CAPITULO V - HERMANOS

4197 Words
- Me gustaría terminar la fiesta – comenté a las chicas una vez que terminaron de contarme la historia de Mateo y esa mala mujer – pero no se como – de repente ya no me interesaba caerle bien a Alejandro o a sus amigos. - Diles que se vayan – sugirió Emilia, pero al ver mi rostro cambio de parecer – mejor le digo a papá que los corra. - Le encanta hacerlo – comentó Candela y bajamos las escaleras. Valentín estaba con Rubén y Baltazar conversando en un rincón, se lo veía animado a pesar de que se había quejado de la cantidad de adolescentes que iba a invadir su casa. - Papi – dijo Alicia, el la observó sonriendo – Bauti quiere terminar la fiesta – los tres hombres me miraron con una curiosa expresión - ¿querés hacerlo vos? - Supongo – respondió - ¿se puede saber por que? – me interrogó mirándome a los ojos, y mi voz huyó aterrorizada. - Se dio cuenta que sus amigos son unos imbéciles y no quiere que estén en la casa, además Teo está mal – Candela habló. - ¿Volvieron a pelear? – el tono que utilizó al preguntar hizo que una gota de sudor helado bajara por mi columna. - No – Emilia respondió por mi – la zorra de Azul lo estaba molestando – Valentín apretó los puños y frunció el seño. - Vamos a terminar con esto entonces – dijo serio y se alejó. A los minutos la música se paró y las luces de colores fueron reemplazadas por la iluminación regular. Valentín se paró en medio de la escalera – la fiesta acabó – anunció con su potente voz. Todos lo miraban confundidos y algunos me miraban a mí buscando una explicación. Alejandro comenzó a avanzar hacia mi – no me hagan repetirlo – eso fue suficiente para que comenzaran a desalojar la casa. - ¿Qué pasó? – Me preguntó Alejandro – esto es muy malo para tu reputación – Emilia estaba a mi lado y la detuve antes de que dijera algún insulto inapropiado. - No me interesa – respondí y el abrió los ojos por la sorpresa – nunca quise hacer una fiesta y ya no quiero ser tu amigo, eres una mala persona. - Cristóbal esto te va a costar caro – me amenazó. - ¿En serio? – Emilia lo encaró - ¿vos se lo vas a cobrar? – Alejandro no supo que responder, supongo que jamás se imaginó que una mujer tan bonita pudiera ser tan intimidante – que yo no me entere que le haces algo a mis hermanos chiquito porque te va a ir mal – Alejandro quiso responder algo – nadie se mete con los nuestros – le hizo señas con la cabeza y ambos miramos lo que señalaba. Todos mis primos y mis hermanas nos rodeaban y miraban a Alejandro de una manera que le quedó en claro que si se metía con uno se metía con todos. No dijo nada y se marchó. Suspiré aliviado cuando todos los extraños estaban fuera de la casa. - Gracias – dije a Emilia y ella me abrazó sonriendo. - Para eso estamos – respondió – y ahora me voy a seguir la fiesta en otro lado porque es temprano todavía – me besó en la frente y se fue. El resto de mis primos se despidieron y al final quedamos Elena, Rubén, Irina, Baltazar y yo. - Ahora te toca limpiar – me dijo Elena y la miré asustado – son las reglas, tu fiesta. - Tú limpias – completó Irina y ambas rieron. - ¿En serio? – pregunté afligido, estaba muy cansado y el lugar era un desastre. Ambas asintieron. - Pero como es tu primera fiesta te vamos a ayudar – Elena lo dijo sonriendo y Rubén puso la misma cara que yo había puesto antes. - No, no, no – dijo negando con la cabeza – cuando eran tus fiestas limpie suficiente, ahora que limpie él. - Yo voy a ayudarlo – anunció Elena – vos hace lo que quieras – el tonó utilizado indicaba que le convenía ayudarnos. El bufó pero le hizo caso. - Ya entendí – Irina solo necesitó una mirada para que Baltazar comenzara a ayudar también. Definitivamente las dos tenían mucho carácter, debajo de toda su belleza y dulzura había dos mujeres que sabían hacerse respetar y obedecer por sus hombres. Nos llevó varias horas limpiar todo, había vasos plásticos, comida y bebidas regados por todo el lugar. Terminamos al amanecer y ellos se fueron. Subí las escaleras prácticamente arrastrándome. Al pasar por la habitación de Mateo vi la puerta entreabierta y me asomé. El dormía y Victoria le acariciaba el cabello mientras entonaba una dulce melodía. Valentín estaba de pie frente a ellos observando. Tuve el impulso de entrar, ambos adultos se sorprendieron al verme. Me situé junto a Valentín y me hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, Victoria me sonrió sin dejar su tarea. - Ven – dijo Valentín por lo bajo y emprendió el camino hacia la puerta, caminó por el pasillo hacia mi habitación y entramos. - ¿Cómo está? – pregunté realmente interesado, él suspiró. - No muy bien – dijo sentándose en mi cama – creo que va a tener que intensificar las sesiones de terapia – me senté junto a él – Mateo es muy sensible – dijo para mi sorpresa – yo sé que no lo aparenta, pero lo es. Tuvo una infancia algo difícil, el lugar donde estaba antes de que viniera con nosotros no era muy lindo – asentí – cuando llegó inmediatamente se volvió un mimado y creo que lo sobre protegimos demasiado – se rascó la cabeza – cuando comenzó el colegio lloraba todos los días porque no quería separarse de Victoria esas horas, las maestra nos indicó que lo mandáramos a un psicólogo inmediatamente. Imagínate cinco años y en terapia, pero fue. Sirvió para que dejara de llorar por lo menos, pero lo único que hacia era escribir “MAMÁ TE AMO”- sonreí por ello – son muy apegados – ya lo había deducido por mi cuenta – la cosa se puso peor cuando comenzó la primaria, los chicos eran muy malos con él por esa forma de ser que tiene tan amable, algunos lo consideraban un tonto y se aprovechaban. El tema de la dislexia no ayudó mucho, tardamos un tiempo en darnos cuenta que era, en el colegio nos dieron a entender que Mateo no era muy inteligente y necesitaba educación “especial”. Cambiamos de psicóloga y ella descubrió el problema y no solo nos dijo que Teo no era tonto, si no que era muy inteligente, con un coeficiente elevado. - Si es muy inteligente – comenté, el sonrió. - Pero es muy ingenuo – continuó serio – Mateo piensa que todas las personas son buenas igual que el y solo se convence de lo contrario de la mala forma – eso tenia sentido – por eso lo cuido tanto – entendí su comportamiento sobre protector – la psicóloga nos recomendó dejarlo un poco por su cuenta, y lo intentamos, hago un gran esfuerzo para no poner en su lugar a esos chicos del colegio que lo molestan. - Pero el se defiende bien – Valentín asintió. - Desde los catorce que lo entreno para que sepa defenderse, eso lo ayudó además de que su imponente físico hace que casi nadie quiera meterse con él – eso era verdad – pero con las mujeres es otra historia, esa tal Azul lo rompió. Si lo hubieras visto hace unos meses, no sabíamos que hacer para ayudarlo. Mis hijas sabían lo que pasaba pero tardaron en decírmelo. Nunca golpeé a una mujer – me confesó – pero ganas no me faltaron para con ella. Le sacó la inocencia y no se si algún día va a poder enamorarse de nuevo, y si lo hace no se si va a ser un amor sano. - No puedo creer lo que esa mujer hizo – expresé lo que pensaba – es una enferma – el asintió – cuando conocí a Teo me pareció un chico que no tenia problemas. - El hace eso para no preocuparnos – comentó – pretende estar bien y feliz hasta que las cosas le explotan en el rostro – ambos suspiramos y antes de que pudiera decir nada Victoria entró en la habitación, tenia el rostro afligido y sus hermosos ojos aguados. A paso rápido se sentó en el regazo de Valentín y ocultó su rostro contra su pecho para comenzar a llorar. - La voy a matar – decía entre sollozos y el le acariciaba tiernamente el cabello – cuando la vea de nuevo la mato. - Ya mi amor – dijo él – Ahora tenemos que pensar en Teo, esa mujer algún día va a tener lo que se merece. - Está tan mal – rompió a llorar de nuevo al decirlo y el la estrechó con fuerza - ¿Cómo pudo hacerle eso? - Porque es una enferma – dije furioso y ambos me miraron sorprendidos, hasta yo estaba sorprendido por mi tono, pero me ponía enfermo de la rabia saber que ella había abusado de alguien como Mateo, que con cada cosa que sabia de él mas grande se hacia el cariño que le tenía. Victoria me acarició el rostro con ternura. - Cuando quieras tener una novia avísanos antes para asegurarnos que no sea una loca – sonreí por ello – promételo. - Lo prometo – sonrió un poco con eso - ¿les parece si duermo con Teo para asegurarme que duerma bien? - Eso sería maravilloso – dijo ella secándose las lagrimas – no me atrevía a pedírtelo. - Voy a cambiarme y me acuesto ahí. - Que descanses – Valentín se puso de pie, cargando a Victoria en sus brazos. Le abrí la puerta – gracias – supe que no lo decía solo por la puerta, pero por lo otro no tenia que agradecerme, lo hacia porque lo sentía. Cuando estuve listo fui a la habitación de Mateo, el dormía profundamente. A simple vista el chico parecía un chulito que no le hacia caso a nadie y nada le importaba, pero era todo lo contrario. Me recosté pensando en lo mal que lo había juzgado, simplemente basándome en su apariencia, pero como había dicho Valentín el no tenia la culpa de ser guapo. Suspiré por última vez para relajarme y cerré los ojos para dejarme llevar por Morfeo. Necesitaba dormir urgentemente. Al día siguiente desperté muy pasado el mediodía, Teo aún dormía y no sabía se tenía que despertarlo o no pero yo tenía hambre. Me cambié en mi habitación y baje a la cocina la casa estaba en silencio. Valentín estaba en la cocina cuando llegué. Era la primera vez que lo veía con el torso desnudo y tengo que reconocer que la imagen me impactó. ¿De que planeta venia para tener ese cuerpo con su edad? Eso no era normal. Yo no tenia ni medio músculo en mi delgado cuerpo y el seguro tenía hasta las orejas tonificadas. - ¿Hambre? – Preguntó y yo no pude responder por mi asombro – sos muy raro – comentó y me obligué a recomponerme. - ¿Cuántos años tenés? – pregunté muy interesado, él elevó una ceja. - Casi cincuenta y ocho – respondió para mi mayor asombro, abrí la boca de la impresión – parece que te dio un ataque. - Es que no puedo entender como estás así con tu edad – rió por mi comentario y yo me avergoncé. - Si que sos extraño – comentó divertido – tengo buenos genes – me contó – pero me ejercito intensamente desde los doce años – los genes no me iban a dar esos músculos – si querés te ayudo a formarte – bufé – no es imposible. - Soy un saco de huesos – dije desganado. - La dieta indicada te puede ayudar a levantar peso – eso sonaba interesante - ¿querés intentarlo? – asentí no muy convencido y el sonrió – vos déjame a mi y ya vas a ver como quedas ¿o de donde pensás que Teo sacó sus músculos? – con eso me terminó de convencer – hoy mismo empezamos – anunció emocionado y sacó una licuadora y comenzó a colocar varios ingredientes dentro, los mezcló y lo sirvió en un vaso – con uno de este por día ya vas a ver como levantas peso – lo probé, no era desagradable, pero tampoco sabroso – no pienses en el sabor, toma – ordenó empujando el vaso en mi boca y yo obedecí – además sirve de energizante. - ¿Vos tomabas esto? – me miró enarcando una ceja. - Yo nací perfecto nene – respondió sin ninguna pizca de humildad – solo con un poco de ejercicio quedé así. - Siempre tan humilde – Victoria ingresó a la cocina y había escuchado la última frase de su esposo. - Es la pura verdad – el no se inmutó - ¿o lo vas a negar? – Victoria se sonrojó por la pregunta y el sonrió. - No lo voy a negar egocéntrico – respondió ella - ¿dormiste bien? – me preguntó. - Si – respondí – y Teo también, todavía duerme. - Si pasé a verlo recién – suspiró – cuando este la comida lo despertamos – me pareció bien - ¿y que cocinaste? – Ahora cuestionaba a Valentín – tengo hambre – el blanqueó los ojos. - No me presiones – se giró para seguir con la comida – si estabas apurada hubieras cocinado vos. - Para eso estas vos mi amor – respondió con sarcasmo y me guiñó un ojo con picardía. Realmente era increíble ver a un hombre tan intimidante e imponente como Valentín obedecer a una mujer tan pequeña y delicada como ella. Supuse que eso era el poder del amor como se dice y entendí que Valentín podía llevarse el mundo por delante, siempre y cuando Victoria se lo permitiera. Ellos bromeaban mientras terminaban de cocinar y cuando estuvo todo listo me pidieron que buscara a Teo. - Teo – lo llamé sacudiendo su hombro – ya está la comida – el se giró para seguir durmiendo – ya dormiste mucho. - No tengo hambre Cris – respondió con la voz rasposa, señal de que había estado llorando. - Tienes que comer – le pedí – vas a preocupar a tus padres. - Nuestros padres – me corrigió aun sin abrir los ojos. - Nuestros padres – repetí – levanta dale – negó con la cabeza, yo suspiré derrotado y la puerta se abrió de golpe – no tiene hambre – le avisé. - Mateo – Valentín lo llamó pero el no hizo caso – cuento hasta tres – anunció – uno – Teo no hacia nada – dos – todo igual – vos te lo buscaste – tres – todo pasó rápido, no se como pero Valentín cargó a su hijo como si fuera una bolsa de papas, su fuerza era impresionante. Teo gritaba y se revolvía sin conseguir safarse. Lo llevó al baño y de un solo movimiento lo colocó bajo el agua fría de la ducha. - Animal – gritó Teo tiritando – está helada – Valentín sonreía con malicia. - Te lo advertí – respondió – ahora te cambias y bajas a comer – lo amenazó con el dedo en alto – no me hagas venir a buscarte – Teo temblaba al tiempo que entibiaba el agua – vamos a preparar la mesa – me indicó y lo seguí. Preparamos la mesa y Teo se nos unió. Observó a su padre con el seño fruncido y se ubicó en su lugar. - ¿Dormiste bien? – le preguntó Victoria, el asintió sonriendo con ternura a su madre – tu padre hizo tu comida favorita – nos sirvió un plato, yo me sorprendí y creo que Teo también. Su rostro se entristeció de repente y bajó la cabeza, no hacia ningún sonido pero todos sabíamos que estaba llorando de nuevo. Victoria hacia esfuerzos para no llorar y Valentín se tensó. Le apoyó una mano en el hombro y Teo no aguantó más y salió corriendo a su habitación. - Yo voy a verlo – dijo mientras se ponía de pie para seguirlo, cuando se fue Victoria comenzó a llorar con amargura y yo no sabia que hacer. Casi sin pensarlo me levanté de mi lugar para aproximarme a ella, la abracé por los hombros, muy suavemente y ella se aferró a mí llorando con más fuerza. Tengo que reconocer que eso me conmovió y afiance mas mi abrazo, se sentía tan delicada y vulnerable así y una inexplicable sensación de querer protegerla y reconfortarla crecía en mi interior. - Parece que no podemos dejar se sufrir nunca – me dijo cuando se calmó un poco – realmente tengo que haber sido una desgraciada en mi otra vida para merecer tantas desgracias – yo le refregaba la espalda en silencio – o a lo mejor soy una pésima madre – me quedé quieto cuando la escuché – yo le dije a Valentín que no tenia que dejarme tener mas hijos, ya le había arruinado la vida a todos ustedes y no conforme con eso se la tuve que arruinar a Mateo también – me arrodillé a su lado – ellos dicen que soy buena madre pero la verdad es que soy un desastre. - A mi no me parece – dije con un hilo de voz y ella me miró a los ojos. - Creo que lo mejor va a ser que vuelvas a México así podes ser feliz lejos mío – volvió a llorar y ocultó su rostro entre sus manos – todo es mi culpa – repetía una y otra vez y yo estaba asustado por su angustia. Valentín llegó por suerte, su rostro era de sufrimiento al verla así. Corriendo se fue de nuevo y a los segundos llegó con un frasco de pastillas, las reconocí, eran antidepresivos. - Amor – le dijo con dulzura – toma tu medicación – casi se lo suplicaba, ella negó con la cabeza sin dejar de llorar – por favor Victoria, las necesitas – ella seguía negando y apretando los labios para no tomar la medicación – ya me di cuenta que no los tomas desde hace días, si no tomas te interno – ella frunció el seño al escucharlo. - Así te deshaces de mi ¿verdad? – le dijo enfadada y el bufó, parecía agotado. - O las tomas por las buenas o te obligo – anunció – estoy muy cansado ya, abrí la boca dale – ella lo miró unos segundo y luego obedeció sumisa. Se abrazaron por un rato – voy a acostarla y vengo – me avisó cargándola en brazos, ella parecía dormida. A los pocos minutos regresó, yo ya no tenía apetito se me había cerrado el estomago por la situación vivida. A él le pasaba lo mismo porque al sentarse alejó su plato y se sujetó la cabeza con las manos – tengo que aclararte algunas cosas – asentí, el suspiró y luego me miró – Victoria sufre de depresión – eso lo imaginaba – ella lo niega pero ya la vieron tres especialistas y los tres opinaron lo mismo, no le gusta tomar la medicación y de vez en cuando la deja sin que yo me entere. Estos días estuve con la cabeza en cualquier lado y no noté sus cambios de humor y anoche contando las píldoras supe que no las toma desde hace varias semanas. - No tenia ni idea – estaba tan sorprendido, yo hasta hace unos días creía que esas personas llevaban un vida perfecta y me daba cuenta lo equivocado que estaba. - Ella no quería que te lo diga, pero sos parte de la familia y la verdad que me vendría bien una mano para cuidarla – recién noté lo agotado que se sentía, sus ojos ya no irradiaban frialdad si no tristeza y pesar – ella vivió muchas cosas terribles durante su vida, ambos lo hicimos separados y juntos. Cuando la conocí estaba tan llena de fortaleza que parecía que podía hacerle frente a cualquier cosa y salir airosa, y no me di cuenta lo frágil y delicada que era hasta que no fue tarde – noté que sus ojos se aguaban, pero se contuvo de derramar una sola lagrima – supuse que con tu llegada iba a mejorar pero no pasa y ya no se que hacer – su tono era desesperado – Nicolás quiere internarla – recordé a mi tío psiquiatra – pero yo no quiero alejarla de nosotros y no se si lo hago por ella o porque soy un egoísta que no soporta tenerla lejos – no supe cuando mi corazón comenzó a latir aceleradamente, y en ese momento comprendí lo que Mateo decía sobre él, Valentín era el tipo mas genial del mundo. Y tenia toda la razón, el hombre cargaba sobre su espalda con la depresión de su esposa, los problemas de su hijo y seguramente de todas sus hijas. Sumado a mi llegada y mi mala actitud todo el tiempo. Y sin embargo parecía una muralla impenetrable, capaz de soportar eso y mucho más por el bienestar de tu familia. - Quizás deberíamos probar otras terapias – sugerí para animarlo – a lo mejor las terapias convencionales no funcionan con ella – me miró sorprendido. - ¿Alguna sugerencia? – medité un segundo, en México mi hermana estudiaba psicología y siempre hablaba de métodos alternativos y no se que cosas mas. - Podríamos probar con que vuelva a hacer las cosas que le gustaban hacer cuando era mas feliz – suspiró – tienes que saber cuales son. - Le gusta la adrenalina – dijo divertido – le gustaba en realidad, ahora vive asustada de todo. - Busquemos algo que le genere adrenalina pero que sea seguro al mismo tiempo – pensé que podría ser – la montaña rusa por ejemplo – el sonrió por mi idea - ¿podría funcionar? - Cuando era niña y no tanto amaba la montaña rusa, pero hace varios años que no sube a una. - Eso es – dije muy emocionado – la llevamos al parque de diversiones y listo. - Supongo que podría funcionar – dijo mas animado – pero la tenés que convencer vos, porque a mi va a pasar varios días sin hablarme. - No hay problema – respondí ya no tan convencido. La verdad es que con ella no tenía tanta confianza, pero si ayudaba a que se mejore iba a hacerlo. - Tratemos que Teo no se entere de este episodio o la culpa lo va a hundir mas y con un depresivo tenemos mas que suficiente – asentí – anda a verlo si querés, espero que se haya calmado un poco – le sonreí y subí a su habitación. Teo estaba con la TV prendida pero no la miraba. - Hola – lo saludé, el hizo un gesto con la mano - ¿estás mejor? – suspiró. - Mas tranquilo por lo menos – respondió y me entristeció la ausencia de su tono animado – hablé mucho con papá y me tranquilizó un poco. - Si necesitas algo – dije – lo que sea. - No quiero que me tengas lastima – respondió cortante. - No Teo – me apresuré a decirle – no es lastima, estoy preocupado por ti nada mas. - Eso me pasa por tonto y por pervertido – se quejó - ¿Quién me manda a meterme con esa mujer con catorce años? - Estoy seguro que ella tuvo toda la culpa – dije decidido – vos eras un niño. - Uno muy idiota – me corrigió y reímos – gracias por aguantarme – sus ojos brillaban de nuevo – te prometo que en un par de días estoy como nuevo, solo es el efecto Azul. - No es ningún problema – respondí – podes estar deprimido el tiempo que quieras. - Yo sabia que eras bueno – me palmeó la espalda - ¿Cómo está mamá? – preguntó serio y yo me asusté, no quería mentirle pero tampoco quería que se pusiera mal. - Duerme – respondí, el suspiró. - No hago más que traerle problemas – se lamentó – de verdad no quería que ella me vea en este estado, pero ya no pude aguantar más. - No es tu culpa Teo – lo consolé – no es bueno que te guardes lo que sientes. - Ahora te va a tocar hacer de confidente conmigo. - No hay problema, las veces que quieras – sonrió como antes – para eso somos los hermanos ¿no? - Es verdad – dijo animado – para eso somos los hermanos – ambos reímos y decidimos distendernos un poco jugando un partido de fútbol en la play.
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