- No te queda otra opción Mateo – dijo Valentín – estás castigado por un mes entero y quiero tu licencia de conducir, tus llaves y tus tarjetas ahora mismo, si me las das ahora, vas a recuperarlas en el mismo estado, si tengo que sacarlas yo, no vas a tener nada para recuperar - Mateo apretaba los dientes, creo que por el dolor y por la rabia de saber que no tenía más opción que obedecer.
- No – dijo Teo casi en un chillido – ya me arruinaste el cabello es suficiente – Valentín lo soltó y Teo se giró para refregarse el brazo y mirar a su padre
- Lo del chicle fue una venganza – dijo el hombre sonriendo – porque no soporto que toquen mis cosas. El castigo es para que aprendas a respetarme y a obedecerme – Teo bufó - ¿no vas a respetarme Mateo? – el tono que usaba era calmado pero sin embargo a mi se me congelaba la sangre y al parecer a Teo también porque derrotado sacó su cartera del bolsillo trasero de su pantalón, las llaves del delantero y dejó sobre una mesa lo que su padre le pedía.
- ¿Un mes? – preguntó sin mirarlo, Valentín sonrió y le palmeó el rostro con cariño al tiempo que tomaba los objetos para guardarlos.
- Puede ser menos por buenos méritos – Teo lo miró sonriendo.
- Voy a hacer todo lo que me pidas – dijo muy decidido.
- Así me gusta – ambos seguían sonriendo y yo pensaba en lo extraña que era su relación y en que alguna vez podría ser yo el que se encuentre en esa situación. Y por una extraña razón no me disgustó del todo. Mateo decía que su padre no le agradaba pero en sus ojos se notaba lo mucho que lo quería y admiraba. Yo no admiraba demasiado a mi padre, es decir el era un contable común y corriente, lo que mas hacia en el día era trabajar, no recordaba haberlo visto sonreír de la manera en que Valentín lo hacia jamás, siempre estaba serio o triste, como si odiara la vida que le había tocado. Tampoco lo culpaba por ello, mis padres no tenían ni la tercera parte del dinero que Valentín parecía poseer, era obvio que jamás había pasado necesidades de ningún tipo. Como decía mi madre, el hombre había nacido en cuna de oro.
- Tiende a hacer eso – escuché la voz de Teo y noté que padre e hijo me observaban muy cerca, no se porque pero me asusté y quise retroceder, y mi torpeza me dejó sentado en el piso – es un poco torpe también – Valentín asentía - ¿seguro que tiene tus genes?
- Hicimos la prueba cinco veces – dijo el hombre sin quitarme los ojos de encima – es tanto hijo mío como de Victoria.
- Sacó lo peor de cada uno – comentó Teo y lo miré con el seño fruncido, eso lo hizo reír – es una broma larguirucho – me tendió la mano – pero tenés que defenderte cuando alguien te ofenda, porque un seño fruncido y nada es lo mismo.
- Lo podemos entrenar – Valentín me sujetó de los hombros – le hacemos engordar un poco – me examinó los brazos – como hijo mío tiene que ser muy bueno.
- ¿Entrenar? – pregunté confundido y no me gustó para nada la sonrisa que vi en el rostro de Mateo.
- Si – dijo con malicia - ¿te gusta el vale todo? - ¿querían que peleara?
- ¿Quieren que pelee? – pregunté muy confundido.
- Que aprendas a defenderte – dijo Valentín – tu madre no va a dejarte luchar innecesariamente – su tono era de desilusión – pero si alguien te provoca – sonrió con eso.
- No me gusta la violencia – dije seguro.
- No parece tu hijo – comentó Teo – deberías hacer la prueba de nuevo – Valentín no respondió nada, me observó atentamente unos segundos.
- No hace falta – me agarró del cuello – el ñoñito es mi hijo – ambos rieron por el comentario, no pude evitar hacerlo yo también, aunque sin muchas ganas, porque me ofendían pero era un poco divertido escuchar a un hombre como Valentín usar esa palabra.
- No soy un ñoño – dije soltándome de su agarre y me arrepentí cuando vi su rostro, supongo que no pude disimular que me daba mucho miedo.
- Te tiene terror – dijo Mateo y ambos volvieron a reír.
- Así es como tiene que ser – dijo Valentín – pero no me tengas miedo Cristóbal, si te portas bien no tenés que preocuparte de nada. No sigas el ejemplo de este – señaló a Teo.
- ¿Listos mis niños? – Victoria llegó sonriente y tengo que reconocer que arreglada era mas hermosa aun - ¿venís con nosotros? – le preguntó a Valentín.
- No, lo siento – dijo con falsa angustia, muy falsa – tengo que ir a comer vidrio – no pude evitar reír por lo que dijo, Teo igual.
- Vos te lo pierdes – respondió Victoria molesta, luego sujetó mi mano y la de Mateo y pretendió arrastrarnos afuera – es un idiota – murmuraba mientras nos dirigíamos al coche – comer vidrio es mucho peor que ir de compras conmigo ¿verdad? – le preguntó a Mateo.
- No es del todo cierto mami – Victoria abrió la boca al escucharlo – pero yo te amo tanto que puedo soportarlo, no como él – Victoria no sabia que decir, y yo no podía creer lo manipulador que era Mateo, utilizaba una mirada encantadora con una sonrisa de niño bueno que llevó a su madre a abrazarlo y derramar unas silenciosas lagrimas.
- Maneja vos bebe – le dio sus llaves, Teo sonrió por su triunfo y se colocó tras el volante de un precioso Audi rojo. Victoria y yo nos acomodamos y salimos rumbo a lo que según Mateo y Valentín seria una tortura. Y no estaban equivocados. Victoria nos hizo recorrer tres centros comerciales inmensos, caminamos por horas, nos probó todo tipo de ropas y calzados. Estaba tan cansado que ni siquiera tenia ganas de elegir unos juegos al final, solo quería dormir. Pero ella estaba feliz, no dejaba de sonreír en cada paso que daba, acaparando las mayorías de las miradas a su paso, tanto de hombres como mujeres.
- Odio que los tipos la miren así – me comentó Mateo en un momento y presté más atención. Hombres de todas las edades la miraban con deseo y era algo extraordinario para mí. Porque ella era una mujer adulta, de más de cincuenta años, además de que era pequeña, sin demasiadas curvas o voluptuosidades y sin embargo llamaba la atención de todos.
Terminamos casi a la hora del cierre, casi no cabíamos en el coche con la cantidad de bolsas que llevábamos.
Llegamos a casa y a pesar del cansancio los tres moríamos de hambre. Valentín nos esperaba en la cocina con la comida lista.
- ¿Terrible? – preguntó al vernos, yo asentí con la cabeza levemente, Teo igual.
- Fue tan divertido – ella no pensaba igual – compramos muchas cosas y pasamos tiempo de calidad juntos – nos miró a mi y a Teo.
- Si, si – Teo respondió rápidamente – fue genial, no veo las horas de hacerlo de nuevo – el sarcasmo en su voz era evidente. Valentín sonrió.
- Gracias por darme con el gusto – Victoria lo abrazó y el besó la mejilla – vos también – hizo lo mismo conmigo – yo entiendo que soy una pesada, pero me cuesta ver que ya son casi hombres y no me necesitan – comenzó a llorar y Teo la rodeó con sus brazos.
- Mami yo siempre voy a necesitarte – la hablaba con dulzura – y me encanta nuestro tiempo compartido, aunque me obligues a recorrer miles de tiendas y cargar cientos de bolsas.
- Gracias bebe – dijo ella muy sincera. Un extraño cosquilleo surgió en mi estomago. Creo que comencé a envidiar un poco la relación que Teo tenía con sus padres. Se notaba a leguas que era muy cercano a Victoria, yo no era muy cercano con mi madre. En realidad no lo era con nadie, porque mi forma de ser tan cerrada no me lo permitía. Con quien mas me llevaba era con mi hermana, pero no éramos confidentes ni mucho menos. La verdad es que me pasaba la mayor parte del tiempo dentro de mi mente, analizando cosas y hablando conmigo mismo. La cena fue mas tranquila, solo estábamos nosotros cuatro. Victoria le contaba emocionada a Valentín todo lo que nos había comprado y el la escuchaba atentamente. Esa era otra diferencia con mis padres, en mi casa mamá hablaba y papá fingía escucharla, porque jamás le prestaba atención, pero Valentín estaba atento y no perdía detalle de sus palabras o sus gestos. Era obvio que la amaba con locura, porque sus ojos brillaban al mirarla. Mateo por su parte disfrutaba su comida y mandaba mensajes.
- ¿Puedo llevar a Cristóbal a conocer la ciudad? – preguntó Teo luego del postre.
- Estás castigado – respondió Valentín.
- Pero él no y es su primer sábado aquí, no seas injusto – estaba usando su tono de manipulación de nuevo, pero con su padre no funcionada porque lo miró enarcando una ceja.
- Cristóbal está cansado – dijo Valentín y me miró esperando una respuesta, Teo igual.
- Si él quiere salir estaría bien que lo lleves a dar una vuelta – dijo Victoria mientras comenzaba a recoger la mesa. Ambos me miraban impacientes, era cierto que estaba liquidado, pero me parecía que tenía que ir con Mateo, como un asunto de códigos o algo por el estilo.
- No estoy tan cansado – mentí sin mirar a Valentín.
- ¡Genial! – Exclamó Teo y se puso de pie – vamos largui – me levantó del brazo - vamos a un club así que arréglate – ordenó mientras avanzábamos por el pasillo.
- No tengo edad para entrar a un club – dije desganado.
- Bruno es el dueño y podemos hacer lo que queramos – anunció – rápido – y entró a su habitación, yo fui a la que me habían designado. Con mucha pereza me duché y luego busqué que ponerme. Toda la ropa que Victoria me había comprado era linda, quizás demasiado pretenciosa para mi, pero allí eran todos un poco pretenciosos y yo tenia que encajar. Me coloqué unos jeans claros, una camiseta blanca con una estampa en roja y una camisa azul oscura encima. Me parecía que estaba arreglado, me peiné para el costado, utilizando una abundante cantidad de gel, Mateo llegó y me miró a través del espejo. El si lucía genial, pantalón n***o y una camisa blanca con unos primeros botones abiertos, lo que dejaba a la vista su trabajo pecho. Una sonrisa burlesca se pintó en su rostro.
- No podés ser mas ñoño – comentó sin dejar de reír, no dejaba de ofenderme – la ropa no esta tan mal, pero el cabello – negó con la cabeza – parece que una vaca te lamió la cabeza – lanzó una carcajada de su propio chiste y no pude evitar sonreír – a ver que te arregle – sin darme tiempo a decir nada comenzó a pasar sus manos por mi cabello – ahora si pareces un Guzmán – comentó, me giré para mirarme al espejo, mi cabello estaba parado hacia todos lados, lucía intencionalmente despeinado. Era genial, pero ese no era yo. Igual no tuve tiempo de corregirlo, Mateo me arrastraba por el pasillo de nuevo - ¿te gustan las motos? – me preguntó y yo me horroricé, odiaba las motos. Pero por suerte para mi y desgracia para Mateo, Valentín nos esperaba en el garaje.
- Vamos – nos anunció subiendo a su coche, el hermoso BMW en el que Mateo me había recogido del aeropuerto. Se subió tras el volante, Teo de copiloto y yo detrás - ¿A dónde? – preguntó, Teo le dijo el nombre del club y el nos llevó sin protestar. No me imaginaba a mi padre llevándome a un club como si fuera lo más normal del mundo, pero Valentín y mi padre no tenían absolutamente nada en común. Llegamos al lugar, Valentín estacionó y me sorprendió ver que caminaba hacia la puerta con nosotros – voy a saludar a Bruno – nos explicó. Afuera la cola era larga, se notaba que el lugar era exclusivo y que no dejaban entrar a cualquiera. El portero parecía un gigante. Valentín se paró frente a él, y el hombre le sonrió.
- ¿Solo? – le preguntó mientras comenzaba a retirar la valla que prohibía el paso.
- Con mis hijos – nos señaló, el hombre pareció reconocer a Teo pero a mi me observó de pies a cabeza.
- Pasen – indicó – que se diviertan.
- Gracias – dijo Valentín y entró, nosotros lo seguimos. Adentro el lugar era alucinante, había visto sitios así en las películas, pero jamás me imaginé estar dentro de uno. Caminamos en medio de las personas, era increíble como las mujeres miraban a Valentín y lo mas increíble era que el no miraba a ninguna. Y había algunas que merecían la pena una ojeada. Llegamos a lo que supuse era la zona VIP, otro gorila nos dejó entrar apenas lo vio. Y ahí era mucho mejor que afuera.
- ¡Teo! – alguien gritó y nos giramos, vi a una chica rubia correr hacia nosotros, era hermosa, perfecta. Se le colgó del cuello a Mateo y él algo incomodo la dejó en el piso.
- Hola Alba – dijo sin mirarla si quiera – el es Bautista, alias Cristóbal – me señaló – ella es Alba, hija de Milagros y Abel – recordé a su madre y noté el inmenso parecido.
- Hola Bauti – dijo coqueta, yo me puse rojo y me ahogué con mi saliva antes de poder responder. Ella me miró extrañada y Teo rió por mi estupidez.
- Vamos – dijo Teo y seguimos avanzando hacia una mesa donde había unos jóvenes, de diferentes edades – El es Bautista – me sujetó de los hombros colocándome frente a la mesa, todos callaron y me miraron – preséntense ustedes – dijo y se alejó dejándome solo en medio de esos extraños.
- Bauti – un hombre rubio se puso de pie sonriendo – mi nombre es Rubén – se presentó – soy hijo de Patricio, somos primos – asentí mientras lo miraba, tenia mas o menos treinta años, era rubio y guapo, casi tanto como su padre.
- Y además es tu cuñado – otro se puso de pie – el pervertido se caso con tu hermana Elena – el se apenó y yo me sorprendí, según entendía eso se llamaba incesto y era ilegal. Uno a uno los hombres se fueron presentando y me hicieron un lugar en la mesa, me preguntaron algunas cosas pero supongo que al notar mi falta de vocabulario comenzaron a hablar entre ellos, hablaban de sus trabajos, sus novias, esposas o conquistas. De deportes y yo solo me limitaba a escuchar y asentir cuando me preguntaban algo. Me sentía muy fuera de lugar entre ellos. En teoría compartía genes con la mayoría, pero no teníamos ni un punto en común. Ellos eran como sus padres, guapos, exitosos y muy seguros de si mismos. Paseé mi vista por el local y me encontré con la imagen de Alba, que tenia el seño fruncido con los clavados en algo, busqué lo que ella miraba y me encontré a Mateo muy acaramelado con una chica en un rincón, se besaban y tocaban sin ningún pudor.
- Teo es un ganador – comentó uno de la mesa, era Baltazar, hijo de Milagros, hermanos de Alba y novio de Irina si no me equivocaba – aunque esa chica es algo fácil.
- Para él todas son fáciles – comentó su hermano Luciano, que por alguna extraña razón no me agradaba. Puede que sea por el hecho de que miraba a todo el mundo como si fuéramos muy inferiores a el o por haberme enterado que hace unos años se había acostado con Victoria. O quizás por las dos cosas. La charla se centró en Teo y en su facilidad para conquistar mujeres de todas edades y condiciones. Ellos estaban muy orgullosos de su primo. Al final me relajé y disfruté de la noche, resultó que me terminaron agradando mis nuevos primos. A pesar de su aparente pedantería eran buenas personas, además ellos no tenían la culpa de ser guapos, ricos y exitosos, solo les había tocado nacer así y aprendieron a vivir con ello. De a poco se fueron despidiendo hasta que me quedé solo con Rubén, de todos era el que mas me agradaba, aunque me parecía un poco extraño que estuviera con su prima, pero yo no era nadie para juzgarlos.
- ¿Cómo la llevas? – me preguntó sonriendo, solo elevé los hombros – Elena me contó que te querés volver a México – asentí – estuvo todo el día llorando – lo que me faltaba que alguien mas me amenazara por hacer sufrir a su esposa – pero le expliqué que es normal que te sientas así – eso no me lo esperaba – créeme Cristóbal yo se lo que es sentirse fuera de lugar todo el tiempo – suspiró – nuestra familia es genial - comenzó su relato – los abuelos, los tíos, cada matrimonio es perfecto y son todos excelentes padres – yo solo lo escuchaba atentamente – menos los míos – me miró serio al decirlo – mi madre es una despreocupada, era muy inmadura y egoísta cuando yo era niño y ni hablar de mi padre, a mi me criaron mis abuelos, y no me quejó son geniales, pero imagínate crecer en una familia donde todos tus primos tienen a sus padres que los cuidaban, acompañaban incluso regañaban y yo solo tenia a mi abuelos. En mas de un cumpleaños ninguno de los dos llegó porque estaban de fiesta o recuperándose de una – eso no me lo imaginaba – y para el colmo de males me enamoré de mi prima – se sujetó la cabeza con las manos – les llevó un tiempo aceptar lo nuestro, y no todos lo hicieron. El abuelo me mira feo cada vez que estamos cerca, Lucas igual - lo supuse, no debía ser fácil enfrentarse a su familia de esa forma, pero parecía un hombre íntegro y tenía que admitir que pegaba con Elena.
- No voy a irme – dije luego de digerir todo lo que me había contado – extraño a mis padres y a mi hermana pero entiendo que tengo que darles una oportunidad, además de a poco como que me va agradando estar aquí.
- Y no te vas a arrepentir – me prometió – somos una familia excepcional, ya lo vas a ver.
- Empiezo a hacerlo – respondí.
- Tenemos que recuperar el tiempo perdido – dijo mientras se ponía de pie – no sabes las cosas que hubiéramos compartido si crecías con nosotros – me saludó con un abrazo – es un gusto que estés de vuelta, nos vemos pronto – y se fue. Me quedé solo en la mesa, meditando sobre todo lo que había vivido los últimos días y pensando como hubiera sido mi vida de haber crecido con ellos. Seguramente ahora estaría en el lugar de Mateo. Suspiré al imaginarme a mí como un chico seguro y desinhibido, la sola imagen me hizo reír.
- De verdad te vendría bien un psicólogo – Teo me sacó de mis pensamientos – vivís dentro de tu cabeza – mientras hablaba negaba con la cabeza.
- Campeón – Bruno llegó con Valentín y abrazó a Teo por los hombros - ¿Cómo lo pasaron? – Preguntó sonriendo y luego notó el labial en la blanca camisa de mi hermano y que la tenia mal abotonada – parece que muy bien – comentó y los tres rieron – ¿Y vos Bauti? – me preguntó - ¿o tengo que decirte Cristobal?
- La verdad no me molesta que me digan Bautista, pero puedo tardar un poco en darme cuenta que me hablan a mí, estoy acostumbrado a Cristobal – dije sincero, ya que había sido el momento mas agradable de los últimos días – el lugar es lindo – comenté - parece salido de las películas.
- Si, si – comentó orgulloso – me voy superando con cada uno – al parecer tenía varios.
- Buenos idiotas – Valentín interrumpió – vamos antes que su madre nos asesine – se giró para salir y una mujer se le acercó, con claras intenciones de llevárselo a la cama, le posó las manos en el pecho.
- ¿Querés dormir conmigo? – me sorprendió su descaro, pero Teo y Bruno miraban la escena divertidos.
- Para nada – dijo Valentín y se la sacó de encima casi con asco, la mujer lo observó entre ofendida y enfadada, pero él no se disculpó, caminó hacia la salida como si fuera el dueño del mundo, logrando que las personas le dejaran el paso libre sin que se lo pidiera siquiera. Teo y yo saludamos a Bruno y lo seguimos, pero a nosotros nos tocó esquivar y empujar personas en el camino para poder salir.
El regreso a casa fue en silencio, pero no me sentía incomodo, todo lo contrario. Observaba a Mateo y a Valentín, tenían incluso los mismos gestos para algunas cosas, notaba que sujetaban el volante igual. No compartían sangre, pero no podían negar que eran padre e hijo, con solo mirarlos se notaba lo unidos y parecidos que eran. Y otra vez el extraño pensamiento de que podría ser yo el que ocupara el asiento de copiloto en lugar de Mateo ocupó mi mente y no podía ponerle nombre al sentimiento que me embargaba por ello.