6-Coline

2059 Words
Siempre he sido una mujer dominante, necesito llevar las cosas bajo mis propios términos y mantener un control casi absoluto en el dormitorio, mis parejas anteriores nunca tuvieron problemas con ello y me dejaban guiar sin preguntar, creo que en el fondo, no les importaba que había detrás de ello mientras pudieran obtener lo que querían de mí, pero… Jamás había sido así antes… Jamás lo había llevado a este nivel y sinceramente, no tenía seguridad de dónde venía esta necesidad primaria, o tal vez sí lo sabía, ninguno de mis compañeros sexuales anteriores se parecen, ni remotamente, al pequeño arrogante de mierda que tenía delante de mí. Su personalidad subversiva despertaba una absoluta necesidad de enseñarle una lección de modales, su maldita lengua me enfurecia y divertida en la misma medida y la manera en que podía arrojar todo eso por la ventana por mi atención, la forma en que respondía ante mi era… Sinceramente… Embriagadora. Y no estaba segura de poder detenerme, sabía que no debería haber llevado las cosas hasta este punto, ¡Era once años menor que yo!, pero ahí, de rodillas, con una tremenda erección apretada en el pantalón y sus ojos llenos de un anhelo y deseo de reconocimiento por mi persona… Me tenía absolutamente borracha de poder y una necesidad, que probablemente, competía con la del chico, podía sentir como estaba completamente humedecida entre los muslos, quería ver hasta qué punto podía empujarlo, ver hasta qué punto podía arrastrarse. Parecía un pequeño minino encrespado, luchando con la necesidad de saltar sobre mí, pero lo suficientemente asustado por la carencia, por el hambre, como si no supiera si rasguñarme o ronronear y me encantaba… ¿Dejaría mi pequeño gatito que lo rompiera? Podría hacer que fuera placentero… La mayor parte. — Muy bien gatito…— Apenas pude reconocer mi propia voz, un suave ronroneo grave, se estremeció suavemente, como si lo hubiera acariciado, descrucé mi pierna que descansaba sobre la otra y él siguió el movimiento con una expectación que hizo que apretara sus puños en los costados, estiré el tacón hasta la altura de su rostro. — Quítalo. Dudo un segundo antes de que sus puños se abrieran y suavemente, retitara el zapato en un suave silencio, mis uñas pintadas de un oscuro carmín lo saludaron y él pareció completamente embelesado… — Lame mis dedos, gatito. — Ordené suavemente, no lo dudo, eso solo llenó mi mente de placer, sosteniendo mi pie con delicadeza por el talón, sumergió mi dedo pequeño entre sus labios, su lengua se deslizó lentamente en el espacio entre los dedos y la planta, mi núcleo se apretó y resistí duramente el impulso de juntar mis muslos buscando un poco de alivio, — Buen chico. Sus ojos encontraron los míos y el hambre en su mirada me quitó el aliento, no creía que alguien me hubiera mirado de aquella manera, como si quisiera devorarme por horas, por el resto de sus días. Su lengua bajó por la planta y tuve que reprimir alejar el pie debido a las cosquillas que solo incrementaron el calor en mi núcleo. Su boca llegó a mi talon y me dió un suave mordisco que me arrancó un leve jadeo. — Gatito travieso, podría castigarte por eso… — dije, pero no lo detuve mientras comenzó a subir con su boca por mi pierna hasta que llegó a la parte blanda en el interior de mis muslos. — Guarda tus dientes. Le ordené y él obedeció, apoyé mi pierna sobre su hombro mientras seguía avanzando de rodillas junto a su boca, para apegarse lo más posible a mi silla y mi núcleo. Vi sus intención antes de que probablemente él mismo lo notara y detuve su cabeza con mi mano apretando con algo de fuerza su rubio cabello, era suave y sedoso y tenía el largo perfecto para tener un agarre completo, pude haber gemido solo por la deliciosa sensación bajo mis dedos. Él soltó un suave gruñido y levantó los ojos hacia mí, en silencio, esperando. — Tus manos en la espalda, mocoso. — Le ordené. — Solo tu lengua puede tocarme por ahora, luego, ya veremos que tan buen chico seas. Vi todo su cuerpo tensarse ante mi exigencia, la incertidumbre llenó sus iris y arrastré suavemente mis uñas por su cuero cabelludo, cualquier otra cosa que estuviera en sus ojos desapareció por el repentino placer que aquello le causó. Sus manos se movieron lentamente hasta su espalda y se cruzaron ahí. Aflojé mi agarre en su cabello permitiendo que continuara, pero sin soltarlo realmente. sus labios continuaron un camino consagrado entre lengua y suaves besos, tan lentamente que cuando llegó justo al encaje podía haberme puesto a temblar, entrerró su nariz en mi sexo y aspiró con fuerza, todo su cuerpo reverberó en un ronco gemido y uno más bajo mio, le acompañó. Me quedé quieta y en silencio llena de expectativa, esperando a ver qué es lo que haría con la escasa tela que lo separa de su objetivo, pero él… Nuevamente me sorprendió cuando usó lengua, hábilmente, para meterse en el límite de la tela y la corrió a un lado sin ningún esfuerzo, todo mi cuerpo tembló y tuve que cerrar los labios con fuerza para evitar que un gemido rompiera el silencio cuando el placer de su humedad firme, acarició mi carne. — mmm… Muy astuto… — Alabé en nada más que un susurró, pero él lo escuchó, su mirada arrogante encontró la mía, hambrienta y entonces… No se detuvo, creo que tampoco hubiera podido detenerlo, su lengua acarició desde la base hasta mi punta de nervios con una entereza que casi me quiebra, un jadeo entrecortado se me escapó y cuando sus labios se cerraron alrededor de mi nervio palpitante, apreté su cabello con fuerza mientras contenía otro gemido. él volvió sus ojos a mi, seguia chupando mientras media mi reacción atentamente, mi respiración entrecortada y la forma en que me sentí humedecer debió ser respuesta suficiente para que entendiera que, joder… Si se detenía podría morir. Todo el calor abrazó cada célula de mi cuerpo mientras su lengua trabajaba habilmente sobre mi punto necesitado, el fuego se acumuló rápidamente en aquel mismo punto mientras el orgasmo se construía de manera violenta, sin medir nada nuestro entorno, la calidad moral de la nuestra naturaleza o simplemente, su propia necesidad. No podía detenerlo, mis caderas se movieron descaradamente contra su rostro mientras continuaba tirando con firmeza de su cabello, que, sin importar la fuerza que aplicara, parecía no importarle, por el contrario, cada vez que apretaba más, él solo succionaba con más fuerza y mis ojos amenazaban con rodar hacia atrás. Mi espalda y cabeza se apoyaron en el respaldo mientras era incapaz de detener la parte inferior de mi cuerpo que lo montaba sin vergüenza alguna, mordí mi labio con fuerza evitando que la mayoría de los sonidos ásperos se escaparan de mi boca. Jamás había llegado al borde de la cornisa tan rápido y ahora, parecía no poder detenerlo, él tampoco aflojó el ritmo y mientras veía como sus hombros se tensaban cada vez más y las venas se marcaban en su cuello, solo gruñía complacido cada vez que sentía la humedad escurrir más y más, podía sentir la tela húmeda bajo mis piernas, pero tampoco logré que me importara los suficiente. Solo algo llenaba cada uno de mis pensamientos y era la imagen de aquel mocoso arrogante entre mis piernas, el sonido vulgar y húmedo que llenando el silencio, su forma completamente hambriento e implacable de continuar, y cuando sentí que no podía más, cuando la desesperación rozaba lo doloroso, con cada movimiento de su lengua, sus labios se cerraron una vez más sobre mi clítoris y mis ojos rodaron hacia atrás, sentí como el placer me quebraba en mil pezados, olas palpitantes que bloqueaban cada uno de mis sentidos a todo lo que no fuera el éxtasis desbordante que me estaba aniquilando, Alcancé a poner mi mano libre sobre mi boca para aplacer el sonido desconocido y erotico que escapaba de mi. Creo que lo escuche gruñir con aprobación en algún punto, pero no podría estar del todo segura. Suavemente sus movimientos comenzaron a detenerse antes de dejar un último suave beso entre mis pliegues que provocó un pequeño temblor en mi cuerpo, y usando nuevamente su hábil lengua, volvió a poner la pantaleta en su lugar. Deslicé una vez más mis uñas por su cuero cabelludo mientras bajaba mi pierna de su hombro y lo depositaba en mi zapato olvidado a un lado. bajé mi mano suavemente por el costado de su rostro y levanté su mentón caído hasta que nuestros ojos se encontraron, la absoluta satisfacción y el hambre insaciada me robaron el aliento por unos segundos, pasé suavemente mi pulgar por la humedad, MI humedad, que escurría por la comisura de sus labios y lo limpie con el mismo cuidado. — Que buen gatito…— Felicité y el reconocimiento afloró unos segundos antes de que volviera a esconderlo. — Gracias. Él tragó con algo de dificultad y alguna emoción más cruzó fugazmente su rostro. — Sé lo que quieres, lo que necesitas, gatito…— Susurré y para enfatizar, deslice la punta del tacón sobre su erección prominente bajo la tela de sus ajustados jeans, era… Grande… Considerablemente grande y no pude evitar que se me hiciera agua la boca. — Puedo darte lo que quieres, pero ahora mismo, tengo que irme . — Dije con algo de desgana, no había nada que quisiera más, que quedarme a jugar con mi nueva mascota… Dios mío, debería ir al psiquiatrico. — ¿Puedes esperar? Tengo un evento de la universidad, Debo estar al menos unas dos horas antes de poder escapar. — Esperaré. — Su respuesta fue rápida y tajante, no pude evitar la leve sonrisa divertida que se me escapó cuando hizo una mueca, como si pudiera evitar que aquello hubiera salido de su boca. — Digo… — Se aclaró la garganta. — Puedo hacer algo de tiempo. — Buen chico, — Deslicé mi dedo una vez más por su labio inferior y su atención volvió a mi. Quité la mano de su boca y me acerqué entonces al escritorio, tomé un lápiz y un trozo de papel, pero me giré una vez más al chico. – Puedes levantarte, gatito. — Solté con algo de arrogancia, él, sólo entonces pareció notar que seguía de rodillas y con las manos en su espalda. casi pude haberle dado un mordisco a la mueca que hizo cuando se puso de pie en un grácil movimiento, como si fuera un atleta, lo recorrí una vez más con la mirada, disfrutando desvergonzadamente de todo lo magnífico que no lograba esconderse detrás de aquella ropa juvenil, solo entonces, dejé volver mi atención al papel sobre mi escritorio, puse mi número de teléfono móvil y se lo tendí. — Envíame un mensaje de texto con la dirección, iré cuando pueda dejar el evento. Él tomó el papel casi como si fuera una víbora que fuera a destrozarle los dedos. Quería reír. Mi pobre mascota no entendía qué era lo que estaba sucediendo. — Ahora, si me disculpas, necesito prepararme. — Lo despedí, él asintió como si todavía no comprendiera que era lo que acababa de pasar y se apresuró a salir de mi oficina. Yo me quedé mirando la puerta varios minutos, juntando cada trozo de mi precario control que amenazaba con hacerse pedazos y hacer algo tan estupido como pedirle que me llevara a un lugar privado donde pudieramos terminar lo que habíamos empezado. Mis hijos estaban con mi madre hasta mañana, las posibilidades eran… Deliciosamente infinitas. Pero tenía que volver a mis cabales, tener mi absoluto control antes de volver a verlo y declarar los términos, no podía olvidar que era un chico mucho más joven y que sin importar la basta experiencia s****l que hubiera tenido anteriormente, nunca se había enfrentado a algo como lo que habíamos hecho, ceder el control completo en la cama solo resultaba bien en dos opciones. O había una absoluta confianza entre ambos compañeros, forjados en un amor y comprensión mutua trabajada con los años o, los términos estaban claros y absolutos. Y no había posibilidad alguna que la primera opción fuera siquiera mínimamente viable. Así que, tenía que controlarme.
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