Realmente no me agradaba estar echado en el suelo, por lo menos no por tanto tiempo. Simulaba estar dormido, para engañar a algún pobre incauto que le agradaran los gatos. Era como ir de pesca, lanzado el anzuelo a la espera de un pez. No era buen lugar para ir de caza, era el lugar más opulento de la ciudad. Era gente adinerada y famosa que sin duda extrañarían si muriera; pero eso me hizo emocionar más, que mejor que arrebatarle la vida a un humano idiota y famoso. Sabía que me iba a meter en problemas si lo hacía –sin duda Christian me regañaría- pero era divertido romper las reglas. Además, se lo merecía por mandarme a matar a ese insecto, habiendo tantos cazadores disponibles ¿por qué carajos me había mandado a mí? No había nada que más me enojara que encargarme de los recién nacid

