El traslado de la abuela tuvo que ser muy lento, las yagas en su cuerpo y los fuertes dolores estaban torturándola, pero, aun así, continuaba aferrada a la mano de Edward con la firme idea de volver a ver a su querida nieta, después de todo, estaba segura de morir sola en ese cuarto, pero ahora por lo menos pasaría sus últimos momentos junto a ella. Al llegar al palacio la acomodaron en una habitación enorme, y el príncipe Edward ordenó que la asearan y curaran sus heridas, y cuando una doncella estaba alimentándola, la puerta se abrió de golpe dejando ver a una emocionada Marianne, pero su rostro se transformó en horror al ver el estado en que se encontraba su querida abuela, lo desmejorada que se encontraba, era sólo huesos y piel y lucía tan demacrada que a pesar de cubrir su boca fuert

