Capítulo 13
La verdad oculta.
Desde que tengo memoria, tanto a mí como a mis compañeros, nos han inculcado una versión sobre la guerra en la que nosotros fuimos víctimas de unos seres con poderes sobrenaturales que acabaron con gran parte de la humanidad. En esa versión nos dicen que todo sucedió un día en el que de pronto el cielo se nubló, como nunca, parecía que en cualquier momento caería la más fuerte de las tormentas. Todo marchaba normal en cada una de las ciudades del mundo, hasta que en las grandes potencias se vio cómo centenares de clanes de vampiros irrumpían en las ciudades destruyendo todo y asesinando a toda persona que encontraran a su paso. A pesar de que los humanos superaban a aquellas extrañas criaturas en número, los vampiros tenían habilidades sobrenaturales que fácilmente derrotaban a varios humanos en un solo ataque.
Los vampiros eran seres sedientos de sangre que arrasaban con todo a su paso. Aquella no fue solo una batalla, fue una guerra que duró años, en la que murió muchísima gente y pocos fueron los afortunados de refugiarse en pequeños e iban improvisados búnkeres para así poder sobrevivir para contarlo. La crisis fue tan grave, que ni siquiera los mejores escuadrones de militares en el mundo pudieron contra ellos, y después de varios años de violencia, se dieron cuenta que lo mejor sería idear una solución más inteligente y no irse de frente con un arsenal de armas.
Por lo que tuvieron entonces que recurrir al científico e historiador Paul Jacob, la persona que tenía más conocimiento sobre la especie de los vampiros y que había dedicado toda su vida a estudiarlos, a pesar de que lo tildaban de loco o demente y que por muchos años sus reportes eran menospreciados. El fue el que les habló sobre las dos únicas formas de derrotarlos: La primera era su punto débil, las plantas de Vellkron, las cuales eran realmente nocivas para ellos, un ligero toque podría paralizarlo, lo que traducía que si llegaba a haber un contacto más directo o completo, estas podrían llegar a causar incluso la muerte. La segunda implicaba una lucha cuerpo a cuerpo. Los vampiros no eran grandes luchadores que sabían sacarle provecho a sus habilidades sobrenaturales, por lo que acostumbraban a lidiar duelos en cuerpo a cuerpo, pero se llegó a la conclusión de que la r**a humana no era capaz de llevar a cabo una pelea con los chupasangre. Entonces planearon alterar genéticamente a las personas para que tuviesen capacidades superiores y pudiesen estar a la par de los vampiros en medio de una batalla.
Pero aquí es donde les digo, esa era la versión que había mantenido en mi mente hasta este día: El día en que descubrí la verdad oculta.
—Y ese es el plan, chicos. —Finalicé con una sonrisa.— ¿Están conmigo?
Ellos intercambiaron una mirada algo inseguros. Estaba consciente de que era algo arriesgado, pero créanme que últimamente mi vida se ha tratado de riesgos, cada uno peor que el anterior. Pero si quería lograr mi objetivo eso era lo que debía hacer. El precio por conocer la verdad. Porque yo sabía que fuera de las versiones de ambos mundos, había información oculta y yo necesitaba descubrirla.
—Es una completa locura. —Exclamó Erika.
Puse los ojos en blanco. Ya lo sabía perfectamente.
—Ese lugar está demasiado custodiado. —Añadió Edward.— Es prácticamente imposible entrar.
—Tengo pensado robar la tarjeta de identificación de mi padre para poder infiltrarme. —Respondí y ambos abrieron los ojos de par en par.— Estoy segura de que allá tendrán la información que necesitamos. En la academia solo hay registros de los estudiantes, en cambio en la jefatura hay documentos de antecedentes históricos.
Se quedaron por un momento en silencio. Tal vez pensando en que tan arriesgado podría ser y las consecuencias que traería si nos llegaban a descubrir. Aunque yo era la que arriesgaba directamente mi pellejo, ellos también estaban implicados en esto. Un paso en falso y nos hundíamos los tres.
—Te apoyaremos. —Afirmó Erika y Edward asintió.— Siempre y en todo lo que necesites.
***
Respiré hondo y abrí la puerta del estudio de mi padre. Se encontraba concentrado en un computador mientras parecía escribir cosas, según nos había contado, las cosas no estaban marchando del todo bien en la jefatura, y aunque no lo mencionó, supongo que debe ser relacionado con la persona que cruzó la barrera y el hecho de que las grabaciones fueron borradas.
Bien hecho Edward.
—Hola papá. —Lo saludé con una sonrisa de oreja a oreja mientras tomaba asiento frente a él, del otro lado del escritorio.
—Hola hija. ¿Todo bien? —Preguntó sin despegar la mirada del computador.— ¿Qué tal las nuevas clases como Binaria?
Aproveché que no estaba viendo y puse los ojos en blanco. La verdad era que se habían convertido en un tormento. Pertenecer tanto al grupo de poderes de ataque como al de poderes de defensa, representaba una carga académica demasiado grande y demás que solo unos pocos estaban clasificados como clase binaria, así que la responsabilidad era muy grande. Lo único que concluía de todas esas clases era que nosotros, los binarios, seríamos los mejores combatientes en la próxima guerra, por lo que estaríamos en condiciones tanto para liderar un golpe de ataque, así como también socorrer a aquellos que se hallen en desventaja frente a los vampiros.
Claramente ninguna de esas posiciones me llamaba la atención. Es que ni siquiera quería ser parte de esa asquerosa guerra.
Me limité a sonreír aunque salió demasiado forzada, pero al menos no lo notó. —Bien, papá. Me gustan. —Contesté pero él tampoco es que le haya dado mucha importancia, o tal vez ni siquiera escuchó.— Venía para pedirte ayuda con una tarea sobre aptitudes de los Homine Virtutes…
Pero me vi interrumpida por una llamada que entró a su teléfono del trabajo, por lo que la contestó en seguida a través de sus auriculares.
—¿Hola? Habla agente Jones. ¿Con quién hablo? —Respondió a la llamada levantándose del asiento y saliendo del estudio.— Muy bien, gracias agente Benítez. ¿En qué le puedo ayudar?
Cerró la puerta del estudio, dejándome adentro, para hablar más tranquilo y en privado con el supuesto agente Benítez, que no era nadie más que el mismo Edward interviniendo el dispositivo de mi padre. Aproveché entonces que me había dejado sola, para buscar en su escritorio la tarjeta de identificación, abrí uno, dos y tres cajones. ¿Dónde podía estar esa tarjeta? En su saco, ¿tal vez? Fui rápidamente hasta el perchero y metí las manos en los bolsillos de su saco. Hasta que toqué algo plano y plástico, entonces saqué mi mano y efectivamente se trataba de la tarjeta. La guardé en uno de los bolsillos traseros de mis vaqueros y fui casi que corriendo, otra vez al asiento. Segundos después apareció mi padre con el teléfono de trabajo en las manos, entrando al estudio nuevamente para seguir con sus labores.
—Cuéntame hija, ¿qué necesitabas para la tarea? —Preguntó sentándose del otro lado del escritorio.
—Ya resolví mi duda. —Respondí poniéndome de pie y llevándome mis cosas.— Gracias, papá.
Comencé a caminar en dirección a la salida del despacho, pero mi padre me llamó. Me detuve en seco e involuntariamente, mordí mi labio inferior. ¿Me había descubierto? Giro sobre mis talones y lo encuentro con el semblante inexpresivo como de costumbre, pero esta vez tenía puestos sus ojos en mí.
—Te quiero. —Soltó de repente y una sonrisa se formó en mis labios. Pues mi padre era de esas personas que no acostumbran a dar muestras de afecto y si no me fallaba la memoria, esa era la primera vez que me lo decía.
—Yo también, papá.
***
Se había hecho completamente de noche, aproveché que era fin de semana y que mi padre no necesitaba ir a trabajar a la Jefatura, para poder escaparme de casa y filtrarme en las instalaciones de la Jefatura. Ya las cámaras de seguridad estaban intervenidas, pues Edward se había encargado de eso. Los guardias que custodiaban el ingreso, para aquellas horas de la madrugada se habían reducido a sólo dos, por lo que Erika dijo que podía encargarse de ellos utilizando sus famosas y muy efectivas tácticas de seducción.
—Hola chicos, buenas noches. —Canturreó en un tono bastante coqueto y ambos guardias se volvieron hacia ella.
—Hola… Ehm, —Titubeó uno de ellos y el otro le dio un codazo.— Señorita, ¿no es muy tarde para que esté sola por estos lados?
Ella sonrió enseñando su dentadura felina y sus ojos de gato destellaron bajo la luz de una tenue farola. —Los gatos acostumbramos a salir en la noche para cazar.
—¡Oh, pero si es una gatita! —Celebró el otro y Erika se acercó a ambos, caminando entre ellos, mientras estiraba su cola peluda, enrollándola y paseándola por las piernas de cada uno.
—Una gatita muy sexy. —Añadió el primero en tono enamorado.
Cuando estaban completamente embelesados por la delicadeza, belleza y técnicas de seducción de mi amiga gata, Erika me hizo una seña con su cola para que siguiera detrás de ellos y entrase por la primera puerta, colocando la tarjeta de mi papá. Por lo que corrí a gatas y sin que ellos me notaran, pasé por la primera puerta, pasando el filtro de ingreso a las instalaciones.
Hice un mapa mental, recordando el esquema que nos había enseñado Edward, de las instalaciones de la Jefatura y donde estaban cada una de las oficinas administrativas, según su función, para así poder encontrar la sala donde se encontraban los archivos históricos. Recorrí varios pasillos, incluso tuve que cambiar de ruta en ocasiones, porque algunos pasillos tenían bloqueos láser que dificultaron mi acceso.
—Erika, escúchame. —Hablé por el micrófono.— Necesito un poco más de distracción, hay muchos pasillos bloqueados.
—¿Les parece si puedo quedarme un rato más con ustedes? —Habló una Erika sumamente provocativa y escuché aullidos de celebración del otro lado de la línea.
Una sonrisa se formó en mi rostro al oír eso.
Me apresuré a buscar el cuarto con los archivos para salir de aquel lugar lo antes posible. Hasta que ingresé al estrecho pasillo donde no había oficinas sino documentos. Innumerables documentos y registros de cada una de las personas que habitaban Klimore. Me detuve cuando encontré la puerta de hierro con múltiples cerraduras.
—Edward ya estoy aquí. —Avisé a través del auricular.
Segundos después, ubiqué la tarjeta de identificación en frente del sensor y todos los candados se abrieron sin dejar evidencia en el historial de ingresos que pudiese involucrar a mi padre en un futuro.
La puerta se abrió y aparecieron frente a mí largos e inmensos estantes con archivadores repletos de carpetas con documentos, algunos más deteriorados y viejos que otros. Busqué por años hasta que encontré un indicador en rojo con el año en que inició la guerra: “2025”. Abrí el archivador y algunas carpetas aparecieron.
“Estadísticas de países destruídos”.
“Vellkron y la r**a nueva”.
“Paul Jacob”.
Particularmente, la última llamó más mi atención. ¿Por qué Paul Jacob tendría una carpeta con su nombre en el historial del 2025? La tomé y comencé a revisar rápidamente. Habían cerca de unas 10 hojas, comenzaban describiendo las primeras investigaciones de Jacob, luego cómo trabajó para la Jefatura buscando la manera de vencer a los vampiros una vez estaba la mayor parte del mundo destruido. Sin embargo, la última hoja describía que Jacob conocía los secretos de los clanes chupasangre a tal punto que…
Dios mío. ¿Qué acababa de leer? Pensé. Cerré la carpeta y la llevé conmigo.