Elena sonrió al sentir el abrazo posesivo de André sobre su desfigurada cintura y no podía ser más feliz, porque la razón era su hijo que crecía ahí dentro y quien parecía feliz de escuchar la voz de su padre y su cariño, porque justo en ese momento empezó a moverse con ímpetu. Escuchó la respiración de André detenerse, pero no hizo ni un solo amago por moverse o interrumpir ese bello momento, deseaba que él se diera cuenta de que tenía muchas razones por las cuales vivir, que había personas como Christine, ella y su hijo que esperaban porque él se sintiera bien de nuevo y se recuperara en medida de lo posible, pero que realmente lo deseara desde el fondo de su corazón, de esa manera podría dar valor a cada paso que daba. —¡Es maravilloso! —expresó y en el tono de su voz, Elena pudo dist

