Juego de besos

1835 Words
Se habían demorado demasiado en sus discusiones y en los “besos” provistos de severas intenciones de ocasionar inmensos celos, apenas y habían logrado hacer el “check in” y dejar las maletas porque cuando se percataron de la hora, ya era momento de acudir a la cena familiar. Ambos entraron a uno de los cinco hermosos restaurantes con los que contaba el hotel, era de comida oriental. El piso era de madera y el techo tenía hermosas y elegantes lámparas de papel. Caminaban hasta la larga mesa en donde se encontraba toda su familia. De pronto, sintió que Trevor le sujetó de la mano con tal suavidad que ella no se opuso. –¡Trevor Wolf! –exclamó una mujer mayor mientras se acercaba a él a una velocidad impresionante. “¿No se supone que debería saludarme primero a mí?” se cuestionó internamente la chica. –Desde que te conocí, siempre quise que te quedaras con la atolondrada de Lydia, la noticia me tiene tan feliz –recalcó Bárbara, la madre de Lydia. –¡Mamá detente, por favor! –exclamó la mencionada chica mientras hacia un berrinche. –Sh… sh… sh...–la siseó haciendo un gesto con la mano. –Estoy hablando con mi guapo yerno–afirmó. –¡Además! ¡No puedo creer que me haya enterado por Lindsay! ¡Pensé que me contabas todo! –se quejó totalmente indignada, victimizarse se le daba bien a esa mujer. Además de que, ambas tenían una excelente relación: madre e hija. Lydia rodó los ojos ante ese comentario. Era muy precipitado decirle que todo era parte de una tonta actuación. Los ojos de todas sus chismosas e indiscretas tías y primas estaban sobre ellos, así que, solo se limitó a sonreír. –Bárbara, nadie está más feliz que yo –recalcó el guapo hombre con una sonrisa. Era un actor excelente, debía convertirse en uno profesional. La mujer de cabello rubio ondulado, con ligeras arrugas en el rostro, era sin duda, la envidia de todas sus amigas tenía al menos cincuenta años y se veía totalmente increíble y despampanante para su edad, definitivamente la belleza que tenía Lindsay la había heredado de su progenitora. –¡Siempre has sido tan encantador! ¡Tomémonos una foto! –exclamó sacando su celular de alta gama y enfocando una “selfie” en donde salían ellos dos nada más. –Claro, porque yo no existo –chilló Lydia.  –La subiré a mi “i********:” con: “#minuevoyguapoyerno” seré la envidia de la tonta de Lisa Mclean –exclamó emocionada, mientras continuaba ignorando a su hija. –¡Mamá detente! –reclamó Lydia. Pero la mujer, no le prestó el menor rastro de atención. –Vente, vamos a que saludes a mi esposo, la noticia lo matará al fin de un infarto, pero de felicidad –exclamó jalándolo del brazo y llevándolo a una mesa. –Pensamos que Lydia se quedaría soltera y sola… –explicaba mientras tomaba a Trevor y se lo llevaba lejos de ella. “¿Qué tiene de malo estar soltera y sola?” se cuestionó así misma mientras veía a su mama acercarse con Trevor hasta su padre; Si se quedaba sola ¿Por qué sería un error? Frunció los labios. Se giró sobre sus talones mientras focalizaba a su rubia víctima, tenía al menos un par de cosas que decirle a esa perfecta mujer. –¡Lindsay! –reclamó al acercarse a ella de manera deliberada. –Le dijiste mamá que lo mío con Trevor era una farsa, ¿verdad? –le cuestionó a su hermana, la había interrumpido, estaba hablando con sus primas, pero la había interceptado para aclarar la situación. La hermosa chica sonrió llena de nerviosismo, era excelente abogada y confrontaba bien a los jueces, pero con su hermana mayor no podía, y eso era porque respetaba mucho a Lydia a pesar de ser torpe y atolondrada. –Estaba a punto de hacerlo, pero se puso muy feliz y ya no pude –se encogió de hombros mientras la tomaba de las manos y ponía un tierno gesto, como cuando eran pequeñas. Lydia echó un terrible bufido. Todo se saldría de control. –Es la peor excusa que me has dado –se cruzó de brazos. –¿Qué le diré después? ¿Qué rompimos? –le cuestionó abriendo sus inmensos ojos marrones. –No le extrañaría, a nadie en realidad; es decir, es algo muy típico de ti no durar con tus novios, créeme, no se sentirá mal…–aseguró la rubia, con esa respuesta intentaba “animarla”. Lydia quedó perpleja ante esa afirmación que hizo su hermanita. –¡Tienes razón! ¡Ser un fracaso en el amor y que me sucedan cosas estúpidas, es muy usual de mí! –añadió, porque sin duda le había herido el comentario. –¡No sé porqué me preocupo tanto! –exclamó con un tono irónico. –Lydia, no eso quise decir –añadió su hermana sujetándola de los hombros. Lydia bajó la mirada. No quería hacer un berrinche en vísperas de la boda de Lindsay. Y al parecer, no la entendía, estaba preocupada por sí misma, su soledad pesaba tanto para su familia que esa estúpida mentira les hacía feliz, pero solo la hería a ella porque al termino de ese fin de semana volvería a ser ella misma, sola y abandonada, quería aprender a abrazar su soledad, no patearla como si fuera lepra. –Lo resolveré, no te preocupes Lindsay. Me inventaré una maravillosa excusa –. asintió con la cabeza, porque ella no se dejaba vencer fácilmente. Además, podía inventarse una historia divertida de como terminaba todo. Por primera vez en uno de sus múltiples rompimientos podía ser ella, la que acababa la relación y no al revés. Se río para sí misma, una idea divertida se le había ocurrido. Lindsay solo la observó preocupada, pero no confirió nada más. Después de haber saludado a todo el mundo, se sentaron en la mesa. –¿Te divertiste tomándote fotos con mi madre? –le alzó la ceja. Trevor sonrió. –Es una mujer encantadora, esa vitalidad la heredaste de ella –asintió con la cabeza. Qué lindo, él le decía “vitalidad” a su estúpida forma espontánea de ser, otros se referían a esa personalidad como: “escandalosa” o “ridícula”. Lo miró con detenimiento y sonrió. –Sabes que… ¿eres la adoración de tu padre? –le susurró al oído ¿en qué momento se había acercado tanto? Era tan rápido. Su aliento cálido, ese suave hálito le provocó un ferviente estremecimiento. Debía fingir ser su “novio” no enamorarla de verdad. –¿Lo soy? –degustó el bocado de su plato y lo introdujo a su boca. –Lo eres. Está muy orgulloso de ti –asintió con la cabeza, porque él y su “suegro” se habían detenido a hablar de ella. –Ese cubo de hielo, ¿tiene sentimientos? –echó una simpática carcajada. Porque su papa era mal encarado, y un hombre de pocas palabras. Pero sin duda, también estaba encantado de saber que Trevor era el nuevo “novio” de su hija. –Los tiene. Ambos rieron. Todos enfocaron la atención en la pareja. Lydia siempre había tenido una risa contagiosa y muy espontánea. Y al parecer, se estaban divirtiendo en la cena. –¿Qué pasa? –cuestionó Lydia cuando sintió como él la devoraba con la mirada. –No voy a invitarte a mi postre –aseguró mientras negaba con la cabeza y jalaba el plato de porcelana con una exquisita rebanada de pastel de chocolate amargo servida en el, se decía que era una especialidad del chef de ese fino restaurante y no había querido perder la oportunidad de probarlo. Lydia ya lo estaba devorando, su sabor amargo era exquisito y no estaba dispuesta a compartirlo con él, ni con nadie. Trevor miró por el rabillo del ojo. Ese idiota exnovio suyo, el tal Gareth, no les quitaba la mirada de encima, era como si le diera celo que Lydia fuera tan feliz y luciera tan despampanante y luminosa, había perdido peso, y el vestido rosa que tenía puesto, se le veía increíble, además de que su jovial personalidad siempre opacaba las caras largas y estreñidas de sus tías y primas. El hombre sonrió ante la negativa de Lydia al invitarle al delicioso pastel. Esa pequeña pecosa era tan egoísta, era una niña que había que arrebatarle las cosas por las malas. –Bien, creo tendré que robarlo como la última vez –amenazó con un tono seductor y alzó una ceja de manera retadora y sensual. Lydia se puso en guardia y sujetó con más fuerza su plato mientras lo alejaba unos centímetros más de él, no permitiría que su tenedor se acercara demasiado a su exquisito manjar. –Eres tan tierna… no me refería a robarlo del plato –echó una encantadora carcajada, su risa era tan maravillosa que ella no pudo más que mirarlo impactada por su afirmación ¿qué haría entonces? Sus ojos castaños chocaron con los suyos azules. Con sus masculinos dedos, sujetó su mentón, la forma en la que la tocaba siempre era suave y delicada, se levantó un poco de su asiento con el fin de acercarse lo necesario a ella y esa tentadora mancha; entonces, besó el borde de su boca, porque tenía un leve vestigio de ese delicioso postre en esa zona de sus labios, usar una servilleta sería un desperdicio a ese tentadora invitación de degustación, Lydia quedó totalmente estática y a su merced al sentir su cercanía, cerró los ojos mientras sentía como él relamía con mucha sensualidad esa zona de su rostro, esa húmeda sensación aterciopelada era adictiva. Un medio beso, lo suficientemente exquisito como para un sutil viaje a la luna, que ganas de no retornar a la realidad y continuar esa mentira con el juego de besos para siempre. –Delicioso –afirmó Trevor con una voz gruesa, mientras se relamía los labios y procedía a alejarse de ella para volver a tomar asiento. –Debí pedir el pastel de chocolate en vez de la tarta de moras –aseguró como si se lamentara de su decisión. Lydia abrió los ojos al escuchar su voz afirmar que esa probadita del postre al que no quería invitarle, le había gustado y mucho. Esa visión de él mordiéndose la boca era totalmente lasciva y encantadora. Su corazón echó una increíble marcha. No podría seguir mucho tiempo con ese juego sin caer totalmente enamorada de él, le estaba preocupando esa situación, si Trevor no sentía lo mismo que ella el dolor sería insoportable. Trevor sonrió de manera victoriosa, se había asegurado de que Gareth estuviera mirando hacia ellos. Le producía placer ver la cara de ese idiota que se había sentado cerca de ambos por obvias razones. 
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