Capítulo 4

1474 Words
—Que suenen los tambores de preámbulo— me encanta hacer esto. Mi hermana trata de imitar unos tambores de preámbulo pero no puede por sus largas y envidiables uñas y la mesa. Eso es lo malo, se puede hacer daño si hace la mano un puño. ¿Quién la manada a tener uñas de brujas? Aunque se le ven muy bonitas, delicadas y no se rompen fácilmente, ¿Por qué no tengo las mías así? ¡Ay, no! ¡Que envidia de la buena!. Y yo aquí, mis dedos parecen unos huevos o la cabeza de una persona calva porque solo se ve la carne porque mis uñas son demasiadas cortas gracias a mi manía. ¿Quién te manda a comerte las uñas, asquerosa? ¡¿Qué?! Eso me relaja. —¡Lea! Niña, no seas tan distraída— y ahí es cuando recuerdo que mi hermana está sentada frente a mi, mientras come su pizza y me mira con ganas de asesinarme. —Ah, verdad— me quedo callada a propósito, y veo como la cara de mi hermana se torna roja de la furia. —¡Lea! Vengo cansada del trabajo, me dices que compremos pizza para celebrar la noticia que me vas a dar, ya nos hemos acabado la mitad de la pizza y aún sigues sin decirme la buena noticia— dice cada palabra rechinando los dientes. ¡Ay, tengo miedito!. —Tranquila, recuerda: amor y paz— me ve con ganas de matarme pero sé que va a terminar diciéndolo. —Amor y paz— dice con un tono de voz de cansancio mientras rueda los ojos y bufa. —¡Creo que ya tengo trabajo!— okey... creo que hablé muy rápido, no sé si me entendió, ojalá que si. —Espera, habla más lento— dice cada palabra como si estuviese deletreando. ¿Cree que soy china o qué?. —Creo. Que. Tengo. Trabajo— digo cada palabra más lento de lo que me pidió que le dijera. —¡¿Qué?! ¡Que bueno!, ¿Pero cómo?— me pregunta mientras me da un fuerte abrazo. —c***o china c***o chine chinu— muajaja, ahora le voy a hablar en c***o, inconscientemente una sonrisa malvada se plasma en mi rostro. Eso no es mandarín, estúpida. ¿Y quién está hablando de mandarín?. ¡Ay, no, te pasas de estúpida, ya no soporto!. Si, bla bla bla bla. Eres tan... infantil. Estúpida, se dice inmadura. Sip, eres una completa idiota. —¡Lea!— ¡Mierda!, ¿Por qué siempre me pasa eso?. —¡Bendición tia!— mi hermana choca su frente con la palma de sus manos. Jajaja, se parece al meme donde todos se dan en la frente porque alguien dijo o hizo algo estúpido. ¿Si por qué o mejor dicho por quién será?. Por mi no fue, no he hecho ni he dicho nada estúpido, ¿Verdad?. Ay.... ¿Qué? ¿Ya no me soportas o qué?. ¿Por qué no me contestas?. Siento un fuerte impacto en mi cara que hace que salga de Lealandia, y vuelva a mi triste realidad. —¡¿Qué?! ¿Por qué me pegas?— le pregunto enojada. —No reaccionabas, así que me fui al camino sencillo— si no fuese mi hermana mayor y pudiese estrangularla aunque sea un poquito, sería un éxito. —¿Alguna vez soñaste con estar dentro del mundo de "Los Simpson"— le pregunto, veo la confusión en su rostro y sé que cayó. —Si pero eso no viene al caso— sip, cayó. —Está bien, te voy a hacer tu sueño realidad, yo soy Homero y tú eres Bart— digo antes de empezar a estrangularla. —Estúpida, suéltame, idiota— dice mientras clava sus largas uñas de bruja en mis brazos, la suelto y empiezo a correr hacia mi habitación pero esta me hala el cabello y caigo en el suelo. —¡Ay! ¿Ya estás contenta?— algunas lágrimas salen de mis ojos. ¿Por qué el piso tiene que ser tan duro?. ¡Ay, no, ya no tienes comparación!. ¡Volviste!. No. ¡Estúpida, valórame!. —Si, bendita distraída— salgo de mis pensamientos. —Ah, Luz, quiero decirte algo. —Si, dime— me ayuda a levantarme del suelo, toma la caja de pizza y se sienta en el sofá, y yo la imito. —Cuando firme el contrato y ya el trabajo esté seguro, quiero que dejes uno de tus trabajos— me interrumpe. —¡Ay, no! Claro que no— ¿Por qué tiene que ser tan terca?. Tú eres distraída, y nadie te juzga. —¡Escúchame!— la agarró de los hombros y la sacudo, no tengo de otra. —Quiero que dejes uno de tus trabajos para que estudies lo que tanto te gusta, yo e voy a ayudar. —No sé, Lea— dice indecisa. —Confía en mi, pronto vas a ser una gran doctora en leyes— sonríe y sé que ya la convencí, así que la abrazo. ¿Qué sería de mi, si ella?. —Gracias— le doy un beso y dejo de abrazarla. —Puedes agradecérmelo si me dices: ¿Qué hago?— un balde de agua fría me cae en la cabeza. —¿De qué hablas?. —Es que... hoy el profesor que te dije que no soporto porque él no me soporta. —Si, ¿Qué pasó?. —Él... se cayó— la imagen de él tirado en el suelo, llega a mi cabeza y no puede evitar reírme como una cabra. —¡Lea!— tomo una bocana de aire para dejar de toser. Siempre que me río, termino tosiendo. Porque te ríes exageradamente. —Bueno... el caso es que él se lastimó un brazo, entonces yo lo ayudé, y después él me llamó y me dio las gracias por haberle ayudado, y me invitó a cenar y estúpidamente dije que si, y ahora no sé qué hacer. —No vayas. —No es tan fácil, además ya dije que si. —Entonces ve. —Pero no me quiero quedar sola con él, ayúdame, por favor. —Está bien— suspira. —Voy a ir a la cita discretamente. —No es una cita. —Si, como sea, leí el pronóstico de mañana, va a llover, entonces voy a decir que no tengo como irme y que me voy a tener que quedar aunque mi intención era llevarte y nada más. —¡Eres una genio!. —Lo sé. —Y eres egocéntrica. —Al menos no soy distraída— golpe bajo. —Buenos días, señor Gil— digo cuando por casualidad nos encontramos en el ascensor. —Oh, buenos días, señorita, iba a bajar para esperarla pero veo que usted se me ha adelantado— como que me da mucha atención, ¿No? Digo me iba a ir a buscar. —No hacía falta— sonrío para que no suene tan... frío. —Aunque tengo que mostrarle todo desde el primer piso, así que vamos a tener que bajar de nuevo— su voz es tan neutra. Es más neutro que lo neutro. Suena el timbre del ascensor indicándonos que ya llegamos al piso veintisiete pero en vez de quedarnos en aquel piso, Guapodioso presiona el botón del primer piso y el ascensor cierra su puertas y empieza a descender. Cuando llegamos al primer piso, salimos y así es como empieza el largo recorrido de los veintisiete pisos de esta empresa. No entiendo por qué tiene que haber tantos pisos. *** —Este es el área de administración, en esta área es que usted va a trabajar, venga y le muestro lo que sería su oficina, claro, siempre y cuando, acepte la oportunidad— claro que la voy aceptar. —Es hermosa— digo al ver mi espaciosa oficina. Si que voy a dar muchas vueltas en esa silla de oficina. Voy a dar vueltas por toda mi oficina, sin olvidarme de ningún rincón. ¿Qué? No me digas que ahora te crees Rayo Mcqueen. Escucho el tono de llamada de mi celular, lo saco mi celular de mi bolsa. Llamada de: Profesor Gutiérrez. —Aló— contesto la llamada. —Hola, Lea, quería saber si todavía está en pie lo de nuestra ci... bueno... lo de nuestra salida a cenar— ¿No hablamos de eso en la escuela?. Okey... como que ya se está volviendo un poco... molesto, ¿No?. —Si, todavía sigue en pie, discúlpeme pero tengo que colgar, adiós— cuelgo al ver la cara que tiene Guapodioso. —Discúlpeme, señorita, pero en caso de que acepte la propuesta de trabajo, no pueden ocurrir este tipo de distracciones, ¿De acuerdo?— Guapodioso... ruedo los ojos mentalmente
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