Llegué temprano al colegio aún pensando en él; aquel muchacho de piel nívea que me había besado. ¿Será que todo fue un agradable sueño? No; eso fue real, tenía como prueba el moretón en mi cuello.
Me tocaba la nuca a cada rato, palpando el morado, convenciéndome de que de verdad había pasado. Y pensar que había estado tan cerca de ese muchacho, frío como el hielo pero tan hermoso como un ángel. Me sentí sucia ¿cómo podía añorar la compañía de alguien que acababa de conocer?
Subí las escaleras hasta el salón que estaba al fondo del pasillo. Entré; no había nadie, fui hasta el fondo al lado izquierdo lejos de las ventanas, me senté. Contemplé el puesto vacio que había a mi lado derecho, el antiguo puesto de mi amiga Marcela; ella se había mudado de casa, al otro lado de la ciudad. Sonreí al recordar lo divertido que era cuando ella estaba. Me sumí en mis pensamientos, preparada para otro día de ser el fantasma de mi clase.
Poco a poco se fue llenando el salón, añoré el silencio que había cuando solo estaba yo. Ya eran las 7 en punto; hora de comenzar clases, a la primera hora teníamos bloque de historia; mi materia favorita. Pasados veinte minutos seguíamos solos en el salón, aún no llegaba el profesor, ya me empezaba a impacientar; no podía soportar tanto tiempo la bulliciosa conversación del grupito de chicas que se sentaban adelante. Pero, para sorpresa mía llego el director; todos se organizaron las corbatas del uniforme, ordenaron puestos y se pusieron de pie.
-Buenos días- saludo el director, un anciano de escaso cabello teñido de n***o. Tenía aspecto de no haber dormido bien.
-buenos días- saludamos todos al unísono con voz automática, luego nos sentamos de nuevo.
El director nos miró con gesto solemne.
-Hoy llega a nuestra respetada institución un nuevo estudiante - hizo una pausa, todo el salón lo miraba expectante- un estudiante que viene de otro país- su voz se lleno de orgullo- espero que lo hagan sentir como en casa.
El salón se llenó de cuchicheos, todos estaban a la expectativa del nuevo estudiante, yo por mi parte; no estaba muy interesada. Pero tenia que admitir que tenía curiosidad de ver al chico nuevo.
El director abrió la puerta del salón.
-ya puedes pasar- se dirigió a alguien que estaba en el pasillo.
Un muchacho alto, pálido, de cabello plateado cenizo entró por la puerta. Quedé pasmada; era Hell. Estaba vestido de paño n***o, llevaba una corbata roja, se veía increíblemente apuesto. Entró como flotando, se movía con mucho garbo; fue al lado del director, sonriente iluminando todo el salón con su hermosura. Todas las chicas quedaron boquiabiertas, deslumbradas por la belleza del joven. Los hombres –que eran minoría en el salón- le lanzaban miradas causticas al chico; y con razón, porque todos ellos parecían sapos al lado de la asombrosa apariencia de Hell.
-mucho gusto- exclamó el chico con voz dulce y seductora- mi nombre es Patrick y es un placer estar aquí con ustedes.
No se si era mi impresión pero en el momento en que él se presento mantuvo la mirada fija en mi. El director se despidió de prisa y salió dando zancadas del salón, el muchacho se dirigió al puesto vacio que estaba a mi lado; el antiguo puesto de Marcela. Mantuve la mirada fija en el piso evitando mirarlo. Él se dejo caer ágilmente en el puesto.
-hola Agatha - saludó alegremente.
Yo me hice la desentendida.
-¿es que ya te has olvidado de mi?-preguntó él incrédulo.
Por fin lo miré a la cara, se veía mucho más apuesto de lo que recordaba.
-yo no te conozco, pero me eres muy familiar; ¿no será que tienes un hermano gemelo que se llama Hell?- le dije con feroz sarcasmo.
Él me miro ceñudo.
-pensé que te alegraría verme- habló él con un tono herido.
-¿qué haces aquí?-dije mientras intentaba reprimir una sonrisa.
- cursar la secundaria -dijo mientras sonreía con suficiencia.
Él iba a decirme otra cosa, pero se dio cuenta que cerca había una chica que estaba a punto de tocarle el hombro con el dedo; él se volteo hacia ella. La chica dio un respingo del susto. Él le sonrió con amabilidad dejando al descubierto sus dientes blancos y perfectos.
-hola- saludo la chica con excesiva amabilidad.
Yo la observe, era Lila; o como le decían sus amigas "pequeño poni". Era una chica de cara redonda y regordeta, con la cara poblada de espinillas, tenía el cabello n***o y grasoso.
-hola- respondió él con voz suave y aterciopelada.
Traté de no mirarlos pero me estaba pudriendo de los celos. Él me miraba de reojo para estudiar mi reacción.
-mucho gusto mi nombre es lila
-hola lila- él pronuncio el nombre de ella con un tono de voz extremadamente seductor; Me miró por el rabillo del ojo; frunció sus delgados labios al tratar de reprimir la risa al ver que yo me mordía el labio del mal genio.
-mi nombre es Patrick- exclamo él en tono jovial, aún sin dejar de sonreír.
Como era de esperarse ella quedo boquiabierta.
-y ¿de que país vienes Patrick?-pregunto ella, mientras jugueteaba con su escaso cabello.
-de Inglaterra- concurso él.
-ah… que bien-exclamo con entusiasmo.
- Thank you very much Lila; you are very pretty- Exclamó él con marcado acento ingles.
Ella pareció no entender, pero sonrió de todos modos. Yo le lancé una mirada asesina a Hell.
-fue un gusto conocerte Patrick- dijo ella mientras se iba alejando poco a poco con paso torpe.
Finalmente dio media vuelta y se fue a su puesto, todas sus amiguitas la miraban con impaciencia; supuse que era porque querían saber que le había dicho a "Patrick". Él me miraba fijamente.
-parece que eres muy popular entre las chicas "Patricio"- exclamé con socarronería.
- Aunque lo digas de esa manera aún suena bonito.-hizo una pausa y finalmente agregó: ¿es qué acaso no te gusta el nombre?
- pero es que es un nombre poco elegante, me gusta mas Hell; suena mas… ¿Cómo te digo? Más infernal- le espeté con sarcasmo.
- pero, ¿tú qué crees que pensarían todos si me hubiera presentado con ese nombre? Además según mi visa yo me llamo Patrick.
Lo mire con incredulidad. ¿Él era extranjero? No parecía, hablaba español con fluidez.
-¿no pensaras acaso que vine a este país como un ilegal?- soltó una risita, y sacó del bolsillo derecho de su pantalón una libretita de cuero verde- mira- me la dio- yo me llamo Patrick Rosenkreutz.
Observé con curiosidad la visa de "Patrick", Tenía el holograma de Inglaterra en la primera hoja, miré más adelante; tenía varias paginas de otros países que incluían Francia, Alemania y Estados Unidos.
-Has viajado mucho, "patricio" pero no entiendo ¿por qué viniste a este país pudiendo haber ido a Alemania o Francia?
Su expresión se volvió adusta.
-Cuando has pasado muchos años en Europa te puedes aburrir, quería probar nuevas cosas y ver otros paisajes.- dijo con parquedad.
Miré hacia todos lados, habían ojos curiosos que nos observaban; Me fije de nuevo en Hell, parecía que a él no le importaba en absoluto el hecho de que todos lo miraban, él solo tenía ojos para mí. Solté una carcajada.
-¿qué es lo que te da risa?-preguntó él.
-es que –dije entre risas- todas las chicas te miran como si te fueran a comer.
Él enarcó una ceja
-¿de verdad?-pregunto él confuso.
-probablemente porque eres…-me detuve al no saber como continuar.
-¿soy qué?- dijo con gesto absorto.
-muy atractivo- mi voz se quebró, era admitir una dolorosa verdad.
-¿de veras lo crees?
-si, si no me crees mira detrás de ti- señale al grupo de chicas que lo miraba con avidez.
Él frunció el ceño y se dio la vuelta hacia las chicas; ellas lo saludaron al unísono, él saludo con la mano. Todas soltaron un gritito de felicidad. Él se volvió hacia mí y sonrió con gesto pícaro.
-¿soy atractivo para ti?
Apenada, simplemente asentí con la cabeza.
-bueno, eso es lo que importa.
Me sonrojé.
-hoy no va a venir ningún profesor- afirmo él.
-¿por qué lo dices?-le pregunté.
-porque moví algunas de mis influencias- sonrío con suficiencia.- me aseguré de que hoy pueda estar todo el tiempo contigo.
Me sonrojé.
Todas las cuatro horas pasaron muy rápido, estuvimos en silencio; contemplándonos el uno al otro. De repente sonó el timbre de receso, me tensioné; probablemente tendría que estar todo el descanso con…
-¿me permites acompañarte?-dijo Hell interrumpiendo mis cavilaciones; estaba de pie y tenia la mano extendida hacia mí.
Tome su mano fría como un tempano. Él sonrió, me quedé sin aliento ¿por qué tenía que ser tan hermoso? Luego noté con desencanto que todos en el salón nos miraban, intenté con todas mis fuerzas ignorarlos y concentrarme en la manifestación física de la belleza que tenia al lado.
Salimos del salón tomados de la mano, él sonreía de oreja a oreja. Bajamos a un patio que estaba bajo techo; donde no entraba el sol. Me detuve en seco.
-¿qué pasa?-preguntó el en tono condescendiente.
-¿puedo preguntarte algo?-pedí tímidamente.
-claro- dijo sin dejar de sonreír, pero en sus ojos pude notar un atisbo de recelo.
-¿tú…-dudé- te vuelves ceniza bajo el sol? Es decir… ¿te mata?
Él profirió una risita.
-no; la verdad el sol no me mata, muy pocas cosas me pueden matar- el tono de su voz se volvió lúgubre.
Extremismo.
-el sol –prosiguió enseguida en tono informal- evapora el agua de mi piel y quedo como una uva pasa. Es algo que es desagradable de ver.
Seguimos hasta el fondo del patio, hasta la esquina más oscura donde no llegaba el sol. Él se tumbó en el piso con agilidad, luego se recostó en la pared. Yo me senté a su lado mientras lo observaba fijamente. Él se quitó la chaqueta, dejando al descubierto la camisa de satén n***o que llevaba debajo, ésta delineaba los contornos de los torneados músculos de su pecho. Se veía absolutamente hermoso.
-¿qué pasa?- preguntó él al ver que yo soltaba un suspiro al verlo.
-nada- dije con expresión torturada. Me sentía abrumada, no merecía estar al lado de ese magnifico joven.
Hell levantó su brazo intentando abrazarme, yo me aparté; pero él, con un movimiento rápido; me jaló, aprisionándome en sus brazos.
-¿por qué te comportas así conmigo?-le pregunté mientras hundía mi rostro en su pecho, intentando escuchar su corazón, pero solo pude escuchar su respiración- ni siquiera me conoces bien-murmuré contra su pecho.
-porque tú…-hizo una pausa- eres diferente.
Levanté el rostro y lo miré; se veía confundido.
-¿diferente?- Pregunté ofendida.
Él con su mano, presiono suavemente mi cara contra su pecho.
-eres diferente; porque te presentaste ante mi, como nunca nadie lo había hecho, viste en mi más que un gato. No sabes cuanta gente he visto y nunca nadie había hecho eso, yo simplemente pretendía ser un gato hambriento -soltó una risa amarga- ellos me llevaban a su casa y yo les quitaba la vida. Así era como funcionaba, los mataba mientras dormían y salía de allí antes del amanecer…-hizo una pausa- pero tú -prosiguió- fuiste un caso diferente, te despertaste y vi algo en tu mirada; no era miedo, ni asco –se estremeció al pronunciar la palabra, pensé que era porque yo lo había abrazado con más fuerza; intenté desasirme, pero él no me dejo- fue algo diferente, algo que no pude descifrar. No te iba a morder, iba a irme; para que pensaras que todo fue un sueño, pero la sed no me dejaba en paz; así que, tuve que hacerlo.
Sentí una punzada de tristeza; al pensar que por poco él no hubiera entrado en mi vida.
-y aunque -agregó- sabía que al dejarte viva me iba a meter en un lio, decidí que iba a correr el riesgo.
Pasé saliva. Él recorrió mi cuello con sus glaciales dedos, tocando el moretón que me había hecho.
Me así a él; inhalando la embriagadora fragancia de su piel. Nos quedamos allí un buen rato sumidos en la penumbra.
De repente sonó el timbre.
-no quieres moverte ¿verdad?-preguntó él con ternura.
-si, quiero quedarme aquí- murmuré.
Él no se movió, yo quería quedarme allí con él y no ir a clases, pero cuando vi que el patio estaba casi vacio me desasí de él; me puse de pie con dificultad, me tambaleé pero Hell estaba ahí para sostenerme.
-¿pero tú como has podido…?
-soy muy rápido- respondió él anticipándose a mi pregunta.
Él me jaló del codo con suavidad y me condujo a las escaleras.
-no puedo darme el lujo de llegar tarde- dijo él arrastrando las palabras.
Subimos rápidamente por las escaleras, intentando llegar antes de que cerraran la puerta, pero era demasiado tarde; ya estaba cerrado.
-discúlpame- le dije- fue por mi culpa que se te hizo tarde.
-relájate, yo solo bromeaba. Pero –sonrío- todos nos van a ver juntos.-dijo como si disfrutara la idea.
Fui feliz por unos instantes pero luego caí en cuenta de que todas las chicas del salón me iban a hacer la vida de cuadritos.
-No te preocupes yo voy a evitar qué te molesten- dijo él
¿Cómo diablos supo que eso era lo que me preocupaba?
Hell tocó la puerta del salón. Tragué saliva.
Abrieron la puerta; para sorpresa mía no era un profesor, sino, una chica.
-¿tú eres el chico nuevo?- preguntó ella mientras nos dejaba pasar.
Él le dedico una deslumbrante sonrisa y entró al salón. Por desgracia todos nos contemplaban con curiosidad. Entre en el salón con la mirada gacha; para no ver la expresión de todos, dando grandes zancadas hacia mi puesto, finalmente llegué y me senté. Hell parecía muy contento; se había detenido a hablar con un grupo de cuatro chicas, desde mí puesto pude escuchar la conversación:
-¿de verdad eres de Inglaterra?- se dirigió a Hell una chica pelirroja teñida; la reconocí su nombre era Katherine.
- sí lo soy- contesto Hell en tono jovial.
- ¿por qué viniste aquí?- preguntó otra chica, la cual no tenía ni idea de cómo se llamaba. Era rubia y con la cara tan roja como un tomate.
- vine por asuntos familiares- contestó él con una gran sonrisa, pude notar al verle la expresión de que no le había agradado mucho la pregunta.
- bueno Patrick te voy a presentar a todas mis amigas, ella es Viviana- señalo a la chica rubia- ella es Paola- señalo a una chica de nariz torcida y labio inferior prominente- , ella es Cindy –señalo a la chica que tenia al lado- y yo Katherine.
Todas sonrieron con excesiva cortesía, Hell parecía estar algo distraído.
-¿ustedes conocen a la chica que se sienta al lado mío? –preguntó Hell mientras me señalaba; yo, que lo miraba fijamente, desvíe la mirada.
Volví a mirar a las chicas, ellas me miraban con gesto de desaprobación. Le susurró algo al oído. Hell seguía sin quitarme los ojos de encima.
- ¿acaso tú la conoces?- preguntó la rubia.
Hell esbozó una sonrisa.
-no, solo es que ella se ofreció a mostrarme el colegio y me pareció muy buena persona.-dijo él.
-no te fijes por las apariencias- masculló la chica del labio inferior prominente.- esa niña es rara, no habla con nadie, además si uno le pide algo lo mira como si lo fuera a matar, y habla sola.
-sí- confirmo la pelirroja- esa niña es rarísima, una vez la vi haciendo círculos raros, yo le pregunté qué que era eso y ella respondió que era una ciencia muerta de la edad media –al oír esto Hell murmuró algo, pude entenderle la palabra "alquimia"- para mí que esa niña es una satánica.
-ah… ya veo- exclamo Hell mientras me miraba fijamente con gesto absorto.
-¿por qué no te sientas con nosotras?- le ofreció la pelirroja.
-gracias pero no- sonrió con picardía.
Se alejó lentamente de ellas y fue a su puesto. Se sentó y me observó con curiosidad. Finalmente dijo:
-No sabía que te gustaban las ciencias muertas.
-sí me agradan, -admití con timidez- debes pensar que estoy loca.
-no; yo no creo que estés loca, yo alguna vez vi algo de alquimia, y puedo asegurarte que no es una ciencia muerta.- su tono de voz se torno intrigante.
-¿qué te dijeron esas viejas?-pregunté intentando ocultar mi curiosidad sobre la alquimia.
- nada- contestó él.
El resto del día paso volando, estaba ansiosa de llegar a mi casa y estar a solas con Hell, aunque estaba insegura al respecto ¿él se quedaría conmigo?; a la hora de la salida todas la mujeres del salón hacían fila para despedirse de él, yo me hice la de la vista gorda hasta que una chica le pidió su numero telefónico, ahí fue cuando lo cogí de gancho y dije:
-vamos Patrick que tenemos cosas que hacer.
Él les dijo adiós con un gesto y se fue conmigo. El instituto quedaba a diez cuadras largas de mi casa, así que íbamos caminando. A pocos metros de mi casa; él se detuvo.
-¿qué pasa?- le pregunté.
- ¿qué pensara tú mamá si te ve conmigo?
-no se, pero no te preocupes ella nunca esta cuando yo llego del colegio.
Él sonrío y siguió andando. Al llegar a la puerta golpeé, pero nadie contesto; así que, saque las llaves de mi maleta y abrí la puerta, cuando me volví hacia Hell; él ya no estaba.
-¿Hell…? ¿Patrick…?- lo llamé. Pero nadie contesto.
Decepcionada cerré la puerta y tiré la maleta al piso, subí arrastrando los pies hacia mi cuarto; estaba oscuro, las cortinas estaban cerradas, pero pude verlo a él, Quitándose la corbata de su traje.
-¿Cómo has entrado?
- ya te he dicho soy muy veloz- sonrío con suficiencia.
- me debes muchas explicaciones- le reproché.-tienes que contarme todo sobre tu vida.
La sonrisa de su rostro se desvaneció.
- no lo entiendes ¿verdad?-dijo él en tono cansino.
-¿entender qué?
- que cuanto menos sepas de mi mucho mejor será para ti.
-¿por qué?
- porque… es complicado si te contara, simplemente olvídalo.
Decidí no insistirle más, pero de ningún modo lo iba a olvidar. Me acerqué a él, con la intención de quitarle la camisa; No sabía el porque, pero tenía una ganas terribles de desnudarlo, tocarlo, besarlo…
Pero él cogió mis muñecas con sus manos.
-no hagas eso- me advirtió.
-¿por qué no?
-no lo hagas- dijo él con recelo.
- dame una buena razón- le dije casi desesperada, se me inflamaban las ganas de acariciarlo.
- la hay, pero no te la puedo decir.
-dime – le exigió.
-no- negó tajantemente.
-¿Por qué no?
Suspiró.
-no te vas a rendir ¿cierto?
- Tú no sabes.
Suspiró de nuevo, Me soltó. Empezó a desabotonarse la camisa.
Lo observé con curiosidad esperando a ver lo que ocultaba; él se quitó la camisa, dejando expuesta la piel nívea de su torso, no había nada fuera de lo común –obviando el hecho de que los músculos de su pecho estaban perfectamente torneados- tuve que contener un suspiro, ya que nunca había estado tan cerca de un hombre tan apuesto.
-¿ves que no era tan difícil?- dije en tono indulgente.
Él me miro ceñudo.
-No es mi pecho lo que trataba de esconder-hizo una pausa- era mi espalda.
Se volteó, yo quede boquiabierta.
En la espalda tenia tatuada una gran cruz negra rodeada de rosas rojas; la cruz resaltaba la palidez de su piel.
-¿qué significa esto?- pregunté mientras recorría la cruz con mis dedos, su piel era increíblemente suave.
Él se estremeció al sentir mis dedos sobre su espalda, y mis manos temblaron al tocar su espalda desnuda.
-Rosenkreutz-dijo al mismo tiempo que suspiraba.
-¿qué?
- RosenKreutz- repitió él en tono hosco.
-¿Rosen Kreutz ?
- sí.- respondió en tono cortante
¿Ese no se supone que era su apellido?
- ah… ¿es una pandilla o marca familiar…?
- no; no es una pandilla -respondió con brusquedad.
Su tono de voz me intimidó, me aleje de él y me senté en la cama. Él; al ver que yo me alejaba, esbozó una sonrisa tímida.
-perdóname, pero es que es mejor que no sepas nada de mí.
-¿por qué?- pregunté afligida.
- yo solo quiero pretender que soy normal, quiero olvidarlo todo- su voz se lleno de una antigua amargura como si estuviera recordando algo muy desagradable.- intento huir de mi pasado ¿acaso es un crimen intentar olvidar?- sus ojos eran grandes y heridos.
- no- respondí secamente.
Él se sentó a mi lado, me rodeó con sus fuertes y delgados brazos no pude evitar temblar, jamás había sido abrazada por un hombre sin camisa.
-solo quiero estar junto a ti y pretender que nada ocurrió.- me susurró al oído.
Un escalofrío me recorrió desde la punta de los pies hasta las raíces del cabello, su voz, se me antojaba tan familiar, a pesar de que llevaba poco de conocerlo.
- perdóname- dije- no era mi intención hacerte sentir mal.
- shh… calla – dijo con ternura- no es tu culpa sentir curiosidad hacia mi, es normal sentirla. De todos modos, no todos los días tienes la oportunidad de conocer a un monstruo como yo- rió amargamente.
- no digas eso- discrepé en tono herido.
- pero tengo razón ¿no?- hizo una pausa- soy un monstruo chupa sangre.
- ¡para mi no lo eres!- grité inconforme.
- gracias- dijo él mientras nos recostábamos sobre mi cama.
Yo lo abracé con fuerza, estaba dispuesta a compartir mi insulsa vida con un completo desconocido. Me recosté sobre su gélido pecho, un tanto temerosa; acaricié su piel con mis dedos, nunca había tocado antes el pecho de un hombre, me sentía un tanto extraña e inexperta.
Él; al sentir el contacto, profirió un gruñido, más animal que humano. Me detuve de inmediato y me desasí de él. Él me miro con ojos convulsos, obsesivos.
-¿Te inspiro repulsión?- preguntó él afectado.
- no, es que me asustaste ¿es qué no te agrada que te toque?
- no era mi intención asustarte- se excuso él tímidamente- lo que pasa es que tus dedos -entrecerró los ojos, como si estuviera en éxtasis- me queman deliciosamente la piel, no pude evitar gruñir ante placer.- él hizo una pausa al caer en cuenta de lo que había dicho- Pensaras que soy un degenerado,- agregó apenado- Perdóname.
-No creo que seas un degenerado, a mi me agrada que te guste.- le dije ruborizándome.
Él sonrió, tomó mi mano y la puso sobre su pecho. Se estremeció.
-tu calor…-hizo una pausa- es extremadamente placentero- dijo él mientras cerraba lo ojos.
Me volví a recostar sobre su pecho, luego empecé a recorrer los contornos de sus músculos con mis sonrosados dedos. Lo oí contener la respiración.
-¿por qué resultaste en mi colegio?
-Quise acompañarte.
-¿cómo supiste donde estudiaba?- le pregunté desconcertada.
-simplemente miré tus cosas mientras dormías,- su risa ahogada sacudió la cama- vi tu uniforme y tu carnet del colegio.
-¿y cómo te pareció?- le pregunté, intentando ocultar mi felicidad por el hecho de que él había ido al instituto solo por mí.
- es horrible- respondió él en broma- todos en ese lugar son demasiado pretenciosos y lo peor de todo es que todas las mujeres trataron de imaginarme desnudo.
- ah… ¿vez que yo tenía razón?
- si, pero lo mas frustrante fue que tú no trataste de hacerlo; Yo quería despertar en ti pensamientos pecaminosos.- su voz adquirió un tinte de socarronería.
- vaya… ¿qué piensas que soy? ¿Una degenerada?- le grité con fingida indignación,
- solo era una broma- se disculpó de inmediato.
- si es que no te gusta que la gente piense cosas raras entonces no salgas a ningún lado te puedo asegurar que vayas a donde vayas todo el mundo va a hacer lo mismo.
- ¿pero es que no pueden ser mas disimulados?-preguntó