Narra Azariel.
Entre furioso a mi oficina, haciendo más ruido de necesario, me acerque a las botellas de licor que tenía en el mini bar y me decidí por un whisky de la mejor calidad, tome un vaso de vidrio y lo llene hasta el tope para luego proceder a tomar un trago que me dejó con un ardor en mi garganta.
Me senté en mi silla frustrado, me encontraba tan abrumado, todo esto comenzó desde que conocí a Sibila, pero lo mas irónico es que me sentía completo con solo su presencia.
Me encantaban sus labios de cereza, sus ojos resplandecientes y aquel cuerpo delicado que con solo mirarla me hacía sentir el hombre más afortunada de este jodido planeta.
Sabía que no debía apresurarme con ella, sabía que debía esperar hasta que se acostumbra a mi mundo, pero es que no soporto respirar su mismo aire sin poder besarla o tocarla.
Una parte de mí, admitía que su desprecio me lo merecía, lo más lógico es que me detestara por haberla apartado de su familia y por haberla traumatizado aquella noche que se dió cuenta de mi presencia.
Pero otra parte de mí, solo la quería a ella en todo el sentido de la palabra, es por ello que la estaba obligando a casarse conmigo, aún cuando sabía que eso estaba mal.
Bebí otro trago recostando mi espalda en el asiento, escuché como tocaron la puerta y con un suspiró invite a pasar a quien sea que fuera.
Observé como mi amigo Ronald entraba con varias carpetas en sus manos.
- ¿Qué tal Azariel?- saludó sentadose enfrente mío- ¿Cómo está todo?
-Bien, aunque no creo que hayas venido para averiguar sobre mi vida privada- respondí con una mueca en mis labios.
- Tienes razón- Admitió dejando mucho papeleo en mi escritorio- Necesitaba hablar contigo sobre el consejo de los protectores.
Bufé aburrido.
- Adivino, quieren que cumpla una nueva misión.
Asintió con su cabeza.
- Así es, ellos sabes que tu eres uno de los descendientes del linaje proctetor más fuerte que haya existido- dijo mostrándome una carpeta- Además de que confían en tí y quieren que encuentres a este sujetó llamado Wise- Señaló el rostro de un joven muchacho.
No quería cumplir ninguna misión, pero sabía que no tenía elección, dado que yo sería el sucesor de mi padre como líder del consejo de protectores, los cuales se encargan de imponer reglas, parecidas a las leyes humana, para criaturas sobrenaturales que hayan cometido un delito imperdonable.
- Y te sorprenderá saber que este chico forma parte de los exiliados- comentó, lo mire con un gesto de sorpresa.
- Es por eso que te asignaron este encargo, los del consejo saben que los exiliados han estado dando ataques a tu clan de demonios- añadió con molestia.
Los exiliados son un grupo de cazadores de lobos, vampiros e incluso demonios, según ellos, protegen a los humanos, aun así no entiendo porque atacan continuamente a mi clan, dado que nosotros no asesinamos a personas inocentes. Sin embargo, estoy cansado de que continuamente quieran matarnos.
- Dile a mi padre que acepto el trabajo- sonreí malicioso.
- Sabía que ibas a aceptar- comentó divertido.
Lo mire con mi ceja levantada, observando como se levantaba para servirse un trago.
* Vaya que tiene confianza* pensé.
Si hubiera sido otra persona ni siquiera lo hubiera intentado, pero él me conocía desde que era niño, así que era entendible que no me tuviera miedo.
- Ahora dime ¿Por qué estás tan extraño?- Preguntó- Incluso tu olor ha cambiado tienes rastros de uno muy dulce como de humano- levantó un ceja mientras encendía un cigarro.
- ¿Te importa acaso?- respondí con otra pregunta.
Aún no quería que nadie supiera de la existencia de Sibila en mi vida, sabía que le podrían hacer daño y eso nunca me lo perdonaría, la amaba demasiado, después de todo ella era mi enlazada.
- Sabes que sí- suspiró tomando un trago- eres mi mejor amigo y se cuándo algo te molesta.
- ¿Debería sentirme especial?- lo mire divertido, el soltó una carcajada.
- No exageres- respondió dándole una calada al cigarrillo- Ahora si dime...
No pudo continuar ya que se escuchó una alarma, aquello me hizo ponerme alerta, sabía lo que significaba y eso era un problema. Observé como un guardia entraba abruptamente a mi despacho.
- Señor es una emergencia, los exiliados atacan los alrededores, estan muy cerca de la mansión- Informó apresurado.
Inmediatamente mire a mi amigo.
- Ronald quiero que vayas con los guardias a defender la zona - Ordenó levantandome- También dile a Henry que busque a mi hermano y a la señora Bianca y los ponga a salvo.
- Pero Azariel... ¿ A dónde vas?- Cuestionó mi amigo confundido.
- Encárgate de lo que te dije, luego te explico lo demás- informe saliendo apresurado por la puerta.
Corría por los pasillos, pensando en encontrar a Sibila, necesitaba protegerla.
No quería que nadie le hiciera daño y sí eso pasara estaba seguro de que mataría a el que lo hubiera hecho.
Ingrese a su habitación buscandola, pero no la encontré, gruño con frustración.
Me dirigí a la ventana con la intención de poder encontrar una buena vista del jardín.
Mi idea dió frutos....por fin me topé con la figura de Sibila.
Suspiré de alivio, pero no duro mucho al darme cuenta de que tenía compañía y no era alguien que yo conociera.
Enojado, salté por la ventana, cayendo al suelo en perfecto estado y sin hacer el más mínimo sonido.
Camine hacia ellos con determinación, debía alejarla de ese sujeto y llevármela para ponerla a salvo. Sin embargo, me detuve abruptamente cuando escuché la conversación.
- Sibila debemos irnos, conmigo estarás segura yo te protegeré- Dijo tomando las manos de mi Sibila.
Mire el rostro dudoso de mi enlazada.
- Yo... No lo sé...
- Sabes que tú familia te espera, ellos te necesitan. Yo te necesito- Recalcó lo último.
- Pero...
No me detuve a escuchar más, sentía mucha furia, como se atrevía ese bastardo a querer llevarse lo que yo más quería. Lo pagaría de eso estaba seguro.
Sentí mis ojos cambiar de color mientras lo agarraba de su camisa, levantandolo del suelo, solté un gruñido amenazante, mostrando mis colmillos y con mi puño derecho lo golpeó en la mejilla.
Pero no me detengo, lo suelto de mi agarre y cae al suelo estrepitosamente.
Lo escucho toser mientras se toca la nariz ensangrentada, no lo deje ni pararse cuando le volví a asestar una patada a su estómago. Sabía que era humano, su olor lo delataba y es por esa misma razón por la que no lo golpeaba con todas mis fuerzas, quería que sufriera antes de fallecer, por intentar quitarme lo que más deseo en esta vida.
Estaba tan seguro de que lo iba a desintegrar si no fuera porque un cuerpo delicado se atravesó en mi camino.
- Por favor, detente- suplicó asustada- Ya basta- se acercó a mi temblando y tomo mi rostro con cuidado.
Me relaje con su toqué.
- Él quiso alejarte de mi lado- gruñó mostrando mis colmillos.
- Lo sé, te entiendo- Asintió con su cabeza- Pero tu sabes que yo no me iré a ningún lado- aquello me devolvió a la realidad, ella no quería irse, es por eso que dudaba.
Nuestro enlace ya debe estar surgiendo más efecto en ella.
- Vámonos de aquí, por favor- me abrazo recostando su cabeza en mi pecho.
Le acaricie el cabello, aceptando su propuesta y con suavidad la levanté del suelo cargándola en mi brazos, disfrutando de su calor corporal.
- ¡Señor!- me llamó Charles un guardia de confianza, esté estaba acompañado por otro jóven.
- Charles quiero que encierres a éste sujeto, no lo dejen escapar por nada del mundo- Ordené.
- Cómo usted ordene- Aceptó de inmediato- Pero antes de que se vaya debo decirle que el Señor Ronald, me ha ordenado avisarle de que lo atacantes se fueron y no llegaron hasta la mansión.
- Gracias por la información Charles- continúe con mi camino aliviado, pero un poco extrañado, mayormente un ataque de los exiliados duraba más tiempo.
* Mejor lo dejo para después* pensé.
Entre en la mansión, aun sujetando con fuerza a Sibila.
Caminé hasta llegar a mi habitación, dejándola encima de mi cama de sábanas negras, ella se acomodo mirándome dudosa.
Me senté a su lado y pude visualizar como se encogió intimidada.
- Lamento que me hayas visto de esa manera- hice una mueca con mis labios- También lamento haberte dejado sola en el jardín, pudo haberte pasado algo.
- Lo sé, se que me dices la verdad- acepto pasando sus manos por su rostro- Es como si lo sintiera, todo esto está comenzando a superarme- admitió en voz baja.
Con sus palabras me sentí feliz, sin duda el enlace que tenemos está empezando a hacer efecto. Pero por otra parte, no me gustaba que se sintiera oprimida.
- No te fatigues, todo lo que te pasa es algo normal- dije tomando su mano, agarrando con la otra un mechón de su cabello castallo- Es totalmente natural que te sientas confundida y atraída hacia mí, nuestro enlace está empezando a afectarte, la razón es por qué pasas más tiempo conmigo- expliqué.
- ¿A qué te refieres?- Preguntó ladeando la cabeza hacia un lado.
- Me refiero a que eres mi alma gemela Sibila, es por eso que tú eres mi enlazada y mi prometida, estamos destinados- respondí, soltando un suspiro al confesarme.
- ¿Qué...- susurró sorprendida, mirándome fijamente.
Le sonreí, tocando su mejilla.
- Estamos destinados preciosa- dije de nuevo, encantadome con la expresión de su rostro.
Sabía que se iba a comenzar a alterar.
Así que tomando su cara con mis manos, sin dejarla pensar, la bese como nunca, provocando un jadeó de su parte, por mi ataque hambriento hacia sus labios.
Y solté un gemido de felicidad cuando me comenzó a corresponder con tímidez.
La acosté en la cama, colocandome encima de ella, tocando su cintura, metiendo mis manos bajo su blusa, sintiendo su piel tibia en mis dedos, ansioso por ver su rostro me separé un poco encontrándome con sus mejillas sonrojadas.
Los dos teníamos la respiración agitada y sentí como mis colmillos crecían, reclamando su sangre. Cerré mis ojos con fuerza tratando de controlarme.
- Azariel - susurró mi nombre, tocando mi rostro con sus suaves manos- ¿Qué te ocurre?- Preguntó preocupada, abrí mis ojos mirandola- ¿Hice algo mal?- Cuestionó.
Me reí interiormente.
* ¡sí ella supiera! * Exclamé en mi mente.
- No me ocurre nada- sonreí para tranquilizarla- Y te aseguro que no has hecho nada mal.
* Solamente me excité más de la cuenta* pensé.
- Deberías descansar mientras yo me ducho- comenté cambiando de tema.
Ella asintió con la cabeza, acomodándose en la cama.
- Está bien- contestó suspirando.
Le bese la frente, tocando su rostro para sumegirla en un sueño profundo, cuando cumplí mi cometido, me dirigí al baño, necesitaba una ducha urgente, tenía que bajarme la erección de los pantalones.
Suspiré mirándola dormir en mi cama, con hacerla dormir a propósito descansará lo suficiente para sertirse bien, lo necesita, después de todo está comprometida.
Y con un demonio- protector.