La lluvia golpeaba los ventanales del Instituto como un recordatorio constante de todo lo que se había perdido entre esas paredes. Carla se ajustó la campera oscura, ocultando su rostro con la capucha mientras caminaba detrás de Mauro por el pasillo angosto del subsuelo. Las luces parpadeaban a intervalos, dándole al ambiente ese aire decadente que tanto la incomodaba. Era extraño volver al lugar donde todo había comenzado, donde tantas cosas habían sido enterradas… incluso la madre de Mauro. —Por aquí —susurró él, revisando el plano digital en su tablet. La habitación a la que entraron estaba cubierta de polvo y placas electrónicas oxidadas. Pero lo más inquietante era la cámara de vigilancia en la esquina. Una luz roja titilaba. Activa. Estaban siendo grabados. —¿Está conectada al sis

