Chica sin suerte

1726 Words
No encontraba a Trevor en el salón, había logrado librarse de las garras de su exnovio y más que nunca deseaba toparse con ese par de cuencas añiles; entonces, decidió aventurarse a ir al jardín, quizás había salido por un poco de aire. Lo encontró ¿cómo no hacerlo? Su silueta alta y varonil era imperdible, sumado a ese exquisito perfume que llevaba puesto esa noche, lo reconocería hasta a oscuras. Estaba apoyado en el pilar de un kiosco de ese bello jardín del hotel, se veía atractivo y deseable bajo el fulgor de la luna. Se acercó silenciosamente a él. Se veía ocupado, estaba en una llamada. Se detuvo a escuchar. –Sí, Maddison –exclamó. Quiso ver la expresión de su rostro ¿complacencia? ¿fastidio? Estaba lo suficientemente oscuro para no enterarse de nada. Lydia quedó estática, ¿había escuchado bien? ¿Hablaba con Maddison? ¿Su exnovia? Se escondió un poco para enterarse de la plática. Porque… por supuesto que quería saber todo. La chica, levantó la oreja y puso en práctica sus inexistentes poderes de audición hiper sónica. –Nos vemos ahí…–contestó y al parecer, se dispuso a concluir la llamada. Ella se puso nerviosa, la encontraría espiando y sería tachada de chismosa, que, por supuesto que lo era, pero él no debía enterarse. Tan de prisa como sus estúpidos tacones se lo permitieron, se escondió detrás de un arbusto, su zapato se atoró en la tierra semi húmeda y estuvo a punto de caerse y estamparse en el suelo. Pero para sorpresa de todos… logró equilibrar su cuerpo y realizar una salida espectacular, bueno, solo se alejó un poco. Lo vio sentarse en un banco de piedra frente a una fuente de agua. Trevor metió la mano en sus bolsillos y sacó un objeto. Lydia estaba lejos, no podía percibir de qué se trataba, su visión de halcón era nula. El robusto hombre, jugueteó con ese objeto, lo lanzó al cielo y lo cachó con terrible destreza. La chica contuvo la respiración. Con ayuda de la luz de la luna, logró percibir la forma de esa leve pieza: Era el anillo de compromiso que Trevor había adquirido para Maddison, la argolla con la que prometería desposarla en una unión eterna de su amor. Trevor sacó una cajetilla de cigarrillos de su bolsillo y de prisa, encendió uno, lo inhaló con apuro y apoyó su ancha espalda en el respaldo del banquillo. Lydia, debes aprender a dejar de ser tan curiosa, porque justo ahora, sentía su corazón destrozado. Su ánimo cayó al piso. ¿Por qué pensó que con un par de besos y haber vivido unas semanas juntos serían suficiente para obtener su amor? Debía parar de ver esas malditas películas románticas, solo ilusionaban a chicas sin suerte como ella. Otra vez esa sensación, ya se había acostumbrado a esa emoción de decepción que aplastaba su pecho. Ese gesto de no ser correspondida. Con el mayor sigilo… salió en busca de Mario, el barman, él sabría que hacer, tenía cara de ser experto en el manejo de corazones rotos, posiblemente tendría un conjuro para el mal de amores, algo infalible para olvidar ese trago amargo y sustituirlo por un tequila. Perdió la noción de su estado físico y geográfico. Bebió hasta que su conciencia se oscureció, hasta que dejó de percibir manos y piernas, su existencia en sí. Ahora volaba, era un ave, se deslizaba a través del viento de manera increíble y automática. Entreabrió los ojos. Una fuerte figura la llevaba a su habitación. No volaba que tontería, alguien la cargaba porque estaba tan borracha que no podía con su propio peso existencial. ¿Quién era? Intentó conectar el único par de neuronas que se rehusaban a caer perdidas en su alcoholismo, pero estaban perdiendo la batalla. –¿Gareth? –susurró al reconocer a ese hombre. “Qué vida tan mierda” fue lo último que pensó y perdió la conciencia, estaba muy ebria. * Con severa, severísima dificultad, logró abrir las órbitas de sus ojos. Estaba en la hermosa habitación del hotel. Se miró a sí misma. Aún tenía el vestido lila de la noche anterior. Un fuerte dolor le golpeó la cabeza con extremo pesar. Se incorporó un poco en la cama. Miró alrededor, estaba sola en la habitación. Su celular sonaba al fondo, con lentitud, lo sujetó, tenía al menos un centenar de llamadas perdidas de sus familiares: mensajes, notificaciones, miles de notificaciones. ¿Qué había pasado? No recordaba, pero lo que no había podido olvidar había sido la expresión de Trevor al contestar una llamada de su exnovia, se le veía sereno y feliz. ¡Maldita sea! ¡Mario! ¡El mix alcohólico para el mal de amores no había surtido efecto! ¡Le reclamaría a ese dominicano su estafa! Como pudo, se puso de pie. Llegó al baño y se miró: era un completo desastre, pero así era ella: un caos, una calamidad, tanto por dentro, como por fuera. El estúpido aparato electrónico comenzó a sonar. Su crepitar le daba jaqueca. –¿Hola? –su voz sonaba tan mal como su apariencia. –¡Lydia! ¡Estamos en el buffet tomando el desayuno, cariño! ¡Ven de inmediato! –exclamó su estrepitosa madre. –Voy enseguida –replicó ella. Se alistó, el glamur y el encantó, se perdieron en la noche anterior, ahora se pondría jeans y una blusa de botones, quería sentirse cómoda, sobre todo por la terrible migraña que la importunaba en ese momento, para a completar su vestimenta y por la terrible resaca, se puso unos lentes oscuros y salió al encuentro de su familia. Al llegar al hermoso restaurante, se encaminó directo al área de comida, contempló la amplia variedad de platillos, no escatimó en sus antojos y llenó su plato, tanto como pudo. Vio la larga mesa llena de gente conocida la cual, estaba dando increíbles risotadas, se aproximó. Él único asiento vacío era junto a un apuesto hombre, que ganas que sea Trevor, pero recordemos su pensamiento anterior: “Qué vida tan mierda” era Gareth. Dio la vuelta, no tomaría sus alimentos junto al mismísimo satanás, además de que, sabía que todo estaba planificado por su prima Margaret que, le encantaba ver arder el mundo y provocarla de maneras tan infantiles. Había más mesas, huiría antes de ser reconocida, se ajustó los lentes y caminó en dirección contraria. –¡Hey, Lydia! –chilló esa odiosa villana. Tenía la vista de halcón que ella necesitaba. Ella continuó su camino, pero la tosca criatura, corrió hacia ella y la interceptó. Toda su familia dirigió la atención a ella y le llamó para que tomara asiento con ellos. No pudo seguir escapando y terminó cediendo a ese patíbulo junto a su exnovio, el cual lucía radiante y tan fresco. –¡Oh, miren a quien tenemos aquí! ¡La estrella de la noche! –chilló uno de sus tíos, el padre de Margaret ahora sabía de quien había heredado la indiscreción y el terrible sarcasmo. Todos comenzaron a reírse al verla tomar asiento. “Oh no” pensó Lydia y sonrió con mucho esfuerzo. Algo andaba mal, podía percibirlo. –¡Cuántos carbohidratos! –exclamó una de sus primas. –¡¿Te comerás todo eso?! –cuestionó Gladys, su esbelta y agraciada prima que siempre cuidaba su figura, seguramente era nutrióloga y una perfecta entrometida. –¡Sí! –exclamó Lydia y dio un inmenso bocado. –Bueno, Lydia es imparable –replicó el mismo tío de hace un momento, Thomas. “Es obvio que algo hiciste anoche, Lydia, el ridículo por ejemplo” pensó para sí misma, no quería preguntar. Solo debía revisar sus r************* . Seguramente su acosadora, esa odiosa prima, había grabado sus estúpidas y deliberadas hazañas y las había hecho públicas. –¡Oh sí, Lydia! ¡Eres un barril sin fondo! ¡Bebías y bebías, brindaste con todo el mundo! –exclamó, una voz, otra odiosa prima: Ana. –Oh cielos sí, lo mejor fue cuando robaste el micrófono y cantaste esa canción… “Por favor que no haya sido la de…” tuvo un pensamiento que se quedó a medias. –“Girlfriend” –declaró Margaret. “Oh Dios, soy yo de nuevo… que mi comida este envenenada y muera en los siguientes minutos…” pensó la chica y se ajustó los lentes, su rostro estaba enrojecido de vergüenza, estaba caliente, de vergüenza. –¡Fue tan épico! ¡te robaste la noche! –exclamó su prima Gladys mientras sacaba el celular y se lo enseñaba. Lydia puso atención. Había sido peor de lo pensado… Era ella, borracha y dolida, cantando: “Girlfriend” de “Avril Lavigne”, mientras agitaba su cabeza de un lado a otro y se quitaba los tacones de manera desenfrenada para dar saltos alrededor del escenario, una verdadera poseída, totalmente herida, una mujer sangrando de amor y bajo los efectos del alcohol. “Bien Lydia, te has superado a ti misma, esta vez una de tus trivialidades quedó captaba en video” resonó en su cabeza mientras moría de humillación. –Fue un buen “cover” –defendió Gareth mientras callaba a las mujeres que solo se reían de ella. –Afina bien –agregó. Lydia guardó silencio ¿La estaba ayudando? Pero que carajo… El hombre solo le sonrió. * La horrible tortura; es decir, el desayuno, al fin había concluido, de milagro, seguía viva. Se acercó a su madre después de haber hecho el “Check out”. –¿Has visto a Trevor? –le preguntó a su elegante y siempre bien vestida, progenitora. –Oh sí, me dijo que tuvo que salir de urgencia, se veía un poco inquieto, pero dijo que no te preocuparas. Nosotros te llevaremos de regreso a Nueva York –sonrió Bárbara. –¡¿Qué?! ¿Se fue? –se ajustó los lentes oscuros. –¡¿Sin mí?! –reventó en histeria. ¿Cómo ese fin de semana con él había concluido de esa terrible manera? No debía extrañarle, los hombres literalmente: Se escabullían de ella. NOTA DE AUTOR: FALTAN POCOS CAPÍTULOS PARA CONCLUIR ESTA HISTORIA, PERO NO SE ALARMEN, CUANDO DAERYLS DICE QUE FALTAN POCOS CAPÍTULOS, ALGO PASA Y SE SUMAN OTROS MÁS, MI DON, MI MALDICIÓN.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD