Gary me arrastró durante tres calles, yo era casi de su tamaño y aunque delgada no era nada menuda, tenía energía y fuerza, sin embargo, por más que lo intentara no podía zafarme.
-¡Gary detente! –Le grité en mitad de un cruce, me dolía la mano, lo agité y agité hasta que me zafé. -¿Qué te ocurre?
-¿Qué me ocurre a mí?-Gritó golpeándose el pecho, ahí estaba el nuevo Gary, la gente mucha gente nos miraba, me hice a la acera girando seguidamente mi muñeca y evitando golpearlo.
-Si ¿qué te pasa?¿por qué me traes a rastras?
-Te sudaban las manos ¿no? Y estabas pálida ¿no?
Se puso los brazos en jarras.
-N-no lo sé, no lo sé, lo que si se es que eres un patán, un bruto.
Comencé a alejarme rumbo a la casa, él me siguió a grandes zancadas, con la bolsita de pastelitos dando tumbos.
-¿Crees que no lo noto María Victoria?
No le respondí, debía llegar a la casa, tenía que huir.
-Tus ojos, tus gestos, tus nervios cuando ves al “señor Aníbal”
Seguí sin hablar, la casa estaba a veinticinco pasos, él corrió, se adelantó y abrió, la casa parecía un túnel, había mucha sombra, el piso de granito n***o brillaba en la oscuridad pero adentro estaba fresco, el sofá verde oscuro me esperaba, así que me senté en cuanto entré y comencé a respirar agitada. Gary, para mi sorpresa, entró con calma y cerró la puerta detrás de él, luego se volvió a mí.
Yo había soltado la cajita de regalo de Emanuel en la entrada y consternada me quitaba el sudor de la frente y aireaba mi rostro con las manos, tenía sed.
-No sé qué te sucede Gary, eres otra persona.
Dije por fin, él seguía de pié junto a mí, a diez pasos, ya no me parecía tan guapo.
-Y tú la misma.-Afirmó con amargura.
-¿Por qué lo dices así? Claro que soy la misma.
-La misma coqueta que se insinúa cada vez que tiene oportunidad.-Abrí mucho los ojos.
-No recuerdo haber coqueteado con nadie Gary.
-No estoy seguro de eso.-dio tres pasos a mi, temible.-Es como eres, no estas contenta si no coqueteas, sino provocas.
Reí fuerte, ¿de qué hablaba?
-No sé de qué hablas, no los se te lo juro, iré a cambiarme y buscar mis cosas, creo que deberías disculparte por cómo me arrastrarte por la calle, pero ya veo que no lo harás.
-No irás a ningún lado.
Ya me había puesto de pie y me congelé. El dio dos pasos más, sus ojos eran llamas.
-Te ruego te serenes Gary, ya sabes que iré a casa hoy.
-Tu casa es aquí.-Movió el cuello de lado a lado.- ¿Quieres ir a verte con él? ¿Para qué te revise?
-¡No seas estúpido Gary! –Me impuse furiosa retándolo a solo cuatro pasos.-Sabes a lo que voy, no iré a verme con nadie, sabes que he telefoneado a papá y a Mira diciéndole que iré hoy.
-Pues les dirás que no vas.
Sonrió, ¿Quién era ese?
-¡No lo haré! Si me obligas a llamar les diré la verdad.
-¿Y cuál es la verdad?-Dio un paso hacia mí.
-No te temo Gary, me iré hoy mismo, me largo y no regresaré hasta que tus estúpidos celos no sean ya parte de ti.
Rió escandalosamente, le temí entonces, sacudía su tórax. De pronto se detuvo, yo continuaba estática.
-Lo celos siempre han sido parte de mi María Victoria.-Me miró más allá de mi mirada, frío y casi…loco.-Han estado ahí de solo verte cerca de otro.
-No-no entiendo porque Gary, ¿por qué no me dijiste como te sentías?
-¿Te hubieses casado conmigo?-Guardé silencio, no lo sabía.-¿Ves? Callas, no lo hubieses hecho.
-No lo sabes, no lo se, igual tus celos son infundados. Casi llevamos un año casados, es difícil entendernos Gary, para todos los matrimonios según lo he escuchado.
-¿Y cuál es el matrimonio que te interesa mas? ¿El nuestro o el del señor Aníbal? –Rió bajito al ver que me sorprendía.-Ese hombre que deja de ser señor de la casa cuando te mira, casi te arrojó a mis brazos ¿crees que no lo se?
-Pues yo…no lo sabía. No me casé contigo por condición de él.
-Eso crees.
-De eso estoy segura.-Apreté mis puños, tenía que salir de ahí.-Yo Gary…
-Tú no saldrás hoy de aquí.
-Oh, sí saldré Gary.-Sentía como hervía mi sangre, lo odiaba por querer retenerme, por haberme entregado a él, por haber creído en que sabía lo que hacía. Me sacudí y pasé por su lado, me detuvo con fuerza por el brazo.
-Eres mi esposa y quiero que te quedes.-Habló entre dientes.
-Yo no deseo quedarme.-Le escupí en la cara con la misma determinación.
-Lastima.-si digo que me defendí mentiría, lo que movía a Gary no era fuerza, no era agilidad, era odio, y con ese odio su mano izquierda tomó mi vestido por el hombro y lo rasgó, luego lo arrancó de un golpe.
-¡Suéltame! –Grité y lo empujé, me batí entre sus manos pero él ya arrancaba mi sostén con saña dejando mis senos al aire, lo cual me humilló y el llanto vino a mis ojos-¡No Gary, no por favor!
-Pides por favor.
-Sí, si Gary.¡Nooo!
El brazo tenía ya partes rojas alrededor cuando me acercó a él brusco y trató de besarme en la boca. Me sacudí negándome y su presión aflojó así que intenté correr, pero fue imposible. Me atrajo por el otro brazo y sentí un dolor terrible en un seno, trataba de cubrirlo pero él me halaba.
-Suéltame por favor Gary-Le pedí llorando.
-¿Quieres irte para verlo a él?
Insistió pegándome a su cuerpo, pude sentir su excitación. ¡Oh no, eso ahora no!
-Si.-Salió de pronto de mi boca, ni yo misma supe cómo.
-¡Maldita! –Sé que cruzó mi rostro con el revés de su mano y sé que la pared aguantó mi hombro derecho, luego escuché que la puerta de la casa se abría y antes de perder el conocimiento contemplé sus verdes ojos.
Mamá llevaba aquel vestidito de los domingos, blanco de bordados en el ruedo, que ella misma había confeccionado, de repente me dio curiosidad verla, parada ahí, en la entrada del porche, en la casa de San José.
-¿Mamá? –Me fui acercando a ella, yo llevaba pijama y el cabello enmarañado, ella se fijó en eso, también vio mis pies descalzos y arrugó el ceño. Su cabello lucía perfecto, n***o y muy liso, su rostro sano, parecía tan viva.
-Mi pequeña ¿qué haces vestida así en la calle?-comenzó a arreglar mi cabello, como siempre lo hacía sentí sus manos suaves cuando rozaron mis mejillas, cerré los ojos para sentirla mejor.-Oh ¿qué te sucedió?
-Huía mamá.-Le respondí porque ciertamente me había salido de la cama huyendo de Gary que estaba dormido, luego de haberme obligado a ser su mujer, totalmente a la fuerza.
-¿De qué?¿Por qué?-ella sonreía, parecía no alarmarse de mi estado.
-De mi esposo mamá.-Rió bajito, que delicia escucharla.-Me equivoqué mamá, creí que estaba haciendo lo correcto y no era así, me apresuré, fui una estúpida, debí ejercer lo que me gusta, debí esperar, debí …
-Shhh.-Me tranquilizó cuidadosamente, luego pegó su frente a la mia.-Tu y todos nos equivocamos, él también se equivocó contigo, te tuvo y no supo mantenerte a su lado.
-Pero me seguirá, me acosara…
-No, no, eso no sucederá, tu no estás sola, yo estoy contigo.-tomó mi rostro entre sus manos y sentí sus labios depositarse sobre los míos y al instante noté que no eran sus labios, estos no estaban perfumados, eran suaves y varoniles.-te amo.-Escuché su voz, la de Aníbal repetirse en mi memoria, como si lo hubiese dicho miles de veces, entonces abrí los ojos de golpe y él estaba ahí. Sentado al borde de la cama con el rostro angustiado, el cabello desmarañado, ojeroso.
-¡Señor! –Mi voz se quebró, traté de moverme pero un dolor fuerte en el hombro lo impidió.
-No te muevas, estas lastimada.
Sentí como ardía mi rostro también, una venda atravesaba mi hombro y mi tórax. Miré alrededor, estaba en mi recamara.
-No, no, no, él vendrá, vendrá, debe irse señor.
-No, no, no vendrá, ya se fue.
-¿Se fue?-No entendí, tomó mi mano izquierda, temblaba y estaba frio.
-Si, se fue por su propia voluntad.
-Entonces debemos irnos nosotros.-Me apresuré e intenté incorporarme.
-No regresará, no ahora, no temas, no estás sola, yo estoy contigo.-Sus palabras, las mismas de mamá.
-¿Usted?¿y cómo?-Mi boca estaba seca.
-Los seguí por la calle, vi cómo te llevaba, busqué dos policías y entramos cuando te golpeaba.
-¿Usted hizo eso?-No supe cuánto tiempo llevaba llorando, los ojos me ardían.
-Tardé demasiado, lo siento.-Besó mi mano también triste.-Todo es mi culpa, todo, yo casi te convencí a aceptarlo, a él, a él le hice prometer que te respetaría, que te sería fiel, que imbécil fui.
Con mi mano se cubrió el rostro. ¡Dios, estaba ahí!
-Todos nos equivocamos señor.
Continuó así, casi de rodillas en el borde de la cama con su rostro en mi mano. Yo sentía su temblor y veía su cabello brillar cerquita de mi.
-Yo soñaba hace unos momentos.-Le dije, él levantó la cabeza, sus ojos brillaban hermosos.
-Has tenido tiempo, llevas sin sentido seis horas.
-¿Tantas? –Afuera atardecía a través de mi ventana.
-Si, he llamado a Mira para que venga, también a tu padre, me he tomado la libertad porque lo considero correcto.
Ya había soltado mi mano y las suyas las pasaba por el pantalón.
-Pero es que yo no deseo quedarme aquí.-Afirmé asustada, teníamos que irnos.-Es más, ahora mismo no estamos seguros, Gary podría volver.
-Afuera, allá afuera, hay tres policías, a dos de ellos les he sanado a sus hijos, no nos dejarán solos.
-Aún así, yo no quiero estar aquí.
-¿Quieres abandonar a Gary?
Frunció el ceño aturdido.
-¿Todavía lo pregunta señor?-Sentí escocer mi rostro y erré los ojos.
-Por supuesto que tienes razón María, ¿te duele? –Llevó sus dedos a mi rostro, me dolía de izquierda a derecha y afirmé con la cabeza.
-Le ruego nos vayamos.
-Ahora no podemos, tu hombro se dislocó creo que he lograd arreglar algo pero me temblaban las manos, tienes u…un enorme morado en…en…
-¿Dónde? ¡Diga por Dios!
-En tu seno izquierdo.-Me ruboricé de golpe, recordaba el golpe y también que estaba desnuda cuando él entró a la casa-Por lo menos hasta mañana no puedes moverte.
-Estoy asustada, estar aquí me asusta señor Aníbal.
-Por favor te lo ruego…no más señor.-Me sorprendí de como la conversación cambió el rumbo.-Dime Aníbal…hazlo…Aníbal, como yo te digo María.
-Aníbal.-Repetí y sonreí al ver que le agradaba.
-Bien, no estés asustada, he habado con él o lo que queda de él.
El corazón golpeaba tan fuerte mi pecho, no recordaba nunca antes haber estado tan asustada.
-¿Se…te quedarás conmigo?
Entonces lo sentí tal como en mi sueño de delirio, sus labios carnosos se separaron para hablarme y sus ojos se clavaron en los míos.
-No te dejaré sola.
-He estado soñando, hace unos minutos que estabas conmigo y me pareció escuchar de tu boca: te amo.
-Has estado quejándote durante horas, me imagine que soñabas cosas terribles…¿era esa una de esas?
Sonrió plenamente y lo seguí, de pronto lucía joven dentro del desasosiego.
-No, no lo eran.
-Escúchame, lo que si escuchaba yo perfectamente eran tus tripas sonar.-Palmó mi mano, de nuevo estaba distante, seguramente por lo que le dije.-Iré a decirle a uno de los policías que compre comida para todos.
-No, no se vaya por favor.
-No me iré, estaré en el corredor y trataré de tu por favor.
-Sí, pero no te vayas.
-No lo haría aunque me lo pidieras. -Sonrió de nuevo y salió del cuarto.
Gracias a los calmantes que Aníbal dispuso para mí, en cuanto comí el sándwich de jamón u queso unto con el jugo de lechosa me dormí.
Igual que como despertara en la tarde abrí los ojos y busqué alrededor agitada, acobardada. Él estaba de pie junto a la ventana con las manos en el bolsillo, apenas si era una sombra.
-¿Seguimos protegidos afuera? –Le pregunté ronca.
-Ah, hola, si, todavía.-Se fue acercando lento.-Están dormidos en tus sofás, no había otro sitio.
-No importa.-Se detuvo aún con las manos en los bolsillos.-¿Qué pensabas ahí parado?
-Algo que o puedo responder.-Volvió adarme la espalda y fue de nuevo a la ventana.
-¿Por qué? –Traté de incorporarme pero el hombro era un yunque.
-¿No necesitas ir al baño?
Ahora que lo decía si sentía que punzaba mi vientre. Asentí con la cabeza y él sonrió nervioso.
-Te cargaré.
Yo iba hacer lo que él dijera, a estas horas lucía apesadumbrado, pensativo pero a mi poco me importaba, estaba conmigo y eso erra fascinante, afuera estaba muy oscuro, fue al baño de a habitación y encendió la luz, me preguntaba ¿por qué no había dormido? ¿estaría esperando a Gary?¿también estaba nervioso? ¿por mi o por la situación?
Se situó a mi izquierda y me iluminó con sus ojos verdes.
-Abrázame por el cuello con cuidado.-El mismo me ayudó a rodearlo con el brazo izquierdo que igual dolía y me cargó diestro. Podía olerlo, estaba entre sus brazos y nada más importaba, claro hasta que apareció la poceta.-Tengo que ayudarte.
Oh no, yo lo hago.
-El hombro esta sentido, no puedes subir mucho el brazo.
-Por favor, con torpeza, como sea pero yo lo hago.
Accedió dejándome de pie en la entrada del baño, no pude subir la bata, solo baje mi panty y después sentada me arremangué la bata, sentí tal alivio al orinar.
-María.-Me habló detrás de la puerta.
-¿Si?
-Estos meses ¿te has cuidado?
-Si, el doctor Caster me dio pastillas para un año
-¡Bendito sea el doctor Caster!
-¿Cómo dices?-Había escuchado perfectamente pero o esperaba esa respuesta.
-¿Ya estas lista?
-Si, pero tienes que ayudarme a levantarme.
No abrió inmediatamente, se tardó unos segundos, el hecho era que pude sentarme, pero me faltaba impuso para levantarme y calzarme la panty.
-Esto es muy vergonzoso de verdad.
-No te preocupes, recuerda que he sido tu médico.-Ms mejillas hervían de vergüenza, con cuidado me ayudo a levantarme y luego con seriedad subió mi prenda y la acomodó, sus manos estuvieron cerca de mi piel escasos segundos, pero fueron suficientes. Estábamos ahí, en el baño, en un momento incómodo y aun así para mí era muy excitante, cuando bajó a cuerda se ofreció de nuevo para llevarme a la cama, antes lo miré y le sonreí, me sujetó entre sus brazos y me llevo, me acomodó en la almohada y me tendió muy bien.
-No me duele tanto.-Confesé cuando me soltó.
-Es por los calmantes, tienes una lesión en el hombro que te molestará semanas.
-Dirás que siempre estoy en problemas.
-¿Yo?-Sonrió y comenzó a caminar por el cuarto.-No, no pienso eso.
-¿Y qué piensas? Claro si no tienes sueño y deseas hablar, yo no tengo sueño.
-¿No querías tener hijos con Gary?-Se subió e pantalón de los muslos y tomó asiento en la orilla de la cama.
-No todavía.
-Ummm-Volvió a quedarse callado, pensativo.-Debes descansar, duerme.
-No quiero, por favor habla conmigo.
Le hice un remilgo.
-¿De que quieres hablar? Por lo general eres muy curiosa.
-Hábleme del hospital al que iba cuando nos encontramos, al que sospecho no llegó.
-Telefoneé al director desde aquí e hice una cita para mañana.
-¿Y que iba hacer allá?
-Estoy tratando de averiguar las coincidencias de niños con labios leporinos, es familiarmente muy doloroso, sin contar los riesgos en las criaturas.
-Oh si lo se. ¿Y crees que puedas hacer algo?
-Bueno es cuestión de estudiar las situaciones.-Cruzó las piernas muy concentrado en su charla.-Llevo tiempo investigando, durante mis viajes a Europa he pasado largo tiempo en simposios, hospitales, aldeas, en contacto con madres de bajos recursos que tienden a parir sin descanso.
-Se escucha fascinante, lo que yo hago es tan insignificante junto a esto.
-Claro que no.-Rió apenas y alargó su mano a la mía.-A mí me encanta tener el placer de comer lo que cocinas, eso es interesante, también es en cierta forma saludable.
-No te creo pero está bien.-Le sonreí.-
-Deberías creerme.-Soltó mi mano y se levantó.-Mejor es que descanses María Victoria.
-¿Y tú no vas a dormir?
-No he podido hacerlo, yo…yo me siento culpable de que estés herida de esa manera.
-No tienes porque.-Sentí un dolor en mi cara y trajo la imagen de Gary a mi mente.
-Si tengo María, llevaba rato aquí, en la ventana pensando que él regresaría y pues que pasaría, después de todo esta es su casa y tú eres su esposa.
-No soy su objeto y dije que quería irme en cuanto desperté, estoy tan asustada, acobardada, paralizada, Gary se convirtió en alguien desconocido, grita, me asusta su gesto, me obliga a…
Se volvió de golpe y clavó sus ojos verdes brillantes y redondos y verdes en mí, ahora él era el asustado.
-¡Sí!-Le grité ofuscada por mis recuerdos tenebrosos.-Y quizás si seas culpable de todo, porque tal vez seas un cobarde.
Respiraba agitado, pasó las manos por el cabello y apretó sus labios.
-Lamento todo, pensé que tu y él eran tal para cual, mejores amigos, jóvenes, él siempre te quiso y tu…
-Y yo siempre te quise a ti.
Cerró los ojos y bajó la cabeza, como si mis palabras inadecuadas le dolieran.
-Me equivoqué, debí esperar y no correr llena de m ímpetu a los brazos de Gary, quería zacear mis curiosidades, pensé que jamás podrí hacerlo contigo porque estas casado.
-Esta conversación no es sana María.
-¿Y que es sano?-Ignoraba el dolor de mi cuello y de mi seno cada vez que me sacudía al hablar.-Que husmees en mi habitación?¿Que mires la cama y pienses lo que hice aquí con Gary?
-Mejor duerme.-Intentó alejarse, salir de la habitación.
-No te vayas…por favor.-Se detuvo.-Solo hazme compañía, no volveré hablar si no quieres.
Retrocedió y fijó sus ojos en mí, podía ver cómo le dolía el corazón, como luchaba por no necesitarme, y me preguntaba si eso era ser aduro, sensato, caballero, honesto, ¿Qué era?
-Hace unos momentos te dije que escuché en sueños que decía que me amaba, sé que sólo era un sueño, pero…
-Lo he dicho.-Afirmó sin temblar y sin apartar sus ojos de mí, haciendo que un escalofrío divino recorriera mi cuerpo.-No es correcto que diga nada aquí en tu habitación nupcial, y menos con este sentimiento de culpa que tengo y con lo indefensa que estas ahora, no es correcto María.
-Temo que mañana suceda algo que haga de estas horas una ilusión señor, por favor por una vez, dígame.
-¿Qué es lo que quieres que te diga María?-Un par de lágrimas se escaparon de mis ojos, estaba ahí mi príncipe azul, quejumbroso, pálido y colorado, los brazos tendidos a los extremos.
-Lo que quiera decirme señor.
-Aníbal.
-Aníbal. Soñé que tu me besabas y me decías…
-Te amo.-Dijo ronco, con la mirada mas dulce y entregada que pudiera imaginar, con un gesto nervioso en sus labios hermosos y carnosos de los que tenía un enloquecedor recuerdo, se dibujaron esas arrugas fantasticas a los extremos de sus labios e hicieron brotar mas lágrimas en mis ojos.-Te amo, te amo María Victoria.-repetía- Eres tan joven, tan hermosa.
-Eso suena a un pero.-Sollocé.
-Querías escucharlo, Te a…mo, ¿feliz? Mañana cuando despiertes seguiré amándote, porque para mi es enfermizo hacerlo.-Tragó saliva y se encogió de hombros.-Y todo esto de aquí, es…detestable, de todos mis errores este ha sido el peor.
-Puedes repararlo.-Hubiese querido correr hasta él, abrazarlo, amarlo, pero entre mi dolor y la sorpresa no podía moverme.
-De eso María no estoy muy seguro, no es fácil cambiar lo que ya es.
A segundos de abrir los ojos y buscar en mi habitación ví al doctor Caster.
-Siempre he pensado que la ciudad nos vuelve agresivos.-Dijo como siempre directo, el sol hacia brillar sus caas y su cuerpo fornido se plantó a mi lado.
-¿Dónde esta Aníbal?
-¿Aníbal? ¿Ya no es señor?.-Subió las cejas, la puerta se entreabrió y entró la señora Leticia y pude escuchar afuera unas voces agitadas.
-María mi niña, ¿cómo te sientes?
Corrió a mi lado y se sentó, pasó la mano por mi frente y mi cabello.
-¿Dónde esta señora Leticia?
-¿Quién mi amor?-Llevaba los ojos cristalinos y el ceo fruncido.
-El doctor ha tenido que ir al hospital para arreglar algunas cosas que dejó pendiente.-Respondió el doctor Caster. No estaba, había huido ora vez. Hubiese querido revelarme y saltar de la cama pero un dolor entre la cadera y el hombro no lo permitían, él no estaba, no estaba conmigo y seguramente no regresaría, mi mente comenzó a jugar con la realidad hasta que la voz de Gary retumbó en mis oídos.
-¿La policía sigue afuera?
-No querida, pero hay muchos otros que te protegerán, no temas.
-¿Qué hora es?-Mis ojos del doctor a su esposa.
-Son las nueve.-Respondió él.
-Doctor por favor no perita que entré Gary, usted no o conoce, no sabe.
-Si se,¿o acaso no te di las cajas de pastillas??¿o no te previne antes de la boda?
-Si.-Bajé la cabeza apenada, afuera papá levantaba mucho la vz y Gary apeas si se le escuchaba.
-¿Las tomaste?
-Cada día.
-Bien.-Frotó sus manos.-Iré a decirle a Gary que no deseas verlo.
Pausadamente salió y yo quedé temblando en la cama junto a la señora Leticia que comprensiva hacia un arrullo como si fuese yo una bebé.
-Ayúdeme a sentarme por favor, señora Leticia.
-No sé si deba cariño, el doctor Aníbal pidió que no te movieran hasta su regreso.
-¿Va a regresar?-Casi grité.
-Claro que sí, fue al hospital por unos asuntos, el pobre no ha dormido, está muy preocupado por ti, ha hablado con tu padre para que te asista un abogado ¿por qué no me dijiste lo que estaba pasando María?
No sabía que decir, entonces la puerta se abrió y apareció Mira, afuera seguían las voces.
-¡Victoria mi amor!-Tras cerrar la puerta corrió a mi lado.-¡Oh, mírate la cara! ¿Porqué no me contaste? ¿Desde cuando sucede esto?
-No dejes que entre Gary por favor.
-N entrara, tu padre, tus hermanos, Nilvia y Antonio s lo impedirán
-¿Todos están afuera?
-Todos.-Me esforcé en entender, quedé en silencio esperando que de verdad no entrara con Mira y la señora Leticia hablando a mi alrededor y yo no las escuchaba. Temía ver a Gary, temía ver los ojos de todos, hasta que la puerta se abrió y entró papá.
-¡Papà! –Como pude me incliné y el corrió hacia mi estrechándome y besándome el rostro.-Papa perdón.-Detrás de él entraron mis hermanos y Antonio, todos con el ceño fruncido y Nilvia pasó entre ellos hasta sentarse junto a Mira.
-No tienes que pedir perdón hija, no fue tu culpa.
-Tenemos que irnos papá.
-Recogeré sus cosas.-Anunció Mira y yo asentí.
-María Victoria ¿qué pasó?-Preguntó Diego consternado.-¿desde cuándo?
-No lo sé, no sé si desde hace mucho, no tengo idea de que está bien en este matrimonio, siento que hice todo mal.-Comencé a llorar en los brazos de papá, sus rostros me avergonzaban, ni siquiera el dolor podía más.
-Buenos días.-Su voz. Había regresado, todos lo miramos, yo sólo traté de no encontrarme con la de Nilvia-La puerta estaba abierta.
-Si, si.-Papá se levantó, notablemente nervioso y agradecido.-Es que arreglamos todo para irnos y Gary estuvo aquí hace un momento.
-¿Se han arreglado las cosas? –Preguntó aún sereno.
-¿Cómo podría ser eso? –Saltó Mira mientras metía cosas mías en una maletica.-¿No ve como a dejó? Ese muchacho se volvió loco y tú también por guardar silencio, hablábamos casi todas as semanas y…-Nilvia le colocó la mano en el hombro y Mira calló.
-Y…posterior a irse hoy…¿qué harán? Me refiero a Gary y…
Papá los miró a todo y les hizo un gesto para que salieran, sólo detuvo al doctor Caster, así que en breve quedamos los cuatro.
Yo quería evitar verlo pero temía que olvidara por completo nuestra conversación.
-Estoy muy agradecido de lo que hizo por mi hija doctor, la verdad no tenía idea de lo que estaba pasando.-Papá volvió a la cama conmigo, los doctores permanecieron de pié junto a la cama.-De mas esta decir que los asuntos de María Victoria y su esposo son sólo de ellos pero creo que ha decidido no verlo.
-Si papá. Quiero irme de aquí.-Me miraron todos, el doctor jugaba con un lapicero en sus manos.
-Entonces nos iremos ahora mismo, luego regresara por el resto de tus cosas.
-Lo mejor es que te vayas a San José.-Opinó el doctor Caster, me asaltó la duda, estaría muy lejos de él.
-Estoy de acuerdo.-Aníbal dio unos pasos hacía mí y abrió un bolso n***o que traía con él.-Te trajo esto.-Sacó un cabestrillo, miré al doctor Caster y entre ambos e lo colocaron.-Lejos tendrás la cabeza fría para pensar sobre tu futuro.
Dijo y se apartó de mí.
-Gracias otra vez doctor.
-Escuche señor.-le extendió la mano a papá y este la tomó.-No está en deuda conmigo, me tocaba estar ahí en ese momento, hice lo que cualquiera haría para ayudar a María Victoria.
Me miró, sonrió con una mirada muy sexy aunque nadie lo notara, soltó la mano de papá y comenzó a caminar de espaldas a la puerta, como cangrejo.
-Doctor Caster, todo como le he dicho, manténgame al tanto r favor.
-Por supuesto.
Y en mitad de lo solemne salió otra vez de mi vida.
Varios candidatos se acomodaron a mi lado para llevarme al carro aquella mañana, pero fue Antonio quien termino haciéndolo. Mira y la señora Leticia me habían aseado y vestido con un conjunto de algodón gris, me dolía todo el cuerpo. Nilvia n había dicho una sola palabra y eso me hacía sentir mal, ví cuando salió detrás de Aníbal ¿qué le diría?
Cuando dejé atrás la vereda no pude evitar sentirme fracasada, una tonta equivocada y ese sentimiento me acompañó durante días.