A la hora de la salida, me dirijo al estacionamiento a esperar a que él, aparezca lo veo venir muy sonriente con la jefa y es él es que me reclama, ahora falta que ella también venga de metiche.
Armando – Miranda, buenas noches, ¿ya lista para irnos?
Miranda – Buenas noches para ambos y si ya lista Ingeniero.
Armando – Bien suba al auto, ¿licenciada, usted también nos acompañara?
Sofía – No Ingeniero, yo prefiero irme a casa, estoy muy cansada como para ir a lidiar con don Franco, es un señor bastante difícil, ya lo conocerá, solo Miranda, es capaz de aguantarlo, me despido, que tenga buena noche – La jefa se va en dirección a su auto.
Armando – Bien, pues entonces sube por favor.
Miranda – Preferiría, que cada quien vaya en su auto, seguro tardaremos y no tendré como regresar a casa.
Armando – Ese no es problema, yo te llevo a tu casa.
Miranda – Es que no es solo eso, si no mañana también necesitare mi auto para venir al trabajo, por eso digo que será mejor, que cada quien vaya en su auto.
Armando – Esta bien, te sigo – Me contesta de mala manera y sube a su auto azotando la puerta.
Me dirijo al mío y arranco en dirección al restaurant donde me cito el señor Franco, como siempre es un lugar muy elegante, a veces me siento incomoda de entrar a estos lugares y más con uniforme.
Entrego mi auto al valet parking, Armando, hace lo mismo y nos dirigimos con la hostess, para indicarle que tenemos reunión con el señor Franco, ya que para entrar a este tipo de lugares solo es con reservación, pero por lo visto él es cliente frecuente, de inmediato nos atienden y llevan a su mesa.
Él se encuentra con su encantador hijo, que en cuanto me ve se levanta de su lugar y se acerca a mí para saludarme.
Franco Jr – Miranda, que gusto volverla a ver, ansiaba que fuera pronto, pero no imagine que sería tan pronto, espero le hayan gustado las flores- Me dice y da un beso en cada mejilla, quedando bastante cerca.
Miranda – Un gusto también verlos a ambos de nuevo, señor buena noche – Me dirijo al señor Franco quien se puso de pie para recibirnos.
Miranda – Aprovecho, para presentarles al Ingeniero Armando, quien es nuestro nuevo director ejecutivo.
Armando – Un gusto conocerles – Se presentan y tomamos asiento, como siempre el señor Franco, pidió primero la cena y hablamos de trivialidades, ya que él decía que no se habla de negocios mientras se come, que eso es para después.
Proseguimos con la cena, en la cual el Don Juan, no perdía oportunidad para echarme elogios y estar de coqueto, cosa que tenia de muy mal genio a mi jefe, quien solo ponía caras de fastidio al escucharlo, por su parte don Franco le seguía el juego a su hijo, siempre me ha dicho que le encantaría tener una nuera como yo, una mujer de trabajo, inteligente, que hiciera sentar cabeza a su hijo, que a él es lo que le gustaba de una mujer y no las niñitas ricas y consentidas con las que siempre salía.
El que estaba ya de muy mal humor era Armando, pero recordando que el no hizo nada ante mi jefa, cuando prácticamente me corrió de su oficina, me incito a por primera vez ser un poco más amable con el Don Juan y aceptando los elogios de la buena nuera que sería con don Franco.
Al final de la cena procedimos a la revisión del contrato y ahí si Armando, creo llego al límite de su paciencia, ya que ya en temas de negocios don Franco, era todo seriedad y analizaba cada cosa a detalle, aunque ya me sentía cansada y fastidiada, me dio gusto que, Armando, viera como es que en verdad me gane este contrato, que vea que no es que me fui anoche de fiesta y diversión.
Al final don Franco, quedo muy complaciente con todo, nos despedimos amablemente, el don Juan, como siempre se ofreció a llevarme o escoltarme a casa, pero ahí sí que intervino Armando, diciéndole que él, es quien me llevaría a casa, fue en un tono tan firme y fuerte, que por primera vez el don Juan, no dijo nada más y se fue.
Salimos del lugar, él pone en su mano en mi espalda baja, lo cual me sobresalta un poco, es que es imposible que con solo un roce el encienda cada poro de mi cuerpo, asi caminamos hasta la salida, pido mi auto.
Armando – Quiero disculparme –
Miranda – Disculparte, ¿Por qué?
Armando – Por lo que dije en la mañana, ya vi lo que has tenido que aguantar para lograr ganar ese contrato y en verdad te pido me disculpes.
Miranda – No te preocupes por eso, lo buenos es que pudiste venir y darte cuenta de que las cosas no son tan fáciles.
Armando – Lo sé, es que me deje llevar por los celos.
Miranda - ¿Celos? –
Armando – Si celos, sentí celos de ese tipo – Me toma por la cintura y acerca a su cuerpo.
Miranda - No tienes por qué sentirlos – Apenas puedo decir ya que estoy atrapada en sus brazos
Armando – Lo sé, pero no lo pude evitar – Dice y me besa, un beso que me hacer viajar al universo, es un beso necesitado, lleno de amor, deseo, pasión, nos fundimos en un gran beso, un beso con el que soñé por años.
No sé cuánto duro, pero yo no quería que terminara nunca, sé que esto que estaba haciendo era un error, pero soñé tanto con este momento, el cual veía imposible, sueño que pensé solo quedaría en eso, en un sueño.
Nos separamos por falta de respiración y al hacerlo, los chicos del valet parking, solo estaban a un lado de nosotros mirando la escena tan candente que dimos.
Miranda – Perdón – Le digo al chico y el me entrega la llave de mi auto solo dándome una sonrisa.
Armando – Te sigo – Me dice, toma la llave de la mano del chico que trae su auto y se sube, yo me quedo un segundo ahí parada, analizando todo y solo atino a irme a mi auto.
Arranco, dirigiéndome a mi casa, veo por el retrovisor, que el viene detrás de mí, no sé qué hacer, ni sé que pretenda él, ¿me acompañara solo a llegar a mi casa? Cuando llegue, ¿qué hare? ¿lo invito a pasar? Dios empiezo a ponerme nerviosa y a sentir calor en mi vientre, solo de imaginar que él pueda pasar, dios no eso no puede pasar.
Al llegar a mi edificio me detengo, salgo y me dirijo a su ventana, él, la baja, me siento tan nerviosa, que no se ni que decir.
Miranda – Hemos llegado, este es mi edificio – guardo silencio, espero que él diga algo, pero no dice nada - ¿Gustas pasar? – No sé ni cómo fue que dije eso, el guarda silencio, no sé qué será más terrible, que el acepte o que se niegue, eso me dolería.