Capítulo 6

2110 Words
Capítulo 6 ¿Un nuevo aliado?  —Así que te descubrieron. —Comentó Christopher con una sonrisa ladeada. Un poco burlona y en parte con algo de satisfacción. Empezaba a creer que este chico disfrutaba de las desgracias ajenas.  Me crucé de brazos y lo desafié. —No entiendo porqué te divierte tanto, si esto dificultará más el hecho de que pueda venir para cumplir con lo que te prometí. Él solo negó divertido para luego romper en risas. —¿Dices que volviste a atravesar la barrera solo porque yo te lo pedí? —Cuestionó con extrañeza. —Te di mi palabra. —Añadí y el bufó.  —Tienes que aprender varias cosas de este mundo, pequeña ardilla. —Comentó sujetándome de la mandíbula para que le prestara suma atención.— Primero, nunca debes fiarte de un vampiro… —¡Pero juraste que solo me ayudarías! —Rebatí intimidante, intentando zafarme de su agarre, pero él ni se movió. Por el contrario, parecía más firme que antes.  —Segundo —prosiguió haciendo caso omiso a mi intervención—, los vampiros solo juramos con sangre. Así que, desde luego, mis palabras no tuvieron validez alguna.  Mis labios se entreabrieron buscando las palabras adecuadas para reaccionar a aquello que me había dicho Christopher. —Eres un insolente. —Exclamé finalmente, llena de impotencia.  De repente su sonrisa se ensanchó y en un tono bastante soberbio, musitó un “gracias”, el cual fue más que suficiente para obligarme a irme de ahí. Me sentía completamente insultada, tal vez humillada y bastante ingenua frente a la manera de pensar que tenía él. Sin embargo, solo fue cuestión de segundos para que Christopher en un movimiento rápido se posicionara frente a mí impidiéndome el paso.  —¿Qué es lo que quieres? —Le pregunté con fastidio y resignada a que no me dejaría irme tan fácil.  —Eso te pregunto a ti. —Respondió y yo fruncí el ceño confundida.— Porque no me creo eso de que viniste solo por la promesa. Así que creo que debió ser algo más, mi pequeña ardilla.   Puse los ojos en blanco ante su egocentrismo. —¿Acaso crees que vine por ti? —Solté sarcástica.— Vaya, no tienes idea de cuántas ganas tenía de verte.   Nuevamente aquella sonrisa ladeada apareció. —¿Sabes? Esa sería como una fantasía… s****l.  Sin pensarlo dos veces mi mano impactó con fuerza en su mejilla y pese a la fuerza que le imprimí al golpe, Christopher apenas y logró sentirla, acariciándose el rostro después de la bofetada que le di.  —Vaya que eres amargada. —Comentó.— Pero hablando en serio. Dime para qué soy bueno.  Tomé una bocanada de aire preparándome para pedirle lo que desde hacía un rato me estaba dando vueltas en la cabeza, mientras que él solo permanecía ahí, observando expectante. —¿Recuerdas lo que me pediste? —asintió— Bueno yo… Quisiera pedirte lo mismo, aprovechando que puedo entrar a tu mundo.  Christopher lo meditó por un momento analizando lo que le acababa de decir y luego sus ojos se abrieron de par en par, en una expresión que nunca antes lo había visto hacer.  —¿Te has vuelto loca? —Exclamó indignado.— Que puedas entrar no significa que sobrevivas. ¡Maldita sea, eres una humana!  —Por favor… —Supliqué poniéndole mi expresión más tierna.— Además estaré contigo. Me protegiste una vez, ¿por qué ahora sería distinto? Me observó con sus fríos ojos negros y con la mandíbula tensada sentenció: —Ya te dije que no. *** Christopher podía denotar bastante firmeza en sus palabras, pero les aseguro que no pasó mucho tiempo para que accediera a llevarme a conocer el mundo vampírico. Pues al fin y al cabo eso fue lo que le pedí, aunque en un comienzo él me lo había pedido. Lo que Christopher me había pedido, aquel día, a cambio de ayudarme a encontrar la barrera, fue que le contara sobre mi mundo; la manera en que vivíamos, cómo nos alimentamos, la diferencia entre nuestras razas, nuestras habilidades y cómo nos preparábamos en la Academia. Es que en un comienzo me pareció algo completamente descabellado, sumándole el hecho de que quería que le mostrara físicamente muchas de las cosas que habían en nuestro mundo que para ellos no existían. Luego entendí su interés, porque yo también quería aprender sobre ellos. Necesitaba conocer su versión de la historia. Porque aunque Christopher era arrogante, y a veces podía ser un imbécil, en realidad no era malvado. No sabía si los demás vampiros eran como él, y si así lo eran, ¿qué necesidad había de una guerra? O más bien, ¿por qué ellos nos atacaron? ¿Por qué nos odiaban al punto que debíamos vivir encerrados? Quería respuestas y cada vez estaba más segura de que mi nuevo aliado me ayudaría a conseguirlas.  —¿Es necesario todo esto? —Pregunté acomodándome el collar, que me había obligado a hacer, por debajo del jersey que me había prestado, el cual me quedaba enorme.  —Por supuesto. —Respondió imperturbable.— ¿O acaso quieres morir?  Lo observé con los ojos entornados. Tenía la leve sensación de que Christopher se estaba aprovechando de mi condición y absolutamente todo lo relacionaba con mi muerte. Según él, para poder transitar por su mundo debía lucir como un vampiro, comportarme como un vampiro y por último pero más importante: Mantenerme alejada de los vampiros. Por eso me dio su jersey n***o, quizas unas tres o cuatro tallas más grande que la mía, al igual que el gorro beanie vinotinto que llevaba para poder ocultar mi cabello castaño claro. Ustedes dirán, ¿aún así como burlarás sus sentidos? Las plantas de Vellkron no solo son tóxicas al tacto de un chupasangre, también representan un buen neutralizador de olor. Si no fuera por eso, tanto olor concentrado de sangre humana en Klimore ya hubiese despertado el instinto de los clanes de vampiros. Así que un collar que yo usaba, tuve que adecuarlo adornándolo con hojas de Vellkron hasta que mi olor dejara de ser perceptible para Christopher. Sin embargo, el efecto de la planta dejaría de funcionar apenas tocara algo, por lo tanto me advirtió un millón de veces que no tuviese contacto directo con nadie ni tampoco tocara ningún objeto que estuviese expuesto a multitudes de vampiros.  Pudo ocultarme y protegerme fácilmente de dos, pero una ciudad entera iba a ser realmente complicado. Así que aquella travesía en definitiva era algo muy arriesgado, pero estaba completamente segura de hacerlo y si ese era el costo que tenía que pagar, pues lo haría una y otra vez.  Christopher me había llevado en su espalda mientras salíamos del territorio boscoso, sin embargo cuando ya estuvimos relativamente cerca de la civilización, comenzamos a caminar por un largo sendero arborizado. El trayecto estuvo en silencio, pero no era un silencio incómodo, simplemente él estaba en sus asuntos y yo en los míos; pues ya tenía suficientes problemas con el hecho de haber escapado de Klimore, pensando que en cualquier momento alguien podría notar mi ausencia y todo se iría al carajo, a pesar de que Erika me estaba cubriendo.  En cuanto a Christopher, no tenía la más mínima idea de que era lo que pasaba por su cabeza, por más que algo parecía estar dándole vueltas en su mente y a pesar de eso, extrañamente él me producía cierta confianza y no comprendía el motivo.  O tal vez solo se debía a que él era mi única conexión con el mundo vampírico.  Mi corazón latió con fuerza en el momento que la cantidad de árboles disminuyó y poco a poco comenzaron a aparecer los vampiros. Pude ver seres aparentemente similares a nosotros, de gran estatura y complexión delgada, vestidos con prendas holgados que les cubrían la mayor parte del cuerpo, tez extremadamente blanca y cabellos de color azabache, lo que por inercia me llevó a acomodar el gorro para que mis cabellos castaños rojizos no se asomaran ni quedaran expuestos.  Christopher pasó su mano por mi espalda apurándome.  —Deja de verlos así o van a sospechar. —Susurró en mi oído.  —¿De qué hablas? —Reclamé de la misma manera.— ¿Cómo los estoy viendo? —Como si te fuesen a devorar en cualquier momento.  Abrí los ojos con sorpresa y me detuve en seco al escuchar eso. ¿En serio tenía tal expresión de terror? Pensé.  —¿Qué estás esperando? —La voz de Christopher me devolvió a la realidad y sacudí la cabeza por eso. Se encontraba un par de metros adelante. -- Apúrate, ardilla.  Tuve que acelerar el paso para alcanzarlo pues el susodicho al tener piernas tan largas, avanzaba el doble que yo. De ahí en adelante seguí observando todo, pero un poco más disimulada, y me di cuenta que habían ocupado el mundo destruido. En medio de las ruinas, habían establecido sus viviendas y lugares comerciales, bastante cubiertos con enredaderas por el sol y entre los cuales resaltaban las carnicerías. Había muchísimas carnicerías. Tragué saliva, sintiendo un nudo en la garganta cuando aprecié una gran cantidad de conejos y venados, colgados o siendo descuartizados en tiempo real, mientras que llenaban bolsas con litros y más litros de sangre animal.  Christopher se detuvo y por ir con la mente en el aire, observando a mi alrededor, casi choco con él. Nos habíamos detenido en frente de una entrada que llevaba a una estrecha y deteriorada escalera de concreto, dentro la luz era tenue y había un olor a tierra bastante concentrado, de hecho era el mismo olor de la ropa de Christopher. Al subir, nos encontramos en una sala de estar con muebles antiguos y libros esparcidos por doquier en un leve desorden. Había muchas enredaderas que cubrían las pocas ventanas permitiendo apenas el paso de pequeños rayos de luz, extrañamente no tenían una cocina y habían unas cuantas puertas que seguramente llevaban a algunas habitaciones.  —Mi casa. —Comentó Christopher señalando a su alrededor. Abrí mis ojos con sorpresa. Pese a que yo lo sospechaba, necesitaba que él me lo confirmara y aún así no podía creerlo. Yo, una Homine Potens, me encontraba dentro de la casa de un vampiro. Su casa, su refugio, su fortaleza… Literalmente había entrado a la boca del lobo. —¿Y..? ¿No vas a decir nada?  Sonreí. Por supuesto que sí y fue debido a una de las cosas que más llamó mi atención al entrar. Entonces le señalé en dirección a lo que parecía ser una vieja y deteriorada foto familiar, colgada sobre una pared. En ella se podía ver a un Christopher con el cabello algo más corto y perfectamente peinado hacia atrás, como engominado, a su lado una mujer bastante atractiva con mucho maquillaje y una expresión sumamente fría de la cual destacaba la oscuridad en sus ojos. Al otro lado de Christopher, había un hombre, sin embargo su rostro era imposible de distinguir con exactitud, debido a que la foto estaba fragmentada.  —¿Tienen una mala relación con tu padre? —Le pregunté y él sonrió levemente.  Se acercó con paso lento hacia el lugar donde estaba la foto y la sujetó con ambas manos.  —¿Lo dices porque está rota? —Asentí.— Esto fue un estrago de la guerra, se dañó en una de las batallas. —Mis ojos se abrieron de par en par.— Y sí, son mis padres. Además son bastante unidos; no por nada llevan más de 100 años juntos.  ¿Más de 100 años? Pensé. Eso era realmente muchísimo tiempo.  —¿Así que es verdad que ustedes no envejecen? —Pregunté. —Muchas de las  cosas que te han enseñado son verdad y esta es una de ellas. Mis labios se entreabrieron dudosos si hacer la siguiente pregunta o no. Ya que en parte temía a cómo fuese a reaccionar él, o eso creía porque tal vez era temor a cómo reaccionaría yo al escuchar su respuesta. Finalmente me animé. —Eso quiere decir…—Christopher me hizo un ademán de que continuara y yo aclaré un poco la garganta.— Eso quiere decir que participaste en la guerra de hace más de 50 años. Christopher vaciló un poco, pues esa pregunta parecía haberlo tomado por sorpresa. Sin embargo, cuando entreabrió sus labios para articular una respuesta, una voz femenina se le adelantó tomándonos a ambos por sorpresa.   —Todos participamos en la guerra. —Contestó aquella voz, provocando que ambos nos volteamos en dirección a ella.
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