El beso es apasionado, con un ritmo desenfrenado, y aunque trato de no responderle, se me hace inevitable. Cuanto extrañaba esos besos. Mientras me besa, Santiago me carga, y yo cruzo mis piernas en su cintura, me lleva a la cama, y me acuesta delicadamente. Siento como empieza a desabotonar los botones de mi camisa, pero no estoy pensando en nada, sólo en seguirle el ritmo a ese delicioso beso que me deja sin aire. Santiago deja de besarme, y se separa un poco de mi para quitarme la camisa, mientras yo sólo miro a través de esos ojos verdes que destellan furia y lujuria. Perezco amor. ¿Perezco amor?. Santiago empieza a quitarme los pantalones, y después que termina, se acuesta encima de mi, pero apoya su peso en sus coros que están cada uno al lado de mi cabeza, y apoyados en la ca

