Narra Sibila.
Me removí con una enorme comodidad, suspiré oliendo la almohada, tenía una mezcla de colonia varonil y shampoo dulce, que me gustaba mucho. Me sentía relajada, podía escuchar claramente como llovía, pues las gotas de agua impactaban contra el techo haciendo un ruido relajante.
Abrí mis ojos con pereza, sentándome en la cama, observando como las cortinas tapaban las ventanas, por lo que no sabía si ya era de día. Mire las sábanas rojas que me cubrían y las corrí a un lado mientras tocaba el frío suelo con mis pies.
La habitación estaba muy oscura, así que con cuidado de no tropezar con nada, me dirigí a la ventana y corrí las cortinas, que revelaban que el clima de hoy, era templado. Además habían muchas nubes grises en el cielo, lo que indicaba que por ello, llovía con estrépito.
La ventana también daba vistas de una parte del jardín y pude notar con curiosidad como habían dos hombres vestido de n***o que se encontraban separados apenas por unos pasos y que se mojaban, bajo la torrencial lluvia, me pareció extraño, suponía que eran personas que cuidaban de la casa.
Aunque toda la casa tenía rejas gigantescas de color n***o cubriendola, ayer había verificado que eso no sirvió de nada para que entrará desapercibido mi amigo Wise.
Al recordarlo me sentí culpable, había sido espectadora de como Azariel le daba una paliza, lo bueno es que lo detuve a tiempo, pensándolo bien, tenía que saber que había hecho con él.
Recordaba que Azariel, había enviado a un par de hombres para que lo encerraran, debía buscar a Wise y tratar de convencer a Azariel de que lo liberará.
Suspiré, detallando con la mirada la habitación, sus paredes eran de color gris, a un lado mío había dos puertas, suponía que una era el baño y la otra un vestidor, la cama estaba del lado derecho y en los dos lados habían dos mesitas de noche, una de ellas tenía encima un despertador.
Enfrente de esta, estaba una mesa con gavetas y encima un televisor, había un escritorio al lado de la ventana, encima de éste habían papeles y una lámpara.
Al parecer las habitaciones de esta casa, son cómodas y sencillas, me agradaba aquello.
Me senté de nuevo en la cama, pensando en Azariel, lo que ayer me confesó me dejó bastante impresionada, había dicho que yo era su enlazada y que por esa razón era su prometida.
La prometida de un demonio.
Eso resolvió algunas de mis dudas. Después de todo, fui secuestrada por Azariel y no me altere por qué él tiene un poder extraño de manipular los sentimientos. Además de que es capaz de dejar insconciente a las personas. Las dos suceden gracias a su toque.
Aún sabiendo todo esto, no quería creer que existiera una extraña conexión, Azariel me atraía y me gustaba como nadie más lo ha hecho.
Cuando me beso y yo le correspondí, fue una sensación tan única, como si al estar a su lado todo estuviera bien. Que era correcto estar con él.
¿Cómo era posible que una persona te gustará en tan poco tiempo? Suponía que era algo natural para los demonios, pero para mí, siendo humana no lo era.
Yo aún no procesaba todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, como para luego descubrir que era su alma gemela. Y lo peor de todo, es que le creía, confíaba en que me decía la verdad.
Porque algo en mí, me lo afirmaba.
Suspiré, levantándome de la cama, necesitaba ir a mi habitación para arreglarme y luego poder buscar a Azariel.
Camine por los pasillos, esperando no perderme, no había llegado a esta parte de la casa. Encontré unas escaleras que daban al piso de abajo, que por suerte es en dónde se encontraba mi habitación.
* Esta casa es más grande de lo que esperaba, podría considerarse una mini- mansión* pensé.
Entre a mi cuarto, para ir directamente al baño, necesitaba asearme lo más rápido posible.
Luego de eso, enfrentaré mis problemas.
##############
Observé la puerta de color caoba y con decisión toque con mis nudillos varias veces, sin embargo no escuché nada de el otro lado, confundida entre a la oficina, fruncí el ceño al verificar que no había nadie.
Así que con curiosidad, caminé detallando el espacio, había un gran escritorio con una silla negra y dos enfrente para las visitas, detrás una enorme ventana, que de seguro tenía bonitas vistas. En el lado derecho había unos estantes en dónde relucían los licores y otros con libros, incluso había un pequeño refrigerador de color plateado, que a su lado tenía un armario con vasos de varios tamaños.
En el lado izquierdo habían más estantes con libros y adornos, la única diferencia es que en está había una puerta, tal vez era el baño, para confirmar mi teoría decidí abrirla topandome con lo menos pensado.
Era un cuarto con armas extrañas, sorprendida empecé a investigar, no podía creer que Azariel tuviera ésto, aunque tenía algo de sentido, después de todo yo lo descubrí cuando asesinaba a una mujer.
Un momento ¿Cómo se me pudo olvidar eso?
- ¿Qué haces aquí Sibila?- preguntó Azariel, exaltada volteó para mirarlo.
- Yo... No sé- respondí con mi corazón acelerado- Creó que necesitamos hablar- murmuré para luego salir de la habitación, topandome de nuevo con la oficina.
- ¿Estás bien?- Preguntó preocupado mientras caminaba detrás de mí- Se que debes estar confundida por lo que has visto, pero puedo explicarlo- dijo tomándome del brazo.
Iba a seguir hablando pero lo interrumpí.
- Antes de que me digas algo más, debo preguntarte algo- dije mirando sus hermosos ojos grises.
- Está bien- suspiró soltando mi brazo.
- Cuando nos conocimos, recuerdo que te vi con una mujer y tú...- Titubeó un poco- La asesinaste es por esa razón que debo preguntarte- trague saliva- ¿Por qué lo hiciste?
El me miró inquieto.
- Puedo asegurarte que lo que viste ese día, no era una mujer humana, era un alma maldita- respondió agarrando unos libros- Aún no sabes mucho sobre los demonios-protectores o sobre otros mounstruos y si quieres respuestas a esa duda, necesito explicarte desde el comienzo.
Tomó mi mano y me miró dudoso- Se que te arrastré a un mundo que desconoces y se que ayer me descontrole más de la cuenta, pero puedo asegurarte algo. Te protegeré hasta que muera.
Había tanta determinación en sus palabras, sabía que me decía la verdad, él nunca me haría daño y siempre me protegería.
- Te creó- susurré acariciando sus mejillas, un poco ásperas por la barba recién cortada, me acerqué a su rostro y lo mire cerrar su ojos, besé sus labios suaves y me separé.
Él se acercó tomando mi rostro con sus manos, para luego unir nuestras frentes, cerré mis ojos confiando en él.
Baje mis manos dejándolas a mis costados, abrí de nuevo mis ojos y solté un jadeó sorprendido cuando noté como los de Azariel volvían a brillar. Recordándome a aquella noche, oscura y fría, el día en que lo conocí.
Separó sus labios mostrando su colmillos, aún me parecía de cierta manera aterrador, puesto que tenía en la parte de arriba dos colmillos y en la parte de abajo dos más.
Y como si eso no te hiciera tener escalofríos, está vez tenía aquellas venas negras atravesando su cara. Sujeté con mis manos las suyas separandolas de mi rostro, sintiendo la textura de sus guantes.
Mi corazón volvió a latir fuertemente en mi pecho, cuando detalle que él empezó a verme de manera intensa, justo como el día de ayer, cuando nos besamos en su habitación.
Al recordarlo me sonroje sin poder evitarlo.
- Me encanta cuando te sonrojas y más si es por mí- dijo con una voz más gruesa de la normal.
- ¿Qué te está ocurriendo?- Pregunté con nerviosismo retrocediendo unos pasos.
- Es mi demonio, quiere tenerte- respondió sonriendo, pasando su lengua por encima de sus colmillos y cuando lo hizo abrí mis ojos como platos, su lengua parecía al de una serpiente.
Recorrió los pasos que yo había hecho para alejarme, mirándome con ojos de depredador.
¿Cómo es que pude estar en esta situación? Hace un momento estaba intrigada por saber sobre la mujer que asesino y sorprendida por haber encontrado armas y ahora estoy muy nerviosa por lo que sea que vaya a pasar.
- Te deseo demasiado, quiero tomar todo de tí y beber tu sangre- susurró lo sificientemente alto como para que yo escuchará mientras hacía un ruido con su lengua de serpiente.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
- Yo no creo que sea buena idea- Admití nerviosa dando unos pasos hacia atrás hasta toparme con la pared.
- Pues yo sí- Contradijo con una sonrisita burlona mientras colocaba sus brazos a cada lado de mi cabeza, invadiendo mi espacio personal.
Toque su pecho agitado, intentando alejarlo un poco de mí.
Lo cual por supuesto no sirvió de nada. Llevo sus labios a mi oreja derecha y sentí la punta de su lengua ahí, una corriente invadió todo mi cuerpo.
Respiró con fuerza mientras yo sentía que iba a desmayarme en sus brazos.
-Tienes miedo- susurro estrechandome aún más en sus brazos.
-¿ De qué?- sentía mi garganta seca, los nervios ya estaban haciando mella en mí.
- De mí- murmuro en mi oído provocandome un escalofrío.
- Jamás...
Escuché su risa por lo que acababa de decir, pero él sabía que yo no mentía.
- Ya lo veremos- dijo mientras tomaba mi rostro con brusquedad y me besaba con fuerza, demostrando su hambre por mí.
Yo no lo detuve, recibí su beso con las mismas ganas que él mientras pasaba mis brazos por su cuello, sintiendo sus colmillos rozar mis labios, gemí de dolor cuando uno me lastimó.
No tuve tiempo de replicar, cuando la lengua de Azariel me limpio la sangre, provocando un suspiró de su parte y un jadeo de el mío, sentía mucho calor, llamas me consumían y él único que podría extinguirlas sería él.
Mi dulce y ardiente demonio.
- Sientes eso Sibila- Murmuró separando un poco sus labios de los míos- Nuestro enlace se fortalece y no tienes idea de lo mucho que me gusta aquello.
Tomé su nuca con una de mis manos, apretándola con fuerza provocándole un gruñido.
- Te equivocas Azariel, eres tú el que no tiene idea de lo mucho que deseo que nunca desaparezca- Susurré mirándolo con desesperación.
Quería todo, absolutamente todo lo que pudiera ofrecerme.
- Nunca lo hará Sibila, nunca se esfumará- aseguro besándome de nuevo, con tanta furia y con la misma desesperación que yo sentía por él.