Capítulo 3

1522 Words
Trato de jugar con mis manos pero simplemente se resbalan por el sudor. Doy una gran bocanada de aire y entro, lo primero que veo es una elegante recepción en la que se encuentra una recepcionista con una dulce sonrisa que llena el ambiente de una energía agradable. —Buenos días— me acerco a ella. —Buenos días, señorita, ¿En qué puedo servirle?— dice gentilmente. —Este... el señor, el dueño de esta empresa me está esperando— ojalá y me crea porque ni siquiera me sé el nombre de aquel señor atemorizante, solo sé que lo llamo "Guapodioso". —Disculpe, señorita...— deja la frase a mitad con la intención de que le diga mi nombre. —Lea Diaz— la recepcionista sonríe. —Mmm... Lea... soy Laura, mucho gusto— extiendo mi mano y le doy un apretón de manos. —Señorita Lea, discúlpeme pero ¿Cómo sé que mi jefe la está esperando, si ni siquiera se sabe su nombre?— ¡Diablos! —Es que él fue a la universidad de Contaduría pública y Administración empresarial, y me dijo que viniera para que hablara con él. —Ahhhhh... entiendo, usted es la elegida de este año, felicidades, señorita— ¿De qué habla? —Gracias— ni sé qué estoy agradeciendo. —De nada. Sube al piso veintisiete, ahí se encuentra el señor Gil— Con que señor Gil... Apellido de rico, debí esperármelo. Por lo menos ya sé su nombre y no tengo que llamarlo guapodioso. Es el apodo mental que le pusiste, no seas estúpida. Ah, es cierto. Si que soy tonta. Concéntrate. Presiono el botón del piso veintisiete y el ascensor empieza a ascender mientras miles de preguntas se formulan en mi mente. ¿Qué querrá? ¿De qué hablaba Laura? ¿Por qué estoy aquí? ¿Estoy cometiendo un error? Escucho el timbre del ascensor que me indica que ya estoy en el piso veintisiete, al comienzo siento un poco de temor, estoy caminando hacia un hombre que no conozco y que no sé cuáles sean sus intenciones para con mi persona. Armándome de valor, salgo del ascensor veo muchas ventanas altas y un pasillo donde se encuentran solo tres puertas. Parece una jaula de vidrio. Desde aquí se puede ver toda la ciudad, los autos transitando y las personas caminando, algunos caminan rápidos como si estuviesen tarde mientras otros caminan mientras ven todo el panorama con asombro. Así estuviese yo sino tuviese tanto miedo, no sé si podré superar ese miedo de transitar en las calles y ese miedo siempre me recuerda que a pesar de todas las terapias psicológicas nunca podré superar lo que pasó. Aparto la mirada de la ciudad y camino hacia el pasillo, hay dos puertas de cada lado y una puerta al fondo, decido tocar la puerta que está en el fondo del pasillo, en caso de que Guapodioso solo tenga su oficina en el último piso y que esté piso sea reservado solo para él, entonces creo que elegiría la puerta del fondo. Toco la puerta y escucho un "Adelante" de una voz varonil y un poco ronca. —Buenas tardes, soy Lea Díaz, vine porque usted me dijo que viniera— okey, Lea, viniste porque él te dijo que viniera. Soy una idiota, tengo ganas de cachetearme a mí misma, siempre cometo un error, ¡Siempre!, ¡Demonios! Diablos, señorita, ¿Y esas blasfemias? Tú cállate, también estás diciendo blasfemias. Tú me las enseñaste. Una vez, solo una maldita vez vi ese meme y desde ese momento ese "Diablos, señorita" no ha salido de mi cabeza, ¡Demonios!, ahora deseo no haberlo visto nunca. —¡Señorita!— la fuerte voz varonil me saca de mis pensamientos. —¿Si?— ¡Ay, Lea! Si que eres idiota. —Cuando aterrice en el planeta Tierra, ¿Puede hacerme el favor de tomar asiento?— ¡Ay, que vergüenza! —Si, claro— me siento en unos de los sillones que están frente al elegante escritorio de cristal sobre el que se encuentran las manos entrelazadas del Guapodioso. Se ve un poco rojo, creo que está un poco enojado. ¿Eso crees? Si, ¿Por qué será? No sé, dímelo tú. —Señorita, ¿Puede prestar atención cuando le habló? —Si, señor...— ¡Mierda, no me sé si quiera su apellido! —Girl, señor Gil— se lo dije cuando estábamos en mi oficina, cuando estábamos en mi universidad— ¿Y? La recepcionista también me lo dijo y se me olvidó. ¿Te estás diciendo bruta a ti misma, Doris? ¡Yo no soy Doris! Ah, discúlpame es que como tienes memoria a corto plazo.... Créeme que si tuviese memoria a corto plazo, los recuerdos de mi pasado no me atormentarían todos los días. —Si, discúlpeme— esta vez si me acordé de que estaba hablando con Guapodioso. En tu cara, exorcista. ¿Exorcista, yo? Tú eres una maldita pe.... ¡Pi, Pi, Piii! —Señorita, cada año junto con el director y el subdirector, escojo a el estudiante que más se esforzaron durante todo un año de fuertes pruebas que cuando se superan, ayudan a alcanzar el éxito. ¿Y yo que tengo que ver con eso? —Y bueno...— digo para que continúe explicándome. —El año anterior fue elegido un estudiante de contaduría pública y este año fue escogida una estudiante de administración empresarial— ¿Por qué siempre habla a mitad? ¿No puede decir algo que se le entienda? Me quedo mirándolo unos segundos y este empieza a hablar otra vez. —Usted fue la estudiante que elegí para darle una oportunidad de trabajo en mi empresa— ¡¿Qué?! Omg, Doris consiguió trabajo. —Muchas gracias por la oportunidad, señor, ¿Cuándo empiezo a trabajar? —Primero quiero enseñarte la empresa, cómo funciona y también las reglas, después de que conozcas todo perfectamente, entonces le daré veinticuatro horas para que lo piense— sé la repuesta, necesito el trabajo, pero... esas veinticuatro horas me pueden ayudar a organizar mi vida ahora que tengo trabajo. No te adelantes a las cosas, estúpida. ¿Por qué me tratas tan mal? Te dije que soy tu otra cara, eres muy optimista, así que yo soy pesimista, ¿No es obvio? Vete a la m... Estoy feliz y nada, ¡Nada! me lo arruina. Deja de usar tanto las r************* , te hace mal, un día de estos, te vas a quedar bizca viendo el celular. No me digas... todo lo malo que me pasa es por mi celular. Si, hasta te puedes quedar ciega gracias a él. Bla Bla Bla. —¡Señorita!— ¿Cuántas veces ha dicho eso?. —La notó muy distraída, es mejor que regrese mañana para enseñarle la empresa, cada rincón, cómo funciona... todo— ¿Ves lo que te digo, Doris? Si, veo lo que me dices, tonta. —Está bien, regreso mañana para saber cómo funciona su empresa, adiós— huyo lo más rápido posible de ahí. Mi rostro está rojo de la vergüenza, ¿Por qué me tengo que distraer tanto? ¡Por Dios!, cuanto odio ser así. Mejor llamo a mi hermana para decirle las buenas nuevas o... ¿Es mejor que se lo diga personalmente? Así no abrasaríamos. Me subo en el ascensor y justamente escucho el tono de llamada de mi celular, lo saco de mi mochila y veo quién me llama. Llamada de: Número desconocido. ¿Quién será? Decido contestar, y rápidamente desconozco quién me habla. —Hola, profesor, ¿Cómo está?— es raro que el profesor el cual creo que me odia, me llame. —Este... hola, otra vez— una carcajada sale de mi boca. ¿Por qué está tan nervioso? —Hola...— estoy es muy incómodo. —Quería agradecerte lo que hiciste por mi, le pedí tu número a Casandra para llamarte— no, se lo vas a pedir para verlo y quedarte fijamente contando cada número que compone mi número telefónico. —No es nada, espero que esté mejor. —Si, lo estoy— hace silencio por unos segundos. —¡Lea! —¿Si? —Ah, sigues ahí, es que... quería in-n-invitarte a ¿Cenar?— ¿Qué? —Ahhh— Di algo, Lea. —Si— tengo ganas de cachetearme a mí misma. —Gracias por aceptar, mañana cuando estés en la universidad te voy a decir todo ¿Si? —Perfecto, adiós— me despido. —Adiós, que tenga feliz día, y que duermas bien. —Igualmente— cuelgo la llamada. ¿Qué diablos fue eso?
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