Abandono

1457 Words
Sus padres la llevarían de regreso. Pese a que se tendrían que desviar un poco de su destino. Estaba sentada en uno de los hermosos muebles del lobby, había ido al “sport bar” por una última bebida, para calmar su mal humor por el abandono del hombre de ojos azules. Miraba sus notificaciones, sin duda su video había sido un éxito, si su fama seguía así: podría ser “influencer”. “Extrañaré tanto a Mario”, pensó y sorbió su piña colada. Una voz la sacó de sus cavilaciones y su monólogo personal. –Lydia, si quieres, yo puedo llevarte a Nueva York –exclamó un atractivo hombre mientras sonreía con picardía. Era Gareth. Ahora, aparecía en todas partes. –¡NO! –exclamó apurada. –Gracias, pero mis padres me llevarán –afirmó. –Lydia…– le llamó él e intentó acercarse a tomar asiento a un lado suyo. –No mentí cuando dije que te extrañaba –aseguró mirándola con unos ojos increíblemente convincentes. Lydia se puso de pie tan pronto como pudo. –Lo siento Gareth, ya te olvidé, estoy con alguien más –afirmó con una sonrisa burlona. Admitía que se sentía bien darle de beber un poco de su medicina. –¡Ja! ¡¿Ese tipo que acaba de abandonarte!? Yo no te haría algo así…–añadió sujetándola del brazo. Ambos se miraron fijamente: tenía un gesto serio y decidido, como si deseara que ella se percatara de que sin duda era mejor partido que Trevor. –¡En eso tienes razón! ¡No me harías algo así, me harías algo peor! –reclamó alejándose de él. No quería seguir intercambiando palabras con Gareth, por ello decidió irse. Ya tenía suficiente por todo un fin de semana de su agresiva familia y ahora, este tonto hombre que piensa que con palabras bonitas ella iba a caer de nuevo en sus redes. Estaba cabreada, el que Trevor se haya ido sin avisar le había enojado y también se sentía iracunda por los patéticos intentos de Gareth.   Se subió al auto de sus padres, estaban camino a Nueva York, le urgía llegar, pero con las paradas turísticas que estaba haciendo esa encantadora pareja, su objetivo se tornó más prolongado de lo esperado. Su madre no dejaba de tomar: fotos, videos, de todo, de cada cosa en particular. Lydia y su padre, comenzaban a perder la paciencia a esa tecnológica mujer con exceso de r************* . Al fin llegaron, ya era de noche, estaba agotada. Se despidió de sus padres y corrió a su departamento antes de que estos insistieran en bajarse y quedarse a cenar. Entró con apuro al lugar, Trevor no estaba ahí, pero su maleta sí, entonces… supuso que él había llegado a casa y se había ido a otra parte ¿qué había pasado? ¿había ido a ver a Maddison? Un sentimiento de temor abordó sus sentimientos.  Le marcó al celular, estaba desesperada por verlo. Un sonido la alertó. Trevor había dejado el aparato ahí, abandonado a su suerte: Vibraba y las luces parpadeaban frente a sus ojos marrones. Su conciencia oscura, despertó. Ese lado inseguro que llevaba consigo a causa de sus malas relaciones. Sujetó el aparato, lo había dejado sobre la mesa del comedor. Un demonio se apropio de ella. Deseaba corroborar sus sospechas. Desbloqueó el equipo telefónico y pasó. Encontró conversaciones con Maddison, su exnovia. Eran charlas breves, pero recientes. El último decía lo siguiente: Te extraño. Lo mío con John fue un error. Necesito verte. Te espero hoy a las nueve en “La reco…” No pudo concluir la lectura, sus ojos se habían empañados de cristalinas gotas que dificultaban su visión. Bloqueó el celular y lo dejó en su lugar. Ahora, se lamentaba por haberlo revisado. Había sobrepasado los propios límites de su curiosidad, y la factura, era alta y dolorosa. No lo soportó más y corrió a su habitación; entonces, desplegó un mar de lágrimas. ¿Por qué lloraba tanto? Ni siquiera eran algo formal. Pero dolía, sentía como su corazón se desprendía a cachos, a jirones. Entendía todo. Por eso estaba tan desesperado en irse, en deshacerse de ella. Iría a encontrarse con Maddison, seguramente se habían reconciliado. Lloró hasta que se quedó dormida. No lo escuchó llegar, si es que lo hizo. Su alarma sonó y entonces, se despertó hecha un caos, era muy tarde. Debía retornar a su vida normal e ir al trabajo. Se alistó y salió disparada del departamento. Trevor no estaba, se había ido más temprano que ella. Sintió un vació en su corazón. Y lo supo: nuevamente se había enamorado. * –¿Qué tal la boda? –cuestionó Gigi, al acercarse a Lydia, porque había notado que tenía los ojos hinchados y la nariz roja, sabía que padecía de alergia, pero esto lucía diferente.   –¿Mmm? –tenía la cabeza apoyada en su escritorio, el cual reflejaba el desastre que era ella en ese momento, porque todo estaba en funesto desorden –Terrible. –contestó al levantar la mirada, y tallarse los ojos. –¿Qué pasó? –la mujer de cabello corto y oscuro. Tomó asiento frente a su escritorio. –Trevor fingió ser mi novio el fin de semana, nos besamos un par de veces, delicioso –añadió. –Me enamoré más de él y ahora, creo que ha vuelto con su exnovia. –contó de manera breve y tan clara. –¿Cómo que “crees”? –le cuestionó Gigi. –Le revisé el celular y ha concretado encuentros con ella. –confesó. –¡Oh cielos! –se tapó la boca. No lograba discernir que le asustaba más, si la extrema aventura de su amiga al invadir la privacidad de ese hombre o la noticia de que Trevor había retornado con la bruja de su ex. –¿Qué harás ahora? –le cuestionó. –Quedarte de brazos cruzados, no es propio de ti. –añadió. –No lo sé, Gigi. Es decir, me gusta, pero no quiero perder su amistad, lo que tengo con él es hermoso. No quiero que se acabe. –su mirada se cristalizó. * –Lydia, ¿Quieres que te lleve a casa? –cuestionó Jimmy. Jimmy era un chico nuevo, llevaba menos de un par de meses trabajando en la oficina como jefe de finanzas. Tenía un gran parecido físico a Gareth, su exnovio. Era agradable y muy simpático. Le caía bien y si no estuviera enamorada de Trevor, muy probablemente cedería a sus coqueteos de manera fluida. –No gracias –rechazó de forma educada. –Está lloviendo afuera –agregó el hombre de cabello n***o y ojos cafés, porque ese era su pretexto. Se acercó a la gran entrada de vidrio del enorme edificio donde trabajaba. Tenía razón, llovía y el pronóstico afirmaba que ese sería el clima por las siguientes horas. Llevaba sombrilla, pero no tenía ganas de lidiar con tacones mojados, o taxis empapándole la gabardina. –Está bien –cedió. –Entonces, vamos. –sonrió el hombre, parecía muy feliz de su logro. Lydia se le hacía tan bonita, y ambos eran un par de fracasados en el amor. Quien sabe, quizás algo podría surgir. Incluso, tenía un auto muy similar al que manejaba su exnovio, más que nunca supo que no debía meterse con ese hombre, sin intentarlo, sabría que todo iría al fracaso. Lydia, miraba a través de la ventana sin decirle mucho a su acompañante, se sentía muy triste. La lluvia había empeorado, solo se hacía más prolongada. Ya había oscurecido y en el cielo, no había ninguna sola estrella, ni el rastro de ellas. –Gracias. –asintió al llegar a la puerta del edificio de departamentos en donde habitaba. –Cuando gustes, puedo traerte. –sonrió de manera hermosa y cálida. –Sí, gracias. –afirmó. “Eso no pasara” Pensó ella. Cerró la puerta del auto y entró corriendo. Entró a su hogar. Trevor no estaba. Lo esperó en el sofá mientras trataba de entretenerse con algo en la televisión. Despabiló al escucharlo llegar. –Trevor. –sonrió de manera instantánea. Era de madrugada. –¿Por qué traes esas cajas? –le preguntó consternada. –Lydia… –confirió él. La chica le miró fijamente, él se veía agotado, pero seguía siendo encantador a sus ojos. –Conseguí donde estar, me mudo mañana. –afirmó. NOTA DE AUTOR: LAMENTO LA TARDANZA, ESTOY INTENTANDO LIDIAR CON MI TRISTEZA (ALGUIEN QUE QUIERO MUCHO SE FUE LEJOS, LEJOS Y LE EXTRAÑO MÁS DE LO QUE PENSÉ) Y TAMBIÉN, ANDO PREPARANDO LA SEGUNDA PARTE DE: "TE PERTENEZCO Y NO LO SABES", POR ESO LAS DEMORAS, LO SIENTO.
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