Y así fue. Él estaba allí, aovillado en el diván, como algún tipo de aparición irreal e increíblemente bella; iluminando la penumbra de la sala de estar con su angelical belleza. Me quedé de pie a su lado, contemplando su inexpresivo rostro. -Hell… yo… no… no me interesa que… - él levantó su rostro y me observó fijamente- hagamos de cuenta que nada de esto pasó. -pero… yo…- dijo dubitativo. Me senté a su lado y le pase un brazo por los hombros. -No te preocupes- le sonreí- no hay problema. Se alejó lentamente de mí. -Hell, vamos no fue tu culpa; no te preocupes no ha pasado nada. Intenté acercarme pero él me gruñó. -No te acerques- advirtió. Lo miré desconcertada. -Pero… mi amor yo… -agaché la mirada.-…perdóname, no debí de comportarme así; debí pensar en ti. Él no me miró, te

