Perdió peso y su figura se hizo más hermosa y pronunciada, se había esforzado demasiado, pero Gareth… nunca le llamó arrepentido diciéndole que la extrañaba, ¡Maldita sea! justo así pasaba en todos los dramas románticos coreanos que veía ¿por qué no podía ser igual?, lejos de eso, Gareth ahora, vivía con esa hermosa morena con la que le había engañado. Lo sabía porque, aún lo seguía en secreto en sus r************* . Qué maldito coraje sentía, a ella nunca le ofreció vivir juntos, y justo cuando ella lo sugirió, él la evitó de manera totalmente ingeniosa.
Ese recuerdo se apropió de su aturdida cabeza. Gareth estaría en esa boda, con Laiza, la sexy y atractiva morena, era de Costa Rica y era una verdadera belleza latina.
Le frustraba tener que ir sola, como la solterona desamparada que era, e incluso había pensado en muchas excusas para no ir, pero era su hermanita, la amaba y uno solo se casa una vez en la vida. No podía perder este momento que era tan preciado para Lindsay, tendría que luchar contra sus inseguridades y su evidente odio a su exnovio estúpido.
–Te queda increíble el vestido, has bajado bastante de peso, este modelo y el color te favorece… Gareth no podrá creerlo, ¡Se arrepentirá ese maldito cretino! –la hermosa rubia, calló su boca, nunca decía malas palabras.
–¿Qué dijiste? –sonrió Lydia, porque amaba cuando era altanera y despotricada –¿Preparaste este vestido para que Gareth se sorprenda al verme? –sus ojos brillaban.
Su hermosa hermanita, ladeó la mirada. Estaba furiosa con ese idiota, y si no fuera el mejor amigo de su prometido no lo invitaría a la boda, porque había odiado la forma en la que se había expresado de Lydia; no era gordita, ni gritona. Era una mujer que sabía expresar sus emociones y eso la hacía sumamente valiente y magnífica, ella más que nadie la admiraba.
–¡Sí! ¡¿y qué!? ¡Por eso tienes que ir! –exclamó sujetando sus hombros. –Te verá y se arrepentirá de haberte dejado –afirmó con la cabeza.
Lindsay amada a su hermana mayor y eso era porque, Lydia siempre la estaba protegiendo, nunca dejaba que se aprovecharan de ella. Recordaba que cuando eran niñas Lydia se había peleado por ella en una fiesta de cumpleaños. Se había jalado de las greñas con una niña que había empujado a Lindsay en los juegos inflables, Lydia, muy enojada, había salido al rescate, había rodado en el piso con esa bravucona mientras le gritaba que le pidiera perdón a su hermanita. La pequeña Lydia, era buena en batalla; no dejaría que nadie maltratara a su angelical hermanita. Y evidentemente, había ganado la contienda, se había raspado las rodillas, su vestido se había arruinado y su cabello había quedado hecho un desastre total, pero ese había sido el precio de salir victoriosa. Sus padres la reprendieron por el espectáculo que dio, siempre le pedían que se comporte, pero lo realmente importante era proteger a Lindsay, por sobre cualquier cosa, incluso por sobre ella.
La hermosa rubia, siempre se sentía segura cuando su hermana mayor estaba cerca, porque sabía que sacaría las uñas por ella si fuera necesario hacerlo. Por eso había odiado tanto a Gareth cuando Lydia le contó la historia, la escuchó llorar de manera desbordante, la había hecho añicos y pagaría muy caro su pretensión, porque Lindsay amada a Lydia con todo su corazón y estaba dispuesta a vengarse de ese estúpido que la había pisoteado.
–Eres la mejor…–sonrió y la abrazó con fuerza, amaba ese dulce gesto de su recatada hermanita. –Estaré sola y seré el hazmerreír de la prima Margaret, pero bueno, me puedo emborrachar en un rincón –se encogió de hombros.
–¡Ya lo solucioné! ¡Necesitamos a alguien que nos ayude a darle celos a ese imbécil! ¡Y para eso le pediré ayuda a Malcom, mi compañero de trabajo, es muy guapo! – Lydia se emocionó ante esa fantástica idea –Es gay –Aclaró Lindsay a lo que Lydia se entristeció –Pero será tu pareja esa noche, servirá para causar un poco de polémica en Gareth, es todo –asintió la chica.
–O sea que… ¿no podré besarme con él cuando esté muy borracha? –cuestionó la castaña mientras rodaba los ojos. La rubia solo negó con la cabeza mientras echaba una risita.
La puerta del departamento se abrió, un atractivo hombre la cruzó.
–Llegué Ly…dia…–exclamó a medias porque no esperaba que tuvieran visita.
–¿Trevor… Trevor Wolf? –cuestionó Lindsay totalmente impactada.
–Hola… Lindsay –saludó ligeramente sorprendido mientras dejaba su portafolio a un lado. –Lydia… ¿van a salir? –cuestionó e intentó disimular una sonrisa cuando la vio con ese vestido color lila que se amoldaba a su precioso y trabajado cuerpo.
–Eh… no– negó con la cabeza. –Lindsay solo está de visita –afirmó.
–¿Están viviendo juntos? ¿me perdí de algo? –cuestionó la rubia mientras miraba de manera inquisidora a su hermana mayor, porque en todo el rato juntas nunca mencionó nada con respecto a ese guapo hombre.
Y claro que Lindsay conocía a Trevor Wolf, Lydia lo había llevado a casa en un cumpleaños de sus padres y lo habían amado tanto; era un hombre tan caballeroso y atractivo que todos desearon que se emparejara con Lydia, además de que, la mencionada chica no paraba de hablar de él, había sido una lástima que se haya hecho novio de otra chica porque definitivamente le había roto el corazón a la atolondrada Lydia.
–Solo somos “roomies” –aclaró Lydia de manera apresurada, para que no se hiciera ideas extrañas.
La rubia sonrió. Una espeluznante idea le vino a la cabeza. Trevor Wolf, era por mucho, más guapo e interesante que ese idiota de Gareth Haze. Era alto y bien parecido. Y con ese porte que tenía estaba totalmente segura de que se vería sumamente increíble en traje.
–Trevor –llamó Lindsay mientras se giraba hacia él, el hombre de ojos azules la enfocó rápidamente. –¿Lydia te ha hablado de su último exnovio? ¿Gareth? –cuestionó.
–¿El idiota que la hizo meterse a un gimnasio? –cuestionó poniendo una mano en ese cuadrado mentón.
–Ese mismo.
–Oigan sigo aquí –reclamó la castaña porque hablaban de la situación como si estuviera ausente.
–¿Te gustaría ir a mi boda? Solo tienes que ser la pareja de mi loca hermana y ayudarme a causarle celos a su imbécil exnovio. Quiero destruir a ese bastardo y tú puedes ayudarme –propuso con una maléfica sonrisa.
Lydia quedó congelada y con la boca totalmente abierta ante la resolución de su hermana, no sabía que podía ser tan venenosa y víbora cuando se lo proponía, debía de tener más cuidado con ella en el futuro; la había subestimado totalmente; pero la reacción de Trevos fue millones de veces mejor porque… ese serio hombre de pronto, puso una perversa mirada sobre su atractivo rostro, sonrió con mucha malicia, como si la idea de vengarse de una de esos estúpidos hombres fuera totalmente tentadora y magnífica.
– Por supuesto ¿Qué tengo que hacer? –cuestionó sonriente mientras alzaba la ceja.
Lindsay sonrió victoriosa.
–Solo fingir ser novios frente a él –afirmó.
–¡¿Qué?! –se quejó Lydia totalmente espantada.
–Dalo por hecho –afirmó el hombre y se dieron un apretón de manos. Lydia se quejaba al fondo diciendo que no estaba de acuerdo y chillando que la estaban ignorando, pero no importaba lo que ella dijera porque… el pacto ya se había sellado sin su consentimiento.