Capítulo 5

1659 Words
Capítulo 5 El poder descubierto —Júrame que no se lo dirás a nadie. —Le advertí por décimo quinta vez, al ver como titilaban sus ojos por contarle a alguien el jugoso chisme.  —Es que es todo tan… —¡Wow! —Exclamamos las dos al unísono y luego rompimos en risas, tal y como era costumbre en nosotras.  Al final me había decidido por contarle todo a Erika, principalmente porque desde que anunciaron que la barrera estaría más custodiada que nunca, me iba a ser un poco más difícil cumplirle lo prometido a Christopher. Aunque al fin y al cabo, dos cabezas pensaban mejor que una y debía tener a alguien a mí favor a partir de ese momento, después de casi haber sido descubierta en mi primer intento.  —Así que los vampiros no son criaturas horribles después de todo. —Concluyó Erika con una sonrisa picarona mientras acomodaba su cabello corto. —Oh no… —Negué rápidamente.— Ya sé a dónde vas con esto. ¿Te has vuelto loca?  Ella soltó una risotada. —Estoy tomándote del pelo, mujer. Aunque por cómo lo describes, ese tal Christian… —Christopher. —Le corregí. —¡Como sea! —ambas reímos— Por como lo describes, debe ser bastante atractivo o mejor dicho… Sexy.  —Es un vampiro, Erika. —Le recordé ese “minúsculo” detalle para bajarla de esa nube de pensamientos lascivos hacia él.  —¡No te descuartizó! —Exclamó eufórica y yo puse los ojos en blanco ante ese supuesto punto a favor. No pues, ¡qué dicha! Pensé irónicamente. —¡Basta! —Sentencié sintiéndome ya un poco incómoda con este giro repentino que había tomado la conversación sobre Christopher.— ¿Podemos concentrarnos en “Lo otro”?  Erika asintió emocionada para luego dirigirse a una mesa donde había recolectado varias cosas. Al conocer su poder, mi mejor amiga ya había comenzado a asistir a entrenamientos para un mayor control de sus habilidades, por lo que era un poco más experimentada que yo en este aspecto. Cuando le conté las circunstancias en las que se había manifestado por primera vez mi poder, dedujo que era un poder de defensa así que mientras que no aprendiera a controlarlo, este se lo iba a aparecer en situaciones donde yo considerara estar en peligro.  —Ubícate en ese árbol. —Me indicó y yo la obedecí. Estábamos en el patio trasero de mi casa, aprovechando que todos los integrantes de mi familia se encontraban fuera, Erika pensó que podía ponerme a prueba a ver cómo reaccionaba.— Bien, te voy a arrojar unos objetos y tienes que hacerles frente. Intenta protegerte, pero sin moverte de ahí. Así tal vez podrán generarse los campos.  Asentí no muy convencida y me ubiqué frente al centro del tronco. Erika comenzó a pasearse lentamente a lo largo de la mesa examinando todos los objetos para lanzar, hasta que se decidió por unos tomates. Arrojó uno a uno los cinco tomates, de los cuales tan solo dos me dieron pero sin tener éxito, pues mi poder no se activó y encima me quedó el olor a fruta podrida impregnado en el cuerpo. Entonces se decidió por otros, algunos peluches, que aunque eran más grandes, no hacían daño alguno pues eran de un material bastante esponjoso y suave. Sin embargo, me puse más nerviosa cuando sujetó algunas piedras y las comenzó a preparar para lanzarlas hacia mí.  —¡Espera, Erika!  —Exclamé pero ya había arrojado las piedras, a lo que no me quedó de otra que hacerme un ovillo para que no me dieran tan duro los golpes. Algunos segundos pasaron cuando escuché los pasos de ella acercarse con rapidez. —¿Estás bien?  —Preguntó sujetándome de la mano para ayudarme a ponerme en pie. —No entiendo en qué fallamos.  Suspiré.  —Será mejor avisarle al prefecto y que ellos se encarguen de esto.   —No te creerán, Hailey.  —Añadió rápidamente y yo la observé confundida.— Recuerda que te tienen en observación y van a pensar que solo lo estás diciendo para que no te saquen de la Academia. Y es una lástima, porque crear campos de fuerza es un gran poder.  La verdad es que Erika tenía toda la razón. No podía aparecer como si nada ante el prefecto y decir que ya sabía cual era mi poder, si no podía ni siquiera enseñarlo. Me sentí demasiado frustrada en ese momento. ¿Por qué tenía que ser tan complicado?  —Oh, mira quien viene ahí. —Canturreó la pelinegra indicándome en dirección a la entrada del patio. Una cabellera rubia se acercaba con paso acelerado hacia nosotras y su cara era de pocos amigos.  —¿Qué quieres, Liam?  —Solté enseguida cruzándome de brazos. Él bufó bastante indignado, zarandeándose el cabello. Lucía algo ofuscado.  —¿Qué carajos fue lo de esta mañana, Hailey?  —Cuestionó más como si fuera un reclamo y yo fruncí el ceño, molesta por su actitud.— Porque estoy casi que seguro de que fuiste tú quien cruzó la barrera. O si no, ¿a qué se debía el roto en tu falda?   —Yo no fui.  —Respondí con firmeza.— Y si lo hubiera hecho, no tengo porqué darte explicaciones.  El rubio abrió la boca para decir algo pero se contuvo. Aunque Erika se había alejado un poco para darnos espacio, él sabía que ella poseía un gran oído, después de todo sus sentidos eran los mismos que los de un gato.  —Vamos a otro lado.  —Ordenó sujetándome de la muñeca para intentar llevarme a rastras. —No. Suéltame.  —Intenté zafarme, pero Liam era mucho más fuerte. Se trataba de un Homine Virtute, al fin y al cabo.   —Hai... —Insistió.  —¡QUE ME SUELTES!  —Exclamé casi que en un grito y en ese momento pasó.  Tal cual y como había pasado con Christopher, nuevamente un campo de energía de tonalidad azul, casi que translúcido, se había formado alrededor mío, provocando que Liam fuese empujado unos cuantos metros lejos de donde nos encontrábamos. El rubio se repuso rápidamente, con una expresión de total asombro en su rostro. Mucha gente estaba al tanto de mi situación respecto a la falta de poderes, y así como yo, todos se asombraban. Y la verdad yo tenía muchos sentimientos encontrados, en especial la confusión. ¿Por qué yo no podía controlar el poder? ¡Mi poder!  —Eso fue impresionante.  —Comentó Erika a mi lado con una sonrisa de oreja a oreja.  —Claro, como tu no fuiste arrojada por esa cosa.  —Añadió Liam acercándose. Su expresión se había suavizado un poco y me veía ahora con esa expresión tierna como de costumbre, aunque se hallaba algo temeroso por lo que acababa de suceder.— ¿Cómo lo hiciste, Hailey? ¿Y por qué conmigo? —Por pesado. —Se apresuró a responder Erika mirándolo con desdén. —¿Pesado, yo? —Replicó indignado.  —Sí. —Afirmó la chica y yo solo los veía discutir como si estuviera en un partido de tenis.— Siempre estás al pendiente de todo lo que ella haga y le formas problema por todo. ¡Es su vida! ¡Déjala! —Tú qué sabrás. —Contraatacó Liam.— Solo lo hago para protegerla. Quiero lo mejor para ella y es muy peligroso estar por los lados de la barrera. ¡Y las dos lo saben perfectamente!  —¡Suficiente los dos! —Exclamé.— Estoy harta de que todos quieran decidir sobre mí. Primero mis padres y ahora ustedes. Aprecio mucho que quieran ayudarme pero esa tampoco es la manera. Déjenme hacer las cosas por mí misma.  Ambos se miraron por un momento y luego repararon en cómo se habían comportado conmigo. Necesitaba enfriar un poco mi mente, porque este poder podía llegar a ser bastante peligroso y así como empujé a Liam, puede pasar con otra persona cercana mientras no sepa cómo manejarlo. Mis ojos se fijaron en el brazo de Liam, un raspón había aparecido a raíz del golpe cuando lo empujé.  —Lo siento, Liam. —Solté sintiéndome culpable de haberlo lastimado.  Aunque tanto Erika como él, quisieron acercarse nuevamente a mí, yo me alejé sintiendo mis ojos algo humedecidos. Mientras no pudiese controlar mi poder, me convertiría en un potencial peligro para ellos, aquellas personas que nunca en mi vida quisiera lastimar. Y tal vez ese era realmente mi problema. Nosotros vinimos a este mundo fue para combatir, pero en mi caso no me sentía para nada preparada. A diferencia de mis compañeros, yo no había alimentado esa sed de venganza ni de lucha contra los vampiros. De alguna manera sí les tenía miedo, por todo lo que nos habían enseñado sobre ellos y en mi desconocimiento frente a aquellas criaturas, pero luego conocí a Christopher. Y desde entonces mi perspectiva cambió.  —Hola, ardilla.  Mis ojos se abrieron de par en par cuando lo encontré frente a mí. Y entonces me di cuenta, a duras penas nos separaba la barrera de metro y medio de alto, aparentemente a pocos metros de distancia, pero la realidad era que tanto de un lado como del otro, el mundo era completamente diferente. En un comienzo la condición que me puso aquel vampiro para ayudarme a regresar a mi lugar me pareció una completa locura, pero luego de reparar en lo que me dijo y meditarlo bien, entendí que tal vez no sería una mala idea. Incluso, ya el interesado no era solamente él, pues ahora era yo quien quería conocer el mundo de los vampiros, aprender de ellos y descubrir porqué nos hacían verlos como unos seres abominables. Claramente, nos necesitábamos el uno al otro para obtener respuestas y así descubrir la verdad que se escondía detrás de toda esta historia de horror y venganza. —Hola, Christopher. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD