André de repente se sintió perdido hasta el punto de creer que esto solo era una más de sus locas alucinaciones, el deseo de escuchar la voz de su amada Elena. Era eso no podía ser otra cosa, pues Elena no tenía manera de saber… «Existe el internet André, también los investigadores privados y Elena tiene los recursos para dar contigo así te hubieses escondido bajo las piedras» —No sé qué es lo que pretendes al hacerte pasar por ella y tampoco quiero averiguarlo, solo termina de largarte de mí casa —expresó en tono afilado. —Podría mentirte y no te darías cuenta de mi juego André, pero no soy una mujer que huye de sus problemas, no sé si pueda decir lo mismo de ti —expuso Elena con seriedad, aunque André no pudiera verla, sabía que reconocería su estado de ánimo en el tono de su voz. —¿Q

