CAPITULO IV - MATEO - primera parte -

3646 Words
Las palabras de Valentín calaron hondo en mí, porque tenía razón en todo. Mateo no había hecho mas que acercarse a mi y hacerme sentir cómodo. Sin que nadie se lo pidiera había compartido todas sus cosas conmigo, incluso su familia y yo le había pagado de la peor manera y todo por mis estúpidos celos. Daba vueltas en la cama sin poder dormir, la conciencia me pesaba y mucho. Imaginé que habría sucedido si la situación fuera al revés. Si mis padres trajeran un hermano que fuera como él. Probablemente le hubiera hecho sentir que era un intruso en mi casa y que no era bienvenido. La verdad es que los chicos como él nunca me agradaron. Tan guapos que con solo una sonrisa tienen a sus pies a la chica que desean. Con dinero para poder comprarse todo y tener de manera fácil lo que a la mayoría nos cuesta sacrificio. Por lo general todos eran engreídos y narcisistas, con un ejercito de tontos siguiéndolos a todos lados. Pero aunque no quisiera reconocerlo él no era así. Estaba solo en el colegio, las chicas lo buscaban pero el no le hacia caso a ninguna. Y para el colmo era tan agradable que me sentía un idiota por haberlo tratado mal. Pero es que me parecía injusto, algún defecto tenía que tener, no podía ser tan perfecto. Quise convencerme que a lo mejor todo era una mascara que mostraba a su familia, que en realidad no era bueno y que lo que decían en el colegio de él era verdad. Mi mente le encontraba mas sentido a eso. Pero de nuevo resonaban en mi mente las palabras de Valentín. Claro que él era su padre y veía solo las cosas buenas, además de que los dos eran iguales, así que seguramente para él estaba bien que Mateo fuera así e hiciera las cosas que hacia. La mañana siguiente me levanté cansado, había dormido muy poco, pero por suerte era viernes. Bajé a desayunar y ya estaban todos en la mesa. - Buenos días – saludé con una sonrisa. - Buenos días bebe – Victoria nada mas me respondió, tan cálida y amorosa como siempre. Aunque no entendía su manía de llamarme bebe – estamos planeando el cumpleaños de tu padre – me dijo emocionada – es la semana que viene y vamos a aprovechar para celebrar tu regreso – asentí – podes invitar a los amigos que quieras, solo avísame cuantos son. - Gracias – dije porque no se me ocurría otra cosa – mi cumpleaños es en diez días – comenté y ella se puso seria. - Tu cumpleaños es en octubre – susurró sin mirarme. - Oh – exclamé confundido, no había considerado la posibilidad de que mi fecha de nacimiento también fuera falsa, pero tenía sentido. - Pero podemos festejarlo las dos veces – dijo animada de nuevo, al parecer también le costaba acostumbrarse a las cosas nuevas - ¿Qué querés hacer? – suspiré profundamente, lo que en realidad quería hacer era ver a mi familia, pero no me atrevía a decirlo por temor a que se pusiera a llorar y Valentín me golpeara o algo – Le puedo preguntar a Lidia si quiere venir – dijo mas seria de lo normal y tal vez debí haber disimulado mi alegría en esos momentos, pero no pude y sonreí como hacia tiempo no lo hacia – eso será entonces – se puso de pie, creo que estaba evitando llorar – me voy a la oficina – besó en los labios a Valentín, a Teo en la cabeza y a mi solo me palmeó la espalda y se fue prácticamente corriendo. No me gustaba hacerla sufrir, pero no podía evitar ilusionarme con ver a mi madre de nuevo. Esperé que me regañaran, pero ninguno de los dos dijo nada. - Me voy en mi auto – dijo Teo poniéndose de pie, al parecer le habían levantado el castigo – nos vemos – ni siquiera me preguntó si quería ir con él, claro que no lo merecía, pero lo hubiera preferido a tener que viajar con Valentín. Subimos a su coche en un silencio absoluto. El encendió la radio y de vez en cuando sonreía por lo que escuchaba, pero a mí ni me miraba. Llegamos y nos bajamos para cada uno seguir su camino. - Cristóbal – Alejandro me saludó en la entrada – por fin viernes ¿no? – Comentó divertido – vamos a salir esta noche – no era una pregunta – pensamos que sería buena idea juntarnos en tu casa a tomar algo antes y después nos vamos. - Tendría que preguntar – dije tímidamente. - Mateo nunca pregunta y es mas tu casa que de él – su comentario no me gustó para nada, porque para mi era todo lo contrario pero me callé y asentí. Las clases fueron como siempre y a la hora del almuerzo me entere que más de cincuenta personas irían a la casa por la noche. Y la noticia corría rápido, al parecer yo estaba dando una fiesta. Me asusté mucho, por un lado no quería hacerles un desplante a mis amigos y por otro lado me parecía un abuso de mi parte llevar gente a esa casa que no era mía si ni siquiera tenía una buena relación con sus dueños. Desesperado busqué ayuda en la única persona que me la podría dar. - Teo – lo llamé antes que subiera a su coche, se giró y me miró serio - ¿podemos hablar? - Tranquilo no me voy a quedar en tu fiesta – sus palabras me dejaron mudo – tu amigo me pidió que no me aparezca y no tengo pensando hacerlo, no me gusta estar en un lugar donde no me quieren. - No es eso – pude decir antes de que se fuera, ya tenia la puerta abierta y un pie dentro – a mi no me molesta que estés, es tu casa después de todo – no respondió – yo no quería hacer un fiesta – abrió los ojos al escucharme y luego sonrió – no se ni como pasó – salió del coche y se apoyó en él - ¿Qué hago? - Ya no te podes echar atrás – me advirtió – eso te pasa por no abrir la boca cuando tenés que hacerlo – agaché la cabeza porque era verdad, el silencio otorga, esa frase se aplicaba a la perfección a mi persona – avísale a Valentín, no se va a molestar, pero tenés que avisarle primero. Si no va a pensar que querés pasar por encima de su autoridad y el todopoderoso no puede permitirlo – asentí – vas a tener que comprar bebidas y algo de comida – yo no tenía dinero – llama a Bruno y pídele lo que quieras, el te lo manda – yo no tenia su numero – dame tu teléfono – se lo di y el marcó unos números – ahí tenés el numero de Bruno y de un DJ muy bueno – asentí – dile que sos mi hermano y te hace descuento. - No tengo dinero – dije avergonzado. - No sos mas tonto porque no te da el tiempo – respondió divertido – tus padres son millonarios, pedí lo que quieras y no te lo van a negar. - No me sentiría cómodo – susurré y el bufó. - Trata de empezar a sentirte cómodo – sacó su cartera – toma – me ofrecía su dinero y yo me sentía la peor persona del mundo – dale – me apuró al ver que no reaccionaba. Muy avergonzado lo tomé - ¿te llevo? – se ofreció con amabilidad, no me pude negar. No entendía porque era tan bueno conmigo cuando yo no hacia mas que ignorarlo y juntarme con las personas que lo molestaban. Subimos al coche y no pude resistir más a preguntar. - ¿Por qué? – Me miró sorprendido - ¿Por qué sos tan bueno conmigo si yo te trato mal? – Teo suspiró. - Soy un tonto supongo – respondió elevando los hombros – no se como ves las cosas vos – siguió – la verdad no nos conocemos casi nada pero para mi la familia es lo mas importante en la vida – su palabras eran sinceras y de repente Mateo parecía un hombre maduro y no un adolescente idiota como la mayoría – al parecer yo hice o dije algo que te molestó, he intentado pensar que fue pero estoy sin ideas – me miró buscando una respuesta que yo no tenía – si alguna vez tenés ganas de contármelo voy a estar dispuesto a escucharte y a pedirte las disculpas correspondientes – de verdad me sentía como el peor – pero por el momento no me queda otra que darte tu espacio y esperar a que quieras retomar nuestra relación. - La verdad no me hiciste nada – dije muy avergonzado por mi comportamiento. - Lo suponía – comentó – y está bien – continuó animado – vos tenés todo el derecho del mundo a tener los amigos que quieras y no es obligación que yo te caiga bien – su madurez me sorprendía enormemente – lo que no podes evitar es ser mi hermano, quieras o no somos familia – me miró esperando un asentimiento, moví mi cabeza afirmativamente – y a la familia se la ayuda, se la cuida y se la apoya siempre, sin importar nada. Así que no te preocupes si no somos amigos, a mi me hubiera encantado pero no te voy a obligar. Solo espero que no te vuelvas como los tontos de tus amigos – ya habíamos llegado – y ahora anda a preparar tu fiesta – me ordenó sonriendo – diviértete y no dejes que entren a la habitación de los viejos – me aconsejó – Valentín puede matarte si alguien toca sus cosas o roban la ropa interior de mamá – asentí mientras caminábamos hacia la puerta. - Gracias Teo – dije de corazón. - De nada Larguirucho – respondió palmeándome la espalda – para eso somos los hermanos – y se fue a su habitación. Le pregunté a una empleada si Valentín estaba en la casa y me dijo que no aún, pero que Victoria estaba en su habitación. Lo medité unos segundos y luego me dirigí allí. Golpeé la puerta y ella me dio permiso para entrar. Estaba en su inmensa cama con una caja mirando unos papeles. - Bauti – dijo sonriente, yo no la corregí – ven – me acerqué a ella, me indicó que me sentara a su lado – mira – me mostró las fotos que tenía - este sos de bebé – tomé la fotografía y me reconocí – esta fue la última que tomamos antes de – suspiró y yo entendí. - Es muy buena – comenté. - La sacó tu padre – dijo orgullosa – saca muy buenas fotos – me enseñó otras, había mías, de mis hermanas, de Mateo y de ella. Muchísimas fotos de Victoria en diferentes situaciones. Riendo, comiendo, durmiendo, haciendo gestos obscenos con las manos – le gusta sacarme fotos – comentó enamorada, y ahí supe que el amor que Valentín le profesaba era correspondido en igual intensidad por ella - ¿necesitabas algo? – preguntó sonriente y tomé valor para decirle. - Mis amigos del colegio – comencé, las manos me sudaban y creo que me temblaba la voz – quieren hacer un reunión aquí – agaché la mirada avergonzado. - ¿Una fiesta? – preguntó emocionada y yo la observé, estaba sonriendo y dando saltos en la cama - ¿hoy? – Asentí – que emoción – no dejaba de rebotar – tenemos que preparar las cosas – de un salto llegó al piso – vamos a llamar a Bruno por la bebida y comida, ¿Cuántos son? – Quise responder y no me dejó – no importa, calculemos cien adolescentes – hablaba para ella sola, caminando de un lado al otro por la habitación – necesitamos un DJ y un poco de seguridad. - Tengo que avisarle a Valentín – dije alarmado, no quería molestarlo. - ¿Qué pasa conmigo? – su voz potente me hizo sobresaltarme y casi morir de un infarto. - Bauti va a hacer una fiesta esta noche – anunció ella sonriente, él se puso mas serio – cambia la cara que ya le dije que si. Voy a llamar a Bruno – y salió de la habitación, yo quise imitarla pero la mano de Valentín sobre mi pecho lo impidió. - Mucho cuidado – su voz calmada era mas escalofriante que sus gritos – fíjate lo que hacen esos amigos tuyos, porque las consecuencias las vas a pagar vos – asentí – y podrías invitar a tus hermanas y primos – me “sugirió”. - No tengo sus números – dije lo mas calmado que podía. - Los llamo yo no te preocupes – sonrió con malicia. Y me soltó, esa fue mi señal para largarme de ahí. Fui a mi habitación, me quite el horrible uniforme y antes de que pueda hacer nada mi teléfono sonó. Cuando atendía al número desconocido supe que era Alicia. - Nene – dijo muy animada - ¿a que hora voy? – No supe que decir – bueno no importa, da igual – se respondió ella misma - ¿puedo llevar unas amigas? – Me ahogué con mi saliva – son modelos – agregó canturreando. - Claro – respondí apenas. - Genial – exclamó – te veo mas tarde hermanito – y colgó. Estaba por meditar lo que estaba pasando cuando Victoria ingresó a mi habitación, con Alejandro detrás de ella. - Vino tu amigo a ayudarte – me anunció, y pude notar que el no quitaba los ojos del trasero de ella – tus hermanas se invitaron, seguro traen a sus amigos así que vamos a ser muchos – me comentó – ya pedí la comida y la bebida, espero que alcance. - Seguro que si – dije para calmarla. - El DJ ya está confirmado también y tu padre ya pidió la seguridad extra – hizo una mueca – es un poco paranoico cuando viene gente extraña a la casa – Alejandro asintió con una sonrisa en el rostro, estaba idiotizado observándola hablar - ¿querés que te ayude a elegir que ponerte? – preguntó ilusionada, y yo de verdad no quería pero le di con el gusto asintiendo con la cabeza. Ella entró al vestidor. - Dios – exclamó Ale – que suerte que tenés de vivir con ella. - Tiene edad para ser tu madre – lo reprimí. - Si mi mamá estuviera así de buena – dijo en un susurro. - Me parece que estas dos opciones son las mejores – Victoria regresó y colocó dos conjuntos en mi cama – elegí el que mas te guste. - Gracias – respondí. - De nada mi amor – me sujetó las mejillas y me besó la frente – si quieren algo me avisan, voy a seguir con los preparativos. - Además de linda es buena onda – siguió Alejandro mientras se acostaba en mi cama – si le digo a mis padres que voy a hacer una fiesta en casa me matan – al parecer yo no era el único al que le parecía extraño el comportamiento de esta familia – no imagino a mi madre comprando alcohol para mis amigos. - Ella es distinta – dije con cierto orgullo – pero hay algunas reglas que cumplir – me miró serio - No se pueden tocar las cosas de mi padre – el asintió – y no se puede ingresar a su habitación por nada del mundo – eso no le gusto tanto – si se entera me mata. - Que no se entere entonces – dijo con una maliciosa mirada – porque la verdad es que me muero de ganas de conocer la habitación de tu madre – se puso de pie y salió al pasillo - ¿Dónde es? – Siguió caminando y se detuvo frente a las inmensas puertas dobles – imagino que aquí – las abrió como si nada, yo estaba aterrorizado mirando a todos lados. El muy idiota ingresó y comenzó a inspeccionar – analizó la cama y por su gesto supuse que se imaginó a si mismo allí con Victoria, yo lo seguía sin decir nada. Y luego entró a su vestidor, ni siquiera yo había entrado allí. Era del doble del tamaño que el de mi habitación y tenia de todo - ¿Dónde guardara la ropa interior? – Preguntó divertido y comenzó a abrir los cajones, yo quería detenerlo pero no podía, no me atrevía - ¡bingo! – anunció y me mostró unas tangas que había encontrado. - Deja eso – pude articular, pero no me escuchó. - Ni loco, no sabes como deseaba hacer esto – su mirada era desquiciada y me disgustó mucho, ya no quería ser su amigo. - ¿Qué hacen? – la voz de Mateo nos sobresaltó, me giré a verlo y estaba serio. Alejandro empalideció – deja eso donde lo encontraste – sorprendentemente el idiota obedeció – ahora salgan de aquí – nos dejó salir del armario y luego de la habitación y en el pasillo pasó lo que no quería que pasara. Mateo tumbó a Alejandro en el piso de un certero golpe en el rostro – así aprendes a respetar a mi madre - dijo con rabia, Alejandro lo miraba aterrorizado y la sangre comenzó a brotar de su labio. - ¿Qué pasa aquí? – Valentín llegaba y vio la imagen, estaba seguro que Mateo me delataría. - Nada – dijo tranquilamente – este idiota me cae mal – señaló a Ale que se puso de pie lentamente. - ¿Ahora golpeas a la gente solo porque te cae mal? – lo regañó su padre – estas en la cuerda floja nene, deja de meter la pata. - Fue un impulso – se defendió con indiferencia - ¿a vos nunca te pasó? – preguntó con sarcasmo. - Anda a tu cuarto Mateo – ordenó Valentín – y no salgas hasta que no te lo diga. - Como ordene general – se alejó de nosotros y al hacerlo me miró con tristeza en su mirada, y ahí entendí que el jamás me delataría, pero esperaba que yo asumiera mi culpa. Pero mi cobardía pudo más y agachando la cabeza regresé a mi habitación. - Ese tipo es un animal – dijo Ale con odio - ¿Por qué no haces que lo echen a la calle? - Estás loco – pude decir, su propuesta era ridícula. - Cristóbal, Mateo es un intruso en tu casa – me aclaró – tus padres lo adoptaron para ocupar tu lugar, pero vos volviste así que sale sobrando aquí – quise decir algo pero no sabia que – estoy seguro que si le decís a tus padres que lo querés fuera lo corren, no pueden preferir a un recogido que a su propia sangre – eso me hizo pensar. No me consideraba capaz de pedirles semejante cosa pero si lo hacia ¿estaba seguro que ellos me escogerían a mi? Y la verdad es que no lo estaba y eso me molestaba. Estuvimos jugando un rato, luego me duché y me vestí con uno de los conjuntos que Victoria había escogido para mí y bajamos. Ya eran como las diez de la noche. Elena, Irina y las mellizas estaban allí. - Bauti – me saludó Elena con un gran abrazo – se te pegó el gusto de la familia por las fiestas – comentó divertida – cuando tenia tu edad hacia una cada viernes – me contó – aprovechando que papá estaba en prisión – abrí los ojos al escucharla - ¿no lo sabias? – Negué – después le decís que te lo cuente. - Cristóbal – vi aparecer a Rubén que abrazó a Elena por la cintura y me estrechó la mano sin dejar de sonreír – ya empezaste con las fiestas – me palmeó el hombro – bien hecho, hay que disfrutar la vida. - El es mi amigo Alejandro – lo presenté y noté que tenía la vista perdida en el escote de Elena, ellos también lo notaron. - Si no dejas de mirar te arranco los ojos mocoso – dijo Rubén serio, Alejandro se puso colorado y los saludó torpemente para luego alejarse – eso pasa por usar escotes – regañó a Elena que lo miró extrañada. - Esto no es un escote – se señaló la blusa, Rubén la analizó. - Para mi si – dijo firme – y para ese chiquillo también. - A esa edad cualquier cosa les llama la atención – respondió ella. El elevó los hombros dándole la razón y luego la besó en los labios, yo me sentí realmente incomodo. - ¡Delante mío no! – Valentín llegó y sujetando los rubios cabellos de Rubén lo separó de Elena – hola princesa – la abrazó - ¿Cómo estas? - Bien papi – respondió ella como si fuera una niña. Rubén blanqueó los ojos y se alejó. En ese momento ingresaron otros compañeros y me acerqué a saludarlos. En menos de dos horas el lugar estaba repleto, en su mayoría de personas que yo no conocía. Honestamente yo no lo estaba pasando bien, las fiestas no eran lo mío, pero todo el mundo se divertía. - Anda a decirle a Teo que baje – Valentín me susurró al oído – pero que no le pegue a nadie – asentí y subí las escaleras inmediatamente. Mateo jugaba con la play cuando entré. Estaba con el torso desnudo y descalzo. Continúa
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