Manzana de la discordia

1255 Words
–No tienes que hacer esto…–añadió la hermosa mujer de cabello castaño mientras bajaba del auto. El hombre de ojos azules solo emitió una sonrisa. “Los lentes oscuros le van bien” pensó Lydia mientas enfocaba a ese atractivo hombre. –¿De qué hablas? Será muy divertido –se quitó los lentes y el viento sopló mientras removía su cabello. Esa era una atractiva visión de él. –Es algo que tú harías por mí, para eso son los amigos –aseguró. Lydia suspiró angustiada. Era tan apuesto. Al menos, sería fácil para ella fingir que eran pareja. Un “ballet parking” los interceptó, entregaron el auto y subieron las escaleras de piedra hacia el hermoso y elegante hotel en donde se llevaría a cabo la boda. Estarían hospedados ahí un par de días, pero previo a ello; habría una cena familiar, más íntima, solo habían invitado a la familia de los novios. Sería una cena relajada, la verdadera batalla sería el día de la boda, ese pensamiento hizo que Lydia se tranquilizara un poco. El hotel era precioso, el piso era de marfil, tenía muebles elegantes y cómodos alrededor. Candelabros del siglo XVIII y grandes arcos de piedra. Todo lucía a que había costado una verdadera fortuna. –¡No puede ser! ¡Es Gareth con su novia! –chilló, pensó que se toparía con él hasta el día de la boda; entonces, desesperada, quiso darse la vuelta y salir de ahí. No estaba lista para encontrarse tan pronto con su exnovio, pensaba que con unas copas encima estaría bien, pero en ese instante estaba totalmente sobria. –¡¿A dónde vas?! –se burló Trevor al notar como sus tacones patinaban sobre el piso de marfil. La sujetó de la mano con fuerza impidiendo su escape. –Tranquila –sonrió el hombre, ella forcejeó un poco. –No estoy lista para confrontarlo – se quejó. –¡Lydia! –exclamó una voz detrás de ella. Lydia giró la mirada hacia el llamado, ya no podría escapar de ese fin de semana del infierno. Visualizó a la chillona voz que le gritaba con tanto esmero. –Prima Margaret –sonrió de manera forzada, como si le diera gusto verla, cuando sinceramente prefería verla sin tener que entablar una conversación con ella. Su prima Margaret era la figura regordeta de la que deseaba huir desesperadamente. Era la odiosa prima indiscreta que se la pasaba recaudando los chismes de todos en la familia y ventilándolos como si ella fuera intachable y correcta y Lydia era su constante víctima, se sabía de pies a cabeza, cada uno de los participantes de su listado de exnovios adicional a las razones de sus rompimientos deprimentes, era una enciclopedia de sus derrotas amorosas y parecía coleccionar cada una de sus inútiles hazañas. Por lo tanto, no le agradaba en lo más mínimo, verla acercarse a ella solo le aseguraba que era su presa, era como un buitre acechando un cuerpo inerte para carroñarlo. –Prima ¿y el novio? –su voz era aguda y molesta, nunca le preguntaba por ella misma, prefería dirigirse a su continua soledad. –¿Ya terminaron? Me enteré de una historia en la que tú… Lydia frunció los labios. Ladeó la mirada. Gareth estaba haciendo el “check in” con su hermosa acompañante latina. Ambos la enfocaron, relatar esa historia con su odioso tono de voz en el lobby de un hotel con eco no era buena idea, pero una vez que esa mujer comenzara a hablar ni los mismos dioses podían pararla. Lydia enrojeció, llevaba cinco minutos en ese lugar y todo estaba comenzando a desmoronarse. –Aquí, presente –Trevor dio un paso al frente y entrelazó sus manos con las de ella. Lydia tragó duro ante ese gesto tan fortuito. La había salvado de ese buitre o eso parecía, pero los poderes de la prima Margaret desafiaban las leyes de la naturaleza. –Este no es el novio que recuerdo… ¿no era el tipo de ahí? –señaló la insistente mujer con el pulgar. Era sorprendente lo enterada que estaba de todo y no solo eso, parecía estar disfrutando el encuentro de ella con su exnovio, amaba las disputas. Era la manzana de la discordia de la familia. –Lo dejó por mí –aseguró Trevor con una sonrisa de victoria. “Qué valor” pensó Lydia mientras lo escuchaba hablar. –¿Ah sí? Pensé que fue al revés –añadió esa mujer, era extremadamente indiscreta y siempre se metía en lo que no le importaba, peleaba de manera patética batallas que no le competían. –¡Ja! No sé quien te dijo esa estupidez, pero lo dejó porque definitivamente yo soy mejor en la cama –exclamó en voz alta mientras se señalaba así mismo. La afirmación estrepitosa resonó en todo el lugar. Lydia se golpeó la frente con la palma de su mano, Trevor estaba llevando su papel de “novio falso” demasiado lejos y solo le estaba dando armas de fuego a esa regordeta mujer. La prima Margaret no solo estaba impactada, sino que también se había quedado callada por tan ferviente argumento. Trevor no bajó la mirada, por el contrario, sonrió con malicia. –Es suficiente cariño. Ven, vamos por aquí…–exclamó Lydia sacándolo del lugar porque había dejado totalmente petrificada a Margaret, al menos, había logrado vencerla, por ahora... Lo arrastró hasta un pasillo del hotel para encararlo. –¡¿Qué rayos estás haciendo?! –se quejó ella–¡Había de dos personas que debíamos huir en esta boda! ¡Gareth y Margaret! –exclamó mientras los enumeraba con las manos. –¡Y acabas de confrontar de manera precipitada a una de ellas! –blasfemó. –Y al parecer, son a las primeras dos personas que nos topamos en lobby –echó un bufido mientras se apoyaba su colosal figura en la pared. –No te das cuenta de que ella se acercó para interceptarte, estaba esperando a que llegues para atacarte, había que fulminarla de una vez por todas –aseguró abriendo más sus inmensos ojos azules. –¡Sí! Pero…–continuaba rechistando, pero su criterio se vio obstaculizado por los rápidos movimientos de Trevor, la jaló de la cintura hacia él y le plantó un beso desesperado. “Oh Dios…” un susurro leve transitó en la cabeza de Lydia, sí alguna vez se preguntó a que sabía un pedazo de nube, la respuesta sería: el cielo sabe a Trevor Wolf. Era innecesario resistirse a su agarre, era más alto y fuerte que ella, un verdadero: titán. La sujetó de la nuca mientras apretaba sus labios contra los suyos. La estaba calentando con esa apasionada experiencia. Qué estúpida era Maddison, ¿cómo había podido dejar a semejante hombre? Si besaba delicioso y su aliento sabor menta era exquisito, que ganas de meterle la lengua… Le mordió el labio mientras se alejaba de ella con severa dificultad. Lydia estaba mareada, sentía que había tomado un fuerte trago de alcohol. Trevor ladeó la mirada, dirigiendo su atención hacia otra parte. –Tu ex acaba de entrar al baño –susurró regresando la mirada hacia ella. La chica despabiló, estaban parados discutiendo en la puerta del baño de caballeros que estaba en el lobby de ese hermoso hotel. Ella sostuvo el aliento. ¿Ese había sido su argumento para justificar ese delicioso beso? Pensándolo bien, no sería un mal fin de semana.
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