CAPITULO III - CELOS Y ENVIDIA

4994 Words
Así como si nada llegó el día lunes, y por consiguiente debía asistir a clases, no había estado en mi planes originales, pero la realidad es que debía ir al colegio para poder graduarme. El uniforme no me gustaba, porque se me veía mal, con el parecía mas flaco todavía. A Teo le quedaba pintado, además de que tenía esa actitud rebelde y desinteresada que hacia que cualquier cosa se le viera bien. Me molestaba un poco que la misma ropa se viera tan diferente en nosotros, y no podía dejar de compararnos y yo siempre salía perdiendo. Nos llevó el chófer, en un lujoso coche n***o. Pensé que nos veríamos ridículos saliendo de este, pero al llegar me di cuenta que no éramos los únicos. Los estudiantes que no tenían coche propio llegaban en uno similar al nuestro y en algunos casos hasta el chófer les abría la puerta, no fue nuestro caso, porque creo que hubiera muerto de la incomodidad con eso, ya viajar en el coche de esa forma era muy surrealista, solo había visto cosas así en la TV, jamás pensé que podía ser mi realidad. Comprendí que estaba en un colegio de niños ricos, y me preparé mentalmente para pasarlo mal, en mi antigua escuela, los chicos de las familias más pudientes, que no le llegaban ni a los talones a los Guzmán, se metían conmigo, pensé que allí sería peor incluso, porque todos eran millonarios y yo era un extranjero que no encajaba. Teo caminaba por el medio del pasillo como si fuera el dueño, todos lo miraban, yo iba casi detrás suyo, intentando hacerme invisible, cosa que no suponía un gran esfuerzo porque al lado suyo yo era insignificante, pero me sentía menos inseguro usándolo de escudo, por lo menos parecía que con él a mi lado no sería acosado. Fuimos a donde la secretaría para registrarnos, Teo también era nuevo porque había sido expulsado de su anterior colegio, y por casualidad o no estábamos en el mismo curso. Al llegar al aula esperamos al frente que el profesor llegara. Todos los alumnos que entraban nos miraban curiosos, las mujeres le sonreían a Teo, pero el las ignoraba, igual que su padre lo había hecho la noche del sábado, eran muy similares para no ser familia de sangre. - Buenos días – un hombre muy mayor ingresó al salón, deduje que estaba en sus últimos años de enseñanza, los alumnos se acomodaron en sus lugares – tenemos dos compañeros nuevos – observó a Mateo – no tan nuevos en realidad – risas inundaron el salón – señor Guzmán espero que se comporte este año – Teo asintió serio, al parecer no era la primera vez en ese colegio. - No se preocupe señor – dijo con una solemnidad no propia de él – voy a ser un estudiante ejemplar – el hombre no le creyó. - Preséntense – dijo. - Mi nombre es Mateo Guzmán – dijo el con una sonrisa que hizo sonrojar a todas nuestras compañeras – tengo diecisiete años, soy de piscis, mi color favorito es el azul y amo las milanesas – hizo una cómica reverencia y logrando que todos rieran, incluso el profesor. - Seguí – me dijo el hombre, pero yo estaba petrificado, no podía abrir la boca, Teo me miraba esperando algo de mi parte, pero yo apenas podía respirar. - El es Cristóbal Guzmán – me presentó – tiene 17 años y es de escorpio y un poco tímido – la sorpresa inundó los rostros de todos – y si somos hermanos, pero no gemelos ni mellizos – otra vez Teo aclaraba las dudas de todos sin que se lo preguntaran – el es hijo biológico de mis padres, que lo creían muerto y yo soy adoptado – la naturalidad con la que hablaba era sorprendente - ¿preguntas? – una chica rubia levantó la mano – no tengo novia muñeca – respondió guiñándole un ojo, ella se puso roja, pero sonrió igual que las demás. - Busquen un lugar – dijo el profesor – y no molesten – no nos sentamos juntos, había dos alumnos en medio de ambos. Las primeras clases se me hicieron eternas, Teo se presentó y me presentó en cada una, y para la hora del almuerzo ya todos sabían quienes éramos. - ¿Estudiaste aquí antes? – la respuesta era obvia, pero quería mas información. - Casi toda la primaria – me dijo luego de tragar su bocado – me corrieron por golpear a un profesor. - Tiendes a hacer eso – comenté. - No te confundas nene – cuando me dijo nene me recordó a Valentín – solo golpeo a quien se lo merece, y el se lo merecía – asentí no muy convencido, Mateo tenia pinta de ser el típico matón, que usaba su fuerza para intimidar y reinar, había conocido a un par así, además que en las películas el chico guapo y millonario era un idiota, y ya que hasta ese momento todo parecía sacado del cine, supuse que así sería, aunque hasta el momento no tenía demasiada evidencia de respaldo, pero no tenía suficiente tiempo de conocerlo como para poder afirmar o negar algo. Almorzamos juntos toda la semana, en realidad hacíamos juntos todo. El jueves por la tarde teníamos deportes todos los chicos de último año, fuimos al gimnasio y mi sorpresa fue enorme al ver a Valentín frente a nosotros con ropa deportiva y un silbato en el cuello. - ¿Qué hace aquí? – pregunté a Teo. - Es el entrenador – dijo como si nada – pensé que lo sabias – negué con la cabeza – tenemos que aguantarlo aquí también. - ¿Algo interesante para compartir? – Lo teníamos frente a nosotros, con la mirada fija – ahora no hablan – comentó con ironía. - Lo siento – dije apenado, Teo bufó. - Yo también – dijo él – a correr afuera – señaló el patio exterior, y de solo verlo me hizo frío, afuera helaba. - Está helando – se quejó Teo – nos vamos a enfermar. - Si no salís a correr olvídate de estar en el equipo – le dijo seguro. - Papá – quiso decir Teo. - Aquí no soy tu padre Mateo – lo regañó elevando la voz – soy tu profesor y no me gusta que hablen cuando yo hablo en mi clase, así que a correr – Teo lo dudó, observó el exterior y luego a su padre, y pisoteado el piso y maldiciendo por lo bajo obedeció. Ahora todos me miraban a mí, honestamente no me interesaba entrar en el equipo, era muy probable que no me seleccionaran de todas formas, pero si no iba quedaba como un cobarde delante de todos, además de que había sido mi culpa. Suspirando y con la cabeza gacha caminé hacia fuera. El frío era peor de lo que parecía. Teo iba por el otro lado así que esperé que llegara hasta mí y corrí a su lado. - Es un maldito – me comentó – lo hace a propósito, para que no piensen que nos va a tener preferencias – eso no lo había considerado – todos estaban hablando – no dije nada porque no me había percatado, pero me parecía algo que Valentín haría, igualmente no podía correr y hablar porque me moriría, como no respondí Teo siguió en silencio, aunque de vez en cuando lanzaba una maldición al aire. Debo decir que el chico tenía un amplio repertorio de groserías en su vocabulario. No se cuanto tiempo llevábamos corriendo, yo tenia todo el cuerpo entumecido por el esfuerzo y el frío, hasta que escuchamos el silbato. Valentín estaba en la entrada y nos hizo señas para que entráramos. No lo pensamos dos veces. Teo corrió hacia la puerta, pero yo ya me había exigido al límite y solo pude arrastrar los pies. Al entrar en el vestuario algunos se cambiaban y otros se duchaban. No pude evitar escuchar que unos chicos se burlaban de Mateo, a sus espaldas claro, sobre que un conocido de ellos le había quitado la novia, porque Teo era un idiota incapaz de mantener a una mujer satisfecha. No dije nada al pasar a su lado, no consideré que fuera mi asunto meterme con ellos, además que no estaba enterado del tema. Teo estaba en la ducha, al parecer había escuchado todo, porque tenia la mandíbula apretada y el seño fruncido. Pero no me habló, ni yo tampoco. Cuando terminó fue a vestirse, sin dirigir la palabra a nadie, pensé que se iría a los golpes, pero no. Yo me quedé bajo el chorro de agua caliente intentando que mi cuerpo regresara a su temperatura – te espero afuera – me dijo antes de salir, yo solo asentí en silencio. - ¿Cómo te trata tu nueva familia? – un chico me habló mientras me vestía, era rubio y parecía simpático. - Bien – dije simplemente. - Espero que no te ofendas – otra vez esa frase idiota – pero tu mamá esta buenísima – el tono que utilizó y el gesto que puso en su rostro no me gustaron para nada, pero no dije nada, Victoria era una mujer hermosa, pero no era mi deber defenderla. - Tranquilo – respondí – no me ofende, todavía no la considero mi madre – lo dije porque así lo sentía en esos momentos, no podía negar que de toda la familia ella me agradaba más que el resto. Victoria me había traído al mundo, pero mi madre vivía en México. El sonrió por mi respuesta. - Soy Alejandro – se presentó – el es Matías – señaló a otro chico – y el Fabricio – los tres estaban en mi clase - ¿vas a unirte al equipo? – quise responder pero no me dejaron. - Si se lo pedís a tu papá seguro que te deja – Matías habló – lo mejor que te puede pasar en el colegio es ser parte de algún equipo – asentí - y el de fútbol obviamente es el mejor. - Voy a pensarlo – dije - pero era mentira, los deportes no eran lo mío, había intentado jugar antes, pero era muy malo y lo deje. - Genial – respondió Alejandro, que parecía el líder de los otros dos - ¿vamos a dar una vuelta querés? – Abrí los ojos al escucharlo – así nos conocemos y te mostramos la ciudad. - Tengo que avisar – respondí, no sabía si tenía que pedir permiso o algo, por general siempre que salía era con Mateo y el se encargaba de notificar en la casa. - Avísale al idiota de Mateo – dijo Fabricio con verdadero odio – él le puede avisar a tus padres. - ¿Puede venir con nosotros? – pregunté ingenuamente y los tres me miraron serios. - Cristóbal no queremos relacionarnos mucho con él y vos tampoco deberías – Alejandro habló y me sorprendió – no es una buena compañía, entendemos que es tu hermano o la obra de caridad de tus padres – Matías y Fabricio rieron por el horrible comentario – pero Mateo es malo, es un resentido que disfruta maltratando a los demás – no pude defenderlo, porque esa es la imagen que tenia de él en mi mente, y que ellos me lo dijeran confirmaba mis sospechas. - Está bien – respondí y los cuatro salimos de los vestuarios. Teo y Valentín me esperaban fuera – voy a dar una vuelta con ellos – le avisé a Valentín que me observó confundido - ¿está bien? - Supongo – dijo no muy convencido – avísame si querés que te busque. - Yo lo llevo a casa entrenador – respondió Alejandro con falsa cordialidad – nos vemos. - Nos vemos mas tarde – saludé, Valentín elevó la mano pero no miré a Teo, no me atreví. Salí con mis nuevos “amigos” y subimos al deportivo de Alejandro. Recorrimos las calles y luego terminamos jugando al pool en un bar. Ellos bebían cerveza, a pesar de que estábamos entre semana y de que eran menores de edad. Pero al dueño solo le importaba el dinero, y ellos tenían mucho. Hablaron de mujeres, de fútbol y del colegio. Alguna que otra vez mencionaron las fantasías que tenían con Victoria, cosa que cada vez me molestaba más, pero jamás les reproché. También utilizaron el tiempo para darme sus opiniones de Mateo, que sorprendentemente correspondían con lo que yo pensaba de él. Como a eso de las once de la noche me dejaron en la casa y apenas entré vi a Victoria que me esperaba en la escalera, al verme se puso de pie y caminó hacia mí. - ¿Estas bien? – me preguntó muy preocupada no se porque, yo asentí con la cabeza – me preocupé mucho – dijo suspirando, luego me abrazó por los hombros - ¿hambre? – Negué ya había comido una hamburguesa - ¿la pasaste bien? - Si – por fin una palabra salía de mis labios – estoy muy cansado – ella asintió con una sonrisa – me voy a dormir – me besó en la frente. - Que descanses – subí las escaleras corriendo y me metí en mi habitación. Al acostarme pensé en mi día, había sido de lo mas extraño. Nunca me imaginé a mi mismo siendo acogido por los populares del colegio, porque en México era todo lo contrario, pero al parecer mi posición en Argentina había cambiado. Pensé en Mateo, pero si lo que Alejandro y sus seguidores dijeron era verdad, no quería tener nada que ver con él. Además que nosotros no teníamos nada en común, éramos como el agua y el aceite. Al día siguiente fuimos juntos a clases, Teo apenas me dio los buenos días y luego no me dirigió la palabra el resto del día, eso me ahorró el tener que ignorarlo, porque no sabía como hacerlo. A la hora de la comida yo me senté con mis nuevos amigos, y vi que Teo se sentaba solo en una mesa, al parecer nadie se le quería acercar, y eso me hacia suponer que mis nuevos amigos tenían razón en lo que me contaban, que Mateo era un matón. Pasaron unas semanas, yo me sentía un poco mejor, pasaba todo mi tiempo libre con Alejandro y su grupo de populares, con Mateo casi no hablábamos nunca. En casa solo Victoria era atenta conmigo, al parecer a Valentín no le gustaba que le hiciera el vacío a su hijo, y eso me molestaba porque su hijo era yo, Mateo solo era alguien que había llegado a la casa para llenar mi vacío, pero claro no podía decir eso, solo era algo que pensaba y me hacía sentir muy enojado. Era ilógico que lo quisiera más que a mí, pero así era, quizás al gran Valentín Guzmán no le gustaban los débiles y poco atléticos como yo. Por insistencia de mis compañeros había entrado al equipo de fútbol, mi prueba había sido desastrosa, pero igual quedé, era obvio que Valentín me dejo quedar porque era su hijo. Mateo ni siquiera lo intentó, a pesar de lo mucho que Valentín le insistió, alegando que era un desperdicio que con su talento no se uniera a su equipo. El le respondió diciendo que no quería soportarlo en los entrenamientos, pero yo sabía que el motivo real se debía a que varios de los chicos del equipo lo querían allí. Estaba un día en clase de literatura cuando comenzó a cambiar la percepción que tenia de Mateo. - ¡Guzmán! – El profesor llamó y ambos lo miramos – Mateo Guzmán – se corrigió – al frente – Teo suspiró y se colocó donde le indicaban – quiero que leas esta poesía – le entregó un papel. - No puedo hacerlo – respondió Teo por lo bajo – no puedo leerlo. - ¿No sabes leer? – le preguntó fuerte el profesor y toda la clase rió. Teo se tensó por la vergüenza que estaba pasando. - Si sé, pero no puedo – respondió muy calmado. - Necesitas la nota Mateo – dijo el hombre. Teo suspiró y tomó la hoja, comenzó a leer y las risas no se hicieron esperar, leía como un niño de jardín de infantes, y confundía algunas letras - ¿Cómo podes estar en el último año sin saber leer? – el hombre le arrancó la hoja y le dijo esto molesto – el dinero de tus padres te compró el titulo secundario – afirmó. - Aprobé por mi mismo todos los años – se defendió Mateo – y si se leer pero me cuesta hacerlo. - ¿Tenés pánico escénico? – preguntó el hombre con burla. - Tengo Dislexia – le respondió Teo – si no me cree busque mi legajo – el profesor se quedó mudo, sabia que había metido la pata y que si Mateo lo acusaba podían hasta despedirlo, porque en un colegio como ese, todas las particularidades de los alumnos debían ser tenidas en cuenta, para eso los padres pagaban tanto dinero – me cuesta leer letras tan pequeñas, por eso no puedo hacerlo en voz alta frente a la clase. - Siéntate – le ordenó el profesor. Yo no tenia idea de eso, y el profesor tampoco porque era nuevo en el colegio. Nuestros compañeros obviaron la explicación de la dislexia y se dedicaron a jugarle bromas a Mateo por sus problemas con la lectura. Las chicas no participaban pero todos los chicos lo llamaban de tonto para abajo. Y yo seguía sin meterme, no participaba, pero tampoco lo defendía. Ese día Teo no almorzó solo por primera vez desde que habíamos llegado al colegio un grupo de tres chicas se sentaron con él. Una iba a nuestra clase y las otras dos creo que un año menos. Eran las típicas ñoñas, ni bonitas, ni sexys, ni populares. Por la tarde tuvimos educación física en el patio cerrado, por lo general el equipo entrenaba por separado de los demás, pero ese día llovía y nos juntamos todos. - Vamos a aprovechar para un partido amistoso – nos dijo Valentín – el equipo titular contra el resto de la clase – Alejandro era el capitán del equipo y seleccionó a quienes jugarían, a mi no me escogió. El otro grupo nombró a Mateo su capitán y el formó su equipo. Se colocaron en el campo de juego y luego de que Valentín hiciera sonar su silbato comenzaron. Yo pensaba que el equipo titular le pasaría por encima a los demás, pero la habilidad de Mateo y otros dos chicos de su equipo no tenia comparación con Alejandro y los suyos. A los veinte minutos ya le ganaban con dos goles de ventaja y ni si quiera se habían esforzado. Alejandro estaba enfurecido y Mateo disfrutaba, era la primera vez que lo veía tan relajado y así no me parecía tan malo. Preso de la impotencia, Matías le entró muy deslealmente a un chico del equipo de Teo, un tal Ramiro que era de la otra división del último año. Valentín paró el juego. - Marica no fue para tanto – Matías le dijo despectivamente al chico que estaba tirado en el piso, y no me gustó su tono, si bien Ramiro era algo afeminado no tenia porque llamarlo así – levanta que no te hice nada nenita. - Déjalo tranquilo – la voz imponente de Mateo hizo que Matías retrocediera unos pasos, pero como tenía a todo su equipo de respaldo le hizo frente – dame la mano Ramiro, vamos a la enfermería – ayudó amablemente al chico a levantarse. - Que linda pareja hacen – dijo Alejandro – yo suponía que eras un maricón Mateo – todos rieron – por algo mi prima te puso los cuernos – Teo ni siquiera se giró a mirarlo, siguió su camino a la enfermería y yo por primera vez me pregunté si no había escogido el lado equivocado, pero cobarde e inseguro como era, preferí quedarme con los populares, no tenia ganas de volver a ser un marginado como lo había sido toda mi vida en México. Me sorprendió que Valentín no interviniera en la disputa, si bien su rostro era serio y miraba con desaprobación a Matías y Alejandro, no les dijo nada. No volvimos a jugar, corrimos un poco, hicimos flexiones y abdominales y luego a las duchas. Teo vino a los vestuarios cuando casi todos estábamos terminando de vestirnos - ¿ya se fue tu novia? – preguntó Alejandro, pero Teo no reaccionó, simplemente tomó su toalla y se fue a duchar. Los demás siguieron burlándose de él, casi a los gritos para que los escuchara. Yo sonreía de vez en cuando, solo para aparentar, pero no estaba disfrutando con aquello. Me tardé a propósito para esperar a Mateo, cuando salió y me vio me trató igual que a los demás, como si yo no existiera. - Teo – lo llamé, pero no me miró, tomé coraje y le hablé igual – quería decirte que no comparto lo que mis amigos dicen de ti – siguió en silencio – ni siquiera me gusta la forma en que tratan a los demás – por fin me miró. - No te disculpes Cristóbal – me dijo – entiendo que prefieras ser de los populares, no todos somos capaces de estar del otro lado y a la primera oportunidad que tienen se vuelven unos idiotas – me ofendió pero no dije nada – no estoy enojado con vos, sos dueño de tener los amigos que quieras – asentí – pero no seas tan hipócrita de pensar que porque no participas en sus bromas no sos como ellos – nunca nadie me había llamado hipócrita – tu caso es peor, porque te crees muy bueno y justo pero la verdad es que sos incapaz de reclamar a tus amigos cuando hacen algo que sabes que es incorrecto. - Eso no es verdad – dije para defenderme. - ¿Te parece correcto que encierren a los chicos de primer año en los casilleros? – No respondí - ¿o que golpeen y maltraten a los afeminados? – claro que no me parecía correcto, por eso no lo hacia - ¿no te molestan las obscenidades que hablan de mamá? – no respondí, el negó con la cabeza – yo creí que eras distinto nene – había desilusión en su tono – pero sos como esos cabeza hueca que solo viven de las apariencias. - No Tenés derecho a hablarme así – dije molesto y con un tono elevado para mi sorpresa y la de Teo - ¿piensas que es fácil llegar a un lugar donde no conozco a nadie y empezar una nueva vida? – el me miraba fijo – toda mi vida fui un marginado, siempre se metieron conmigo y cuando tuve la oportunidad de encajar y ser popular la acepté – respiraba agitado – vos nunca tuviste esos problemas, sos guapo, rico, fuerte, nadie se mete con vos. - ¿Sos ciego? – Me gritó – todos se meten conmigo, desde que llego a este lugar que escuchó los insultos que me dedican ¿de que estas hablando? - Seguramente te los mereces – se me escapó. - Yo me los merezco y vos no – yo estaba alterado y su calma me desesperaba – vos no tenés idea de lo que yo siento. - Tu vida es perfecta – le dije con odio. - Mi vida es una mentira – respondió de la misma forma y se fue, sin darme tiempo a reaccionar a lo que me había dicho. Terminé de cambiarme y me fui. A partir de ese día mi relación con él terminó del todo, ni siquiera íbamos juntos a clase. El chófer me llevaba a mi y por lo que supe Teo se iba caminando o en bus. En la casa todos notaron nuestro distanciamiento pero nadie dijo nada. - Vamos a dar una vuelta – Valentín me esperaba a la salida del colegio y no me pude negar, no era una pregunta. Subimos a su coche y se puso en marcha. No habló nada durante el camino que recorrimos hasta el cementerio de la ciudad. No pregunté que hacíamos ahí, pero me parecía de lo mas extraño. El detuvo el coche y bajó, yo lo seguí hasta una tumba y cuando vi el nombre en la placa entendí un poco, era mi supuesta tumba – no se si lo habrás notado – dijo – pero estoy algo enojado con vos – si que lo había notado, asentí con la cabeza – no se cual es tu problema con Mateo y no me voy a meter – siguió – si no se llevan bien no puedo obligarlos – suspiré aliviado por ello – solo voy a decirte una cosa que aprendí a lo largo de mi vida – me miró a los ojos, eran unos ojos grises que parecían nubes de tormenta – no hay nada mas importante en el mundo que la familia – asentí – y la familia no se limita a un lazo de sangre – negó con la cabeza – mi padre me mando al hospital a golpes – eso me sorprendió – yo casi lo mato de la misma forma – con cada palabra me sentía mas intimidado por ese hombre – mi hijo quiso matarme a mi y a Victoria, y yo casi lo mato a golpes también y no puedo prometer no hacerlo de nuevo si se me pone al frente porque para mi un ADN compartido no significa nada – hizo silencio unos minutos – el amor de familia lo encontré con Armando y sus hijos, Victoria me enseñó lo que era amar y dejarse amar y mis hijos – me señaló – son el resultado de todo ese amor – asentí – lloré como un condenado cuando te creí muerto Bautista, todos lo hicimos, pero aprendí a sobrellevarlo y tu reaparición me dio felicidad, no lo niego – suspiró antes de seguir – pero por el momento vos sos solo un extraño que vino a mi casa a hacer infelices a mi esposa y a mi hijo – quise decir algo – no pretendo que nos quieras, pero tampoco voy a tolerar que nos desprecies de esa manera. Puede que yo me lo merezca, no soy la mejor persona e hice muchas cosas de las que no estoy orgulloso, pero tu madre es la mujer más maravillosa del mundo, y no se merece que la ignores todo el tiempo. - No la ignoro – dije con un hilo de voz. - Hace mas de un mes que vives con nosotros y no te has acercado a ella – era cierto, pero no sabia como – y ella ha intentado de todas las maneras posibles acercarse a vos – suspiré – y Mateo tampoco se lo merece – quise decirle que se equivocaba pero no me dejó - ¿vos piensas que yo no se lo que dicen de el en el colegio? – Suponía que no lo sabía – no me sorprende para nada lo que esos chicos hacen, la envidia es un motivante muy poderoso que puede llevar a las personas desquiciadas a realizar actos muy malvados. - ¿Envidia? – pregunté confuso, y el sonrió con soberbia. - Envidia, lo que sentís cuando ves a tu hermano – yo no le tenia envidia a Mateo – el no tiene la culpa que ser atractivo, ni bueno en los deportes, tampoco tiene la culpa de tener una forma de ser que lo hace agradable a los demás – eso no era verdad – no lo niegues la primera persona con la que te sentiste cómodo aquí fue con el, y a todo el mundo le pasa lo mismo, pero te dejaste llenar la cabeza por esos desgraciados y decidiste creerles que el era malo. - Vos mismo dijiste que lo expulsaron del colegio por pelearse, es un matón, un abusivo – rió con ganas. - Yo era un abusivo – me dijo – todo lo que vos y tus amigos hacen en el colegio lo hacia yo, Mateo se mete en problemas porque tiene la necesidad de defender a los débiles – eso no podía ser verdad – Teo jamás atacó a alguien sin motivo, todas la peleas que tuvo fueron por reclamar algo que el consideraba injusto. - Yo – pronuncié, pero no sabia que decir. - No te disculpes conmigo y ni siquiera lo hagas con él si no lo sentís – la frialdad y la dureza de su voz me congelaban la sangre – solo espero que cuando te des cuenta de las cosas no sea demasiado tarde para recomponer su relación – agaché la cabeza avergonzado, pensando que a lo mejor si era demasiado tarde – y deja la envidia y los celos, los dos son nuestros hijos y tienen los mismos derechos, vos solo tenés que dejarnos que te lo demostremos – no me dejó responder nada porque ya caminaba de regreso al coche, lo seguí casi corriendo. El camino a casa fue en silencio, yo tenia mucho en que pensar y aunque me costaba admitirlo Valentín tenia razón, envidiaba a Mateo, su físico, su carisma, la relación con sus padres, con sus hermanas y con el resto de la gente. Ese era el motivo por el que me había dejado influenciar por Alejandro, quería creer que el no era tan perfecto. Me maldije internamente por mi debilidad e insensatez, porque si era honesto Teo jamás me había tratado mal, todo lo contrario, desde el día que nos conocimos en el aeropuerto no hacia mas que ser atento conmigo. Me propuse buscar su perdón y dejar de ser tan idiota en el proceso.
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