Empiezo a recordar todas las veces que tuve que empezar a hacer cosas nuevas, a distraerme, a hacer algo para no pensar en lo que pasó, a calmarme a mí misma, a hablar más conmigo misma para pensar en lo que es mejor para mi. Está a punto de quitarme las bragas, cuando de repente, mis padres abren la puerta de la habitación. Mi madre me mira con lágrimas en los ojos, la decepción reflejados en ellos, mientras que mi padre me mira enojado, y con ganas de matarme. —¡Padre, no!— Luz llega al lado de mis padres, y le agarra el brazo a mi padre, pero este se suelta bruscamente de su agarre. —¡Déjame en paz, Luz!— dice enojado, mientras entra a la habitación, y me agarra bruscamente el brazo, alejándome de Iván. —Padre, yo— me da una cachetada que hace que pare de hablar. Las lágrimas resb

