Para Marianne estaba siendo desgarrador, perderla a ella, a la mujer que la había criado y enseñado a ganarse la vida honestamente, a esa mujer sabia y amorosa, que pasó una parte de su vida intentando suplir la necesidad del calor de madre en ella y que lo había logrado con creces. Su llanto no paraba y a una distancia prudente se encontraba Edward batallando con el impulso de correr a abrazarla, de asegurarle que no estaba sola, que lo tenía a él, pero era su hermano quien la consolaba, la abrazaba y lo miraba a él con un gesto de advertencia, pero eso ya no le afectaba, estaba dispuesto a luchar por Marianne, aunque, eso mismo le costara perderlo todo, lo prefería a estar sin ella. Dos días después, Marianne se encontraba intentando dormir, no se había dado cuenta de la presencia de Ro

