Capítulo 2

2197 Words
Temerosa, camino hacia aquel hombre frío que solo me mira con una mirada neutra que me preocupa a un nivel que logra atemorizarme. —¿S-s-si?— es lo único que sale de mi boca. Mierda. —Veo que es usted tímida, espero que sea solo porque me acaba de conocer, sería una pena que con tanto conocimientos, sea tímida en los negocios ¿No?— ¿Por qué es tan insensible? Es el dueño de la universidad, viene hasta aquí, dice unas cuantas palabras bonitas, y simplemente, me menciona ¿Cómo quiere que esté? —No se preocupe, le aseguro que cuando me propongo algo, lo logro, y así soy en todo el ámbito de desarrollar los conocimientos de mi carrera— lo miro lo más neutra que puedo. —Ya veo...— sonríe, mientras me mira a los ojos. Después de unos segundos siento que lo está haciendo a propósito, por lo que no desvio la mirada, no quiero que piense que no puedo soportar su contacto visual. —Bien... pensándolo bien, estaba usted nerviosa porque acabado de comprobar que de tímida no tiene ni la "T"— asiento con una sonrisa presumida. Se siente bien hacer que las personas se retracten de sus palabras. O quizás solo lo hiciste para sorprenderlo. ¡Ay, claro que no!, ¿Para qué querría sorprenderlo? —Si— él hablando y a mi que casi se me está saliendo la m... —¿En que puedo servirle?— me urge ir al baño. No me digas que de los nervios se te va a salir la m.... ¡Cállate! Yo no hablo, idiota, estoy dentro de tu cabeza y soy tu subconsciente. —Directa— ¿Qué tanto habla este hombre? ¡Por el amor a Dios!. —Necesito que venga a mi oficina, por favor. ¡Ay, padre! ¿Será porque llegué tarde? Dios cuídeme, por favor. —Si, claro— mientras el profesor se queda en él aula para iniciar la clase, yo sigo al director, al subdirector y al dueño de todo esto. Por el rabillo del ojo, veo más de cerca al dueño de la universidad. Es muy joven y apues... ¡Cállate, Lea! ¿Si es tan joven, cómo hizo para ser dueño de una universidad? Se ve que no pasa de los veinte y tantos años. Escucho un sonido agudo que parece ser del tono de llamada de un celular. —Mmm... disculpen, mi esposa me está llamando— por fin escucho la voz del subdirector, el cual se aleja de nosotros y se va por el otro lado del pasillo. El otro día dijo que era soltero. Mujeriego de mierda, no sé por qué no se conforma con tener una mujer que lo ame, pero no, prefiere tener cincos mujeres que lo expriman como una uva y después hagan vino, a tener una mujer que lo valore, lo ame y lo respeten. La señora Müller siempre ha sido una mujer muy buena, nunca la he visto faltarle al respeto o mirar a otros hombres, entonces, ¿Por qué le hace eso? ¿Por qué la niega? Esos no son tus asuntos, no te metas. ¡Ash, cállate! —Señorita, me puedo hacer el favor de pasar— dice palabras educadas pero su tono lo delata. Este tipo no me cae bien, aunque debo admitir que es muy gua... no me cae bien, para nada bien. —Ehhh... si— entro a la enorme oficina, y me quedo parada al lado de la silla donde está sentado el director y frente al escritorio del Guapodioso. ¿Guapodioso? ¿Estamos locas? ¿Por qué pensamos eso? Es la combinación de guapo y odioso. No puedo creer que mi subconsciente sea más tonta que yo. —Señorita, por favor, preste atención— como siempre, palabras educadas, y un tono de voz enojado. —Si, discúlpeme— jamás me quedaré hablando con mi subconsciente. En realidad solo pensé una vez, fuiste tú la que te quedaste pensando sola. Si, si, cállate. —Bien... por favor, director, puede explicarle usted, yo le estaba explicando pero en ningún momento me prestó atención, ya estoy cansado de hablar, además de que no quiero hablar mil veces y que mil veces se distraiga y me ignore— si distriigi y mi igniri. Vete a la m.... —Claro— voltea a verme. —Señorita, Díaz, esta universidad tiene cuatros años de fundación, desde el primer año se ha escogido los mejores estudiantes de esta universidad para darle la oportunidad de trabajar en la empresa del señor Gil, cada año se escoge un contador público o un administrador empresarial, pero... cada año, solo existe una oportunidad y esa oportunidad se la gana el estudiante con las mejores calificaciones en ese año— ¿Y eso que tiene que ver conmigo? —La veo un poco confundida aún— en algo estoy de acuerdo con el GO. —Si, no lo puedo negar— digo nerviosa y confundida. —Entonces... lo mejor sería que hablemos sobre este tema en mi empresa, quizás cuando la vea, se decida mejor o entienda lo que le queremos dejar dicho— asiento, y el GO empieza a escribir algo en un papel. —¿Señor, puedo retirarme?— todavía no me acostumbro a ver al director recibir órdenes o obedecer órdenes, o pedir permiso para retirarse. Esto es... raro. —Si— el director sale de la oficina, dejándome sola con el Guapodioso. —¿Yo también?— no sé por qué pero no me gusta eso de estar sola con el Guapodioso. —No, por favor, siéntese— lentamente me siento una de las dos sillas de cuero que están frente a su escritorio. —Y bueno... ¿Cuándo tengo que ir a su empresa?— No me dijo nada, solo que íbamos a hablar en su empresa. —¿Puede ser hoy mismo? No soy una persona que le guste hacer la cosas al ultimo momento— asiento y el sonríe de lado. —Perfecto, aquí está la dirección de la empresa y también la hora en la que debe ir— tomo e papel que me está pasando, y sonrío. —Gracias, entonces... hasta pronto— le doy un apretón de manos, y salgo lo más rápido que puedo de esa oficina. Mientras camino por el pasillo, me encuentro con el profesor Gutiérrez, así que decido pedirle una disculpa por haberme perdido su clase de hoy. —Profesor Gutiérrez, necesito decirle algo— este para su caminar y se me acerca. —¿Si?— dice en su habitual tono de molestia. —Es que le quiero pedir excusa por haber faltado a la cla — me interrumpe. —Esto no es una escuela, esto es una universidad. —Lo sé, solo quería— me vuelve a interrumpir. —Es mejor que vaya a sus demás clases, se le hará tarde— ¡Ash, es tan frustrante! —Mi próxima clase es en una hora. —Señorita, sé el asunto por el cual no pudo asistir a mi clase, no se preocupe, hablamos luego— ese tono no me convence. Empieza a caminar y yo lo sigo, al llegar a la escalera dejo de seguirlo, no me quiero caer, las escaleras están un poco mojadas, seguro es porque el conserje las estaba limpiando. Escucho un estruendoso sonido, preocupada miro hacia el profesor y me doy cuenta de que está tirado en el suelo. ¡Lea, no te rías! Sin poder evitarlo, una fuerte carcajada sale de mi boca, se me hace imposible ver a alguien caerse y no reírme. No lo puedo evitar, siempre termino riéndome aunque no me guste porque sé que una caída puede ser mortal. Dejo de reírme cuando empiezo a escuchar quejidos provenientes del profesor, lentamente empiezo a bajar las escaleras, no quiero caerme igual que él. Lea, no recuerdes eso o vas o volver a reírte como una cabra. —¿Profesor, donde se ha lastimado?— pregunto un poco preocupada. A pesar de que es muy estricto con todos especialmente conmigo, y que a veces ha llegado a hacer que quede en ridículo, no le guardo rencor a nadie y tampoco le deseo el mal a nadie. En pocas palabras, eres una estúpida. Estúpida no, simplemente no me voy a ir al infierno por cosas que no valen la pena. Si, si, bla bla bla. —Mi brazo— suelta otro quejido de dolor. —No se preocupe, profesor, pediré ayuda, no se mueva— este asiente. —¡Ayuda!— grito una y otra vez hasta que veo al director venir hacia nosotros. —Llame una ambulancia, lo mejor sería que unos paramédicos lo levantaran, si nosotros lo hacemos, podríamos fracturarle algún otro hueso, puede ser peligroso, llame al novecientos once— me pide el director. —No puedo, mi celular está en mi mochila, y mi mochila se quedó en el aula cuando usted y los demás señores me llamaron. —En mi bolsillo, ¡Ay!— respira un poco forzado, creo que lo estamos ahogando, así que me separo un poco de él para que pueda respirar bien. —En mi bolsillo derecho está mi celular— cuidadosamente y con miedo de lastimarlo, saco el celular y llamo de emergencia al novecientos once. —Aló, novecientos once, necesito que vengan a ayudar a un hombre que se ha caído en las escaleras, le duele mucho el brazo y no quisimos levantarlo por miedo a que le podamos hacer daño o lastimar algún otro hueso. —Entiendo, señorita, ¿Dónde se encuentran?— me pregunta la señorita que está al otro lado de la pantalla. —En la universidad C&A— ahora es donde me arrepiento de no saber dar direcciones. —Entiendo, señorita, iremos lo más pronto posible— cuelga la llamada. —Dijeron que vienen pronto— les aviso al profesor y a el director. —Lea, lo mejor es que te vayas, tienes más clases, yo me quedaré con el profesor, no te preocupes— no sé, no me convence. —Si, vete— dice el profesor. —Gracias por ayudarme. —Mmm... está bien, cualquier cosa que necesite, por favor, llámeme— este asiente a medias y yo empiezo a subir las escaleras para ir a mi siguiente clase. Ojalá que mi mochila todavía se encuentre en ese pupitre. Lo dudo mucho. Eres demasiado pesimista. Soy tu otra cara. Veo hacia todos lados en busca de mi apreciada mochila Gucci, na' la compré en la pulga. Algún día progresaré, podré ayudar a mi hermana a estudiar leyes y también nos compraríamos una casa, y ayudaríamos a los que nos necesiten. Esos son tus sueños. No, son mis metas porque estoy haciendo todo lo posible para cumplirlas, no espero la noche para imaginarme cómo sería mi vida si todo eso se cumpliera, yo voy hacia ello, no me quedo sentada esperando a que todo se cumpla mágicamente. La felicidad inunda mi alma cuando veo aquella mochila rosada donde está mi celular, mis documentos, mis útiles, okey no, no me voy a quedar pensando en lo qué hay dentro de mi mochila. Voy hacia dónde está mi mochila y la tomo, siento algo vibrar así que reviso mi mochila en busca de mi celular. Llamada de "Mi hermana :)". —Aló— contesto la llamada. —¿Cómo estás, piojo?— siempre me ha llamado así porque soy un poco pequeña, solo un poco, casi no me veo. —Estoy bien, de hecho, estoy feliz. —Mmm... ¿Feliz?, no estarás más bien... enamorada— siempre tan romántica, yo no creo en cursilerías. Soy más seca que lo seco. —Claro que no, es que creo que me pasó algo bueno pero mejor no lo cuento hasta que lo vea hecho— no quiero ilusionarla cuando mi siquiera yo misma sé si me está pasando algo bueno. —Soy tu hermana— y por lo mismo tanto, no te quiero desilusionar. —¿Todo bien?— pregunto mientras camino hacia el aula donde asistiré a mi siguiente clase. —Si, hermana, solo te llamé porque quería saber cómo estabas— es como mi madre, y la considero mi madre desde el momento en que... Nota mental: Recordar me hace mal. —Gracias por preocuparte por mi, te dejo porque ya casi va a empezar mi próxima clase, te amo mucho, hermana. —Yo también te amo, adiós. —Adiós— cuelgo la llamada. Me siento en unos de los pupitres, segundos después la maestra entra al aula y empieza la clase. Trato de poner toda mi atención pero mis pensamientos se centran en miles de preguntas. No puedo evitar preguntarme qué quiere ese hombre. No sé porqué pero algo me dice que mi vida cambiará drásticamente. Me empeño en prestar atención y sigo mi rutina diaria aunque debo de admitir que con cada clase que asistía, me recordaban que las horas estaban pasando y que muy pronto tendría que ir a la empresa y saber qué es lo que ese hombre quiere conmigo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD