Parte 2

1695 Words
Eric estaba sentado en un cubículo de restaurante cuando su tío llegó. El Tío Ira era un hombre delgado que compartía muchos de los rasgos de la madre de Eric. Cabello arenoso sobre esos luminosos ojos azules de la familia, más alto que su madre. Su cara sin arrugas lo hacía parecer mucho más como un hermano mayor de su madre, que uno mayor. Ira se detuvo a varios pies de distancia, con los ojos moviéndose rápidamente de un lado al otro, como si esperara una emboscada —Hola, Eric. ¿Estás aquí solo? —Soy solo yo, Tío Ira. Ira igual parecía estar sospechoso, Eric añadió— Tregua. No te atacaré. Mientras Ira se deslizaba por el tapizado de vinilo rojo, Eric añadió— No podría a****r, de todas formas. Ya no tengo acceso a magia. Ira lo miró fijo, observando más allá del espectro humano. Eric aguantó la respiración y se tensó. Si Ira atacaba, no tenía defensas mágicas. —Tregua —dijo Ira, y Eric se relajó. —Eres familia —continuó. Ira levantó la mano en el mismo gesto que Eric había usado con Angela, el gesto que le había enseñado al joven mago— Te juro que no les haré daño a Angela ni a ti durante el tiempo que dure la tregua. —Estamos esperando un bebé, tiene fecha para fin de mes. —Felicitaciones. Eric sostuvo la mirada de Ira durante treinta segundos, y entonces Ira dijo— Incluyo a tu bebé en la tregua. Una mesera vino y ambos pidieron café— Nunca bebías café antes —dijo Ira. —La escuela de medicina y esta residencia me han vuelto un creedor. —¿Por qué me llamaste después de todo este tiempo? —Fuimos atacados por un hombre lobo. Ira expulsó café por la nariz. Tras limpiarlo con una servilleta, continuó— Los hombres lobo no existen. Debe haber sido un oso. —No. Fue un hombre lobo. Cambió de tener cuatro patas a tener dos. Ira sacudió la cabeza en negación— Los hombres lobo no existen. Comienza por el principio, Eric. Eric relató la historia del ataque de Angela, la criatura que cambiaba de forma, y sus esfuerzos salvavidas utilizando la energía de un rayo para salvar a la bebé y a Angela. —Desde que desperté, no puedo sentir la magia. Es como, como si mi brazo estuviese dormido y no pudiera despertarlo. —¿Cuán mala era la condición de Angela? —Múltiples laceraciones y mordidas, mucha pérdida de sangre, shock. Le desgarró el abdomen y vientre. Pude ver a la bebé adentro —Eric se estremeció—. Fue algo muy riesgoso. Gracias a Dios, pude sanarla. Ira miró a Eric, sorprendido— Nunca había escuchado que alguien fuera capaz de sanar heridas así de serias. Canalizar tanto poder agotaría a cualquiera. Tienes suerte de estar vivo. —¿Así que no hay cura? ¿Nunca más podré conectar con la magia? Ira hizo un gesto con los hombros— Los magos sanan mejor que la mayoría de la gente. Podrías recuperarte. —¿Podría? ¿No lo sabes? —No hay garantías. Incluso si logras recuperarte, tomará mucho tiempo. Hasta entonces, serás vulnerable. Ira miró a Eric por encima de su taza de café— Aún tienes el aura de un mago, pero es muy, muy ligera— Ira levantó una ceja—. ¿Puedes crear un círculo protector? —Lo he intentado, pero no funciona. Lo único que conseguí fue una migraña. Ira miró hacia la distancia, comulgando con espíritus o su consciente durante tiempo suficiente como para que sus cafés se enfriaran. Eric, acostumbrado a los modos de los magos, esperó pacientemente. Ira pestañeó y sacudió la cabeza. Bebió un sorbo de café tibio, frunció el ceño y llamó a la mesera para que les sirviera más café y un trozo de pastel para cada uno. Cuando ya estaba servido, Ira revisó debajo de su camiseta y sacó un amuleto con una cadena de alrededor de su cuello. Se lo entregó a Eric y dijo— Necesitas esto más que yo. Mantenlo cerca en todo momento. —¿Qué hace? —Oculta tu aura. Mientras lo uses, te verás como un humano normal. —¿Por qué necesito esto? —No puedes protegerte; no puedes hacer un círculo. Nunca fuiste fuerte como un mago. Hay criaturas que querrían usarte como una batería recargable. Eric examinó el amuleto, pero sin su visión mágica, solo parecía una moneda vieja en una cadena de oro. No sintió nada cuando pasó su cabeza por la cadena. Frotó el amuleto a través de su camiseta, y sacudió la cabeza. —No me siento diferente. —No sentirás nada. Solo oculta tu aura de la visión sobrenatural. —Gracias, Tío Ira —un silencio largo, y después Eric añadió—. ¿Cuánto te debo? Sabes que no tengo dinero. —No quiero tu dinero. Eres familia y el dinero no es tan importante. Me debes un favor. —¿Estás seguro? Es posible que nunca recupere mis habilidades. Ira se sentó hacia atrás en su silla y sonrió— Creo que la magia encontrará la forma. —La mayoría de la gente diría que la magia no existe. —La magia no existe para la mayoría de la gente. —Eso nunca tuvo mucho sentido para mí; cómo la gente puede ver cosas imposibles y aun así ignorarlas. Ira hizo un gesto y los cubiertos de la mesa levitaron, formando un círculo de artículos flotando sobre sus cabezas. Los demás clientes y la mesera ignoraron la exhibición. Mientras los cubiertos se acomodaban nuevamente sobre la mesa, Ira dijo— Los humanos normales ignoran la magia y a los usuarios de magia. Es como que tienen un punto ciego permanente para lo sobrenatural. Pensando en cómo su esposa había ignorado toda señal de magia, Eric preguntó— ¿Hay alguna manera de forzarlos a recordar? —He escuchado de amuletos que pueden ayudarlos a lidiar con nuestra realidad. Quizás algunos años de meditación —hizo un gesto con los hombros. —He intentado lograr que medite, pero es demasiado impaciente. Creyó, en un momento. Ira interrumpió a Eric— Todos los niños creen en la magia. Cuando crecen, todo eso se disipa. Si alguien no tiene la chispa de la magia, un talismán, o entrenamiento extenso, esos recuerdos se disipan. —Pero yo recuerdo. Ya no puedo usar magia, pero igual sé que existe. ¿No tendrían que disiparse mis recuerdos? Ira sacudió la mano— Entre tu naturaleza innata y ese amuleto, siempre recordarás. —Esto es confuso. Ni siquiera entiendo la magia realmente. Ira suspiró— Te seré sincero, muchacho. Yo tampoco entiendo mucho acerca de la magia. Por lo general, los mejores magos encuentran un maestro. Yo tuve que aprender por mi cuenta. Mis habilidades son débiles en comparación con la mayoría. —Yo pensaba que eras excelente, me enseñaste muchas cosas. —Te enseñé tanto como pude antes de que tu madre me expulsara de sus vidas. Eric jugó con su tenedor, finalmente comiendo un bocado del pastel de manzana— ¿Por qué no se hablan más tú y Mamá? —Pregúntale a tu madre. —Lo hice. Se rehúsa a hablar de ello. Ira jugó con su troz de pastel de cereza durante un minuto— ¿Sabes cuántos años tengo? Eric frunció las cejas, pensándolo— No recuerdo. ¿Cerca de un año más que Mamá? —Soy veintidós años mayor que tu madre. Ella fue una bebé tardía. —No, eso no puede ser verdad. Luces mucho menor que ella. Ira bajó la voz— Esa cosa de sanar que haces. Casi todos los magos pueden hacer eso en poca medida. —Pensaba que habías dicho que era un talento raro. —Es raro sanar a otros. Pero podemos sanarnos a nosotros mismos. Eso es lo que nos mantiene jóvenes. —Pero Mamá luce mayor que tú. —Ella no tiene el talento. Piensa en la habilidad mágica como un gen recesivo. Algunas personas son portadoras del gen «mágico» pero no pueden realizar magia ellas mismas. Pero pueden tener hijos que tengan el talento. —Entonces, Mamá no tiene este talento. Es por eso que envejece de manera normal —Eric tomó un sorbo de café, y continuó—, pero igual luce menor que su edad real. Todos dicen que se ve genial. —Encontró una manera diferente. Una manera que no requiere de los talentos de un mago. Una magia diferente— Ira gesticuló hacia Eric y sí mismo—. No es tan buena como la cosa real que tenemos nosotros, pero puede retrasar lo inevitable. —¿Hay distintos tipos de magia? —Muchos tipos. Algunas funcionan mejor que otros, algunas son casi inútiles. La magia que utiliza tu madre es mejor para ocultar los efectos del envejecimiento de lo que es para posponer los efectos del envejecimiento. —¿Qué tipo de magia puede hacer eso? —La brujería. Tu madre se unió a un aquelarre. —¿Mamá es una bruja? —Sí. Y las brujas y los magos nunca se llevan bien. Somos enemigos naturales. Es por eso que ella rompió todo contacto conmigo y se divorció de tu padre. —Pero sabe que yo soy mago y nos llevamos excelente. —¿En serio? ¿Es por eso que te fuiste de casa a los diecisiete para ir a la universidad? —Bueno, eso fue rebeldía adolescente normal, estoy seguro que le di bastante actitud. Aún hablamos todas las semanas. Está emocionada por la bebé. —Pero no suficientemente emocionada como para venir a visitar —Ira bebió otro sorbo de café. —Dijo que quizás después de que nazca la bebé. Ira comió su último bocado de pastel y bebió lo último que le quedaba del café— Espera poco de parte de tu madre. Tuvo que jurarse al aquelarre —miró hacia abajo y sacudió la cabeza—. Yo aún quiero a mi hermana menor, pero probablemente no estaremos organizando reuniones familiares pronto.
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