Habían pasado algunos días desde que Eduardo se había ausentado. Su padre y su prometida no esperaban que él estuviera de regreso. —¡Mi amor ya has regresado! me tenías muy preocupada, pensé que ya te habías arrepentido de casarte conmigo. La chica saltó hacia los brazos de su futuro esposo. —No seas tan melosa delante de mi familia, Amanda, tú sabes de más, que yo no siento nada por ti, no te rebajes por favor. La regañó. —Pero mi amor, yo te he extrañado mucho y de la preocupación que tenía de que tú me cancelaras la boda hasta me enfermé feo y fui a parar a la clínica toda la noche anterior, eso fue muy feo, mi futuro esposo. Lamentó. —Pues desde ya te deberías de ir acostumbrando a no verme—. Le advirtió sin dar mayores detalles. Luego se dirigió a su padre. —Papá, ya que

