ojos de la miserable mujer.
—Cuando no me quiso dar información de tu paradero, ni de lo que había hecho contigo, la traje al calabozo, sin sus vestidos elegantes o sus zapatos llenos de piedras preciosas, no se pudo bañar, no pintar el rostro como esta acostumbrada, desde ese día no ha usado una sola fragancia fina y exótica para atraer miradas de hombres y mujeres, ella... Ha estado pagando por lo que hizo.
—¡Pero no hice nada mi Rey! —el chillido fue tan agudo y delirante que me asuste en mi lugar y di un pequeño salto—. Se lo dije una y otra vez, yo no le hice nada a la Reina.
—¡Fuiste a mi despacho a ofrecerme sacarla del camino y quedarnos con nuestro hijo! —la ira en la voz de Carl era palpable y yo... estaba a punto de desmayar.
Entre las palabras, confesiones, el olor, el lugar, la falta de aire puro y el estado de Victoria.
—Pero usted mismo me dijo que no...
—¡Dijiste que no ibas a descansar hasta que estuviéramos juntos!
—Y no tiene idea de como me arrepiento de aquellas palabras, hoy son mi condena —Victoria se arrastro por el suelo y sus manos, golpeadas, callosas y las uñas llenas de mugre, se abrazaron a los barrotes oxidados, ella intento sacudirlos y parecía más una pequeña y salvaje bestia que una persona.
—La he torturado día y noche, come las sobras de lo que queda de la corte, no se baña desde entonces, no ha visto la luz del día desde entonces, bebe agua solo una vez a la semana y nadie más que yo viene a verla.
—"Carl..."
Mis palabras quedaron suspendidas en el aire, o mejor, la falta de ellas, al fin lo estaba mirando y sus ojos eran los de un depredador, estaba molesto, podía verlo, sentirlo y casi olerlo.
Dio un paso al frente y tomo mi cuello con fuerza, pero sin lastimarme.
—No se que escuchaste ese día en el despacho, pero lo que si se es que no tienes idea de lo que paso después, no tienes idea del sufrimiento que viví por tu ausencia, mientras te revolcabas con el hipócrita de Henry. Mi hijo esta muerto y no se porque, mi esposa tiene ojos de color violeta y no se porque, ni siquiera hueles como tu, no caminas como tu, tus manos son más ásperas, tus labios son más gruesos, tu pelo es menos sedoso y tu mirada...
¿En que momento este infeliz había conocido tanto a mi hermana como para notar diferencias tan sutiles entre nosotras?
—No tienes idea de nada y vienes con esa arrogancia a pavonearte por mis castillo, por mi reino con tu amante, luego de meses de ausencia y...
—"¿Acaso no fue lo mismo que hiciste con Victoria cuando yo llegue a este reino?"
Mis palabras parecieron dar en el clavo, pues sus ojos se abrieron con asombro por mi impertinencia.
—Ahora que has conocido mi ira —dijo Carl soltándome del cuello—. Espero que entiendas, querida reina que lo que te dije sobre Henry no era una amenaza.
—"No puedes tocarlo" —dije con firmeza y sacudiendo mis manos que estaban algo temblorosas.
—No me tientes querida reina, esto será una guerra, tu eres mía y de nadie más. M I A —dijo con tanta fuerza en cada letra que retrocedí hasta que choque contra la fría y mohosa pared, su nariz quedo frente a la mía y sentí miedo por primera vez—. Reina, querida reina, o me obedeces o tu destino será ser la compañera fiel de Victoria.
Mientras él decía esas frías palabras, la pobre Victoria gemía y chillaba.
—Entonces será una guerra —pronuncie las 4 palabras, con tanta fuerza, firmeza y resolución, que Carl retrocedió enseguida y se puso tan pálido como la nieve.
Sí, había hablado, tan fuerte y claro que Victoria dejo de llorar.
Había hablado tan firmemente que parecía que el tiempo se había detenido.
Pero sobre todo había hablado, porque Carl tenía que entender que yo no era la misma dulce Allieth de antes y que iniciar una guerra solo era el inicio de mi venganza.