Capítulo 9
Prueba de poder
—¿Nos estás diciendo que en aquella oficina había un objeto que te pareció ver en la casa del vampiro? —Cuestionó Erika probando a ver si había entendido lo que les conté.
Asentí con la cabeza.
—Eso no tiene nada de raro. —Añadió Edward con obviedad.— En nuestra Academia hay muchas cosas que pertenecieron en algún momento a ellos y ahora son objeto de estudio.
Asentí nuevamente de acuerdo con la opinión de nuestro compañero. —Tienes razón Edward. —Acoté.— Pero ese tipo de objetos están en vitrinas o laboratorios, no en una oficina como si se tratara de un objeto personal.
—Exacto. —Respondí firme con una sonrisa.
Entonces ellos intercambiaron una mirada y, al igual que yo, sonrieron también.
—¡Hay un infiltrado! —Exclamaron eufóricos al comprender un poco más la situación.
Los chisté y ellos de inmediato se cubrieron las bocas. Mi padre estaba en casa y al trabajar para la Jefatura, iba a representar un verdadero problema en caso de que me llegase a escuchar ciertos comentarios. O eso pensábamos todos hasta ese día. Cuando los chicos se fueron de mi casa, luego de un rato mientras estudiaba un poco de historia, para el exámen del día siguiente, mi padre pidió entrar a mi habitación.
—Quiero hablar un asunto contigo. —Advirtió serio y con esa frase yo sentí helarme por completo.
Cerré el portátil de golpe y tomé una bocanada de aire. Ya presentía de qué se podía tratar. Si Edward me había visto a través de las cámaras, por más que el haya borrado esa grabación, alguien pudo haberla visto antes de que él lo hiciera y de paso, el hecho de que el prefecto tuviese en su poder el fragmento de la falda que se me arrancó ese día, quería decir que solo era cuestión de tiempo para que dieran con la identidad del culpable. Sin embargo, hasta entonces no se me había pasado por la mente, la posibilidad de que ese día llegara más rápido de lo previsto. No estaba preparada, ni mucho menos sabía qué decir. Pero mi padre solo estaba ahí frente a mí, inexpresivo como de costumbre, lo que me frustraba más al no saber cómo iba a reaccionar.
—¿Dime, papá?
Él simplemente arrastró una silla y se sentó frente a mí, observándome fijamente con sus ojos color avellana. Luego sacó un papel del bolsillo de su pantalón y me lo entregó.
—Tienes una citación para realizar una prueba de poder.
Mis ojos se abrieron de par en par. —¿Qué? —Repliqué sujetando el papel y leyendo para confirmarlo por mí misma. Efectivamente, la Jefatura había ordenado hacerme una prueba de poder como última alternativa para dar un veredicto sobre mi continuidad en la Academia. Entonces recordé que aparte de Erika y Liam, nadie más en Klimore tenía conocimiento sobre mi poder. Ni siquiera mis padres, no porque no quisiera, sino que hasta el momento era algo que había pasado por alto, pues estaba 100% concentrada en encontrar las respuestas y la información que necesitaba para mi próximo encuentro con Christopher en el mundo de los vampiros.
—Papá… —Él fijó sus ojos en mí, expectante.— Hay algo que no sabes.
Frunció el ceño algo confundido y tal vez desconfiado por lo que sea que parecía haberle ocultado por algún tiempo. —¿A qué te refieres con eso?
—Ya he descubierto mi poder. —Respondí con un esbozo de sonrisa, algo nerviosa por cómo iba a reaccionar mi padre ante aquella noticia.
Él parpadeó varias veces con incredulidad. —¿Qué has dicho? —Replicó con un ápice de felicidad en sus palabras y yo no pude esconder más mi sonrisa.
—Que ya descubrí mi poder. —Contesté nuevamente.
Mi padre se levantó de la silla y comenzó a caminar de un lado a otro emocionado, mientras decía por lo bajo una montón de cosas, relacionadas con la Jefatura y en cómo todos iban a estar orgullosos de mí por haber descubierto mi poder, después me observó con una sonrisa de oreja a oreja que hasta entonces nunca había visto en él y en un movimiento rápido, sin pensarlo dos veces, se lanzó sobre mí en un gran abrazo de oso.
***
Y por más que intenté convencer a mi padre de que aún no dominaba mi poder, insistió un millón de veces en que la mejor opción para eso era asistir a la prueba de poder. La prueba de poder constaba de una serie de actividades o situaciones en las que prácticamente te obligaban a poner en práctica tu poder a fin de lograr sacarlo y concluir bajo qué circunstancias se activa, determinando así si este se trata de un poder de defensa o ataque, para saber qué clasificación darte dentro de la Academia. Algo similar a lo que hizo Erika, pero mucho más extremo, porque estos son supervisados por los supuestos especialistas.
Me encontraba en una habitación totalmente cerrada y aislada, la cual solo había un altavoz donde podía escuchar las indicaciones del supervisor, quien se encontraba en otra habitación con mi padre y otros miembros de la Jefatura quienes tomarían la decisión sobre mi futuro, según los resultados arrojados por la prueba de poder. En frente de mí había una mesa con solamente un vaso de agua sobre ella.
—¿Me escuchas, Hailey? —Preguntó el supervisor a través del altavoz.
Asentí con la cabeza. Estaba tan nerviosa que no me encontraba en condiciones de articular una respuesta. Además, a pesar de que yo estaba aparentemente aislada, ellos podían verme perfectamente.
—Vas a beber todo el contenido del vaso. —Indicó la voz.
Sin refutar me acerqué hasta la mesa y sujeté el vaso. Vacilé por un momento mientras observaba el líquido, el cual visto de cerca, ya no parecía ser simplemente agua.
—Vamos, Hailey. —Esta vez habló mi padre.— Todo saldrá bien.
“Vamos, Hailey”. Me repetí a mi misma. “Mientras más rápido hagas lo que te piden, más rápido se terminará el tormento.”
Tomé una bocanada de aire y procedí a beber el contenido del vaso, sin saborearlo y de un solo trago. Cuando terminé, lo coloqué nuevamente sobre la mesa. Estaba hecho un manojo de nervios, pero al mismo tiempo tenía mucha curiosidad por saber lo que iba a pasar después de beber el dichoso líquido. Nadie dijo nada a través del altavoz y yo comenzaba a sentir el tiempo eterno, pues aparentemente no había pasado nada y el supervisor no procedía a darme la siguiente indicación. Sin embargo, no supe en qué momento, pero pronto comencé a sentirme mareada, hasta que mi vista se nubló por completo y todo se tornó oscuro.
***
Poco a poco abrí los ojos, cuando escuché algunos ruidos extraños a mi alrededor. Me encontraba en medio de un territorio boscoso, rodeada de altísimos y frondosos árboles, al mismo tiempo que se escuchaban ruidos de algunos pájaros e insectos. Sacando el hecho de que apenas y se filtraban algunos rayos de luz, el ambiente era bastante pacífico y me tranquilizaba, incluso aún cuando me recordaba el lugar en donde conocí a Christopher, la misma espesura del bosque y ese escalofrío. ¿Donde estaba? Me pregunté en ese momento mientras caminaba analizando todo a mi alrededor.
—¡Hola! —Exclamé en un grito.— ¿Hay alguien?
De repente el ruido de los animales cesó y un profundo silencio invadió el interior del bosque. Sentí la piel erizarse cuando poco a poco comenzó a oscurecerse y una corriente de viento frío me rozó la piel. Por acto reflejo agarré una rama que estaba cerca de mí y apunté en todas las direcciones. Los arbustos comenzaron a moverse, pero no alcanzaba a percibir si se trataba de alguna persona, animal o… Vampiro.
—¿Quién anda por ahí? —Titubeé un poco invadida por el miedo.— ¿Christopher? ¿Eres tú?
Los arbustos comenzaron a estremecerse con mayor ímpetu y yo me vi obligada a correr. Apenas podía ver, pero con lágrimas en los ojos y completamente aterrorizada seguía corriendo, lo más rápido posible y sin mirar atrás. Sabía que lo que fuese esa cosa, me estaba siguiendo y en cualquier descuido podía alcanzarme. Estaba empezando a agitarme, incluso sentí que algunas me rasguñaron, cuando de pronto el camino se terminó y me encontré con una gran muralla.
¿Qué demonios hacía esta muralla en medio del bosque? Pensé.
Comencé a hiperventilar, sintiéndome acorralada. Di media vuelta y no alcanzaba a visualizar nada, pero sabía que aquella criatura estaba cerca de mí. Las manos me sudaban y las piernas me temblaban. Entonces los arbustos nuevamente se estremecieron y una silueta negra se abalanzó sobre mí con fiereza.
—¡¡¡Fuera!!! —Grité rompiendo en llanto mientras trataba de cubrirme con mis manos y los ojos apretados con fuerzas. Una gran esfera luminosa y casi traslúcida salió disparada desde mis manos y lo siguiente que escuché fue un golpe seco.
Abrí mis ojos y todo había terminado. Me encontraba nuevamente en aquella habitación sola y totalmente aislada. La única diferencia era que ya no había una puerta, ni tampoco estaba la mesa con el vaso; solamente estaba el altavoz por donde el supervisor me hablaba.
—¡Quiero irme de aquí! —Exclamé en dirección al parlante. Sentía como se me desgarraba la voz y pronto comenzaba a llorar.— ¡Déjenme salir, por favor!
—¿Por qué? —Cuestionó una voz diferente a la del supervisor.— Aún no termino contigo, ardilla.
Mis ojos se abrieron de par en par cuando reconocí la voz de Christopher a través del altavoz. ¿Y el supervisor? ¿Cómo había entrado Christopher a Klimore? ¿Había burlado la barrera de Vellkron? ¿Qué quería decir con que aún no terminaba conmigo?
Sorbí la nariz y miré en todas direcciones buscando algún movimiento defectuoso o en su defecto, algo con qué defenderme.
—¿Qué piensas hacerme? —Pregunté con desdén.
Una risa seca y algo maquiavélica resonó a través del altavoz y en mi mente, distorsionándose hasta convertirse en un sonido aterrador.
Entonces cuando aquella risa malvada cesó, las luces se apagaron. Nuevamente apreté mis ojos con miedo ante la incertidumbre de qué era lo que podría ocurrirme cuando abriera mis ojos o cuando se encendieran las luces. Todo indicaba ser una pesadilla, pero se sentía tan real y no parecía cesar nunca; como si no tuviera escapatoria alguna.
Luego de unos segundos, que para mí parecieron horas, las luces se restablecieron nuevamente. Y sentí que el corazón me dio un vuelco cuando me di cuenta que la sala ya no se encontraba vacía. Pues en ese momento estaba acompañada de un todo un arsenal de armas, de todos los tamaños y estilos, distribuidas por toda la habitación y apuntando directamente a mi cabeza. ¿De qué se trataba todo esto? Pensé. Mis ojos se aguaron nuevamente, sintiéndome acorralada y traicionada por el que creí que sería mi nuevo amigo.
—Hailey ayúdame a hacer el conteo regresivo para que empiece el festival de plomo. —Canturreó la voz de Christopher a través del altavoz.
Negué con la cabeza colocando lentamente mis manos en alto, sintiendo como un centenar de armas seguían mis movimientos, mientras que las demás permanecían firmes apuntando a mi cabeza.
—¡Oh, vamos! —Intentó animarme.— Tres.
Yo no podía creer la cantidad de maletas que había en aquel ser y el cinismo con el que me pedía las cosas. Tragué saliva y nuevamente sentí que tanto las manos como las piernas me temblaban.
—Dos. —Avisó.
Mi corazón latía cada vez con más fuerza y comenzaba a sudar.
—Uno.
Apreté los ojos con fuerza y mordí mi labio inferior llena de temor.
—¡Fuego!
El grito de Christopher a través del altavoz, resonó en mi mente haciendo eco, repitiendo una y otra vez aquella palabra. La misma que desató una lluvia de disparos sobre mí, pero que al mismo tiempo, pese a que los escuchaba con total claridad, no sentí impactar alguno en mi cuerpo.
Ni el más mínimo rasguño.
Entonces abrí los ojos. Alrededor de mí, había una gran burbuja traslúcida y del mismo color de aquellas esferas de energía, que me cubría por completo, sintiéndome totalmente protegida y segura. Fuera de la burbuja, me di cuenta que aún me encontraba en la misma habitación, esta vez sin armas y en compañía de alguien que se hallaba en frente de mí, esbozando una sonrisa. No se trataba de Christopher, sino más bien el supervisor de la prueba. Ahí fue cuando entendí que se había terminado, había logrado salir de aquella pesadilla, sana y salva.
—Felicitaciones, Hailey. —Dijo aquel sujeto con lentes, que llevaba una bata blanca encima, mientras me entregaba un papel.
—¿Por qué? —Repliqué confundida en el momento en que se desvaneció aquel escudo protector.
—Por haber aprobado la prueba de poder. —Respondió el supervisor esbozando una sonrisa.— Oficialmente eres una Homine Potens Binaria.