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La venganza del cisne

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Blurb

En la prestigiosa Academia Saint-Gabriel, donde el mármol brilla más que la moral y las herencias pesan más que la verdad, todo gira en torno a la élite. Entre ellos están Samuel Laurent y Melissa Beaumont: la pareja dorada, intocables, admirados... y peligrosos.

Cuando Julia, una joven promesa del ballet y hermana menor de Carla, es atropellada tras un ataque cruel orquestado por celos, Carla lo pierde todo. Su familia queda destrozada, su madre en shock, su padre arruinado, y la justicia, manipulada por el poder de los Laurent, desaparece sin dejar rastro.

Pero Carla no se rinde. Bajo una identidad falsa, se infiltra en el mundo que le arrebató a su hermana, dispuesta a exponer cada secreto, a romper cada alianza, a destruir desde dentro el imperio de los perfectos". A su lado, Mauro, un hacker con sus propias cicatrices, y en la sombra, Kim, el primer amor que nunca dejó de cuidarla.

Carla es meticulosa. Peligrosamente inteligente. Y no ha ido a esa escuela a estudiar: ha ido a vengarse.

Una historia de obsesión, poder, traiciones y justicia a sangre fría. Un dark romance donde la víctima se convierte en depredadora.

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Capítulo 1 (La caída de una estrella)
El edificio de mármol blanco de la secundaria para la élite de Madrid se alzaba como un monumento al poder y la perfección. Cada rincón del campus era un reflejo del lujo: jardines simétricos, fuentes centenarias y uniformes impecables que delataban más herencias que talentos reales. En el centro de todo eso estaban ellos: Samuel Laurent y Melissa Beaumont, la pareja dorada. Cuando caminaban juntos por los pasillos, los murmullos se encendían como chispas. Él, con su sonrisa arrogante y la mirada afilada que parecía penetrar hasta los huesos. Ella, de belleza clásica y modales impecables, poseía la gracia de una princesa... y los celos de una reina paranoica y malvada, posiblemente podría hacerle sombra a la bruja malvada de cualquier cuento de hadas. Su celopatía patológica la llevaba muchas veces a ser un ser ruin y cruel, su perversidad rivalizando alegremente con su belleza. Nadie sabía mejor que Melissa cuántas miradas seguían a Sam. Y peor aún: cuántas de esas miradas eran correspondidas por él. Lo amaba, o creía hacerlo, pero también temía pues lo conocía demasiado bien. Sabía que tras ese rostro de príncipe habitaba un demonio encantador. —Últimamente hay muchas nuevas —comentó Claudia, su mejor amiga, sentada junto a Melissa en los jardines interiores, con una copa de té helado entre los dedos. Su tono era casual, casi indiferente, pero sus palabras eran afiladas, perfectamente seleccionadas, cerillas encendidas cerca de un barril de pólvora. —¿Nuevas? —Melissa frunció los labios, sin apartar la vista de Sam, que reía con dos alumnas de tercer año cerca del gimnasio. —Sí, una en particular… Julia. Cabello largo, sonrisa tímida, bailarina. Hoy actúa en la velada artística. He oído que muchos profesores están deslumbrados con ella. —¿Julia? —repitió Melissa, y sus ojos se afilaron como dagas. La alarma en su cabeza se activó. No porque Julia fuera especialmente llamativa, sino porque Claudia había mencionado esa palabra con tanto veneno: deslumbrado. Y si algo detestaba Melissa más que a las chicas lindas, era a las chicas que no sabían cuál era su lugar en la cadena alimenticia de la prepa. Horas después, en los vestidores del auditorio, el grupo de seguidoras de Melissa se acercó a Julia con tijeras escondidas entre libros de arte. —Dicen que te gusta robar miradas —le susurró una de ellas mientras Julia se ataba las zapatillas de ballet. —¿Perdón? —No deberías actuar esta noche. Tal vez un cambio de imagen te ayude a entenderlo. Pero Julia no era una muñeca frágil. Luchó. Empujó. Gritó. Y en un momento de instinto puro, corrió. Atravesó los pasillos traseros, con las zapatillas aún puestas y el maquillaje incompleto, esquivando miradas, puertas, hasta alcanzar el escenario justo a tiempo. Y brilló. Oh, cómo brilló. Desde el público, Carla, su hermana mayor, grababa con una sonrisa radiante. Sentía su corazón henchido de orgullo y felicidad. Sus ojos estaban húmedos de una emoción que apenas podía contener. Julia era todo lo que ella había soñado alguna vez ser: libre, talentosa, inocente. De cabello castaño claro y ojos azules su hermana era todo lo contrario a ella que tenía cabello y ojos oscuros. Eran como el cisne blanco y el cisne n***o. En lo único que se parecía era en su piel de porcelana y allí terminaba todo el parecido. —Estás hermosa, Juls —susurró, mientras sostenía el celular con manos temblorosas. En su bolsillo vibró una llamada: Kim, su novio, desde Londres. —Voy a ir en verano —le dijo a través del ruido del teatro—. Te extraño. —Te esperaré —respondió él, con voz suave. En el palco de honor, Melissa observaba a Julia con una mezcla de odio y desconfianza. —¿La conoces? —le preguntó a Sam, que miraba sin demasiado interés. —¿ A quién? —La bailarina. —No. Primera vez que la veo. Pero Melissa no le creyó. Porque Sam tenía una expresión distinta: la misma que usaba cuando algo le despertaba la curiosidad: los ojos atentos observando el elaborada coreografía, brillantes, las cejas alzadas. Oh sí, Melissa era joven pero no tenía ni un pelo de idiota y no se tragaba esa mamada. Esa noche, después del espectáculo, Julia se quedó sola recogiendo sus cosas. Mientras salía por la puerta trasera, alguien la seguía. —¿De verdad creíste que podías seducir a Sam con tu ridículo baile? —escuchó entre susurros venenosos. Volvió a correr. Esta vez, con más miedo que antes. Salió a la calle desierta, sin mirar, con lágrimas nublando su vista y el corazón palpitando como un tambor por el miedo. Y entonces, el rugido de un camión. Un frenazo. Un golpe seco. Silencio. Carla, aún en la entrada de la escuela, revisaba el celular. El video de la actuación tenía cientos de visualizaciones. Iba a escribirle a Julia que saliera por la entrada principal, cuando la pantalla se apagó. Un número desconocido apareció. —¿Carla Schews? —Sí, ¿quién habla? —Del Hospital Central. Su hermana... Julia ha sido ingresada de urgencia. Ha sido atropellada. El celular cayó al suelo. El mundo se desmoronó en un segundo. Juls, si talentosa y hermosa hermana había tenido un accidente. Su corazón parecía salirse de su pecho mientras se tiraba arriba de un taxi en lo que serían los peores minutos de toda su existencia. El solo pensamiento de que su hermanita, su bella y talentosos hermana estuviera herida o algo peor, helaba su sangre y cortaba su respiración. Lo que aún no sabía Carla es que eso era solamente el inicio de un viaje de ida.

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