Capítulo 06: Juguemos a las preguntas.

1975 Words
"Estuve gastando los últimos ocho meses pensando en todo lo que el amor hace es romperse, quemarse, y terminar. Pero el miércoles en un café lo vi comenzar de nuevo." -Taylor Swift {Begin Again ♥} Debby  Demian estaciona su auto en la cafetería Robb's Place, mi lugar de trabajo. Vaya, que astuto es el chico, nótese el sarcasmo, que me lleva a comer al lugar en el que trabajo. ¿Acaso él sabe que trabajo aquí? Seguro que no ¿Podría? La verdad, no me sorprendería, sabe dónde estudio y donde paso los ratos, su nivel de obsesión conmigo ha llegado a sorprenderme, pero algo me dice que solo lo hace para enojar a Dean. Abro la puerta para salir y no puedo, tiene el seguro para niños, solo puede abrirse desde afuera. — ¿En serio? ¿Seguro para niños?— le digo y él me mira divertido. Con esa estúpida sonrisa en su rostro que está cada vez que digo algo. ¿Tengo cara de payaso o qué? Prefiero ni preguntarle. —Solo era en caso de que decidieras escapar, supongo— él responde saliendo del auto y lo rodea para abrirme la puerta. Al salir él me ofrece la mano para ayudarme. Lo miro fulminante, queriendo decir que quite su mano y lo hace. Que caballero ni que nada, no soy una dama. Entramos a la cafetería y le ruego a dios porque nadie me reconozca, no por favor. Nos sentamos en una mesa que está cerca de la puerta. Los asientos tienen forma de U, son acolchonados y amarillos. La mesa es redonda y se encuentra en medio. A nuestra mesa se nos acerca una camarera y yo trato de tapar mi rostro con mi cabello para que no me reconozcan. —Hola, bienvenidos a Robb's Place ¿Qué van a pedir?— una voz chillona dice y algo me dice que es Betty, ugh. —La verdad es que yo no quiero nada, solo un vaso de agua si tienes preciosa— escucho a la voz de Demian decir y abro mi boca estupefacta. ¿En serio? ¿La ha llamado "preciosa" en frente de mis narices? —Sí, claro. El agua es gratis— la chica dice y se dirige a mí — ¿Usted quiere algo?— pregunta. —Ujum, em, si quiero un café, nada más— cambio mi voz a un tono más ronco. Que no sepa que soy yo. —Um, claro, ¿Estas bien? ¿Estas enferma?— pregunta la entrometida. — ¿Eso te importa?— casi grito y me volteo. Error. Idiota Debby, me han reconocido. Miro a Demian y él está divertido con la situación, mierda. —Oh Debby— ella exclama —Dios, que sorpresa verte aquí— mira a Demian —No sabía que tenías novio— ella dice divertida. Maldita chismosa. Demian suelta una risa y yo lo miro fulminante y luego a Betty —Él no es mi novio—le digo —Estas loca. Ahora trae la orden que para eso te pagan— Betty se sonroja y luego va hacia la cocina dando pasos apresurados. —Ouch, me negaste, eso me dolió— Demian dice finiendo estar herido. —Si claro, —giro los ojos— ¿Preciosa? ¿En serio? Y dios ¿En serio pediste agua? Me persigues como un psicópata por todas partes, me robas el bolso- —Te lo devolví— interrumpe. —Haces todas esas cosas para, finalmente, llevarme a "cenar" ¿Y pides agua?— Le reprocho molesta. —No me gusta el café— él dice. — ¡Tú me invitaste a un café y no te gusta el café!— grito y la gente se voltea a vernos — ¿Qué tanto miran? ¿Les debo dinero?— grito y los demás siguen conversando entre ellos. Que molestia. —Cálmate cariño, me estabas dejando sin opciones— se excusa. Me tiro hacia atrás y suspiro frustrada —Solo quería estar contigo, y podemos hacer esto interesante—me promete y sonríe. — ¿No se te acalambra la boca de tanto sonreír? Esta es la peor cita de la historia— exclamo exhausta. ¿Apoco no te gusta su sonrisa? Mi molesta subconsciente me dice. La hago callar. —Con que esto es una cita— él dice y me mira traviesamente. Dios no. — ¿Qué?, no, yo solo, pensé... —Oh, solo te había invitado a un café, pero si tú lo consideras una cita— chasquea la lengua —No hay nada que hacer. —No es a lo que me refería, Demian— le digo cruzada de brazos. —No vuelvas decir mi nombre—me mira fijamente. ¿Qué? ¿Ahora no le gusta que diga su nombre? ¿Qué demonios con este tipo? — ¿Por qué?— finalmente pregunto. —No quieres saberlo— me mira fijamente y sus ojos están llenos de pensamientos obscenos, lo sé. —Eres un pervertido— hago una mueca de disgusto. —Me han dicho cosas peores. —No me imagino porque— digo con sarcasmo. —Juguemos a algo— propone. — ¿A si?— lo miro y me inclino hacia adelante, poyando mis codos en la mesa y poniendo mi cabeza entre mis manos — ¿Qué propones, Demian?— lo provoco y levanto una ceja. Demian mira hacia abajo divertido y luego a mí —Juguemos, a las preguntas. — ¿A las preguntas?— levanto las cejas. —Si, a las preguntas. Yo te hago una pregunta, y tú la respondes. —Oh, eres tan inteligente, ¿Estudiaste en Harvard?— lo molesto. —Jajá, muy graciosa, ¿Quieres jugar o no?— pregunta. —Si claro, yo empiezo— me acomodo y él alza las cejas sorprendido. Tomo un gran respiro y empiezo — ¿Tienes conductas psicópatas, obsesionadas, posesivas con alguna chica en especial, que su nombre empieza con "D" y termina con "ebby"?— pregunto y me mira divertido. —Buena pregunta— ríe —No me llamaría un psicópata, obsesivo, posesivo. Solo soy muy insistente— responde —Bien, me toca— dice — ¿Puedo preguntar lo que sea, verdad?— pregunta. —No todo lo que quieras. Ya sabes, tengo secretos muy sucios, una mente muy retorcida que prefiero que se queden conmigo— bromeo- o no tan bromeo- —Bien, te toca— responde. Llega Betty con su orden y pone un vaso de agua enfrente de Demian y una taza de café en frente de mí y luego se va. — ¿Y tú pregunta?— le digo. —Ya la hice— él se explica. — ¿Eso es todo?— no puedo creer que esa haya sido su mugrosa pregunta. —Solo una pregunta a la vez, preciosa. Es mi turno— levanto las cejas sorprendida mientras me mira divertido. —Muy inteligente, Saint. Tomo un sorbo de mi café y suelta su pregunta — ¿Eres virgen?— escupe sin pensarlo dos veces y casi me atraganto con el café. ¿Qué? — ¿En serio me estas preguntando eso?— le digo seria. ¿Qué clase de pregunta es esa? Eso es demasiado íntimo. —Vamos, solo responde, el que hace las preguntas ahora, soy yo. Muy buena jugada Saint. —Eso depende de donde lo veas— respondo. —Eso no es una respuesta. Es sí o no— él dice. Tomo una bocada de aire. Dios. —Soy virgen— finalmente digo. Demian me mira alzando las cejas con ironía. Me quejo y luego digo —Medio virgen. — ¿Medio virgen?— exclama — ¿Qué se supones que es ser medio virgen?— ríe. —Que me la medio-metieron— suelto y Demian estalla en carcajadas, y no puedo evitarlo, yo también. — ¿Medio metieron? ¿En serio? Dios Debby, eres tan divertida— no para de reír y la gente nos mira otra vez. Debemos vernos bastante bipolares. —Deja de reírte— le digo y no puedo evitar reír yo también. Él para su risa y se detiene un momento a mirarme. Apoya su cabeza en su brazo y sigue mirándome, —Tu risa en un sonido muy hermoso ¿lo sabias?— él me dice y siento que me sonrojo, pero no, no lo hare. —Creo que ya has hecho demasiadas preguntas— le reproche. —No me respondiste— él dice — ¿Medio virgen? ¿Medio metieron? Creo que nunca me había reído tanto en mi vida— vuelve a soltar una risa. —Bueno— ruedo los ojos —Si esto lo responde. No, no soy virgen. Aunque yo prefiero el termino, "medio virgen" me hace parecer "medio inocente"— tomo un sorbo de mi café. —Muy bien niña "medio virgen, medio inocente", demasiadas preguntas por hoy— él dice y se toma de sopetón su vaso de agua. Betty viene con la cuenta del café, Demian lo paga y nos vamos. Vaya "cena" pensé. —Me debes una cena, chico risueño— le digo mientras caminamos hacia su auto. — ¿Chico risueño?— él me dice extrañado pero divertido. —Siempre estas sonriendo y riéndote de cualquier cosa, así que, ese apodo te viene ¿no crees?— le digo, porque en parte, es verdad. —Como quieras, chica rebelde— él dice y yo rio —Con una hermosa risa— se acerca a su auto abriéndome la puerta y yo entro. Luego él también lo hace y enciende el auto — ¿Dónde vives?— pregunta. Y antes de que pueda responder, el celular del suena —Un segundo—dice, mira la pantalla y luego contesta —Hey... si...con Debby....si con Debby me la encontré en el bar y la invite a un café. —Con agua— digo. —Si...adiós— cuelga —Con agua— dice, y maneja. — ¿Acaso eran tus amigos? —le pregunto, sólo para hacer algo de conversación. —Sí, uno de ellos. Silencio. Solo unos segundos antes de que lo rompa con otra pregunta. — ¿Acaso tus demás amigos no compiten en las carreras como tú? Ese día, sólo a ti te vi mientras que tus amigos sólo se quedaron mirando. Demian se ríe. Despega la vista del camino un segundo para mirarme. — ¿Por qué de repente pareces tan interesada en mí?—dice, y hay un tono de superioridad en sus palabras. Ya se le ha subido el ego. —Tienes razón. No me interesa. — ¡No te enojes! Sólo era una broma. —No me enojo—suelto. —Claro que sí—dice, y vira hacia la izquierda. El semáforo da rojo y se detiene. —El único amigo que en realidad tengo es Ryan, y él no corre porque es mecánico, y ha visto demasiadas motocicletas chocadas y hechas mierda que prefiere dedicarse sólo a conducir motos y autos para transportarse. —explica y es mi turno de reír. —Me suena a que es un maldito cobarde. El semáforo da luz verde nuevamente y Demian arranca nuevamente. —Ryan no es cobarde—lo defiende. — ¿Acaso tu correrías asumiendo el peligro de quizás tener un accidente y morir? Niego repetidas veces con la cabeza, con una mueca de horror en ella. —No soy estúpida. —Ryan tampoco es estúpido ¿lo ves? Sonrió, porque me hace gracia. —Entonces...—murmuro divertida. Demian voltea un segundo su cabeza para verme y también lo veo sonriendo. —el estúpido aquí serías tú. Demian suelta una carcajada y vira hacia la derecha. —Tienes razón. Soy el estúpido más grande de todo San Francisco—finalmente admite. —Creo que llegamos. Miro por la ventana y veo mi casa a través de ella. Suspiro. Sin perder más tiempo salgo del auto que está enfrente de mi casa y Demian hace lo mismo. —Gracias por...por traerme— le digo algo sorprendida. Yo no suelo ser amable, pero supongo que se lo ha ganado a pesar del hecho de que no para de molestarme. —De nada— él dice y empieza a acercarse a mí — ¿Puedo hacerte la última pregunta? —Bueno, después de todo creo que te lo debo—acepto. Él se acerca a mí, me toma de la cintura y yo pongo mis manos en sus hombros, manteniendo distancia. — ¿Crees en los besos la primera cita?— pregunta con una sonrisa coqueta y me rio. Creo que esto ya lo había visto venir. —La verdad, no sé, depende si lo pase bien en esa cita— juego con él e inclina su cabeza hacia mi cuello, y siento su respiración en él. — ¿Y te divertiste esta noche?— susurra y puedo sentir su aliento caliente en mi cuello. Reprimo un jadeo. —No lo sé, quizás— contesto en voz baja. Él vuelve a mirarme apoyando su frente contra la mía. Mira mis labios y relame los suyos. Joder Saint, no hagas eso. Se inclina lentamente hacia mí para besarme. Voy empezando a cerrar los ojos y sin querer miro el reloj de mi muñeca. Son las 00:03... ¡MIERDA, MIERDA Y MAS MIERDA! — ¡Es muy tarde!— grito empujando a Demian lejos de mí —Lo siento Demian. Otro día. Adiós— digo rápidamente y deposito un beso en su mejilla. Corro sin esperar su respuesta pero lo escucho gritar de lejos: —Me lo debes Debby, adiós. Muerdo mi labio y abro la puerta, entrando rápidamente. Mierda, mierda, mierda. Entro y ahí está. Él. —Llegas tarde, Debby— él dice fríamente y un escalofrió de miedo, angustia y terror puro corre por mi espalda. —L-Lo siento— me disculpo —No volverá a pasar— le aseguro, pero sé que es tarde. Se acerca con expresión cruel hacia mí. Cierro fuertemente los ojos y me preparo para el golpe.  
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