8. DEL PASADO AL PRESENTE.

1390 Words
Flashback. POV. DE CARL. —¿Qué significa esto? —mire sobre mi cama más de 5 vestidos de mujer cortesana y todavía no entendía que hacían allí. —Su Alteza Real, son los trajes elegidos por su Majestad la Reina para su prometida. —¿Si son para mi prometida, porque están aquí frente a mí? —La Reina dice que usted es quién debe... —Bajo ninguna circunstancia. Lo mínimo que espero de mi futura esposa y Reina es que tenga el carácter suficiente de al menos, elegir sus vestiduras. —Pero... —Saca eso de aquí —dije sin ninguna emoción en mi voz. Escuche los pasos de la mujer tan agitadamente correr por toda la habitación cargando esos pesados vestidos y al mismo tiempo sentí que mis manos estaban por golpear algo con mucha fuerza. Caminé hasta la ventana y me fije en que venían entrando por la vía principal más de 5 carruajes, todos elegantes, costosos y con el sello de esa casa Real. SunMeadow. Sí, mi prometida era la princesa de un reino tan lejano como misterioso, todos dicen que las mujeres más hermosas del planeta están allí, pieles tersas de todos los colores, pelos largos, brillantes y sedosos, pero aún más importante, sus ojos, todos en mi corte y en los pueblos y todo aquel que hubiese pisado alguna vez SunMeadow sabían que allí, las damas, sin importar su rango, tenían unos ojos de colores que los hacían lucir como verdaderas gemas. —Es toda una niña mimada —susurre mientras escuche unos pasos detrás mío—. ¿Qué quieres? Creí que ayer te había dejado claro que nosotros. —¿Eso es en verdad lo que quieres? —Victoria... —Dime mi Alteza Real, ¿quieres que me marche de tu lado, quieres olvidar mis besos, mi cuerpo, mis manos, mi amor? ¿Quieres... —¡Que respetes a tu futuro Rey! ¡A tu reino! ¡Y a las normas que nos rigen! Los ojos de Victoria se abrieron de par en par, estaba asombrada de que yo le hubiese gritado de esa forma, pues jamás la había tratado con hostilidad, por el contrario, siempre fui dulce, caballeroso y amoroso con ella a pesar de que nunca fue una opción para ser mi compañera en el reinado. Mi madre siempre tuvo claro que la futura Reina, debía ser tan perfecta como yo. Los pasos de Victoria se movieron a través de la habitación y suspire cansado, mis hombros pesaban, esta sería la noche que la conocería, aún no podía retener su nombre, porque lo único que había en mi cabeza eran esos ojos violetas y hermosos que vi una vez en mi infancia, esa chica feroz que luchaba como igual ante mí, que no me tenía miedo y que... Al mismo tiempo me sentía tan ridículo por quedarme estancado en una niña que llegue a conocer a mis 10 años y a la que le prometí mi corazón, pero luego un día no volvió nunca más y... De repente sentí unas manos delicadas, suaves y delgadas recorrer mi cuello y bajar por mi pecho, detuve sus manos con algo de brusquedad y me di cuenta que Victoria se había quitado los guantes. Me gire lentamente y la vi desnuda, estaba completamente desnuda y sentí una erección palpable apretar mis pantalones, era un cuerpo voluptuoso, caderas anchas, pechos grandes, cintura pequeña y muslos regordetes, una delicia para sucumbir ante esas carnes. Y por más de que me hubiese deleitado con jugar un poco, como solía hacerlo, me aleje bruscamente y trague el grueso nudo de la excitación. —¿Qué debo hacer para que lo entiendas? —Tómame —dijo Victoria con tal arrogancia que me molesto un poco. —No. —Pero me he guardado para ti durante tanto tiempo que... Me reí suavemente y bufe. —No te mientas y hazme el favor de no querer verme la cara de tonto, se perfectamente que lo que no te doy yo, lo tomas de otros cortesanos —sus ojos se abrieron y sus labios también para intentar decir algo, pero ella sabía que yo no mentía y que la verdad la tenía en mis manos. Sí, Victoria era una especie de juguete, le tenía mucho apreció y me gustaba su compañía, pero también sabía que a ella le gustaban los lujos que yo no estaba dispuesto a darle, porque se me había educado para darle todo de mi a mi futura Reina y definitivamente Vitoria no lo era. Así que sabía muy bien, por mis informantes de la corte, que Victoria tomaba no solo dinero y joyas, también los cuerpos de los cortesanos que ella deseaba. Porque mi cuerpo nunca fue suyo, a pesar de lo que las apariencias podrían mostrar. Por que sí, a veces solo necesitas una mala situación y gente inescrupulosa a tu alrededor. Ese mismo día, tal vez 5 minutos después, cuando Victoria apenas se había puesto sobre el cuerpo su ropa interior, nada decorosa y si muy transparente, entro una de las damas de compañía de la futura reina, sí, la chica había olvidado un par de zapatillas llenas de cristales y unas rojas que parecían dos rubíes para unos pequeños pies. Sus ojos se abrieron de par en par y llevo sus pequeñas manos a su boca, casi se cubrió el rostro. —Y-yo... Lo siento mucho Su Alteza Real, sus guardias me dijeron que estaba... Yo... La chica tenía la voz tan quebrada que estaba a punto de llorar y cuando creí que se iba a ir corriendo, tomo fuerzas de donde no esperaba. —Mi Alteza Real, la princesa Allieth, ya se encuentra en sus aposentos, vestida adecuadamente para usted, espero que usted este listo para una belleza tal, que esta ordinaria corte nunca ha visto. Entonces entendí, que este pequeño mal entendido, se iría demasiado lejos y que ella no tenía la voz rota porque fuese a llorar, era porque tenía rabia y se intento contener, pero su fidelidad estaba con su reino, con la gente de SunMeadow. —Yo... Esto no es lo que parece y yo no... —Permiso su Alteza Real —dijo al chica tomando los hermosos zapatos con habilidad y salió corriendo de nuestra habitación. —Carl, lo siento, no era mi intensión... —¿No era tu intensión? ¡Claro que lo era! —camine directamente hacía Victoria e hice algo que nunca me creí capaz de hacer—. Te voy a dar mi ultima advertencia —puse mi mano sobre su cuello con fuerza y apreté sin cortar el aire—, quiero que te alejes de mí, usa a tus cortesanos, busca un hombre adecuado, un general, un comerciante, un viejo que este a punto de morir y te deje más dinero del que ya tienes, pero déjame en paz, porque no voy a traicionar a mi reino, ni a mi futura reina. Dos horas más tarde, ya había tomado el baño sagrado para la presentación ante mi prometida, tenía las vestiduras adecuadas y esperaba en el centro del salón del Sol, un salón redondo, con el piso en un parquet de madera con tonos amarillos que simulan al sol, combinado con partes azules. Era todo un sueño, porque además las ventanas tenían vitrales de cada uno de los reinos. La marcha pre matrimonial empezó a sonar y sentí algo de nervios, mis manos sudaron y mis piernas parecían que iban a flaquear. Levante mi rostro cuando escuche cada vez más cerca el taconeo rítmico y elegante de mi futura Reina. Y entonces, el aire escapo de mis pulmones, mis ojos quedaron hipnotizados en tal belleza, esa cabellera abundante y castaña parecía seda, esa cintura y unos pechos no tan grandes me dejaron sediento, yo... había perdido el control. —Su Alteza Real —la salude y me incliné. Pero hubo silencio, mucho silencio. Nadie a mi alrededor decía nada, pero sus ojos oscuros estaban clavados en los míos. Había tanta seriedad como odio. Inhalo una gran bocanada de aire y levanto sus delicadas manos con tanta elegancia que yo no pude quitar mis ojos de ellas. —"Espero, por el bien de nuestros reinos, que la pelirroja no vuelva a entrar a tu habitación". Sí, definitivamente la relación iba en picada.
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