—¿Que te sorprende más? —dejó el periódico encima de la mesa y se inclinó para verme mejor—. ¿Que no haya muerto, o... que sea la otra mitad de Lucifer que tanto busca? —de un impulso me puse de pie, intentando pedir ayuda de los presentes, sin embargo, al dejar de oír buyicio, noté que el tiempo se había detenido. Estaba atrapada, sin forma de escapar, otra vez. —No, tengo que irme —me giré en dirección de la salida, pero sin siquiera moverse y portando una curiosa sonrisa divertida y blanquecina, me detuvo en mi lugar, obligándome a sentarme de nuevo sin esfuerzo alguno. No sabía que le parecía divertido de la situación, ¿era igual que Lucifer?, ¿amaba sentirse poderoso? — Aún no puedo creer que me haya compadecido de ti —lo miré fijamente a los ojos—. Ahora me arrepiento. —Quien lo hu

