POV ARMANDO
Al preguntarle cómo ha estado, creo que esperaba que me dijera que ella también ha estado mal, que también sufrió por mí, que me extraño tanto como yo a ella, que moría por verme, aunque fuera una sola vez mas como yo moría por verla, a pesar del dolor y de todo lo que paso, mi corazón siempre tuvo la esperanza de verla una vez más, de abrazarla y besarla, pero en cambio solo obtuve un “estoy bien”, eso me enfureció, ella estuvo y está muy bien y triunfante, mientras yo moría, por eso le conteste con ironía y le dije que ahora tendrá que soportarme.
No sé, si seré capaz de soportar todo esto, solo han pasado un par de horas desde que la volví a ver y mi vida está ya echa un caos, mi corazón muriendo por tenerla de nuevo, no sabía en realidad cuanto la había extrañado, mi cuerpo reacciona por si solo ante su cercanía.
Estoy enloqueciendo en esta oficina, por un lado, me arrepiento de haberle hablado así, tal vez debí de olvidar todo y caer ante mis instintos y besarla, un beso, solo de imaginar el volver a probar el dulce néctar de sus labios me enloquece, pero mi lado racional, me hace actuar frio, porque ¿como mi cuerpo y corazón pueden olvidar lo que me hizo?, ¿como se pueden olvidar de tanto dolor?.
Salgo de mi oficina y camino sin rumbo, necesito tomar aire fresco, mi cuerpo tiembla, me siento ansioso y si sigo ahí encerrado podría cometer una locura y salir a buscarla, para besarla y eso no puede ocurrir, tengo que ser firme y tener la fortaleza de no volver a caer ante sus encantos, ante esa mirada angelical, esa cabellera castaña, larga y lacia, ante su piel blanca y tersa, esos labios carnosos y rosados que incitan a ser besados, ese cuerpo delgado y con proporciones justas, con su toque tierno y jovial, que me prende de una manera fuera de lo normal, con solo verla mi cuerpo se enciende.
Sin darme cuenta llego hasta el estacionamiento, tal vez en un arranque de salir huyendo, pero no puedo, no debo hacerlo de nuevo, yo no hice nada, no puedo de nuevo mandar todo al diablo, no cuando me ha costado tanto llegar a donde estoy, enciendo un cigarrillo, al cual desde hace años me volví adicto, es lo único que calma mis ansias.
Me recargo en uno de los vehículos a disfrutar de mi cigarro y tratando de calmarme, cuando escucho que alguien tose y después en un tono de bastante enfado pregunta que ¿Quién está fumando?, me molesta un poco ya que es mi único momento en el que necesitaba algo de paz y viene alguien a querer regañarme, a mí que soy el jefe.
Salgo enfurecido para ver quién es el ridículo que esta tosiendo y es cuando la veo casi ahogándose, por dios olvide que ella padece asma, justo por eso en mi adolescencia evite siempre siquiera probar el cigarro, por no causarle molestia, me rio internamente por todo eso que hacia siempre por ella, por eso cuando me fui me refugie en él, quería hacer todo lo que le molestara, era como una parte de mi venganza, hacer todo lo que ella odiaba.
Veo que no puede ni buscar en su bolsa por el ataque de tos que tiene, le arrebato la bolsa y busco su inhalador, varias veces la ayude en eso, se da un disparo y veo que aún le cuesta respirar, sin pensarlo y en un impulso desabrocho su blusa del cuello, ya que siento que eso la está asfixiando más.
Estoy cerca de ella, ya que el ataque tarda en pasar, me siento culpable y preocupado, siempre le dan ataques fuertes, por cosas tan simples, una vez recuerdo que de tanto que la hice reír, termino en el hospital por ataque de asma, siempre procure cuidarla y mantener lejos todo lo que le causara algún mal.
Tenerla tan cerca y tan sensible, me causa ternura y deseo, no me percate y abrir de más su blusa, dejando a la vista sus hermosos senos, mi cuerpo reacciona ante eso, pierdo la cabeza observo de nuevo todo su cuerpo y por dios ese uniforme hace que se vea de infarto, se lo digo descaradamente, ella se sonroja, jamás había sido tan atrevido con ella y veo que eso la descoloca. Afortunadamente la cordura vuelve a mí y me evita cometer la locura de devorarla a besos aquí mismo, me alejo y pregunto a donde se dirige, es demasiado temprano para que se vaya, me responde que ira con unos clientes y eso me causa cierto dolor de estómago, pensar que alguien más podrá admirarla, me molesta.
MIRANDA
Cierro mi blusa y me subo a mi auto para salir de una vez de ahí, mi cuerpo tiembla, no sé si lo que paso hace unos segundos fue coquetería de su parte o solo lo hizo para molestarme, no entiendo su actitud, no sé si me odia o si, oh no, no puedo estar pensando en cosas, no cuando yo tengo un compromiso con Carlos.
Aunque no siento nada por Carlos y nuestro compromiso es solo un convenio que tenemos, eso no quiere decir que yo pueda estar pensando en alguien más, no le puedo fallar de esa manera, procurare hacer un plan de trabajo en donde la mayor parte del tiempo lo pase fuera de oficina o de lo contrario no voy a poder resistirme.
La reunión con los clientes de la industria de alimentos fue bastante estresante, don Franco es un hueso duro de roer, siempre quiere ver hasta el mínimo detalle, y pone miles de trabas, pero afortunadamente venia preparada y logre cerrar el trato con él, con esta venta cubro mi cuota de por lo menos un par de meses, ya quiero ver la cara de Armando, cuando le lleve el contrato para su firma.
El problema es su hijo, es bastante petulante y siempre esta insinuándoseme, no sé qué le da derecho, pero ni de loca caería con un tipo como el, se nota a kilómetros que es todo un don Juan, de esos niños ricos que le gusta jugar con las mujeres y ya que obtiene lo que quiere las desecha, desde que lo conocí, ha estado buscándome, pensé que al decirle que estaba comprometida dejaría de buscarme, pero no, sigue con sus cortejos, hoy no tendría por qué estar presente, pero ahí estaba, yo trate de ser cortes pero nada más, al terminar la reunión con su padre, yo me despedí, pero él con el pretexto de cerrar el trato propuso un brindis, don Franco, dijo que él tenía una reunión y se fue, dejándome con el coqueto de su hijo.
Me costo mucho deshacerme del Don Juan, los tragos empezaron a descolocarlo y ponerse un poco pesado, yo en un descuido de su parte tomé mi bolso y le dije que iría al tocador, pero solo fue el pretexto, ya que afortunadamente la salida también quedaba en esa dirección y salí huyendo del lugar, seguro que con la cantidad de alcohol que ha ingerido, mañana, ni recordara en que momento me fui.
Pasé la noche solo recordando, aun no podía creer que mi Armando, estuviera de vuelta, ya estando en casa pude dar libertad a mis sentimientos, todo fue como de película y no puedo evitar sentir un poco de felicidad y emoción al verlo nuevamente, a pesar de su manera de tratarme, en su mirada puedo ver que sigue ese chico tierno y dulce del cual me enamore desde la primera vez que lo vi entrar en el salón de clases.
Flashback
Ya habían iniciado las clases en la preparatoria, iba en primer año, tenía apenas un par de meses, cuando anunciaron que tendríamos un nuevo compañero y cuando lo vi entrar juro que desde ese momento mi corazón se volvió loco, se veía tan guapo, su seriedad me cautivo, a pesar de ser tan atractivo era un chico muy tímido, todas mis compañeras babeaban por él, pero él no le hablaba a nadie.
Paso casi una semana para que pudiera conocer el tono de su voz y el día que la escuche supe que estaba perdida, era raro que un chico tan joven tuviera esa voz tan varonil, parecía de locutor de radio. Ese fue motivo para que algunos de mis compañeros lo molestaran, eso hizo que se volviera aún más hermético, le tenían celos de que todas las chicas lo buscaban, pero él ni caso le hacía a nadie, era tan tímido.
Natalia y yo le defendíamos y ya que nosotras lo hacíamos Jimin, nos apoyaba, empezaron hacer amigos al igual que Fernando, quien al principio era de los que lo molestaban, pero como igual se juntaba con nosotros, empezó a tratarlo mejor.
Así empezó nuestra amistad, éramos un grupito de cinco, dos mujeres y tres hombres, a mí me costaba acercarme a Armando, él era muy tímido y a mí me daba pena ser insistente y creyera que era igual a las demás chicas, que prácticamente se le insinuaban, pero cuando estábamos en grupo sentía su mirada, el me miraba más de la cuenta, al igual que yo a él, era obvio que nos gustábamos, pero en lugar de acercarse a mi, más se alejaba, yo buscaba momentos para estar solos y el en todas esas ocasiones huía. Rio ante esos recuerdos.
Fin flashback
Con la sonrisa de esos bellos recuerdos me levanto, tomo una ducha y me dispongo alistarme para llegar a tiempo al trabajo, por lo menos los recuerdos servirán para que pueda llegar temprano al trabajo. Al verme al espejo, recuerdo su comentario sobre mi uniforme y mi centro comienza a contraerse, dios la falta se sexo y su regreso, me están haciendo estragos, muevo mi cabeza para alejar esos pensamientos de mi mente.
Llego muy puntual al trabajo, la más sorprendida Teresita, que llego después de mí, nos topamos en la recepción, me saluda y nos quedamos platicando de chismes de la oficina, si lo reconozco, algo que me mantiene entretenida en esta oficina son los chismes que Teresita, me cuenta.
Armando – Que bien que ambas llegaron temprano, solo que ¿no sabía que antes de empezar a laborar se tenían juntas para comentar la vida de los compañeros? – Esa es la voz de él, que no sé de donde salió, Teresita y yo volteamos para verlo, él está detrás de nosotras con los brazos cruzados.
Teresita – Ingeniero, buenos días, disculpe ¿se le ofrece algo? – Teresita, trata de hacer algo ante ser cachadas en pleno chisme por el jefe, yo prefiero no decir nada, ya que no hay justificación.
Armando – Sí, que ambas, se pongan a trabajar, claro si no es mucha molestia ¿o es que tendrán algún otro pendiente que comentar? – Ambas solo nos miramos y yo estoy por salir corriendo de ahí cuando entra un chico.
Disculpen, aquí labora la señorita Miranda García – Trae en sus manos un hermoso arreglo floral –
Armando – Si aquí labora ¿Eso es para ella? - Señala el arreglo.
-Sí, si me hicieran el favor de recibirlas e indicarme donde las pongo, se lo agradecería -
Armando - ¿Quién las manda?
-En la tarjeta viene, pero me podría recibir por favor, tengo otros pedidos que entregar –
Armando – Señorita reciba sus obsequios y póngase a trabajar - Me dice, dirigiéndose hacia a mi y dándome una muy mala mirada.
Miranda – Ah, sí perdón, ven por favor, ponlas aquí, - le indico al chico que las deje sobre la recepción, le firmo de recibido y le doy propina para que se pueda ir, el arreglo en verdad es hermoso, tomo la tarjeta para ver de quien son.
Armando - ¿Y bien, quien las manda? – Lo dice en tono fuerte
Miranda – Es el hijo del señor Franco, nuestro cliente de alimentos – No sé porque razón estoy dándole explicaciones, ni porque él las pide, Teresita, solo nos mira.
Armando – Vaya, ya veo porque se logró el contrato – Dice y se da media vuelta, dejándome con la palabra en la boca, porque no me gusto para nada el tono en que me lo dijo.