Capítulo 4: El día de mi primera cita

1412 Words
Capítulo 4: El día de mi primera cita —Hija despierta. La voz se escuchaba muy lejana, yo solo quería seguir durmiendo, me sentía muy pesada y cansada. «Déjenme en paz…» —¿Qué? —Dije un poco adormecida, el perfume de mi madre me hizo mover un poco la nariz, era bastante intenso. —Debo trabajar. —dijo mi madre. —Okey. —susurré sin querer moverme o abrir los ojos. —Te dejé desayuno. —agregó. «Ya déjame en paz…» —Gracias. —murmuré completamente adormecida, mi estómago gruño, uhm, al parecer tenía hambre. —Vamos, sal con las vecinas —dijo mi madre—, estaban emocionadas por verte. Oh… Recordaba que nos seguíamos en las redes y siempre manteníamos el contacto, habíamos quedado en vernos y salir o ir al cine en cuanto llegara. Realmente lo había olvidado. —Sí dame solo 10 minutos más. —murmuré en un gruñido. —Vamos —dijo mi madre—, no viniste hasta acá para dormir, Esther. —Ya vete a trabajar y déjame dormir —gruñí sintiendo que ya lo que quería era molestarme. Odiaba cuando no me dejaban dormir. —Está bien —dijo mi madre—, te amo. Sonreí como única respuesta, ella me dio un beso en la frente y se fue. Me desperté después de 1 hora y algo, aun así, sentía que no había dormido lo suficiente, bajé como una completa zombi con el cabello todo alborotado y mis enormes ojeras, de verdad que el cambio de horario era una mierda, anoche me acosté casi a las 5 de la mañana porque no podía conciliar el sueño y cuando me dormí soñé con el hijo de puta del novio de mi madre gritándome en la panadería. Creo que más bien fue una completa pesadilla. De verdad que me caía muy pesado, lo odiaba y lo conocía de hacia tan solo unas horas. —¡Ay santísimo! —grité cuando entré a la cocina y vi a Jacob desayunando, maldición, pensé que estaba sola. Él estaba muy tranquilo desayunando, llevando una taza de café a su boca. —Buenos días —dijo con algo de sarcasmo—, te ves horrible. Le giré los ojos. Si me quería caer peor, lo estaba logrando. Pase la mirada por la cocina, no veía el desayuno que me había hecho mi mamá, miré a Jacob con los ojos entrecerrados. —Oye, ¿ese es mi desayuno? —lo acusé. Él terminó de tomar su café limpiándose con una servilleta para decir. —Mala leche, me lo comí —sonrió. Este maldito. —No me jod… —Eh… —me interrumpió— que palabrotas para una niñita. Me enfurecía que me dijera niñita. —Soy una adulta, legalmente —dije—, tengo 18 años así que respetame. Él me miró de arriba abajo con desdén, sus ojos oscuros pareciendo traspasarme. —El respeto se gana niña. —dijo. —Hijo de puta —giré los ojos—, te vas a poner mas gordo de lo que estas. Fui hacia el fregadero a limpiarme las manos para comenzar a prepararme algo. —Gordo no estoy —dijo. No, obviamente estaba ejercitado, pero su odiosidad le quitaba lo lindo. Realmente no sé que le veía mi madre. —Hay más comida, en la nevera deja de llorar. —dijo Jacob al ver que no le iba a responder. Comida sin preparar. Él se comió el desayuno que mi mamá me dejó con amor. —La gula es un pecado capital. —me voltee a verlo para que supiera que me parecía desagradable. Jacob se levantó y acercó a mí, su mirada fija en la mía, sus labios formando una ligera sonrisa que me estremeció porque parecía malévolo, se detuvo frente a mí y automáticamente dejé de respirar, tuve que alzar la cabeza al ver que era por mucho; más alto. —¿Tu juzgas los pecados? —dijo, sus ojos fijos en los míos— Debes de ser perfecta. Tragué pesadamente saliva, él dejó los platos en el fregadero, se dio media vuelta y se fue, solo observé su espalda musculosa mientras se alejaba y escuché la puerta principal cuando salió dejándome sola en la casa. Respiré otra vez. ¿Pero que me había pasado? No entendía como me ponía tan nerviosa. «Dejate de estupideces, solo… es intimidante». Eso era, parecía atemorizante con todos los tatuajes y su aura oscura de terror. Ya solo iba a dejar de pensar en él. No tenia importancia en mi vida. Me preparé algo de comer y le escribí a mis vecinas de la infancia para vernos y así pasar el mal rato, cuando se hizo la hora, me vestí y salí para ir con ellas, habían crecido muchísimo, pero al menos nos llevábamos igual de bien como cuando me fui, eran dos chicas; hermanas; gemelas, una llamada Marifer, y la otra Lucia, ambas tenían el cabello pintado de azul, lentes y de estatura promedio. Pero no estaban solas. Estaban con otro chico, sus ojos de un intenso azul, su rostro no era tan agraciado físicamente posiblemente por sus espesas cejas y las espinillas que cubrían su rostro, pero era alto y ejercitado, claro no tanto como Jacob pero… Stop… ¿Pero por qué estaba pensando en Jacob? ¿Pero qué pasaba conmigo? ¿por qué los comparaba? Que asco, asco es lo que me daba Jacob. —Esther —dijo Marifer—, él es nuestro primo Timoti. Me acerqué a él extendiendo mi mano. —Hola, mucho gusto. —dije. Me sonrió, tenía una linda sonrisa. —Hola —dijo estrechándome el saludo, parecía casi desmayarse. —¿Estás bien? —dije, parecía que él hubiera visto a un fantasma. —Timoti quería conocerte, se enamoró de ti en fotos —dijo Marifer, como siempre imprudente. ¿Qué? ¿Se enamoró de mí? —Mari, eso no se dice, lo avergüenzas —le dijo Lucia. —¿En serio? —dije incrédula, no recordaba la ultima vez que fuera el amor platónico de alguien, solo tuve 1 novio en Europa, pero no duramos casi nada, ni tampoco ocurrió nada más que unos besos, resultó que era gay, ni siquiera me dolió, desde el principio lo sospeché. —Me pareces linda —dijo Timoti, supe que no era tímido, solo que yo lo intimidaba. Que dulce. —Tú también me pareces lindo —admití y me encontré sonrojándome. —Excelente, mi labor como cupido se ha terminado —dijo Marifer. —Vamos al cine, ya me dio hambre —dijo Lucia, al parecer ella era la gruñona y Marifer la feliz. Fuimos al cine cercano caminando, pero mientras mis vecinas veían la película, yo estaba hablando en susurros con Timoti de cualquier cosa, era una persona muy interesante, él era de Florida, pero vino de vacaciones con sus primas a Toronto antes de iniciar la universidad, era deportista, jugaba futbol americano, fue becado por eso. Me atraía mucho, me gusta que no fuera tímido y no ocultaba el hecho de que yo le gustaba, todo fluía natural. Suponía que Timoti era mi amor de verano. Me emocionaba la idea. Al terminar la función nos fuimos caminando, no quedaba muy lejos, primero pasamos por la casa de mis vecinas y 6 casas después estaba la mía. —Adiós —me despedí de ellos. —Te acompaño —dijo Timoti caballeroso como siempre. —Puedo ir sola —admití, no quería molestar. —Vamos, puedo acompañarte. —insistió. Me gustaba su insistencia. —Vale —sonreí. Marifer y lucia me hicieron señas con sus dedos en señal de aprobación. Muy graciosas actuando de cupidos. —Me encantó conocerte por fin —dijo Timoti—, te sigo en las redes, pero nunca me animé a hablarte. —¿Por qué? —pregunté. —No sé, parecías inalcanzable. ¿Uh? Sonreí volteando a verlo cuando llegamos a mi casa, eso era lo más hermoso que alguien me hubiera dicho. —¿Y ahora como te parezco? —pregunté. Noté como se sonrojó cuando se enfrentó a mi mirada, la química era innegable, era muy lindo el hecho de que ambos tuvimos un clic desde el principio, y entonces en un movimiento se inclinó pegando sus labios a los míos, claro, era tímido, pero bastante audaz, estábamos entrando en calor cuando alguien se aclaró la garganta detrás de mí. Oh. Nos separamos enseguida. Era… Jacob.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD