Capítulo 3: Agua de madrugada
¿Algo m desagradable que compartir el almuerzo viéndole la cara? Pues ver a Jacob de madrugada cuando iba a tomar agua.
Este mal nacido no sabia simplemente darme espacio, lo ultimo que quería era verlo.
Me enfurecía simplemente verle la cara.
—j***r —solté molesta—, ¡ve lo que me hiciste hacer!
Todo el piso estaba lleno de pequeños retazos de vidrio y el agua que dejé caer.
Había hecho un completo desastre por su culpa.
—¿Yo? —dijo Jacob alzando ambas cejas sin ocultar esa sonrisa burlona en sus labios que ya comenzaba a irritarme.
Maldición es que todo de él me hacía sentir un horrible rechazo.
—¿Quien más? —Giré los ojos agachándome para comenzar a recoger los pedazos.
—Deja eso —dijo Jacob—, hay que limpiarlo con una pala, te puedes cortar.
—Metete en tus asuntos —refuté ligeramente irritada continuando con mi misión de recoger los fragmentos de vidrio.
—Eres una niña muy malcriada. —dijo Jacob.
Tomé una profunda respiración, ese hijo de puta se creía con el derecho de señalarme.
Por favor…
—No, no soy agradable con las personas que no me agradan. —refuté, no era mentira, no iba a actuar como si me agradara si lo detestaba un montón.
—¿Y graciosa? —preguntó acercándose.
Lo miré con mi mejor rostro gélido.
—¿Qué haces despierto a esta hora? —dije, ya quería que se fuera y dejara de fastidiarme.
—Eso te pregunto yo. —dijo Jacob—, ¿Qué haces despierta a esta hora?
—Me adapto al cambio de horario —me limité a decir, no podía conciliar el sueño en realidad.
Gemí cuando me corté con un trozo de vidrio en el dedo del pulgar.
Maldita sea.
—Ay mierda —ahogué un gemido, los pedazos microscópicos eran los peores y ya me comenzaba a salir un chorro de sangre.
—Carajo, te lo dije —dijo Jacob—, ven.
Me levanté dejando los trozos que había recolectado en la basura, Jacob me tomó la mano y abrió el grifo para que el agua fluida me limpiara la sangre directamente en la herida; j***r, ardía.
—Ay —susurré apretando los ojos.
—Calma. —dijo sosteniéndome la mano con fuerza para que no la quitara.
Tomé una profunda respiración y después de varios segundos ya no dolía, ni salía sangre.
Al menos el novio de mi mamá servía para algo.
—¿Sabes Esther? —dijo Jacob cerrando la llave, pero sin soltarme las manos—, es preferible que actuemos este mes que te vas a quedar.
Lo miré sin comprender o más bien…
Sin querer comprender.
—¿Actuar? —repetí.
—Ya sabes —dijo—, actuar como si nos lleváramos bien, como si nos soportáramos, por el bien de tu mamá.
Le giré los ojos soltándome de su agarre.
—Me vale mierda actuar —solté—. No eres mi padre.
Él me miró de arriba abajo con desprecio.
—No me interesa serlo, ni siquiera me agradas. —dijo.
Su sinceridad dolía.
—Idiota. —solté.
—¿Idiota? —alzó una ceja evidentemente molesto.
—Eso eres, un arrimado a la vida de mi madre —solté llena de veneno.
Él estiró una comisura de sus labios pareciendo malévolo y dañino cuando dijo:
—Al menos no fui un error.
Abrí la boca sintiéndome ofendida.
¿Cómo se atrevía a decirme tal cosa?
Claro quiso darme un poco de mi veneno…
Pero lo logró, logró clavarme el cuchillo donde más me dolía.
—Hijo de puta —Lo empujé para que dejara de estorbar mi camino y me fui de ahí hacia mi habitación.
Nuestra relación iba de mal en peor.