Un mes después, Eric estaba trabajando en el hospital, deprimido porque lo habían amonestado por cometer errores en sus diagnósticos. Recibió una llamada de emergencia en su oficina.
—Ven a casa ahora —gruñó Angela—. Tengo que irme, y necesito que cuides a Luna.
—No puedes estar hablando en serio. ¿No puedes conseguir a alguien para que la cuide hasta que termine mi turno? Ya estoy sobre arenas movedizas con el jefe de personal.
—¡No, tengo que irme YA! Me he bombeado lecha adicional para ella, está durmiendo, pero tienes que venir a cuidarla.
—¿Estás herida? Puedo enviar una ambulancia…
—No, tengo que irme. Probablemente vuelva en unos días, como la vez pasada —mientras hablaba, su voz cambió de normal a ruda e irregular, como si estuviera costándole respirar.
Eric sacudió la cabeza y dijo— De acuerdo, le pediré a alguien que cubra por mí —no recibió respuesta alguna, Angela ya había colgado.
Cuatro días después, Angela llamó nuevamente desde la cabaña y le pidió a Eric que la fuera a buscar.
La vida fue de mal en peor. Los episodios mensuales de Angela arruinaban el itinerario de Eric y la pérdida de su sensibilidad adicional hacía que fuera dudoso con sus diagnósticos.
Después de seis meses, Eric perdió su residencia. Sin ingresos ni posibilidad de mantener un itinerario laboral estable, no le quedó otra que tomar empleos a medio tiempo.
La madre de Eric finalmente vino a ayudar. Eso duró tres días. Luna adoraba a su abuela, y la abuela mimaba al pequeño bulto de alegría. Pero Angela y la madre de Eric se evitaban entre sí como dos perros extraños, sin jamás quedarse en la misma habitación.
—Lo siento, Eric —dijo su madre mientras estaba parada en la puerta, esperando a que llegara un taxi—. No puedo soportar cerca de Angela —su voz se redujo hasta un susurro apenas audible—. Es un monstruo, y no estás a salvo…
Angela de repente estaba ahí, gruñendo en su cara— ¿Yo soy un monstruo? ¿Quién diablos crees que eres? ¿Crees que no puedo sentir tu hedor?
Con toda la dignidad que pudo juntar, la madre de Eric tomó su maleta y se fue.
Eric levantó a Luna mientras desesperadamente se estiraba hacia su abuela. Por sobre los llantos de Luna, Eric dijo— ¿Por qué no pudiste tratar mejor a mi madre? Sin ella aquí para ayudar con Luna, perderé mi empleo.
—No me importa. Esa mujer y yo nunca nos llevaremos bien.
—¿Por qué?
—Porque somos demasiado diferentes —dijo Angela sencillamente.
Sacó a Luna de los brazos de Eric y calmó a la bebé— No te preocupes bebé, esa vieja bruja se ha ido. Ya no nos molestará más. Mamá te cuidará.
—Quizás pueda pedirle a mi tío Ira…
—¡No! Es peor que tu mamá.
—¿Tu hermana, Grace?
Angela se estremeció y sacudió la cabeza— No quiero que me vea así. Además sigue haciendo quimioterapia.
—Se nos están acabando las opciones, Angela —dijo Eric con un suspiro—. Puedo conseguir una niñera para Luna así puedo trabajar en el turno nocturno en la estación de servicio. Eso paga un poco más…
—¡No! No confío en nadie más con Luna.
Eric estaba sentado en la mesa de la cocina y se frotaba la cara con ambas manos— Angela, se nos están acabando las opciones. Todavía puedo postularte para ese trabajo de traductora en el hospital. Incluso si tuvieras que tomarte mucho tiempo libre, ganaríamos más dinero.
Angela se estremeció— Eric, no puedo trabajae en el hospital. El hedor a gente enferma me vuelve loca —miró en otra dirección, avergonzada—. Tengo dificultad para controlar mi temperamento en el hospital.
—Sí, casi le arrancas la cabeza a esa enfermera.
Angela caminó hasta detrás de Eric y le masajeó los hombros. Sé que estás haciendo todo lo que puedes, y lo aprecio. Pero forzarme a interactuar con otros sería peligroso.
—¿Peligroso? Tu temperamento no es tan malo —Eric se estiró hacia atrás por sobre su hombro y acarició la mano de Angela—. Puedes ser muy suave.
—Eso es porque te amo —Angela respiró profundo—, porque hueles como Luna. Todos los demás me irritan.
Las semanas se tornaron meses; los meses años, hasta el quinto cumpleaños de Luna.
Luna le dio a Eric un gran abrazo por la muñeca Barbie de tienda de segunda mano que él le había comprado— Gracias, p**i. Te quiero.
—Yo también te quiero, cachorra.
Luna miró hacia la mesa donde estaba posado el pastel minúsculo que Eric había horneado. Una única vela sin encender estaba clavada en el medio.
—¿Cuándo podré soplar la vela?
—Cuando Mami regrese —Eric miró por la ventana hacia la luna creciente. Angela generalmente regresaba justo después de que terminara la luna llena. Pero este día, el día especial de Luna, no se encontraba por ningún lado.
El teléfono sonó. Era Angela. Con una voz más llena de emoción que la que Eric había escuchado en años, dijo— ¡Hola, Eric! Conocí unos amigos nuevos. Tenemos mucho en común. Debo quedarme un día o dos. ¿Luna está dormida?
—No, está esperando por ti.
—Ya tendría que estar en la cama. No estás cuidando bien de ella.
—¡No está en la cama porque está esperando a que su madre vuelva a casa de una endemoniada vez y la ayude a soplar la vela de su maldito pastel de cumpleaños!
—¿Es su cumpleaños?
Eric apretó los dientes para evitar gritar delante de Luna. Se dio la vuelta para que Luna no pudiera escuchar y susurró en el teléfono— Solo vuelve a casa tan pronto como puedas. Inventaré una excusa para Luna.
—Gracias, Eric —una pausa larga—. Necesitaré un aventón.
—¿Qué? Te llevaste el auto a la cabaña. ¿Está averiado?
—No estoy en la cabaña, así que necesito que me vengas a buscar en tres días en…
—No —interrumpió Eric. Toda emoción—amor, odio, ira, se desvaneció—. Encontraste tu camino hasta tus «nuevos amigos». Puedes encontrar tu camino de regreso. O puedes no hacerlo.
—Eric, no digas eso. Simplemente no entiendes lo que estoy pasando —entonces susurró, como si temiera que la escucharan—. Una parte de mí aún te ama, siempre te amará.
—¿Solo una parte? —Eric sintió un tirón en la pierna del pantalón. Luna se había acercado a escuchar—. Siento mucho lo del auto. Estoy seguro que conseguirán la pieza que necesitas y harán que te lo arreglen.
—Eric…
—Toma, te pasaré con Luna para que puedas desearle un feliz cumpleaños.
***
—Hola, Mamá —dijo Eric al teléfono—. Recibí tu carta. Gracias por revisar. Realmente hizo una diferencia para nosotros.
—De nada, Eric. Lamento no haber podido estar allí para el cumpleaños de Luna. Quizás el año que viene.
—Quizás —dijo Eric con un suspiro— ¿Qué es esta nota acerca de ver a la Doctora Justine Wallace en el hospital?
—Es una de nuestras amigas. Dirige el departamento de Técnicos Médicos de Emergencia en el hospital. Ofreció darte una entrevista para un trabajo como uno.
—Mamá, no sé si alguna vez vaya a poder mantener un trabajo estable. Al menos no hasta que Luna sea mayor.
—Está acostumbrada a personas con itinerarios inestables. Simplemente ve a la entrevista. Al menos seguirías utilizando tu educación.
***
—¿Eric White? Por favor pasa a mi oficina —la Dra. Wallace entró rápidamente a su oficina, seguida por Eric. Era bajita y rellena, vestida en una combinación de chaqueta y falda gris que Eric asociaba con los administradores del Hospital.
Eric se sentó nerviosamente en la silla de madera dura y resistió el impulso de aflojar su corbata. Se frotó las palmas húmedas en los pantalones.
La Dra. Wallace pasó unos minutos revisando la solicitud de Eric. Cerró la carpeta y colocó sus manos unidas delante de sí.
—Entonces, Eric, ¿por qué tendría que contratarte? ¿Contratar a un doctor fallido?
«Estoy lo suficientemente desesperado como para trabajar con sueldo mínimo. Estoy enormemente sobrecalificado para una posición de técnico médico de emergencias. Tendrías suerte de tenerme a mí».
Todos estos pensamientos corrieron por la mente de Eric. Retuvo sus pensamientos y sonrió.
—Porque quiero ayudar a la gente. Tuve que abandonar mi programa de residencia debido a problemas familiares. Pero estoy más que calificado.
—Consulté con tu antiguo jefe de personal. Dijo que eras muy bueno, pero fácil de distraer —miró hacia abajo, a la carpeta cerrada, como si estuviera leyendo—. Dijo que también tenías problemas de asistencia.
—¿Problemas de asistencia?
—Frecuentes salidas temprano, inasistencias sin explicar.
—Se me dijo que tenías más flexibilidad en ese tema —dijo Eric. Sacó una lista escrita a mano en una hoja de papel—. Puedo prometer que estaré disponible para cualquier día que no esté marcado aquí.
La Dra. Wallace miró la lista— ¿Necesitas tomarte libre cada luna llena? —rio— ¿Qué eres, un hombre lobo?
Su mirada se volvió penetrante. El amuleto protector se puso cálido en el pecho de Eric.
Ella sacudió la cabeza— No, no eres un hombre lobo. ¿Quizás otra cosa?
—Nada más —dijo Eric—. Solo un profesional médico que necesita un empleo —respiró profundo—. Mi madre me dijo que explicara mi itinerario como una «necesidad religiosa».
La mirada de la Dra. Wallace cayó, y finalmente sonrió— Conozco muy bien a tu madre. Somos muy complacientes con las necesidades religiosas. Deberías ver nuestro itinerario durante los equinoccios y Samhain —miró el itinerario de Eric—. Parece que estarás disponible en la mayoría de esos días santos.
Veronica Singer es una autora lograda que recientemente se aventuró a escribir dentro de su género preferido: Romance Paranormal.
Una viajera mundial que ha vivido en muchos países, puede disfrutar de los sofisticados placeres de Tokio, así como los menos sofisticados placeres de los tugurios animosos de Nueva York.
Si te ha gustado esta precuela, revisa el Libro 1 de la saga de Legado Licano: https://www.amazon.com/-/es/Veronica-Singer-ebook/dp/B0BTRTQ2CQef=sr_1_fkmr0_2?__mk_es_US=ÅMÅŽÕÑ&crid=AUYL9SE0102V&keywords=legado+licano+victoria&qid=1694648698&sprefix=legado+licano+victoria%2Caps%2C216&sr=8-2-fkmr0