—¡Maldición! —exclamó al sentir el dolor atravesando la carne de sus glúteos. —Hijo, ¿estás bien? Christine había corrido hacia él apenas lo miró resbalar, por un momento se temió lo peor, pero todo había sido un susto, él se había sostenido del barandal a tiempo. —No ¡Nada está bien y nada lo estará! —explotó al sentirse frustrado, no había sido su intención gritar, pero contenerse tampoco estaba en su naturaleza. —¿Qué sucede? ¿Por qué gritas? —preguntó Elena mientras caminaba con prisas, había escuchado el grito de Christine y el cuerpo entero se le enfrió. —¡Nada! ¡No sucede nada! —espetó en tono molesto, odiaba ser el centro de atención en ese momento. —No te atrevas a hablarme así André, puedes gritarle a quien tú quieras, pero no lo hagas conmigo. Si te he preguntado es porque

