Narra Sibila.
Desperté en la mullida cama, observé por la ventana que ya era de día, me levanté con pesadez mientras recordaba lo sucesos del día anterior. Toque mi labios y sentí un leve dolor, aún no podía creer que se haya atrevido a besarme.
Fui al baño para poder asearme con tranquilidad que era lo que me faltaba con urgencia.
Algunos minutos después ya me encontraba en frente del armario, me coloque mi ropa interior mientras escogía algo sencillo para ponerme encima, agarre unos shorts, una camisa y unas deportivas. Me senté en la cama para colocarme los calcetines, una vez lista camine hasta el baño para agarrar mi cepillo de dientes, al terminar mi aseo personal, decidí arreglar el desorden de mi habitación.
Acomode las sábanas para luego poner la esponjosa almohada encima, me senté en el piso aburrida, no tenía nada que hacer y no había nada en esta habitación que me entretuviera.
Y por más que intento en no pensar en mi situación, es algo difícil cuando solamente me encuentro con mis pensamientos. Aunque debía admitir que estos últimos tres días han sido de lo más extraños, se supone que debía estar preocupándome por las cosas de la universidad.
Pero no es así, lo único que me preocupa es el idiota de Azariel y su supuesto lo sabrás todo después, para luego proceder a decirme que soy su prometida y luego besarme a la fuerza.
*Está loco* pensé.
Y como si fuera poco, me siento tranquila es como si mis emociones se encontrarán estancadas, se que me molesta estar aquí, en contra de mi voluntad. Pero no logro exaltarme, no lloro ni nada de eso, estoy muy relajada.
Y creó firmemente que esto me lo esta provocando Azariel, cada vez que me toca siento una tranquilidad desbordante y no puedo olvidar las veces que me desmaye en sus brazos.
Pero... ¿cómo es posible?
Él logra manipular mis sentimientos de una manera que asusta.
Mire la puerta al escuchar como está se abría dejando al descubierto a íker acompañado de Bianca, la última traía en sus manos una bandeja de comida. Me saludaron con educación, correspondí sus saludos.
- Señorita Sibila, debo informarle que está tarde va a salir con Íker al jardín- dijo dejando la charola en mi cama.
- Está bien- suspiré.
Al menos iba a salir a tomar un poco de aire fresco. La señora Bianca asintió despidiéndose para luego retirarse de la habitación dejando la puerta abierta.
* Debería escaparme* pensé.
Pero algo en mí, me evitaba hacerlo y lo peor es que no sentía esa frustración que debería tener.
- ¿Estás emocionada?- Preguntó Íker mirándome con una sonrisa, lo mire confundida- Ya sabes, vamos a salir juntos al jardín.
Lo mire asintiendo mientras empezaba a comer.
Íker comenzó a contarme todo lo que me mostraría, una vez saliéramos al jardín, se veía muy emocionado. Cuando terminé de desayunar me limpie la boca con una servilleta y puse la bandeja a un lado.
Íker me tomó de la mano y comenzó a prácticamente arrastrarme afuera de la habitación.
Caminamos por los pasillos hasta bajar las escaleras de mármol, observé como pasamos al lado de las enormes puertas del comedor, me dió un escalofrío cuando recordé lo que sucedió en el balcón.
Llegamos a lo que parece ser es la cocina, la cual tenía electrodomésticos modernos, no pude detallarla mucho, ya que salimos velozmente por una puerta de color blanca.
Encontrándonos con un jardín muy bonito, aspiré el aroma de las flores mientras caminábamos por un camino de piedra lisa, habían arbustos cortados perfectamente también árboles en sitios específicos combinado con todas las rosas, tulipanes e incluso amapolas.
- ¿Te gusta?- Preguntó una voz gruesa a mi lado, dirigí mi mirada asustada a Azariel, quien me había tomado desprevenida.
- Sí, es bonito- contesté mientras lo detallaba con mi mirada.
El día de hoy, vestía con unos jeans y una camiseta blanca acompañada por una chaqueta negra y sus acostumbrados guantes de cuero negros.
- Me alegra que te haya gustado- dijo mostrándome una sonrisa de medio lado, asentí con mi cabeza.
Observé curiosa como se quitaba un guante para luego agacharse y tomar una rosa desde su raíz. Sorprendida noté como su mano sangraba por culpa de las espinas, sin embargo no veía un rastro de dolor en su cara.
Se levantó y me ofreció la rosa.
La tomé confundida, mientras lo veía caminar hacia su hermano quien había permanecido callado desde su llegada. Por un momento se me olvidó la presencia de Íker, Azariel me consumía de tal manera que con su aura eclipsaba todo lo que había a mi alrededor.
- Íker regresa a la casa- ordenó, el niño iba a protestar cuando lo interrumpió- Ahora- demandó Azariel.
Asintió con tristeza reflejada en su rostro y se me comprimió el corazón verlo irse son despedirse, sin embargo decidí no impedirlo.
Apenas estuvimos solos, decidí que era mi oportunidad para poder averiguar más sobre él.
- ¿Puedo hacerte una pregunta?- pregunté, Azariel me miró dudoso.
- Dependiendo de lo que quieras saber- respondió acercándose a mí- Pero primero porque no comenzamos a caminar, el jardín es bastante extenso y quiero que lo conozcas todo- propuso mientras me ofrecía su mano que no estaba lastimada.
- Está bien, pero no tomaré tu mano- aclaré.
Sabía que si lo hacía, iba a venir consigo su manera de hacerme sentir tranquila y la verdad quería mantenerme cuerda totalmente y no desmayarme a último momento.
El me miró de una manera que no supe interpretar. Sin embargo, no insistió.
Comenzamos a caminar en completo silencio, tenía miles de preguntas que se arremolinaban en mi cabeza. Estaba muy anciosa de que Azariel me respondiera cada una de ellas, nos detuvimos bajo la sombra de un árbol gigantesco y observé el cielo con los ojos entrecerrados, respire profundamente y me arme de valor para retomar la conversación.
- Por qué cada vez que me tocas siento una tranquilidad desbordante?- pregunté mirándolo a los ojos grises- Se supone que debería estar asustada, angustiada y muchas más sensaciones, pero no es así- Aclaré, él se mantuvo en silencio analizando me con la mirada.
Creí que no me responderia, sin embargo lo hizo.
- Puedo canalizar tus emociones, obligando a tu cerebro a no molestarse, ni sentir ninguna sensación de tristeza- Respondió con el rostro sereno.
- ¿Cómo? ¿Cómo es eso posible?- me sentía terriblemente curiosa.
Sabía que tenía razón, él me cambiaba mis emociones.
- El ser humano no es el único que habita en la tierra, también hay criaturas oscuras, sedientos de sangre y otras protectoras que destruyen la maldad- explicó acercándose nuevamente a mí.
- Entonces tu eres...
Me interrumpió.
- Soy un demonio- confesó esperando mi reacción, abrí mis ojos desmesuradamente mientras pensaba en que problemas me había metido- Pero también soy un protector- dijo acercándo su mano a mi boca, acariciando con sus dedos mis labios, logrando que mi respiración se estancará.
- ¿Eso qué significa?- pregunte en un susurró.
- Que no soy bueno pero tampoco soy malo- respondió acercándo su rostro hasta poder sentir su respiración.
- Eso debería aliviarme- murmuré frunciendo mis cejas.
El sonrió de medio lado mostrando unos colmillos, solté un jadeó sorprendida.
- ¿Debería?- preguntó divertido.
- No, creó que no- respondí un poco asustada.
- Chica lista- halago tomándome el rostro de imprevisto, temerosa esperé sentir aquella tranquilidad pero no pasó- Tranquila no voy a manipular tus emociones al menos no hoy- dijo acercándose a mi rostro dándome un suave beso en los labios, pude sentir sus colmillos rozar con ellos.
Respire con tranquilidad, por lo menos no me sentiría tan confundida.
- Eres muy hermosa y toda mía- dijo con posesividad.
Soltó mi rostro para luego tomar mi mano y agarrar mi cintura. Sujetó mis dedos de manera en que pudiera observarlos todos juntos.
- Y es por eso, que tú eres mi prometida- dijo mientras yo observaba como colocaba un anillo de rubí en mi dedo anular, solté un jadeó de sorpresa.
El me voltio el rostro para agarrarme con sus dos manos mi cintura y apretarme contra él, robándome otro beso aún más largo que el anterior.
En mi mente pensaba que debería detenerlo, pero en lo más profundo de mi corazón me decía que debería dejarlo. Sin embargo mi mente ganó y con mis dos manos lo empujé, pero como se esperaba no logré separarlo ni un poco.
Al terminar de besarme, me soltó de su agarre, lo mire sonrojada y un poco enojada conmigo misma.
¿Cómo era posible que estuviera sintiéndome atraída hacia Azariel?
Después de todo él me secuestro.
- ¡Estás completamente loco!- le grité frustrada- No me casare contigo, ni siquiera nos conocemos - empecé a caminar de regreso.
- Te equivocas no estoy loco- su voz gruesa me detuvo- No sabes cuánto he esperado por tí, pero no lo entiendes porque eres humana- aclaró.
Sus palabras me dejaron confundida.
- Aún no sabes todo de mí, pero te puedo asegurar que tú serás mi esposa- se acercó tomándome del brazo, haciéndome sentir pequeña a su lado- ¡Y escúchame bien, nada absolutamente nada lo podrá evitar!- gruño furioso y pude observar como sus ojos brillaron con ese gris particular.
Me soltó de su agarre para luego irse caminando a través del jardín, dejándome sola y con un millón de preguntas sin resolver.
Y si yo antes creía que estaba en problemas, pues me había equivocado porque ahora estaba comprometida y con un demonio.