CAPITULO VI - NUEVOS AMIGOS

4169 Words
El resto del fin de semana fue extraño, me pasé casi todo el día sábado con Teo en su habitación, el no tenia ganas de salir pero tampoco de quedarse solo, así que lo acompañe y pasamos un muy buen tiempo juntos, como hermanos, me asombraba su capacidad para perdonar y hacer borrón y cuanta nueva conmigo, pero no iba a desaprovechar la oportunidad. Valentín nos llevó comida por la noche, pero el domingo eran como las dos de la tarde y no habían rastros de comida a la vista. - Tengo hambre – me dijo Mateo, yo estaba en las mismas condiciones pero no me quejaba – supongo que papá duerme así que vamos nosotros a buscar algo de comida. - Vamos – y ambos nos dirigimos a la cocina, era extraña la quietud y el silencio que inundaban la casa, parecía la calma que antecede a una tormenta, desde mi llegada jamás había estado tan silenciosa. Mateo abrió el refrigerador y sacó todo lo necesario para prepararnos unas hamburguesas, no tenía pensado esforzarse mucho en la comida y yo no sabía cocinar demasiado, por lo que era la mejor opción. Hizo ocho lo que me parecía un exceso, pero no eran todas para nosotros. - Voy a llevarles esto a papá y mamá – me avisó - ¿me ayudas? – asentí. Preparó los platos sobre unas bandejas y subimos. Al llegar a su puerta se asomó para escuchar pero todo estaba en silencio – es mejor asegurarse antes de entrar, puede ser muy traumatizante ver a tus padres teniendo sexo – puso cara de asco y supe que lo decía por experiencia propia, interiormente recé para que nunca me pasara – ingresamos con cuidado y vimos que Valentín estaba despierto pero Victoria dormía plácidamente con la cabeza sobre su pecho y sus brazos rodeándola – trajimos comida – dijo Teo en un susurro, pero animado - ¿tenés hambre? – el asintió y se removió un poco. - Nena – removió el cabello de Victoria – hora de la comida – ella murmuró algo inentendible y se acomodó para seguir durmiendo – no me hagas despertarte Victoria – amenazó alzando la voz y ella se enderezó en la cama con el seño fruncido, pero cuando nos vio sonrió ampliamente. - Buenos días – dijo alegremente, y si no fuera porque Valentín me había contado de su depresión, yo por esa sonrisa podría jurar que era una persona muy feliz. - Buen día mami – Teo se acercó a la cama, dejó la bandeja en una punta y se sentó para darle un beso en la frente - ¿dormiste bien? – ella asintió sonriendo. Parecía una niña pequeña, demasiado tierna como para no quererla - ¿tienes hambre? - Si – dijo aun sonriente – voy a lavarme y vengo – casi corriendo entró al baño. - ¿Comen con nosotros? – preguntó Valentín saliendo de la cama para seguirla, vistiendo solo ropa interior, haciendo que me sintiera mas insignificante como hombre en su presencia, de verdad no entendía como es que compartíamos genes. Teo ni siquiera lo miró, estaba acomodándose en la cama para poder comer. - Aquí – señaló Teo un lugar en la enorme cama y yo me acerqué, le entregué la bandeja y me senté en el borde, sintiéndome algo incomodo. Teo estaba sentado casi en el centro con las piernas cruzadas. Valentín regresó del baño y se sentó a su lado en la misma postura de su hijo. Ambos se concentraron en preparar su hamburguesa y era asombroso ver los gestos que ambos repetían sin percatarse del otro si quiera, un psicólogo estaría encantado de estudiarnos, para ver como no solo la genética tenía que ver con adquirir rasgos familiares. - Da miedo ¿no? – Victoria en algún momento se había acomodado a mi lado y notó que yo los miraba, ellos levantaron la vista de su comida para saber a que se refería, pero ella negó con la cabeza y tomó su comida – siéntate mas cómodo Bauti – me pidió y no me molestó el cambio de nombre, de a poco me iba acostumbrando, muy tímidamente me descalcé y me senté como ellos, frente a Valentín y a su lado. Padre e hijo no perdieron tiempo y comenzaron a devorar su comida, Victoria lo hacia mas tímidamente y yo me sentía avergonzado, como que sobraba en ese lugar. Hasta que Mateo me miró. - Ya basta – me dijo un poco desesperado – nos miras como si no nos conocieras – me puse rojo. Valentín me miró divertido y tragó antes de hablar. - Solo te digo una cosa – me comentó – el mas lento en comer, siempre queda con hambre – lo analicé y entendí, si no me apresuraba se comerían mi parte y la verdad es que estaba famélico, así que dejando de lado el pudor me apresuré en comenzar a comer. - Me llamaron del colegio – avisó Victoria en un momento, yo me puse pálido pensando que era por algo malo, aunque no recordaba haber cometido alguna falta – quieren que de una charla vocacional o algo así a los del ultimo año – Teo y Valentín bufaron al mismo tiempo y de igual forma, no dejaban de asombrarme – no me parece mala idea – acotó tímidamente, ante la molesta mirada de su esposo. Yo no entendía nada. - A mi me parece una pésima idea – dijo serio, ella suspiró. - Yo me siento honrada porque me consideren como un modelo a seguir – el volvió a bufar incrédulo - ¿no te parezco un modelo a seguir? - Yo no dije eso – respondió, Teo y yo los mirábamos atentos – pero los dos sabemos porque te invitaron. - Deja de ser tan ridículo – dijo ella elevando la voz – eso no tiene nada que ver. - Porque no se babea cada vez que te tiene cerca ¿verdad? – ahora él elevaba la voz y yo no entendía nada. - No – respondió segura – Tomas y yo somos amigos y el ya superó su enamoramiento hacia mi – Valentín negó con la cabeza con una cínica sonrisa en el rostro – ¡eso fue hace años Valentín, ya es hora que lo superes! – Le reclamó molesta, pero él no se dejó intimidar – además no te estaba pidiendo permiso, solo te avisaba que voy a hacerlo – el hombre se puso serio en ese instante y ella sonrió complacida. Me gustaba verla así, decidida y altanera, porque verla destrozada la mañana anterior había sido como un golpe muy doloroso. Así que sonreí. - ¿Te parece divertido? – Valentín preguntó y cuando noté sus ojos en mi me estremecí, Teo sonreía detrás suyo - ¿acaso tengo cara de payaso para que burles de mi? – estaba acercándose peligrosamente a mi y yo estaba congelado. ¿Iba a golpearme? La idea me hizo temblar y casi me muero del susto cuando se lanzó sobre mí, pero no me golpeó. Comenzó a hacerme cosquillas logrando que me doliera el estomago de tanto reír. Hasta lloraba por la risa y él no paraba por más que le suplicaba que lo hiciera. Terminé en el piso respirando agitado – eso te pasa por reírte de tu padre mocoso mal educado – dijo sonriendo desde arriba, pero no sonaba molesto y no me pareció ofensivo. Como pude me senté y vi que Victoria y Teo me miraban sonriendo desde la cama. - Prometo no volver a burlarme – comenté por lo bajo – odio las cosquillas – los tres rieron fuerte. - En eso somos iguales – dijo Victoria apoyando la cabeza en mi hombro, y sorprendentemente no me molestó, todo lo contrario. - Entonces ya saben como comportarse ¿verdad? – nos desafió Valentín, yo asentí decidido y ella lo observó con soberbia. - Vos a mi no me decís que hacer – respondió poniéndose de pie sobre la cama y apuntándolo con el dedo – tenés nueve hijos a los cuales molestar y mangonear, yo soy tu esposa nada mas – el sonrió con malicia y en un rápido movimiento la sujetó de las piernas haciéndola caer recostada, por suerte ya habíamos bajado los platos. - Mi amor – dijo mirándola a los ojos – vos sos de mi propiedad – ella quiso protestar pero la calló con un beso – toda tu persona me pertenece y creo que ya es hora que lo aceptes. - Yo no soy de tu propiedad – dijo indignada y el la observó un poco dolido, pero falsamente dolido. - ¿No? – Preguntó con angustia – porque yo soy tuyo en cuerpo y alma, pensaba que era igual en tu caso – ahí entendí de donde sacaba Mateo su manipulación. Victoria se mordió el labio y le acarició el corto cabello. - Si soy tuya – respondió como una niña, con los ojos iluminados y el sonrió satisfecho. - Tienen cinco minutos para salir de aquí – nos dijo pero sin quitar los ojos de su esposa, Teo casi se cae al piso por salir de la cama rápido, yo lo seguí a la misma velocidad porque supe lo que estaba por suceder. Mateo corrió por el pasillo, escaleras abajo y luego hasta la sala de entretenimientos. - Lo hicimos – dijo luego de lanzar un largo suspiro – ojala nunca tengas que escucharlos tener sexo. - Lo hice – respondí recordando uno de mis primero días en la casa, y el tenia razón no había sido algo bonito. - Yo los vi – se sacudió por el recuerdo – es peor créeme. - Lo hago – respondí - ¿Qué hacemos? - Tenemos películas, juegos – vi el enorme plasma y los cómodos sillones, parecía una pequeña sala de cine. También había una mesa de pool, un futbolito, tenis de mesa, una rockola y una guitarra conectada a un equipo de sonido. Me acerqué a ella - ¿te gusta? – Preguntó Teo mientras la tomaba para colgársela, la encendió y comenzó a tocar unos acordes – papá me enseñó – comentó sin quitar la atención del instrumento – es muy bueno, pero no le gusta tocar en público – asentí y el comenzó a tocar una conocida melodía, me gustó mucho como sonaba, era realmente bueno - ¿sabes tocar? – Preguntó al terminar ofreciéndome su guitarra – negué con la cabeza, pero el me obligó a tomarla – no es difícil. - Tomé clases de pequeño – dije acariciando las cuerdas – pero hace mucho que no toco. - Solo tenés que volver a practicar – me acercó una partitura, reconocí la canción, al parecer a ambos nos gustaba la misma música. Las primeras notas me costaron, pero pude agarrar el ritmo y para el final toqué casi sin errores – bien nene – dijo Teo complacido – ahora esta – otra canción – pero toquemos juntos – de un armario sacó otra guitarra, la conectó y a la cuenta de tres comenzamos a tocar. Me sentí genial al hacerlo, no estábamos para dar un concierto pero nos complementábamos de maravilla y creo que compartir esa pequeña afición nos terminó de unir. Tocamos como diez canciones más, los dedos nos dolían por eso dejamos de hacerlo. - Eso fue genial – dije sonriendo, el estaba igual. - Si que lo fue, tocas muy bien. - Gracias – respondí con timidez, no estaba acostumbrado a los halagos. Nos sentamos frente a la gran pantalla. - ¿Querés ver fotos y vídeos familiares? – preguntó luego de unos minutos de silencio y a pesar de que no se me había ocurrido agradecí el ofrecimiento y asentí entusiasmado. Eligió unos cuantos archivos y los puso en marcha – este vídeo es genial – dijo divertido – es el cumpleaños numero dieciocho de los tíos Pablo y Patricio - asentí y la filmación comenzó. Al principio todo era normal, una fiesta muy concurrida, comida, bebida, buena música. Los mellizos lucían muy jóvenes pero con los años no habían perdido su mirada picara, que escondía todas las travesuras que seguramente habían cometido. A medida que pasaba el tiempo todo se iba descontrolando. Las imágenes mostraban a todos los hermanos de Victoria, sus amigos e incluso ella misma y Milagros en un avanzado estado de ebriedad. Pero Victoria había acaparado la atención del camarografo de turno. Ella bailaba sin dejar de reír con un joven Bruno igual de alcoholizado que ella. Incluso aparecía bailando sobre una mesa, para el deleite de un montón de babosos. Pero lo mejor de todo fue verla golpeando a cualquiera que quisiera acercársele, o que simplemente le sonreía. Y los corría con insultos y gritando que tenia un novio que los iba a mandar al hospital si se le acercaban. No paramos de reír en todo lo que duró el vídeo - ¿querés ver la boda? – asentí y la puso. Las primeras tomas eran de Victoria terminando de arreglarse para la ceremonia, estaba preciosa con su sencillo vestido blanco y no dejaba de sonreír. Alguien le preguntó si estaba nerviosa y ella respondió que estaba emocionada. Luego la toma se trasladó a la playa donde había un altar, sillas para los invitados y una alfombra. Todo hermoso y sencillo, como ella. Me pareció muy extraño ver que Victoria estaba de pie en el altar y no Valentín como es costumbre. Y mas raro fue verlo a él caminando por el pasillo del brazo de su tía, al parecer habían hecho las cosas al revés – el no sabia que iban a casarse – me comentó Teo adivinando mi confusión y yo abrí la boca mas desconcertado aun – mamá esta un poco loca - ¿un poco? pensé. El rostro de Valentín era de total confusión, pero cambio a uno de alivio cuando la vio esperándolo. La ceremonia no fue normal, al punto que parecía que él iba a rechazarla. El juez ni siquiera pudo recitar todo lo establecido y harto de la extrañes de esa boda los declaró marido y mujer. El la besó con pasión y devoción, parecía que quería trasmitirle con sus labios todo el amor que le tenia. La fiesta fue más de lo mismo, al parecer a la familia le gustaba divertirse en grande y salvo contados casos (Lucas y Armando) todos los demás no tenían pudor alguno en terminar tirados por la borrachera. - Eso fue extraño – dije cuando acabó, el asintió sonriendo. - Ellos son extraños – ahora me tocó asentir a mi y juntos reímos. - Una pregunta – le dije a Teo mientras buscaba algo para ver en la TV - ¿Por qué Valentín no quiere que Victoria de la charla en el colegio? – dejó el mando y me miró. - Porque piensa que el director está enamorado de ella – abrí los ojos sorprendidos – y es un poco celoso – lo pensó mejor – es muy celoso en realidad – no me sorprendió para nada saberlo, porque se lo notaba sumamente posesivo – yo prefiero que no vaya tampoco – siguió – Alejandro no es el único desubicado que fantasea con ella – recordé a mi ex supuesto amigo y como la miraba, y comprendí a Teo, porque era realmente molesto que chicos de mi edad miraran a mi madre de esa manera tan pervertida. Ese pensamiento me sorprendió, era la primera vez que la llamaba “mi madre” en mi mente y no sonó extraño. Teo suspiró – algún día te vas a quedar atrapado dentro de tu cabeza – sonreí, otra vez me había perdido en mis pensamientos – me aburre la televisión – comentó. - A mi igual – respondí y ambos suspiramos pesadamente. Yo estaba tan perdido en mis pensamientos que no noté que la puerta se había abierto hasta que no vi a Victoria frente a nosotros. Sus inmensos ojos azules nos inspeccionaban detenidamente, luego suspiró y nos hizo acomodarnos para sentarse entre nosotros dos y enredó sus brazos por los nuestros. - Me siento tan bien – dijo luego de unos minutos de silencio, Teo y yo nos miramos. No sabíamos si era el efecto de las pastillas o realmente estaba bien – estaba pensando algo – siguió, no nos miraba a ninguno, tenia la vista clavada en la pantalla - ¿Qué les parece si nos escapamos al campo algún día de estos? – otra vez nos miramos con Teo, yo no sabia que decir, si era buena o mala idea. - Creo que es una buena idea – respondió Teo sin quitarme los ojos de encima – pero si me permites opinar – ella asintió con la cabeza – seria mejor si fueran solo ustedes dos – me tensé al escucharlo, el me amenazó con la mirada. Sentí como Victoria afianzaba su agarre en mi brazo, lentamente posé mi vista en ella, que ahora me miraba, con los ojos llenos de ilusión esperando una respuesta positiva de mi parte. Reí nervioso, me rasqué la nuca con mi mano libre y di un leve asentimiento de cabeza. Eso era todo lo que necesitaba para que ella se pusiera a saltar loca de la felicidad. Teo me palmeó la espalda y me sonrió. - Voy a organizarlo para después de los cumpleaños –dijo decidida – nos vamos un jueves por la mañana así no faltas tanto a clases y papá y vos llegan el sábado – eso se lo dijo a Teo que asintió sonriendo – ahora nos toca convencer a Valentín que voy a irme dos días sin el – se puso el dedo en el mentón – por el momento no digamos nada – eso no me gustó, algo me decía que no era buena idea ocultarle las cosas a ese hombre, pero ella no pensaba lo mismo y tampoco estaba tan loco como para delatar sus planes frente al dictador de la casa. Victoria nos hizo ver mas fotos y vídeos de la familia y no me molestó para nada, me ayudaba a conocerlos y conocerla y pude notar que en su infancia, adolescencia y juventud había sido una persona muy alegre, decidida y fuerte. Al parecer su fortaleza y felicidad había desaparecido en la adultez, aunque de vez en cuando volvía a sonreír como una chiquilla, pero sabía que sus ojos no brillaban como debían hacerlo y en parte me sentía culpable por ello. Luego de una comida más nutritiva, solo de los tres porque Valentín no apareció en ningún momento, Teo y yo subimos a nuestras habitaciones y antes de entrar en la suya me pidió dormir con él, y yo acepté sin dudarlo. Me duché en mi habitación y luego de preparar las cosas para el colegio fui a la suya. Charlamos un poco y luego nos quedamos dormidos. Los nervios me inundaron el lunes, iba a enfrentar las consecuencias de mi comportamiento del viernes, pero estaba tranquilo con mi decisión, ser popular no valía más que ser buena persona, o por lo menos intentarlo, no podía dejar de lado mi moral solo por "pertenecer". Desayunamos los cuatro y noté algo extraño en Valentín, tenía las muñecas enrojecidas, como si algo hubiera hecho presión en ellas, pero no pregunté, por más que me moría de la curiosidad, porque no las tenía así la última vez que lo había visto. Fuimos con Teo en su coche y no me aguanté. - ¿Viste a Valentín? – el me miró enarcando una ceja, la pregunta había sido tonta – tenia las muñecas rojas – sonrió con picardía. - No querés saber porque – respondió y vi que se estremecía, pero yo era curioso así lo miré insistentemente, el bufó – a mamá le gusta atarlo a la cama – dijo rápidamente – y no me hagas repetirlo – casi gritó, como mi entendimiento sobre el sexo era muy limitado me llevó unos minutos saber a que se refería y cuando lo hice deseé no haber preguntado, imaginarlos en esa situación era realmente perturbador. Llegamos al colegio, mis manos me sudaban mientras avanzábamos por el pasillo. Mateo no estaba preocupado, para el las cosas no habían cambiado, pero para mi si, de nuevo sería un marginado de la sociedad estudiantil. Escuché insultos y bromas dirigidas a mi persona – no dejes que te afecte – habló Teo cuando estábamos en mi casillero – son unos cobardes que no se atreven a decir las cosas de frente – asentí no muy convencido – además me tenés a mi ¿Qué mas necesitas? – utilizó un tono de superioridad que me hizo reír, pero tenia razón. Mi hermano era el chico mas simpático, amable y divertido que había conocido en mi vida, así que no me quejaba de mi nuevo amigo. Al entrar al salón, nadie nos dirigió la palabra, salvo la chica que almorzaba con Teo todos los días. - Hola Teo – le dijo sonriente y el le sonrió encantadoramente haciendo que se sonrojara. - Hola Vale – la saludó – el es mi hermano Bautista o Cristóbal – me presentó y ella me sonrió – ella es Valeria, una amiga. - Un gusto Bautista – me extendió la mano, se la estreché. En ningún momento dejó de sonreír, se la notaba realmente feliz. - El gusto es mío – respondí, ella se sentó delante de Teo y yo miré a mi hermano esperando ver algo que me indicara que ella le gustaba, pero estaba concentrado en un libro. Valeria no era fea, pero tampoco bonita, pero eso parecía no importarle. Sonreía como si fuera la persona más feliz del mundo y tengo que reconocer que su presencia era reconfortante. Supuse que por eso Teo era su amigo, ella irradiaba positivismo y optimismo y eso era muy agradable cuando se atravesaban duros momentos. Durante las primeras clases recibí notas con insultos hacia mi persona, leí los primeros cinco y luego ignoré a todos los demás. Llegó la hora del almuerzo y por suerte reprimí el impulso de acercarme a los populares, iba a ser como un acto reflejo y hubiera sido muy vergonzoso. Me senté con Teo, Valeria y se unieron dos chicas más: Rosario y Amanda, ambas un año menor que nosotros y del mismo estilo que Valeria. También se nos unió Ramiro, el chico que Mateo había defendido en la clase de educación física, y que según supe durante la comida, defendía cada vez que alguien lo molestaba. Ramiro era gay y había tenido la mala idea de salir del closet ese año, motivo por el cual le hacían la vida imposible. Pude notar que los cuatro miraban con admiración y cariño a mi hermano, y es que era inevitable por su forma de ser. Creo que podría decirse que Teo era querible y muy fácil de tratar cuando se le daba la oportunidad. - ¿Es verdad que el entrenador terminó con la fiesta el viernes? – Amanda preguntó luego de pasarse cinco minutos mirándome, era tímida al parecer. Asentí, yo también era tímido. - Que bueno que no fuimos entonces – comentó Ramiro y me sentí un poco culpable, porque yo no los había invitado. - No los invité porque no era mi fiesta – aclaró Teo – y nosotros dos no estábamos pasando un buen momento – hizo referencia a nosotros y los demás asintieron – pero el sábado es el cumpleaños de papá y ahí si pueden ir – todos se emocionaron al escucharlo – solo espero que no den problemas, no quiero verlos ebrios por los rincones – habló serio y a los segundos todos se reían a carcajadas, era obvio que en ese grupo ninguno se excedía con nada. Ese fue el almuerzo más agradable que tuve desde que ingresé a ese colegio y no me importó compartirlo con personas normales en lugar de los populares, porque había descubierto que mis antiguos “amigos” eran falsos e interesados, en cambio los amigos de Mateo eran transparentes y sinceros. - ¿Te gusta ser un marginado? – Estaba en los lavados cuando Alejandro me habló – tenia muchas expectativas en vos – su mirada era molesta – pero resultaste un perdedor igual que tu hermano. - Teo no es un perdedor – por primera vez en mi vida me enfrentaba a alguien para defender a mi hermano – es mucho mejor que vos y todos los idiotas de tus amigos – tensó los músculos al escucharme – y no me siento un marginado para nada, mis nuevos amigos son personas agradables y honestas, nada que ver con tu grupo de lame botas – Alejandro se quedó sin palabras y yo me fui muy satisfecho conmigo mismo por mi actitud, sentía que de a poco iba dejando de ser un cobarde. Mejor tarde que nunca, pensé, y me di una palmada imaginaria en la espalda.
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