Noah Hay silencios que no se imponen. Se eligen. Estoy sentado en el auto, estacionado a dos cuadras de su edificio, con el motor apagado y las manos todavía apoyadas sobre el volante, como si en cualquier momento fuera a arrancar. No lo hago. No porque no pueda, sino porque prometí no insistir. Y cuando prometo algo, incluso cuando me está rompiendo por dentro, lo cumplo. Ella pidió distancia. No lo dijo con esas palabras, pero no hizo falta. Lo vi en sus ojos cuando me pidió que la dejara en su departamento. No fue frialdad. Fue algo peor: determinación. La de alguien que ya tomó una decisión y todavía no sabe si va a sobrevivir a ella. Exhalo lento y miro por el parabrisas. Canadá sigue igual. Ordenada. Funcional. Como si nada hubiese pasado. Como si el juicio no hubiera dejado re

