Incógnita

2101 Words
Muevo mis brazos dejándolos en horizontal a continuación cierro los puños y doblo los brazos poniendo los puños juntos en mi pecho. Muevo la cintura con delicadeza al ritmo de la canción y justo cuando termina dejo la pierna en el suelo y la otra doblada apoyándome en la otra. —¡Buen trabajo chicas! —aplaude la profesora, a continuación nosotras nos sonreímos entre nosotras satisfechas —. Hasta el lunes, que paséis un buen fin de semana. —Chicas, ¿os venís a tomar algo? —sugiere April, la amiga de Madison. —¿Con estas pintas? —Madison mira irónicamente a su amiga. —Obviamente no —hace una mueca —. En una hora más o menos —. Te vienes ¿verdad Annie? —Claro, pero después de una buena ducha —digo pasándome la toalla por la frente. Una vez salimos de la clase subimos al coche de April. Nada más arrancar pone una playlist de Little Mix a todo volumen. April empieza a cantar a pleno pulmón y después se une Madison con ella y yo me limito a reírme y a grabarlas. Poco después llegamos a casa de Madison y tres calles más hacia abajo April me deja en la mía. Cuando entro en casa llamo a mi tía pero nada. Subo a mi habitación, escojo la ropa que me voy a poner para salir a tomar algo y me dirijo al baño. Me pongo mi lista de reproducción mientras me ducho y canto a pleno pulmón. Cuando termino de ducharme voy a mi habitación con una toalla enrollada alrededor de mi cuerpo y otra en mi cuero cabelludo. De repente llaman a la puerta. —Hola Annie, ¿qué tal las clases de baile? —Genial, además voy con Madison y April. —Me alegro mucho. De repente fijo mi vista en la ventana y me acerco par agachar la persiana ya que voy a cambiarme aquí, pero antes de bajarla, miro la casa de delante, en concreto una de las ventanas. La persiana está subida pero no hay nadie. —¿Se ha sabido algo nuevo del chico de delante? Callum digo —giro la cabeza mirándola. —No lo sé la verdad. —Ha pasado una semana desde que vino la policía a la clase y no se sabe nada del hermano gemelo —digo mirando hacia aquella ventana. —Yo lo vi a él y a su tío salir con maletas. —Es que si hubiese fallecido nos hubiésemos enterado en el instituto —mi tía asiente con detenimiento. —Oye, me comentaste el otro día que te gusta la pintura. —Sí —afirmo. —El lunes empiezo un curso de pintura, ¿te gustaría venir? —Me encantaría pero no tengo dinero para pagarlo. —No te preocupes por eso —sonríe. —No no, ni hablar —me niego inmediatamente al percibir lo que esta pensando. —¡Oh, vamos! —No tía, ya bastante hago con quedarme aquí. —Qué menos, eres mi sobrina —ríe irónicamente —. Te matriculo y no hay más que hablar. —Pero… —balbuceo. —Pero nada. Y sin más, dejándome con la palabra en la boca sale de mi habitación cerrando la puerta. Media hora después me miro en el espejo cerciorándome de que mi coleta está bien sujeta. Cojo mi pintalabios roja aplicándomelo sobre los labios. De repente escucho el claxon del coche, me asomo por la ventana cerciorándome de que son ellas y así es. Bajo inmediatamente y me despido de mi tía. —No nos habías contado que eres vecina de los gemelos Sprouse —comenta April mirando su casa con detenimiento. —Sí… Durante la semana, después de que la policía acudió a nuestra clase no conté en ningún momento que la noche antes de que Callum tuviese el accidente hablé con él. Quizá porque no tengo aún la confianza suficiente o porque no quiero ser la comidilla del instituto pero he preferido callarme. Unos minutos después, llegamos a un café-bar; nada más sentarnos el camarero nos atiende. Mientras esperamos , empezamos a hablar animadamente sobre las clases de baile. —Oye Annie, he convencido a Madison para que se haga del equipo de animadoras. Dentro de dos semanas ya empiezan los partidos, los chicos están entrenando y nosotras estamos practicando ya la coreografía, ¿te animas? —¿Yo animadora? —río irónicamente —Yo no pego. —Por supuesto que pegas Annie —replica Madison. —No nos des una respuesta ahora, piénsalo. —El año pasado también me lo propuso pero negué, este año me he animado —explica Madison. —No sé… —suelto un suspiro. Cuando ya tenemos nuestras bebidas sobre la mesa, de repente se escucha el sonido de la puerta abrirse, enseguida visualizamos a Caleb y a Jackson con otro chico que va con ellos. Jackson y Caleb miran hacia nuestra mesa y después se sientan. Desde que nos enteramos de lo que le pasó a Callum, Caleb no ha aparecido en clase en toda la semana. —Madre mía, me muero de curiosidad por saber lo que le habrá pasado al otro gemelo —dice April —. Lo único que se sabe es que él estaba en una banda de esas callejeras y que tenía problemas con el líder. —La gente también puede especular mucho y tergiversar mucho las cosas —digo. Por un instante mi mirada se clava en ellos, en especial del chico del gorrito gris: Caleb. Por un instante, sus ojos se clavan en los míos e inmediatamente los retiro. —Oye, ¿quien es ese chico que está con ellos? —pregunto con curiosidad. —Se llama Matt, otro jugador de baloncesto. Al cabo de una hora le pedimos al camarero la cuenta de lo que hemos tomado. —¿Os apetece comer en algún sitio o comer en mi casa? —Lo siento pero yo no puedo —dice April. —Yo no tengo nada que hacer, si quieres comemos en tu casa o en la mía. —Perfecto, en la mía —dice Madison sonriendo satisfecha. Cuando pagamos y pasamos por el lado de los chicos, para mi sorpresa, April se acerca a Jackson rodeando su cuello con los brazos dejando un beso sobre su mejilla. —April, ¿nos vamos ya? —dice Madison algo molesta. —Se saluda primero Madison, la educación ante todo —dice Jackson. —Yo a ti no te doy ni los buenos días. —Tan simpática como siempre Turner. —¿Tú eres nueva? —me pregunta… ¿Matt se llama? —Sí. —Por si no te has dado cuenta, lleva aquí ya una semana —dice Madison. —No, no me había dado cuenta pero ahora sí —sonríe de lado. —Bueno April, Annie y yo te esperamos fuera. Madison prácticamente me arrastra fuera del bar. A continuación April sale del bar y subimos al coche en dirección a casa de Madison. Cuanto entro en su casa me doy cuenta de que es más o menos por un estilo que la casa de mi tía. —Ponte cómoda, esas en tu casa —dice Madison dejando su chaqueta en el perchero de la entrada. —¿Cuándo vienen tus padres? —pregunto adentrándome en la cocina con ella. —El domingo por la tarde, mi madre tenía un congreso de profesores y mi padre ha ido a acompañarla. ¿Te gusta la pasta? —asiento —. ¿Macarrones? —dice cogiendo el paquete y mostrándolo. —Sí. ¿Tu madre trabaja en el instituto? —Sí, es profesora y jefa de estudios y mi padre es el entrenador de baloncesto del instituto. —¿Enserio? —la miro perpleja. —Sí —afirma. Mientras Madison se pone a cocinar preparo la mesa poniendo un mantel por encima, la bebida y los cubiertos. —Madison, ¿por qué te llevas mal con Jackson? —Ella forma sus labios en un fina línea manteniendo la mirada perdida, en un punto en concreto — Sí no me lo quieres contar no pasa nada. —¿Puedo confiar en ti? —Por supuesto. —Jackson y yo tuvimos algo el año pasado pero nadie lo sabe. —¿De verdad? —pregunto sorprendida. —Sí. Estuvimos medio curso liados y cuando me dejó, me trató muy mal. Puedo ver en los ojos de Madison y por la expresión de su rostro que le sigue doliendo. —¿Por qué te dejó? —No lo sé. Me dijo que yo solo fui un aventura y que no podría tomarme en serio y más siendo la hija de su entrenador y a partir de ahí pues…. —vuelve su vista a la cacerola y retira la pasta. —¿April y él tienen algo? —A veces pienso que sí pero no lo sé. April a veces me desconcierta, tiene unas actitudes que no aguanto y es un poco superficial. Empezamos a ser amigas el año pasado. —¿Puedo decirte algo y que quede entre nosotras? —Madison asiente —Sinceramente no me pareceria muy bien que mi amiga tuviese algo con un chico con el que he estado —Madison hace una mueca y suspira. —April también estuvo con Callum, pero de repente, de un día para otro lo dejaron. April lo pasó mal. —Cuéntame un poco de ese chico, Callum. ¿Sabes lo que le ha podido pasar? — La verdad es que no sé qué le habrá pasado. Él y Jackson son muy buenos amigos. Al principio se metían con Caleb algunos del instituto pero Callum y Jackson siempre estaban ahí para defenderlo hasta que un día a Caleb se Le hincharon las narices y se pegó con dos del equipo de baloncesto y para colmo le expulsaron a él una semana. Madison pone los platos sobre la mesa y empezamos a comer. —Ese chico me parece misterioso. —Lo es y hace fotos. A veces lo veo en el instituto con su cámara o por la calle. —¿Qué crees que le habrá pasado? —pregunto pinchando con el tenedor varios macarrones para llevármelos a la boca. —A saber… —hace una mueca desviando la mirada —En el instituto siempre se ha metido en líos. Formo mis labios en un fina línea y sigo comiendo. Poco después cambiamos de tema y charlamos de otras cosas. Cuando terminamos de comer la ayudo a recoger y después nos sentamos en el sofá. Madison me pregunta qué es lo que quiero ver y como no nos decidimos pone Anatomía de Grey. Por la tarde casi a hora cenar vuelvo a casa, nada más entrar saludo a mi tía. —Annie, tengo algo que contarte. —¿Qué pasa? Al ver la expresión que tiene en su rostro me doy cuenta de que es algo serio e importante. Miro el otro sofá y me siento en él. —Tú padre me ha llamado, se ha enterado de que ya no estás en California. —¿Cómo lo ha sabido? —Por tu madre. El caso es que mañana vendrá aquí porque quiere hablar contigo —sonrío irónicamente. —¿Después de dos años ahora se preocupa? —Annie, él siempre se ha preocupado por ti. —No digas eso porque no es así —mi voz suena enfadada —. Me voy, necesito tomar el aire. Salgo de casa desviándome hacia la derecha mientras suelto un profundo suspiro. ¿De verdad ahora mi padre se preocupa por mi? ¿Después de haberse ido de casa destrozando a mi madre? —No James, no me puedes hacer resto, no nos puedes hacer esto —rectifica —. Annie es tu hija y no se merece esto —suplica mi madre entre sollozos. —Claro que no se lo merece y en cuanto tenga la oportunidad y los recursos me la llevaré, se vendrá conmigo, porque eres una madre nefasta. De repente escucho un portazo y a mi madre sollozando y gritando. Cierro la puerta tapándome los oídos mientras varias lágrimas caen sobre mis mejillas. Cada vez que recuerdo ese momento se me eriza la piel. Esa fue la última vez que vi a mi padre y a partir ese día, las cosas empezaron a ser un caos en mi casa. De repente escucho un voz pero la ignoro completamente hasta que sin darme cuenta lo tengo frente a mi.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD