Capítulo 2

1671 Words
Todo se veía nebuloso, lejano. Sentí una molestia en el cuello, intenté moverme pero no pude, estaba paralizada, solo podía ver sombras, nada más. Después de tanto intentar por fin pude ver algo, estaba en un lugar conocido; un cuarto de paredes lilas llenas de afiches de grupos de Punk, con un gran ventanal que daba a un bosque; en él había una cómoda de madera negra, una repisa llena de figuras de colección… era mi habitación. Intenté moverme pero estaba paralizada. Vía a alguien; alguien que miraba por la ventana. Aún era de madrugada, el cielo estaba totalmente oscuro. Intenté gritar pero no pude, en vez de eso solo salió un débil bufido, la persona que estaba asomada por la ventana se volteó, era un muchacho, se me hizo familiar; rostro cetrino, cabellos plateados, vestido de n***o, delgado, alto, absolutamente hermoso… -¡tú!- emití un débil gemido. Él chico sonrió. - veo que ya estas despierta- dijo en tono amable. - ¿Qué me ha hecho? ¿Estoy muerto?-pregunté con voz ronca aún incapaz de moverme. - shhhh. Calla es mejor que te quedes quieta, el somnífero aún no se ha desvanecido - habló el chico con una voz seductora y dulce. El chico se acerco a mi cama y se sentó a mi lado, acarició mi rostro con sus fríos dedos. Él seguía sonriendo. Movió lentamente sus dedos hasta mis labios. Yo me tranquilicé y aproveché para observar con más detenimiento al chico, parecía sacado de un cuento de hadas; su belleza era abrumadora. -si vez, es mejor que te tranquilices.-dijo con voz que parecía arrullo. Deslizó sus dedos hacia mi nuca. - Hm- murmuró con gesto dubitativo- parece que no va a quedar más que un moretón. - ¿a qué te refieres?-pregunté con voz molesta, ya había recuperado el habla, aunque mi cuerpo seguía paralizado. - a la mordida, por supuesto. - ¿mordida?- pregunte inquieta. - ¿Es que acaso no te acuerdas?- preguntó asombrado. - Pensé que solo había sido un sueño. -¡un sueño! -rió entre dientes- nunca habrías podido imaginar algo así, mírame ¿te parezco un sueño? -no- exclamé, extrañamente contenta de saber que era realidad. - ah bueno esto es real, muy real- exclamo mientras recorría mi nuca con sus fríos dedos, su voz se tornó más seductora. Me estremecí, por fin había recuperado la movilidad. El joven se dio cuenta y con un movimiento ágil se abalanzó sobre mí, poniendo su hermoso rostro a escasos centímetro del mío; me sujetó las muñecas con sus manos. Mi corazón dio un vuelco de alegría ante la proximidad. -no vayas a hacer ninguna tontería –me evitaré con cortesía- agradece que te haya dejado viva, por favor no cause molestias y seré bueno contigo. -bueno, no voy a hacer nada malo- le respondí en tono afable. Él me miró con recelo y luego me soltó. Me senté en la cama y solté un suspiro. - Así está bien- respondió con amabilidad, mientras esbozaba una gran sonrisa. -explícame una cosa ¿por qué estás aquí? - tú me invitaste a entrar- respondió. -¿Yo?- Pregunta incrédula. -si, tú.- respondió con voz lacónica. Lo mire confundida -¿Recuerdas? yo era un gato tú me invitaste a tu casa y… bueno el resto ya lo sabes.-comentó restándole importancia al asunto. Lo medité por un momento, él tenia razón; de nuevo -Bueno tienes razón, pero esta vez tendrás la amabilidad de decirme ¿quién eres tú? -Bueno, mi nombre es Hell1. -Ah claro, mucho gusto "Hell".-espeté con feroz sarcasmo. -¿Y como es el tuyo?- preguntó, sus ojos relucían de curiosidad. -Bueno, mi nombre no es tan elegante como el tuyo. -¡Ah! Vamos dímelo además yo te dije mi nombre.- insistió. -Mi nombre es Agatha. Enarcó una ceja. -No es tan malo como lo hacías parecer. -Es horrible- discrepe -No, no es horrible; es un nombre normal. Hubo un silencio. Yo lo rompí primero: -¿Puedo preguntarte algo? -Si, claro- respondió sin mirarme, su expresión se volvió hosca. -¿Puedes explicarme cómo es que te conviertes en gato? Él sonrió de nuevo. -En realidad puedo convertirme en cualquier animal, es una habilidad bastante conveniente, puedo hacerlo simplemente con pensar en que cualidad tiene ese animal, transformando cada molecula de mi cuerpo ya veces hasta las cosas que tengo a mi alrededor. -Bueno, -me llevé la mano a la nuca- ¿Por qué me ha mordido? -¿No es obvio?-pregunto con tono cansino. -Eh… no -Porque tenía hambre,- se rió entre dientes- más bien sed. -Ah… que cosa tan evidente- contesté con acritud.-pero yo pensé que los vampiros mataron a la gente… -dudé un momento- ¿por qué no me ha matado? -No se- respondió mientras sacudía la cabeza. Refunfuñó algo entre dientes que no entendió. -Ah… gracias de todos modos. Nos quedamos callados, mirándonos el uno al otro. Era una situación bastante extraña, ese chico un "gato" y yo su "dueña". Me puse de pie y me asomé por la ventana; en lo alto se vio la luna. Me di vuelta para contemplar al chico, seguía allí sentado en el borde de mi cama, absorto en sus pensamientos; sentí una sensación extraña, era como mariposas en el estomago… -Así que… -¿así qué…?-pregunto él. -… ¿te vas a quedar aquí o te vas a ir?- mi voz se quebró de una manera ridícula al decir la última parte; no quería que él se fuera. Me miró ofendido -¿quieres que me vaya?- preguntó desconcertado. - bueno la verdad es que…-contemplé sus ojos. Había algo en él que me llamaba. Me incitaba, como si no hubiera otra opción. Caminé lentamente hacía él, sin apartar la mirada de sus ojos; luego, me lancé sobre él, tumbándolo sobre la cama buscando sus labios. Él se aferro a mí con fuerza; y presionó sus labios gélidos contra los míos, entreabiertos. Sentí entrar en su frío aliento a través de mi boca. Él movía los labios con desesperación como si estuviera probando algo que le había sido negado desde hace tiempo, acariciando mi boca con su lengua; fue dulce y provocador. Después de diez minutos largos de éxtasis, logré desasirme de él; un regañadientes. Mi corazón latía con excitación. Me puse de pie con dificultad y lo miré confundida. En sus ojos relucía una emoción extraña que no pude descifrar. -perdóname- se disculpo tímidamente. -mas bien perdóname a mí, fui yo la que se lanzó sobre ti. Él soltó una carcajada. -¿tú?- sonrió- no; yo fui el que te obligó a besarme y tengo que admitir que fue mejor de lo que esperaba. Lo mire con gesto incrédulo. -es decir ¿qué tú me obligaste? - si, es que quería saber que sabia mejor tu sangre o tus labios. Y ¿sabes? creo que me gustan los dos.-hizo una pausa mientras se relamía los labios.- y… ¿qué te pareció a ti? ¿Te gustó?- preguntó mientras esbozaba una sonrisa pícara. -bueno… yo…- dudé y me ruboricé. No le iba a decir que había sido tan placentero que quería lanzarme de nuevo sobre él. Me sentí extraña, era como si la típica timidez que me caracterizaba se hubiera esfumado; habia algo en ese chico que me hacia sentir comodo, como si lo conociera de toda la vida. -ojalá te haya gustado, aunque él de admitir que hace mucho tiempo… -dudó un momento- que no lo intentó. Sigue en silencio. -¡Vaya! vamos dime- insistir. -pues yo… para serte sincera es la primera vez que… -dudé un momento, era difícil revelar una humillante verdad- que… bueno que me dan un beso en cuestión. -lo has hecho bien para ser tú primera vez- me felicitó, parecía complacido con el hecho de que era mi primer beso. Me puse aún más roja, me sentí abochornada; nunca pensé que mi primer beso sería con un muchacho… extremadamente sublime. -¿entonces las leyendas son ciertas?-pregunté aún sonrojada, intentando apartar el tema del beso de la conversación. - ¿a que te refieres?-pregunto él con gesto confuso. - lo de la capacidad de hipnotizar. -ah… si eso es verdad -rió entre dientes como disfrutar de algún chiste privado. Hubo un silencio incomodo, él parecía regodearse de mi falta de habilidad social. -no eres muy conversadora ¿verdad?- preguntó él. -no, la verdad no lo soy- admití. De repente él empezó a reírse, frunciendo los labios para reprimir la risa -¿Qué es lo que te hace gracia?-pregunté molesta. - es que la marca de mis dientes en tu cuello parece un chupón, tu novio va a pensar que has pasado una noche bastante apasionada- dijo entre risas. Me toqué la nuca y lo mire con los ojos entrecerrados. -no te pongas así, solo era una broma.- espetó. -en todo caso aunque tenga esto -señalé con un gesto el moretón en mi nuca- a nadie le va a importar, no tengo novio. Él me miró sorprendido. -¿No tienes novio? -Preguntó incapaz de creerme. - No; no tengo es que no he encontrado a alguien que… -… ¿cuantos años es que tienes?- interrumpió. -17- responde distante. Se quedó callado pensando con gesto inescrutable. -pronto va a amanecer-dijo con expresión pensativa- creo que es mejor que me vaya. Una punzada de tristeza recorrió mi cuerpo. Él se puso de pie, fue hacia la ventana y la abrió; su cabello adquirió una textura etérea al ser despeinado por el viento. -pero… -hice una pausa mientras lo miraba suplicante- tú eres mi gato. Él me demostró con curiosidad. Esbozó una gran sonrisa. -lo siento –dijo él con una extraña cadencia que parecía sacada de una película del Medioevo- tengo que irme, fue un placer conocerte- hizo una reverencia- adiós. En cuestión de un abrir y cerrar de ojos él desapareció; corrí hacía la ventana a verlo por última vez, pero no vi nada, sólo el cielo iluminado levemente por el alba.
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